El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 Capítulo 25 Alas del Juicio Eterno
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25: Capítulo 25: Alas del Juicio Eterno 25: Capítulo 25: Alas del Juicio Eterno El altar del Fragmento del Aire flotaba suspendido en un torbellino cegador.
Rayos plateados lo rodeaban, iluminando la cima de la torre con destellos constantes.
Al acercarse, el viento comenzó a silbar con fuerza, formando palabras casi humanas: “El viento no obedece… El aire no se posee… Solo quien se entrega… Merece volar.” De pronto, el torbellino se expandió y tomó forma.
Un coloso etéreo surgió, hecho solo de ráfagas de viento y plumas doradas brillantes.
Su rostro era una máscara de aire en constante cambio, y sus alas, del tamaño de la torre misma, cortaban el cielo con cada batir.
—El Guardián… —murmuró Naia, apretando su lanza—.
Es más grande de lo que imaginé.
Kalzen rugió, las llamas azules encendiéndose.
Rho extendió su sombra por el suelo, y Zeyr planeó sobre ellos, preparado para la tormenta.
Kael levantó la espada viviente, sintiendo el viento querer arrancársela de las manos.
—Entonces volemos —dijo.
El Guardián batió sus alas y una ráfaga titánica los lanzó al aire.
La gravedad desapareció; no había suelo ni dirección.
Solo corrientes ascendentes y descendentes que los arrastraban sin control.
Erion intentó anclar una cuerda de fuego, pero el viento la desintegró.
Kael extendió su sombra para sujetarse a la torre, pero fue barrida como polvo.
Naia cerró los ojos y usó Tormenta Celeste para crear una corriente estable.
Solo así pudieron recuperar equilibrio.
—¡No podemos luchar pegados al suelo!
—gritó Naia desde el aire—.
¡Tenemos que soltarlo todo y dejarnos llevar!
Con un rugido, Zeyr se fusionó parcialmente con ella, otorgándole alas de viento plateado.
Naia ascendió, lanzando cortes que desgarraron parte del cuerpo etéreo del Guardián.
El coloso respondió con un grito atronador.
Corrientes afiladas de aire formaron lanzas invisibles que casi atraviesan a Kael.
Rho, en su forma de sombra múltiple, interceptó las ráfagas, desviándolas con ilusiones tangibles.
El Guardián inhaló profundamente y el cielo se oscureció.
Un ciclón envolvió a Erion, lanzándolo a kilómetros de altura.
Kalzen saltó para salvarlo, fusionándose brevemente con él y desplegando Llama de Renacimiento.
Un estallido de fuego azul contrarrestó el ciclón, purificando la presión del viento.
Kael intentó acercarse al fragmento flotante, pero cada vez que lo hacía, el aire lo rechazaba con más fuerza, arrojándolo contra las columnas de la torre.
—¡Quiere que lo dejemos de perseguir!
—jadeó Rho dentro de su mente—.
¡Quiere que confiemos, no que lo atrapemos!
Kael cerró los ojos.
Soltó la espada… y se dejó llevar.
Al soltar el control, Kael comenzó a flotar, no por fuerza, sino por sincronía con la corriente.
Erion vio esto y, confiando en Kalzen, soltó sus llamas y se dejó arrastrar.
Naia, con Zeyr, cerró las alas y cayó en picada, solo para ser levantada suavemente por un soplo ascendente.
Los tres formaron un triángulo en el aire, rodeados de corrientes brillantes.
El Guardián los rodeó con sus alas, y por primera vez, el viento dejó de luchar contra ellos.
La voz etérea habló: “Han roto el suelo bajo sus pies… Han dejado de buscar controlar… Y ahora… son parte del cielo.” El coloso se deshizo en miles de plumas de viento dorado que giraron alrededor de ellos.
En el centro, el Fragmento del Aire descendió lentamente, flotando sin cadenas.
Kael extendió la mano y el fragmento brilló, dividiéndose en tres corrientes de viento que envolvieron a cada uno de ellos y a sus bestias.
La espada de Kael ahora podía crear ráfagas cortantes de sombra y viento.
La lanza de Erion ganó la capacidad de propulsarse en llamas aéreas, permitiéndole atacar desde cualquier ángulo.
La lanza de Naia se volvió intangible al volar, capaz de atravesar corrientes de vacío.
Las voces del viento resonaron: “Han despertado la habilidad: Danza del Cielo Fragmentado.
El aire los guiará… pero el Vacío ya los siente.
Prepárense para la tormenta que viene.” Cuando los tres descendieron al altar, exhaustos pero victoriosos, un rugido lejano sacudió la torre.
Afuera, en el mundo real, los Heraldos del Vacío ya escalaban las montañas, atraídos por el brillo del fragmento.
Kael sostuvo la espada, mirando a sus compañeros.
—No tendremos descanso… La próxima batalla empieza en cuanto salgamos de aquí.
Naia levantó su lanza y el viento la siguió.
—Entonces… volaremos hacia ella.
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