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Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 15

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15: Capítulo 15 — El Lazo de la Corriente 15: Capítulo 15 — El Lazo de la Corriente ​El alba en Elarion no trajo sol, sino una neblina violácea que se arrastraba sobre el suelo como un ser vivo.

El grupo avanzaba en un silencio tenso, solo roto por el crujir de las botas y los comentarios punzantes que volaban de un lado a otro.

​Rhydian caminaba con los brazos tras la nuca, moviéndose con una soltura que irritaba visiblemente a Kael.

—Sabes, tigre —soltó el lobo con una sonrisa ladeada—, podrías intentar relajarte.

Tienes la espalda tan rígida que si te cae una flecha, va a rebotar y le va a dar a un pájaro inocente.

​Kael ni siquiera se giró, aunque su cola blanca golpeó un helecho con fuerza.

—Prefiero la rigidez a la falta de decoro, Rhydian.

Algunos tenemos estándares que no implican marcar el territorio como si fuéramos cachorros sin entrenar.

​—Oh, no fue un árbol lo que marqué —replicó Rhydian guiñándole un ojo a Vera con descaro.

​Vera suspiró, apretando el paso para ponerse a la altura de Nerion, que lideraba la marcha.

—¿Siempre están así?

—preguntó ella en voz baja.

​El tritón la miró de reojo, sus ojos aguamarina brillando con una diversión fría.

—Normalmente es peor.

Al menos ahora están distraídos intentando decidir quién es tu “favorito” del día.

Es fascinante ver cómo dos depredadores alfa reducen su intelecto al nivel de un molusco por una hembra.

​Llegaron a la entrada de la cueva, una abertura oscura de la que brotaba un hilo de agua cristalina pero helada.

El ambiente cambió al instante; el aire olía a moho antiguo y a algo metálico.

​—Vera, acércate —indicó Nerion, ignorando a los otros dos que seguían discutiendo sobre quién debería cubrir el flanco izquierdo.

​El tritón la llevó hasta una zona donde el agua le llegaba a la cintura.

El frío era punzante.

—Rhydian te dio su fuerza, Kael te dio su protección.

Pero en la cueva, el enemigo te arrastrará al fondo.

Si no sabes moverte en mi elemento, serás un lastre.

​Nerion se colocó detrás de ella, pegando su pecho frío a su espalda.

No había la urgencia carnal de Rhydian, pero la sensación de su piel suave como la seda y la firmeza de sus músculos contra ella provocaron una tensión inquietante.

​—No luches contra el agua, Vera —le susurró al oído, mientras sus manos guiaban las de ella para sostener la lanza de una forma distinta—.

El agua no se rompe, se adapta.

Si te golpean, fluye.

​Él la sumergió bruscamente.

Vera entró en pánico un segundo, pero sintió la magia de Nerion invadir sus pulmones.

Bajo la superficie, todo era azul y silencioso.

Nerion se movía como una sombra líquida, obligándola a imitar sus giros, a usar la resistencia del agua para ganar potencia en sus estocadas.

Al salir a la superficie, los rostros de Kael y Rhydian eran un poema de celos al ver a Nerion tan pegado a ella bajo el agua.

—¿Habéis terminado de jugar a las sirenas?

—masculló Rhydian, sus orejas de lobo aplanadas contra su cabeza en señal de clara irritación.

Sus puños se cerraron con fuerza, haciendo que los tatuajes de sus brazos se tensaran sobre sus músculos mientras se preparaba para el choque.

​De repente, un chapoteo pesado resonó en las profundidades de la gruta.

Del techo empezaron a descolgarse criaturas pálidas, de extremidades excesivamente largas y sin ojos: Los Acechadores del Abismo.

​—¡Vera, al centro!

—rugió Kael.

Sus garras plateadas brotaron de sus nudillos con un sonido seco y el ligero pelaje de sus hombros se erizó.

Su cola blanca latigó el aire mientras se lanzaba al frente con una agilidad felina.

Las líneas plateadas de su torso brillaron con una luz propia mientras golpeaba y desgarraba con tajos precisos de sus manos.

​Rhydian soltó un gruñido gutural.

Su mandíbula sufrió una pequeña transformación, volviéndose más prominente y cargada de colmillos afilados.

Se lanzó al ataque con una ferocidad explosiva, usando su fuerza bruta para arrollar a los enemigos.

Su estilo era puro instinto; golpeaba con los puños y usaba sus propias garras para destrozar a los acechadores, moviéndose con una potencia que hacía vibrar el suelo de la cueva.

​Nerion, por su parte, aprovechó el canal central.

Sus piernas se fundieron en una imponente cola de tritón que le permitía impulsarse con una velocidad cegadora, golpeando a los enemigos con la fuerza de su aleta o usando el agua misma como un arma, convirtiéndola en látigos de presión.

Solo cuando era estrictamente necesario, sacaba sus dagas para remates rápidos y quirúrgicos antes de volver a sumergirse.

Vera se plantó en medio de la corriente, sintiendo el agua a sus pies.

Aplicó la lección de Nerion: cuando el primer Acechador intentó ensartarla, ella no retrocedió, sino que giró sobre sí misma como un remolino, usando la inercia del agua para clavar su lanza.

Sin embargo, la cueva era traicionera.

​Mientras recuperaba la posición, un segundo Acechador emergió de un punto ciego bajo el agua.

Vera no fue lo suficientemente rápida.

La criatura lanzó un zarpazo lateral que le alcanzó el muslo y el costado.

Ella soltó un grito de dolor cuando las garras le desgarraron la piel y la fuerza del impacto la mandó de rodillas contra las rocas afiladas del fondo.

​El aire en la cueva pareció congelarse.

​—¡VERA!

—rugieron Kael y Rhydian al unísono.

​La reacción fue devastadora.

Kael, con un rugido que hizo temblar el techo de la gruta, saltó sobre el agresor de Vera y le hundió sus garras plateadas en el cráneo con una saña ciega.

Rhydian, por su parte, se convirtió en una tromba de violencia, despedazando a cualquier criatura que estuviera a menos de tres metros de ella, su mandíbula transformada goteando una mezcla de sangre oscura y rabia.

​Nerion emergió del agua como un proyectil, rodeando a Vera con un escudo de agua a presión para que nadie más pudiera tocarla.

​Cuando el último Acechador cayó inerte, el silencio que quedó era pesado, cargado de la respiración agitada de los tres hombres.

Kael fue el primero en llegar a su lado, arrodillándose en el agua y rodeándola con sus brazos.

​—Déjame ver —ordenó el tigre, su voz temblando por una furia contenida.

Su cola blanca latigaba el agua con violencia mientras inspeccionaba el corte en su muslo.

​—Estoy bien, solo es un rasguño —masculló Vera, aunque hizo una mueca cuando el agua salada rozó la herida abierta.

​Rhydian se acercó, su mirada dorada fija en la sangre que teñía el agua alrededor de Vera.

Sus orejas estaban bajas y su pecho subía y bajaba con fuerza.

—Si hubiera estado más cerca…

—gruñó, golpeando la pared de la cueva con el puño—.

Maldita sea, Vera, te dije que no te separaras.

​Nerion se acercó con elegancia, colocando una mano fría sobre la herida.

—El agua de esta cueva está bendecida, pero la herida es profunda.

Necesitas presión y calor —dijo el tritón, mirando de reojo a los otros dos—.

Y vosotros necesitáis calmaros antes de que vuestra testosterona derrumbe la cueva encima de nosotros.

​Kael la alzó en vilo, pegando la espalda de Vera contra su pecho firme para sacarla de la zona húmeda.

—Buen movimiento el de antes —admitió Kael al oído de ella, su tono ronco volviendo a ser posesivo mientras sentía la calidez de ella contra su piel—.

Pero no vuelvas a asustarme así.

El fuego de la batalla me sienta mejor a mí, pero solo si tú estás detrás para verlo.

​Rhydian se acercó por el otro lado, pasando una mano por el cabello empapado de Vera.

—Menos charla y más limpieza, Alfas —sentenció Vera, tratando de ocultar el temblor de sus manos y señalando hacia el fondo de la cueva, donde una luz roja empezaba a palpitar—.

El jefe de este lugar nos está esperando, y ahora estoy de muy mal humor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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