Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 — El Guardián del Velo y la Visión de Ceniza
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17: Capítulo 17 — El Guardián del Velo y la Visión de Ceniza 17: Capítulo 17 — El Guardián del Velo y la Visión de Ceniza El Guardián del Velo no esperaba.
En cuanto Vera puso un pie fuera del círculo de protección de Kael, la entidad de sombras se deslizó sobre el altar de huesos con una velocidad antinatural.
No era un guerrero al uso; era una masa de armadura antigua y jirones de oscuridad que enfriaban el aire hasta que los pulmones de Vera empezaron a arder con cada bocanada.
—¡Mantened el flanco!
—rugió Kael.
El Alfa Tigre se lanzó hacia adelante, sus garras plateadas dejando surcos de luz en la penumbra mientras intentaba desviar la atención del Guardián.
Su cola blanca latigaba el aire, ayudándole a mantener el equilibrio en el terreno resbaladizo.
Rhydian, con los tatuajes de sus brazos palpitando por el esfuerzo, flanqueó por la izquierda.
Este se movía con una rapidez explosiva, propinando puñetazos cargados con toda su fuerza bruta contra los puntos de unión de la armadura del espectro.
Vera sentía que el corazón le iba a estallar.
Sus músculos temblaban, no solo por el frío, sino por la sobrecarga de adrenalina.
De repente, el sistema parpadeó débilmente en su visión: ✧ HABILIDAD PASIVA ACTIVADA: REFLEJOS DE CAZADOR (Vínculo Rhydian) ✧ Efecto: Percepción del movimiento aumentada en un 30%.
Tus instintos reaccionan antes que tu mente.
Gracias a esa nueva conexión física con el lobo, Vera vio el ataque antes de que sucediera.
El Guardián lanzó un látigo de sombra hacia su cuello.
Vera se agachó con una agilidad que nunca había tenido, rodando por el suelo mojado y quedando justo debajo de la guardia de la criatura.
—¡Ahora, Vera!
—gritó Nerion desde el agua.
El tritón usó su cola de escamas para golpear la superficie, levantando una cortina de agua que cegó momentáneamente al espectro.
Vera clavó su lanza con todas sus fuerzas en la base del peto de la armadura.
El impacto fue brutal; no hubo sangre, solo un chirrido metálico que le recorrió los huesos de los brazos.
El Guardián soltó un alarido sordo y la golpeó con el revés de su mano sombría.
Vera voló varios metros hacia atrás, golpeándose contra la pared de piedra.
El mundo se volvió borroso.
El dolor en su costado era insoportable y el aire se le escapó de los pulmones.
Kael rugió al verla caer y redobló sus ataques, sus líneas plateadas brillando con una furia ciega, mientras Rhydian usaba su mandíbula ya transformada en lobo para morder con rabia el hombro del espectro, intentando arrancarle la armadura.
Vera intentó levantarse, pero su cuerpo no respondía.
En ese estado de semiinconsciencia, la realidad se rasgó.
Ya no estaba en la cueva.
Vio el cielo de Elarion teñido de un negro absoluto.
Vio el gran río de Nerion convertido en un lecho de cenizas.
Pero lo que más le dolió fue la imagen de Kael y Rhydian luchando entre sí sobre un campo de cadáveres, sus ojos vacíos de cualquier rastro de amor o lealtad, mientras ella yacía en el suelo, desangrándose, sola.
Era una visión de destrucción total, un futuro donde su llegada no era la salvación, sino el detonante del fin de todo.
”El equilibrio se rompe…
y tú serás el peso que hunda la balanza,” susurró una voz en su mente.
Vera regresó a la realidad con un grito ahogado.
El Guardián estaba a punto de asestar un golpe definitivo a un Kael agotado.
Usando lo último que le quedaba de los Reflejos de Cazador, Vera se impulsó desde el suelo y lanzó su lanza con una puntería desesperada.
El arma atravesó el núcleo de luz roja del espectro.
La entidad estalló en una onda de choque gélida.
Vera cayó de bruces, sus manos arañando la piedra fría.
El esfuerzo de usar la habilidad de Rhydian y el trauma de la visión fueron demasiado para su sistema humano.
Sintió cómo la temperatura de su cuerpo caía en picado.
—Vera…
—la voz de Rhydian fue lo último que escuchó.
Sintió unas manos cálidas rodeándola, el olor a cedro de Kael mezclándose con el sudor de Rhydian.
Alguien la apretaba contra su pecho, tratando de darle calor, pero la imagen de sus Alfas matándose entre ellos seguía grabada en sus pupilas.
La oscuridad la reclamó por completo, hundiéndola en un desmayo profundo mientras el eco de la ceniza seguía cayendo en su mente.
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