Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 Capítulo 22 — El Ascenso del Oro
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22: Capítulo 22 — El Ascenso del Oro 22: Capítulo 22 — El Ascenso del Oro El amanecer llegó envuelto en una calma incómoda.
No era paz, era anticipación.
Tras la tensa interrupción de Nerion en la torre, el grupo se puso en marcha hacia el sur.
El ambiente era denso; el olor a sexo y magia todavía parecía aferrado a la piel de Vera, y el sistema no dejaba de lanzarle avisos sobre la estabilidad de su nuevo vínculo.
Vera caminaba un poco adelantada, intentando ignorar las miradas que Kael y Rhydian le lanzaban a su espalda, cargadas de una posesividad que casi podía tocarse.
Nerion, por su parte, mantenía una distancia gélida, su silencio pesando más que el equipo que cargaban.
Vera se detuvo cerca de la orilla de un río para refrescarse y esperó a que el tritón se acercara.
—Nerion —dijo ella, con su habitual tono afilado—.
Deja de mirarme como si fuera una vasija de cristal que se ha roto.
Fui yo quien tomó la decisión anoche.
Fui yo quien los reclamó.
Así que guarda ese aire de mártir para tus profundidades marinas.
Nerion la miró de reojo, sus ojos aguamarina brillando con una chispa de irritación.
—No es martirio, Vera.
Es pragmatismo.
Has entrelazado tus hilos con dos bestias impulsivas antes de estar lista.
—Oh, por favor —intervino Rhydian, apareciendo detrás de ellos con una sonrisa de suficiencia—.
Lo que le pasa al pez es que tiene envidia de que no hubo espacio para sus escamas en el nido de pieles.
Kael se acercó también, cruzándose de brazos, su cola blanca moviéndose con una elegancia perezosa.
—El agua siempre llega tarde a la fiesta, Rhydian.
No seas cruel con él.
Quizás si Nerion no fuera tan…
estirado, Vera le habría hecho un hueco entre nosotros.
Vera soltó una carcajada seca.
—Cuidado, Alfas.
Si seguís pinchándole, Nerion podría decidir ahogaros en el próximo charco que crucemos.
Y sinceramente, ahora que por fin dormís sin morderos, sería una lástima perderos.
El momento de ligera calma se rompió de golpe.
Un pulso de energía atravesó el aire.
Invisible, pero brutal.
Nerion fue el primero en girarse hacia el cielo.
Kael lo hizo un segundo después, sus líneas plateadas brillando con advertencia.
Rhydian enseñó los colmillos, su instinto de lobo detectando algo que bajaba a una velocidad suicida.
—¿Lo sentís?
—murmuró Vera, sintiendo la electricidad estática erizarle el vello de los brazos.
Un estruendo lejano, como un trueno descendiendo, sacudió el bosque.
El cielo se rasgó con un destello dorado y una figura impactó contra el suelo a pocos metros del río, levantando una onda de choque que obligó a Vera a cubrirse el rostro.
Kael reaccionó por puro instinto, colocándose delante de Vera.
Rhydian a su derecha y Nerion a su izquierda.
Formación protectora perfecta.
Cuando el polvo se disipó, lo vieron.
Un hombre de una belleza insultante, con alas enormes y doradas extendidas tras su espalda.
Sus ojos ámbar recorrieron al grupo con una inteligencia depredadora, deteniéndose en los tres Alfas en posición de combate y, finalmente, en Vera.
—Llegué cuando sentí la energía —dijo el extraño con una voz profunda y resonante—.
¿Quién de ustedes ha despertado un nexo de fertilidad?
El panel del sistema brilló ante los ojos de Vera con una intensidad nueva: ✧ NUEVA ENTIDAD DETECTADA ✧ Nombre: Aetherion Cael Especie: Hombre Ave – Linaje Real (Príncipe Celestial) Compatibilidad genética: Excepcional Probabilidad de vínculo alfa: 94% Kael gruñó, un sonido bajo y peligroso.
Rhydian también, sus garras asomando levemente.
El hombre alado, Aetherion, sonrió con una diversión evidente mientras sus alas se disolvían en partículas doradas, integrándose en su espalda.
—Veo que llegué tarde a la competencia —dijo Aetherion, dando un paso hacia delante—.
Así que eres tú…
la Portadora.
—¿Yo qué?
—preguntó Vera, recuperando su sarcasmo a pesar del impacto—.
¿Es que hay un cartel de neón sobre mi cabeza que solo los tíos con exceso de hormonas podéis leer?
Aetherion soltó una risa suave, ignorando la tensión asesina de Kael y Rhydian.
—He cruzado medio continente siguiendo esa energía.
No pensaba encontrarla ya rodeada de tres depredadores territoriales.
—Pues acostúmbrate, pajarraco —soltó Rhydian con los colmillos fuera.
—Necesito…
vacaciones…
—Vera se llevó una mano a la frente, sintiendo cómo el sistema registraba una subida en la “Sinergia grupal” debido a los celos colectivos de sus hombres.
Aetherion inclinó la cabeza, observando el rastro del vínculo de Kael y Rhydian en el aura de Vera.
—Eso puedo concedértelo.
Pero primero, debemos hablar de por qué el cielo se está volviendo gris por tu culpa.
El equilibrio acababa de cambiar.
Ya no eran tres contra el mundo; ahora había un príncipe celestial reclamando un espacio que ya estaba muy apretado.
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