El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 La Mujer que Escucha a los Fragmentos
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8: Capítulo 8: La Mujer que Escucha a los Fragmentos 8: Capítulo 8: La Mujer que Escucha a los Fragmentos La noche había caído con lentitud.
Kael y Erion se resguardaban entre las ruinas de una torre quebrada, no muy lejos del Templo de Fuego.
Rho y el león de Erion —llamado Kalzen— descansaban, vigilantes, mientras sus vínculos compartían un silencio tenso, pero respetuoso.
—¿Y ahora?
—preguntó Erion, afilando su lanza con una piedra rojiza—.
¿Volvemos a las colmenas?
¿Seguimos a ciegas buscando templos?
Kael pensó en Umbra.
En su sueño.
En la figura encapuchada que lo había llamado por su nombre sin conocerlo.
—No —respondió finalmente—.
No podemos seguir sin dirección.
Necesitamos encontrar a alguien que entienda los fragmentos.
Que los escuche.
Como si el destino respondiera a sus palabras, una ráfaga de viento húmedo barrió el campamento.
No era una brisa común.
Venía cargada de voces.
Susurros.
En un idioma que ninguno conocía, pero que ambos entendieron.
—¿Lo oíste?
—dijo Kael.
—Sí —respondió Erion, poniéndose de pie.
Rho gruñó.
—No están solos.
De entre los árboles retorcidos que rodeaban las ruinas emergió una figura cubierta por un manto de líquenes y agua.
Su rostro estaba cubierto por una máscara de madera azul, tallada con runas antiguas.
Caminaba descalza, pero sin dejar huella.
Y sobre su hombro… se enroscaba una criatura serpentina, traslúcida como agua en movimiento, con ojos que destellaban como perlas negras.
La mujer habló.
Su voz era múltiple, como si varias personas la acompañaran desde dentro.
—Ustedes han tocado el fuego y no se han consumido.
Eso los hace… dignos de ser advertidos.
Kael dio un paso al frente.
—¿Quién eres?
—Me llaman Aelya, la que escucha.
Mi vínculo fue con el Fragmento del Agua… pero hace mucho que no lo poseo.
Lo devolví al río.
—¿Por qué?
—preguntó Erion, desconfiado—.
¿Acaso no querías poder?
—Porque el agua no busca poder —respondió Aelya—.
Solo fluye.
Y guarda secretos.
La criatura sobre su hombro —una hydra líquida— levantó la cabeza, como oliendo algo.
—El Fragmento de Agua duerme en la ciudad sumergida de Vireen, donde los primeros Buscadores intentaron fusionar fragmentos y fracasaron.
El agua los guardó… y los castigó.
Kael sintió un escalofrío.
—¿Qué tipo de castigo?
—Olvido —dijo Aelya—.
Quien entra a Vireen sin vínculo purificado, pierde su memoria.
Uno por uno, sus recuerdos se disuelven como sal.
Hasta que ya no recuerdan su nombre… ni por qué luchaban.
—Entonces, ¿cómo llegamos allí sin perderlo todo?
—preguntó Kael.
Aelya levantó una pequeña urna hecha de cristal líquido.
—Necesitarán esto.
Un Recipiente de Recuerdo.
Cada noche, deben colocar en él una memoria importante.
Si la olvidan… podrán leerla al amanecer.
Pero solo una por noche.
El precio del agua es elegir.
Erion la miró con recelo.
—¿Y por qué ayudarnos?
Aelya se quitó lentamente la máscara.
Debajo, su rostro era joven… pero sus ojos eran milenarios.
No tenía pupilas.
Solo remolinos de agua.
—Porque lo que ustedes buscan… no es poder.
Es reunificación.
Y si no lo hacen ustedes… lo hará alguien más.
Y el mundo no resistirá otro Desgarro.
La figura desapareció con la niebla.
En sus manos, Kael sostenía la urna.
Y dentro de ella, su reflejo se ondulaba, como si ya estuviera empezando a fluir lejos de sí mismo.
—Vireen —susurró Kael—.
Agua… y olvido.
Y en algún lugar del continente, la ciudad sumergida despertaba.
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