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Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 29

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  3. Capítulo 29 - 29 Capítulo 29 — El Silencio del Agua
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29: Capítulo 29 — El Silencio del Agua 29: Capítulo 29 — El Silencio del Agua ​ ​El enfrentamiento contra los Acechadores de la Nada había dejado una marca profunda en el grupo.

Aunque la luz de Aetherion los había salvado, el Príncipe Celestial estaba exhausto; sus alas, antes radiantes, colgaban ahora con un brillo apagado y su piel ardía con una fiebre mágica.

​—No podemos bajar así —sentenció Kael, sosteniendo a Aetherion por el hombro—.

El camino es peligroso y necesitamos que nuestro “vigilante” pueda al menos mantenerse en pie.

​—Me…

me recuperaré —intentó decir Aetherion, pero sus piernas flaquearon.

​Vera tomó el mando con su habitual tono pragmático.

—Ni hablar, pollo frito.

Te vas a quedar en horizontal un día entero.

Kael, Rhydian, llevadlo a sus aposentos.

Nerion…

—Vera buscó al tritón con la mirada, pero él ya estaba de espaldas, observando el horizonte con una rigidez inusual—.

Nerion, ¿puedes revisar si el perímetro sigue limpio de esa ceniza?

​El tritón asintió apenas con la cabeza y se marchó sin decir palabra.

…… ​Pasaron el resto del día en una tensa calma.

Kael y Rhydian, extrañamente coordinados tras la batalla, se turnaban para vigilar y ayudar a Aetherion.

Vera, por su parte, deambulaba por el palacio de mármol.

Se sentía extraña.

Su sistema no dejaba de enviarle datos sobre la “estabilidad del harén”, pero ella solo sentía un peso en el pecho.

​Había compartido la piel con el tigre y el lobo.

Había sentido el fuego del halcón en un beso que casi la consume.

Pero el agua…

el agua seguía estancada.

​Al caer la noche, Vera encontró a Nerion en la terraza más alejada, donde una fuente de agua pura seguía brotando a pesar de la altitud.

Él estaba allí, con las manos sumergidas en el líquido, pero el agua no brillaba como de costumbre.

Estaba oscura, reflejando su estado de ánimo.

​—Es fascinante, ¿verdad?

—dijo Nerion sin girarse—.

Kael te da su lealtad inquebrantable.

Rhydian te da su pasión salvaje.

Aetherion te da el poder del cielo.

Cada uno de ellos ha marcado su territorio en ti de una forma u otra.

​Vera se acercó lentamente, sintiendo la frialdad que emanaba de él.

—Nerion, no empieces con tus análisis lógicos.

​—No es lógica, Vera.

Es observación —se giró, y Vera se sorprendió al ver la tristeza profunda en sus ojos aguamarina—.

Soy el “Conocimiento”.

Se supone que soy el que guía, el que entiende el flujo de la magia.

Pero cuando te miro…

solo veo que soy el único que permanece fuera de tu círculo.

Soy el guardián que observa desde la orilla mientras los demás se hunden en tu marea.

​Vera sintió un pinchazo de culpa.

Nerion siempre había sido el pilar racional, el que la curaba y la mantenía cuerda, pero se había olvidado de que, debajo de esa fachada de príncipe frío, había un Alfa que también necesitaba ser reclamado.

​—No estás fuera, Nerion —dijo ella en un susurro, dando un paso hacia su espacio personal—.

Eres el que me mantiene a flote.

​Nerion soltó una risa amarga, un sonido impropio de él.

—A flote, sí.

Pero el agua que no se mueve, se pudre, Vera.

Te veo mirar a Aetherion con esa chispa de desafío sexual.

Veo cómo buscas el calor de Kael.

Y yo…

yo sigo siendo solo el médico.

El que trae las medicinas mientras los otros disfrutan de tu fuego.

​Vera vio cómo sus manos temblaban levemente bajo el agua.

La distancia que Nerion ponía era su forma de protegerse del rechazo, pero su soledad era ahora tan tangible como el mármol bajo sus pies.

​—Mañana hablaremos del quinto Alfa —continuó Nerion, recuperando su máscara de frialdad—.

Aetherion dice que es el Dragón, el equilibrio de la Sombra.

Una vez que lo encontremos, mi papel será aún más irrelevante.

Solo seré el bibliotecario de un harén de guerreros y dioses.

​Nerion se apartó de la fuente, pasando por el lado de Vera sin tocarla, pero ella pudo sentir el anhelo contenido, una tensión que no era de odio, sino de un deseo tan contenido que dolía.

​Vera se quedó sola en la terraza.

El sistema parpadeó: ​✧ ALERTA DE DESEQUILIBRIO ✧ Vínculo con Nerion (Tritón): En riesgo de estancamiento.

Estado emocional: Melancolía Alfa detectada.

​”Maldita sea”, pensó Vera, mirando hacia la habitación donde Nerion se había retirado.

Había estado tan distraída con los fuegos artificiales de los otros tres que no se había dado cuenta de que el agua se estaba congelando por su culpa.

……….

Vera no podía dejar que esa noche terminara así.

El silencio de Nerion era más ruidoso que los rugidos de Rhydian, y esa melancolía gélida se le estaba clavando en los huesos.

Atravesó los pasillos de mármol del palacio de Aetherion hasta llegar a la estancia que le habían asignado al príncipe tritón.

​Sin llamar, empujó la pesada puerta.

​Nerion estaba de pie frente a un gran ventanal que daba al vacío, de espaldas a la entrada.

No llevaba su túnica habitual; su torso estaba al descubierto, revelando las escamas iridiscentes que decoraban sus costados y que brillaban con un tono azul eléctrico bajo la luz de la luna.

​—Vera, deberías estar descansando —dijo él, sin girarse.

Su voz era plana, pero el agua de un pequeño estanque decorativo en la habitación empezó a agitarse en círculos concéntricos.

​—Y tú deberías dejar de comportarte como un mártir incomprendido —replicó ella, cerrando la puerta tras de sí—.

¿Qué pasa, Nerion?

¿Es que el “Conocimiento” no incluye cómo gestionar que una mujer te preste atención?

​Él se giró lentamente.

Su rostro seguía siendo una máscara de perfección fría, pero sus ojos aguamarina estaban cargados de una tormenta contenida.

​—He gestionado muchas cosas, Vera.

Pero no estoy acostumbrado a ser una nota al pie de página en una historia de pasión.

​Vera se acercó a él con pasos lentos, acortando la distancia hasta que pudo oler la fragancia a lluvia y ozono que siempre lo acompañaba.

​—Dime una cosa —soltó ella con su habitual tono directo—.

¿Esto es lo normal en ti?

¿Has tenido otros acercamientos con otras “hembras” en tu reino?

¿Eras así de distante y clínico con ellas también, o es que yo te pongo especialmente difícil la logística?

​Nerion arqueó una ceja, sorprendido por la franqueza de la pregunta.

Un pequeño destello de orgullo brilló en sus ojos.

​—En el Reino del Coral, mi posición no permitía la “distancia” que mencionas.

Como príncipe, era…

muy solicitado.

Y no, no solía ser clínico.

Solía ser directo.

​—¿Ah, sí?

—Vera sonrió, cruzándose de brazos—.

Pues quién lo diría.

Porque cuando te presentaste por primera vez, no eras este bloque de hielo.

Recuerdo a un tritón bastante seguro de sí mismo que me miraba como si fuera el tesoro más valioso del océano.

¿Dónde se ha metido ese tipo?

¿Se ha quedado sin aire al subir a la montaña?

​Nerion dio un paso hacia ella, impulsado por el aguijón del sarcasmo de Vera.

La superioridad intelectual que siempre usaba como escudo empezó a agrietarse.

​—Ese tipo sigue aquí, Vera.

Pero ese tipo también tiene ojos.

Ve cómo Kael te rodea con sus brazos y cómo tú te derrites.

Ve cómo Rhydian te reclama y cómo tú le devuelves el desafío.

Ve cómo el “pajarraco” te ha marcado con su fuego solar en solo dos días.

​—¿Y qué ves cuando me miras a mí, Nerion?

—Vera le puso una mano en el pecho, justo sobre el lugar donde su corazón latía con una fuerza que desmentía su calma exterior.

Sus dedos rozaron las escamas frías y suaves—.

Porque yo veo a un Alfa que tiene miedo de mojarse, a pesar de que es el dueño del agua.

​El contacto fue como un cortocircuito.

Nerion agarró la mano de Vera, apretándola contra su piel.

Sus ojos ya no eran tristes; eran depredadores.

El azul de sus iris se volvió tan oscuro que parecía casi negro.

​—¿Crees que tengo miedo, humana?

—su voz bajó una octava, volviéndose vibrante y peligrosa—.

He guardado las distancias porque alguien en este grupo de animales tenía que mantener la cabeza fría para salvarte la vida.

Pero si crees que mi sangre no arde igual que la de ellos…

estás muy equivocada.

​Nerion la atrajo hacia sí con una fuerza sorprendente, eliminando cualquier rastro de aire entre ellos.

Vera sintió la frescura de su piel contra el calor de la suya, un contraste que la hizo soltar un suspiro ahogado.

​—Has estado jugando con fuego y tierra, Vera —susurró él, acercando sus labios a la oreja de ella—.

Pero te has olvidado de lo que el agua puede hacer.

El agua no golpea; el agua te envuelve, te llena y te ahoga hasta que no puedes recordar cómo era respirar sin ella.

​Vera sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío de la cumbre.

El cambio en la actitud de Nerion era total; el médico se había ido, y en su lugar había un Alfa que llevaba demasiado tiempo contenido.

​—Pues demuéstramelo —desafió Vera, mirándolo a los ojos con una sonrisa triunfante—.

Menos teoría y más práctica, príncipe.

​Nerion no esperó más.

Capturó sus labios con una urgencia que no tenía nada de clínica.

Fue un beso profundo, con sabor a sal y a deseo acumulado, una marea que amenazaba con arrastrar a Vera a las profundidades de las que él venía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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