Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 — El Umbral de las Estrellas
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24: Capítulo 24 — El Umbral de las Estrellas 24: Capítulo 24 — El Umbral de las Estrellas La Cumbre de los Vientos era un palacio tallado directamente en el pico más alto de la cordillera blanca.
Allí, el aire era tan puro que dolía respirarlo y el silencio solo era interrumpido por el silbido del vendaval.
Aetherion aterrizó con una elegancia sobrenatural en un balcón de mármol suspendido sobre el abismo.
En cuanto sus pies tocaron el suelo, soltó a Vera.
Ella tambaleó, sintiendo el mareo del cambio de presión, y se abrazó a sí misma para combatir el frío cortante de la altura.
Antes de que él pudiera decir nada, Vera le propinó un empujón en el pecho blindado.
—¡Vuelve a tocarme sin permiso y te juro que aprenderás lo que es una caída libre sin alas!
—le espetó Vera, con los ojos echando chispas—.
¿Quién te crees que eres?
Me sacas de allí como si fuera un saco de patatas mientras mis…
mientras mis compañeros intentan no matarte.
Aetherion no se inmutó.
Se quedó de pie en el borde del precipicio, con la espalda hacia ella, dejando que el viento agitara su cabello dorado.
—Tus “compañeros” tardarán al menos dos días en llegar aquí —dijo él con una calma exasperante—.
La montaña es traicionera y Nerion, aunque sabio, no puede acelerar las piernas de un lobo o un tigre en este terreno.
Tienes tiempo para calmarte, Vera.
—Tengo tiempo para planear cómo bajarte de ese pedestal —replicó ella, aunque se acercó al borde cuando él señaló hacia el horizonte.
—Mira hacia el norte.
Vera lo hizo.
Al principio solo vio nubes, pero Aetherion puso una mano sobre su hombro.
Esta vez, Vera no se derritió; se tensó, aunque no pudo evitar notar que el contacto enviaba una vibración constante por su brazo, como si estuviera tocando un cable de alta tensión.
—Usa mis ojos.
Solo un momento.
De repente, la visión de Vera se aclaró.
El horizonte se expandió miles de kilómetros.
Vio las tierras verdes y, más allá, una mancha de color gris plomizo que avanzaba como una marea silenciosa.
Donde la mancha tocaba el suelo, la vida se detenía.
Los árboles se volvían ceniza y el cielo bajo esa mancha parecía muerto.
Vera retrocedió, rompiendo el contacto.
El miedo era real, pero su orgullo también.
—He visto la Ceniza.
Sé que el mundo se va al traste.
Pero eso no justifica que me secuestres.
—Justifica que te saque de un conflicto territorial que solo te debilita —Aetherion se giró, observándola con una intensidad ámbar—.
Kael y Rhydian son guerreros, Vera.
Son la fuerza y el instinto.
Pero son ciegos a lo que ocurre arriba.
Se pelearán por ti hasta que la Ceniza los cubra a ambos.
Yo estoy aquí para darte perspectiva.
Vera lo miró de arriba abajo, manteniendo las distancias.
—Eres un poco arrogante, ¿no?
“Vengo a salvarte de ti misma”.
Pues te daré un consejo de humana: la última vez que alguien intentó decidir por mí, terminó con una lanza en el pecho.
No eres mi salvador, Aetherion.
Eres, de momento, un pájaro muy molesto con un castillo muy alto.
Aetherion soltó una risa suave, esta vez con un matiz de respeto.
—Dos días, Vera.
Es el tiempo que tardarán en llegar.
Durante ese tiempo, no te tocaré si no lo deseas.
Pero te mostraré por qué el cuarto vínculo no es una opción, sino una necesidad.
Te mostraré que para que tu luz brille, necesitas el fuego del sol, no solo el calor de la tierra.
Vera se sentó en un banco de piedra, lejos de él, mirándolo con desconfianza pero con una curiosidad que empezaba a picarle.
—Dos días —repitió ella—.
Dos días para convencerme de que no eres un imbécil integral.
Tienes mucho trabajo por delante, “Su Alteza”.
Aetherion asintió y, con un movimiento de sus manos, hizo que un brasero cercano se encendiera con llamas doradas para darle calor.
Se retiró hacia el interior del palacio, dejándole espacio, pero Vera sintió que, aunque él no estaba cerca, el aire a su alrededor seguía vibrando con su presencia.
El sistema, en una esquina de su ojo, empezó a cronometrar: ✧ TIEMPO ESTIMADO PARA LA CONVERGENCIA: 47:59:59 ✧ Vera suspiró, mirando las nubes.
Iba a ser una estancia muy larga, y ese Príncipe Celestial tenía un magnetismo que odiaba admitir que le afectaba.
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