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Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 9

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  3. Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 — Territorio Compartido
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9: Capítulo 9 — Territorio Compartido 9: Capítulo 9 — Territorio Compartido ​El rugido no volvió a repetirse, pero el silencio que dejó a su paso era mucho más inquietante.

El aire en el límite de los territorios parecía cargado de electricidad estática, una tensión que no solo provenía del peligro invisible, sino de los dos colosos que flanqueaban a Vera.

​Kael fue el primero en romper el silencio, su voz era un trueno bajo.

—Tenemos que investigar.

Ahora.

​Rhydian asintió, sus ojos dorados brillando con una chispa salvaje.

—Mis exploradores detectaron movimientos extraños cerca del río del Oeste.

Criaturas que normalmente no bajan de las cumbres.

Como si estuvieran huyendo de algo que les da más miedo que mis lobos.

​Vera, que se estaba ajustando la banda de cuero sobre sus pechos, notó cómo ambos pares de ojos seguían el movimiento de sus manos con una intensidad casi cómica.

Sonrió para sí misma.

Le gustaba el efecto que provocaba en ellos; era como tener a dos volcanes a punto de entrar en erupción a su lado.

​—Voy con vosotros —sentenció Vera, agarrando su lanza con una mano y apoyando la otra en su cadera, acentuando su figura desnuda.

​—No —dijo Kael de inmediato, su cola blanca dándole un latigazo de advertencia en el aire.

​Vera se acercó a él, invadiendo su espacio personal hasta que su pecho rozó el brazo musculoso del tigre.

Le dedicó una mirada de soslayo, cargada de una coquetería letal.

—¿Me vas a prohibir divertirme, Alfa?

Pensaba que después de lo de anoche confiabas más en mis…

capacidades.

​Kael se tensó visiblemente, su mandíbula se apretó mientras un rubor apenas perceptible subía por su cuello.

Rhydian soltó una carcajada ronca, disfrutando de la derrota momentánea del tigre.

—Déjala venir, Tharos.

Si la hembra quiere cazar, ¿quién eres tú para cortarle las garras?

Además, me vendrá bien ver cómo se mueve de cerca.

​Kael gruñó, pero terminó asintiendo.

Partieron hacia el río del Oeste, con Vera caminando deliberadamente en medio de los dos.

Se divertía notando cómo Kael intentaba marcar territorio rozando su hombro con el suyo, mientras Rhydian buscaba cualquier excusa para adelantarse y obligarla a mirar el juego de músculos de su espalda tatuada.

​Llevaban una hora de camino cuando el terreno se volvió traicionero.

La humedad del río cercano hacía que las rocas estuvieran cubiertas de un musgo resbaladizo.

Vera, distraída observando cómo Rhydian apartaba unas ramas con una fuerza bruta envidiable, pisó mal.

​—¡Cuidado!

—exclamó Kael, pero estaba demasiado atrás.

​Vera resbaló con fuerza.

Por instinto, estiró los brazos para agarrarse a lo primero que tuviera cerca: Rhydian.

​El impacto fue total.

Vera cayó de bruces contra la espalda del lobo, y debido a la inercia, ambos terminaron rodando por una pequeña pendiente hasta que Rhydian golpeó un árbol, deteniendo la caída con Vera encima de él.

​Se hizo un silencio sepulcral.

​Vera estaba horcajadas sobre el regazo de Rhydian.

Sus pechos, apenas cubiertos por la tira de cuero, presionaban directamente contra el pecho ancho y caliente del lobo.

Pero lo que realmente detuvo el tiempo fue la posición de sus caderas.

Al caer, el centro de Vera había quedado presionando directamente contra el sexo de Rhydian, que apenas estaba contenido por el cuero de su pantalón.

​Vera sintió la dureza instantánea del lobo bajo ella, un calor abrasador que parecía quemarle la piel.

Rhydian, el Alfa de los lobos, el hombre que siempre tenía una respuesta arrogante, se quedó completamente paralizado.

Sus manos, que habían ido a la cintura de ella por reflejo, se cerraron con fuerza, clavando sus dedos en su piel.

​Vera, lejos de asustarse, se lamió los labios y lo miró fijamente a los ojos, notando cómo el dorado de sus pupilas se volvía negro por el deseo.

—Vaya, Rhydian…

—susurró ella, dejando escapar un tono ronco y juguetón—.

Parece que te alegras mucho de que me haya caído.

​Rhydian abrió la boca, pero no salió ningún sonido.

Estaba descolocado, su cerebro de depredador cortocircuitado por el contacto directo de la hembra contra su parte más sensible.

Un Alfa lobo nunca se quedaba sin palabras, pero Vera acababa de romperle todos los esquemas.

​—¡Vera!

—Kael llegó a la cima de la pendiente, con los ojos echando chispas al ver la escena—.

¡Suéltala, Varkor!

​Vera se levantó lentamente, disfrutando de la mirada de absoluta confusión y hambre que Rhydian le dirigió mientras él seguía en el suelo, tratando de recuperar el aliento y de disimular la evidente reacción de su cuerpo.

​✧ LOGRO DESBLOQUEADO: DOMINIO FEMENINO ✧ Afinidad Rhydian Varkor: +15% (Estado: En shock / Deseo extremo) Tensión de Alfas: Nivel Crítico.

​—Tranquilo, Kael.

Solo ha sido un accidente geográfico —dijo Vera, limpiándose el barro de la rodilla con una sonrisa de suficiencia—.

Aunque parece que a Rhydian le ha gustado el terreno.

​El lobo finalmente se levantó, sacudiendo su cabeza como si intentara despejarse.

No miró a Kael; su mirada estaba anclada en Vera, llena de una promesa oscura que decía claramente que la próxima vez no sería un accidente.

​Continuaron hacia el río, pero el ambiente había cambiado.

Rhydian caminaba ahora con una rigidez nueva, y Kael no se separaba de Vera ni un milímetro, su cola enredada en la muñeca de ella como un grillete de terciopelo.

​Finalmente, llegaron al claro del río.

El olor a sangre metálica los golpeó.

Allí, junto a la orilla, yacía una criatura de montaña, corrompida por una energía oscura, con los ojos rojos como brasas.

​—Está corrompida —murmuró Rhydian, recuperando su tono serio, aunque su voz aún sonaba un poco más profunda de lo normal.

​La bestia cargó.

Vera no esperó órdenes.

Se adelantó con su lanza, aprovechando la adrenalina que aún le corría por las venas después de su “encuentro” con el lobo.

El impacto fue certero, y con la ayuda de un zarpazo de Kael y un mordisco letal de Rhydian en forma de lobo parcial, la criatura cayó.

​✧ EVENTO COMPLETADO ✧ Experiencia +50 Respeto de ambos Alfas: Aumentado significativamente.

​Kael se acercó a ella, revisando su cuerpo con manos posesivas.

—No vuelvas a hacer eso —gruñó, aunque sus ojos brillaban de orgullo.

​Vera se giró hacia Rhydian, que la observaba desde unos metros, todavía con la respiración pesada.

—¿Y tú qué dices, Lobo Feroz?

¿He aprobado el examen o necesitas otro “accidente” para decidirte?

​Rhydian mostró los colmillos en una sonrisa que ya no era de burla, sino de reconocimiento puro.

—Has aprobado, Vera.

Pero ten cuidado…

porque los lobos no olvidamos el sabor de lo que nos gusta.

​Vera sonrió, sintiéndose la dueña absoluta de la situación.

—Me lo apunto.

Ahora, sigamos.

Tenemos un misterio que resolver y un río que cruzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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