Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 23
- Inicio
- Elarion - Vera y el lago entre los mundos
- Capítulo 23 - 23 Capítulo 23 — El Rapto del Cielo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
23: Capítulo 23 — El Rapto del Cielo 23: Capítulo 23 — El Rapto del Cielo El aire se volvió gélido en un parpadeo.
Aetherion no quitaba sus ojos ámbar de Vera, ignorando los gruñidos que subían de tono a su alrededor.
—¿Por mi culpa?
—Vera arqueó una ceja, cruzándose de brazos a pesar del temblor de sus piernas—.
Escucha, “Su Alteza”, he tenido una semana bastante intensa.
He luchado contra acechadores, he sobrevivido a un guardián de sombras y he tenido que lidiar con estos tres.
Si el cielo se está volviendo gris, probablemente sea por la contaminación de ego que desprendéis todos.
Aetherion soltó una carcajada que sonó como el viento entre las cumbres.
—Tu sarcasmo es refrescante, Portadora, pero tu ignorancia es peligrosa.
La energía que desprendes desde anoche…
—sus ojos brillaron con un destello dorado— …ha rasgado el velo.
Estás llamando a cosas que no puedes detener.
Y estos —señaló con desprecio a Kael y Rhydian— solo saben morder y arañar.
No pueden protegerte de lo que viene de arriba.
—Aclara tu garganta, pájaro —gruñó Kael, dando un paso al frente que hizo crujir el suelo.
Sus líneas plateadas palpitaban con una furia blanca—.
Ella es nuestra.
No vas a ponerle un dedo encima.
—¿Vuestra?
—Aetherion sonrió, y de repente, sus alas doradas brotaron de nuevo con una explosión de luz que cegó al grupo por un segundo—.
Ella es de Elarion.
Y ahora mismo, Elarion necesita que esté lejos de vuestro rastro de sangre.
Antes de que Rhydian pudiera saltar o que Nerion lanzara un látigo de agua, Aetherion se movió.
No corrió; simplemente desapareció en un borrón dorado.
—¡Vera!
—rugió Rhydian.
Vera sintió un brazo de hierro rodeándole la cintura y, al segundo siguiente, el suelo desapareció bajo sus pies.
El estómago se le subió a la garganta mientras el aire la golpeaba con la fuerza de un huracán.
En menos de tres segundos, los gritos de furia de Kael y el rugido de Rhydian se convirtieron en ecos lejanos allá abajo, en el suelo del bosque.
—¡Suéltame, pollo gigante!
—gritó Vera, forcejeando mientras veía las nubes acercarse a una velocidad aterradora.
—Si te suelto ahora, Portadora, serás una mancha muy bonita en el dosel del bosque —respondió Aetherion con calma, manteniéndola pegada a su pecho firme y blindado por plumas doradas—.
Relájate.
Te llevo a un lugar donde el Reino de la Ceniza aún no tiene ojos.
Abajo, en el claro, el caos era total.
Rhydian golpeó un árbol con tanta fuerza que lo astilló.
—¡Voy a desplumarlo!
¡Voy a comerme su corazón delante de sus ojos!
—el lobo estaba fuera de sí, y empezaba a transformarse por la rabia pura.
Kael miraba al cielo, sus manos apretadas en puños que hacían brotar sus garras plateadas.
El tigre no gritaba, pero su aura era tan fría que la hierba a su alrededor empezaba a escarcharse.
—Nerion —dijo Kael con una voz que prometía una carnicería—.
Dime que puedes rastrearlo.
El tritón observaba las partículas doradas que aún flotaban en el aire, su rostro una máscara de concentración fría.
—Su rastro de energía es como un incendio en el cielo.
Puedo seguirlo, pero él vuela y nosotros no.
Si queremos llegar a la Cumbre de los Vientos antes de que la reclame, tenemos que usar los senderos antiguos.
Rhydian se giró hacia Kael, y por primera vez en toda la historia, el odio mutuo fue sustituido por un objetivo común más oscuro.
—Tú pones la resistencia, yo pongo la velocidad —gruñó el lobo—.
El pez pone el camino.
Si ese pájaro le toca un solo pelo… —No lo hará —sentenció Kael, mirando hacia el horizonte donde el destello dorado desaparecía—.
Porque para cuando lleguemos, no quedará cielo suficiente para que se esconda.
Mientras tanto, a miles de metros de altura, Vera empezaba a recuperar el aliento.
A pesar del pánico, no pudo evitar notar que el cuerpo de Aetherion emanaba un calor constante, casi solar.
—Bonitas vistas —soltó Vera, tratando de ocultar su miedo con sarcasmo—.
Pero te aviso: mis novios tienen muy mal despertar, y acabamos de pasar una noche…
digamos, muy “unida”.
No van a parar hasta que te conviertan en un aperitivo.
Aetherion la miró, y por un momento, la arrogancia desapareció de sus ojos ámbar, sustituida por una advertencia sombría.
—Eso espero, Vera.
Porque si no son capaces de cruzar el continente para rescatarte, no tendrán ninguna oportunidad cuando la verdadera Ceniza empiece a caer.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com