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El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 24

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  3. Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 La Torre de los Cielos Fragmentados
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24: Capítulo 24: La Torre de los Cielos Fragmentados 24: Capítulo 24: La Torre de los Cielos Fragmentados El torbellino que los había tragado se disipó, revelando un paisaje imposible.

La Mazmorra del Aire no era un templo ni una cueva: era una torre infinita suspendida en un vacío celeste.

Columnas flotaban en el aire, plataformas se desplazaban como hojas al viento, y escaleras invisibles se formaban solo por ráfagas temporales.

Desde lo alto, rayos cortaban el cielo sin tocar el suelo.

El rugido del viento era ensordecedor.

La sensación de gravedad cambiaba con cada paso: a veces los atraía hacia arriba, otras hacia los costados.

Una voz etérea habló, como si proviniera del mismo viento: “Para reclamar el fragmento… primero deben aprender a danzar con los cielos.

El aire no sostiene a los débiles.

El viento no obedece a quien teme caer.” Naia miró hacia las alturas, donde destellos brillaban como un sol fracturado.

—El fragmento está allí arriba… —susurró, tensando la lanza—.

Pero llegar no será tan fácil.

El primer ascenso parecía simple: plataformas flotantes unidas por puentes de viento.

Pero al pisar el primero, Kael fue lanzado al vacío.

Solo gracias a Rho, que extendió una sombra para sujetarlo, evitó caer en la nada.

—Son ilusiones —dijo Rho—.

Algunos puentes son reales, otros no.

Naia desplegó Tormenta Celeste, creando corrientes que revelaron qué caminos eran sólidos.

Sin embargo, el viento cambiaba constantemente, forzándolos a moverse en sincronía.

Un paso en falso y todo el equipo podía caer.

Erion, con Llama de Renacimiento, ancló los puentes quemando brevemente el aire, solidificándolo lo suficiente para cruzar.

Pero el esfuerzo drenaba su energía rápidamente.

Tardaron horas en superar el primer tramo, y cuando lo lograron, el cielo ya había cambiado de color.

Al llegar a una cámara abierta, el viento comenzó a silbar con fuerza.

De la nada, surgieron criaturas transparentes con forma de halcones gigantes, hechas solo de ráfagas y cuchillas de aire.

—No son reales —dijo Kael, esquivando un ataque—.

¡Son el viento mismo!

Las armas comunes no podían herirlas.

Solo las nuevas habilidades vinculadas funcionaban: Kael usó Sombra Vinculada para extender su presencia por la cámara y atrapar a los halcones en esferas oscuras.

Erion creó un muro de fuego azul que desviaba las ráfagas cortantes.

Naia y Zeyr realizaron maniobras aéreas imposibles, dividiendo las corrientes de aire y dispersando a los guardianes.

La batalla duró casi medio día.

Al final, exhaustos, los tres lograron disipar a los halcones, pero no sin heridas: Naia tenía cortes profundos en el brazo y Kael apenas podía sostener su espada.

Pensando que se acercaban al fragmento, llegaron a una sala circular sin suelo ni techo visible.

Al entrar, la gravedad comenzó a cambiar bruscamente: Primero los empujó hacia arriba.

Luego los lanzó contra las paredes.

Después los dejó flotando, sin control.

La única salida estaba en el centro de la cámara, suspendida en un vórtice de viento imposible de atravesar.

Erion intentó impulsarse con fuego, pero fue repelido.

Kael lanzó su sombra, que fue desgarrada por corrientes invisibles.

—No es fuerza —dijo Naia, flotando mientras cerraba los ojos—.

Es ritmo.

Siguiendo el flujo del viento, Zeyr creó pequeñas corrientes que formaron un camino aéreo estable.

Con ayuda de Rho y Kalzen, lograron sincronizar sus movimientos, girando en espiral hasta alcanzar la salida.

Incluso así, el paso dejó secuelas: sus vínculos quedaron drenados y las armas vibraban, advirtiendo del desgaste.

Finalmente, tras superar todas las trampas, llegaron a una terraza elevada.

Desde allí podían ver la cima de la torre: un altar de piedra suspendido en un torbellino de relámpagos blancos.

En el centro, el Fragmento del Aire brillaba, flotando como un corazón de viento puro.

Pero antes de que pudieran avanzar, una corriente invisible los golpeó, lanzándolos de rodillas.

La voz etérea volvió a hablar: “Han llegado… pero el aire no se entrega a quienes aún están atados a la tierra.

Para reclamarme… deberán soltar incluso aquello que creen controlar.” El verdadero desafío apenas comenzaba.

Kael miró a Erion y Naia.

Los tres estaban agotados, pero no vencidos.

Sabían que esta prueba no sería solo física… sino espiritual.

—Llegamos hasta aquí —dijo Kael, levantando su espada—.

Ahora… aprendamos a volar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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