Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 — El Juicio del Cielo
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28: Capítulo 28 — El Juicio del Cielo 28: Capítulo 28 — El Juicio del Cielo Kael fue el primero en saltar.
No fue un ataque ciego; fue un movimiento de depredador alfa, preciso y letal.
Sus garras plateadas buscaron el cuello de Aetherion, pero el Príncipe Celestial no retrocedió.
Con un movimiento fluido de sus alas, generó una ráfaga de viento caliente que desvió la trayectoria del tigre, obligándolo a aterrizar de lado.
Rhydian no esperó.
El lobo se lanzó en un placaje brutal, rugiendo con una furia que prometía desmembrar al ángel.
—¡BASTA!
—gritó Vera, pero su voz fue ignorada por el estruendo del combate.
Aetherion, en un alarde de poder, no usó armas.
Recibió el impacto de Rhydian con el pecho, dejando que el lobo clavara sus dedos en sus hombros, y luego, con una explosión de luz solar que emanó de su piel, lo lanzó cinco metros hacia atrás.
—Si queréis matarme, hacedlo con honor —rugió Aetherion, su voz resonando como un trueno—.
Pero mientras os peleáis como perros por un hueso, la Ceniza está a las puertas de este palacio.
—¡No hables de honor mientras la tienes escondida tras tus alas!
—escupió Kael, preparándose para una segunda embestida.
Nerion, que había estado observando con ojos analíticos, levantó una mano, deteniendo a los otros dos.
—Esperad.
Algo no va bien.
En ese momento, el suelo de mármol de la cámara vibró.
No era un terremoto.
Era algo más profundo.
Unas grietas de color gris ceniza empezaron a serpentear desde las puertas rotas hacia el centro de la sala.
La “mancha” que Vera había visto desde las alturas había llegado antes de lo previsto.
—Están aquí —susurró Aetherion, su rostro palideciendo—.
Los Acechadores de la Nada.
De las sombras de las grietas empezaron a emerger figuras sin rostro, hechas de humo y ceniza, con largas garras que goteaban un líquido negro que corroía el suelo.
Eran docenas.
—Vera, detrás de mí —ordenó Kael, pero Aetherion se interpuso.
—No —dijo el Príncipe Celestial, mirando a los otros tres—.
Estos seres se alimentan de la fuerza física.
Vuestras garras y vuestros dientes solo los harán más fuertes.
Necesitáis luz pura.
Necesitáis el Sol.
Rhydian soltó un gruñido de desconfianza, pero al ver cómo una de las criaturas se regeneraba instantáneamente tras ser golpeada por una esfera de agua de Nerion, apretó la mandíbula.
—Dime qué hay que hacer, pájaro —gruñó el lobo—, pero si esto es un truco, te arrancaré las plumas una a una.
Aetherion se colocó en el centro de la formación.
—Kael, Rhydian…
formad un círculo alrededor de Vera.
No dejéis que ninguna sombra la toque.
Nerion, canaliza tu energía a través de mis alas.
¡Ahora!
Vera se encontró en el centro de un rombo defensivo.
Kael y Rhydian, hombro con hombro a pesar de su odio, destrozaban a los Acechadores que intentaban acercarse, dándole tiempo a Aetherion.
El Príncipe Celestial cerró los ojos y sus alas doradas empezaron a brillar con una intensidad cegadora.
—¡Vera, dame tu mano!
—gritó Aetherion.
Vera extendió la mano y, en cuanto sus dedos rozaron los de él, el sistema estalló en notificaciones: ✧ SINERGIA TETRA-ALFA DETECTADA ✧ Estado: 88% de estabilidad.
Habilidad activada: Resplandor del Alba.
Una onda de choque de luz dorada y blanca barrió la habitación.
Los Acechadores de ceniza se disolvieron en gritos silenciosos, convirtiéndose en polvo inofensivo al contacto con la luz.
La ráfaga fue tan potente que las nubes que rodeaban la cumbre se disiparon por completo, dejando entrar la luz del sol real.
Cuando el silencio regresó, Aetherion cayó de rodillas, agotado.
Sus alas estaban chamuscadas y su respiración era un silbido ronco.
Había utilizado casi toda su esencia para proteger el palacio y, sobre todo, para protegerlos a ellos.
Rhydian se acercó, todavía con los colmillos fuera, pero se detuvo a un paso de Aetherion.
Miró al ángel y luego a Vera.
—Has aguantado el golpe por nosotros —dijo el lobo, su tono era rudo pero ya no tenía la intención de matar.
Kael envainó sus garras y ofreció una mano a Aetherion para ayudarlo a levantarse.
Un gesto simple, pero cargado de un significado inmenso entre Alfas.
—Has demostrado que tu fuego no es solo para lucirse.
Eres parte de esto.
Vera se acercó, mirando a sus cuatro hombres reunidos por primera vez en paz.
—Bueno —soltó ella, tratando de romper la tensión con su sarcasmo habitual—, ahora que habéis terminado de mediros las energías y de jugar a los Power Rangers, ¿podemos bajar de este nido de águilas?
Me muero de ganas de una cena donde nadie intente secuestrarme o purificarme.
Aetherion sonrió débilmente mientras se apoyaba en el hombro de Kael.
—Aún falta el quinto, Vera.
Y créeme, después de esto, lo que viene no se solucionará solo con luz.
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