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Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 30

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30: Capítulo 30 — La Marea que no Perdona 30: Capítulo 30 — La Marea que no Perdona ​ ​Nerion la empujó hacia la cama de seda con una urgencia que Vera no le conocía.

Sus manos, siempre tan precisas y calmadas, ahora temblaban levemente mientras se deshacían de la túnica de ella.

Cuando la tela cayó al suelo, Nerion se detuvo un segundo, recorriendo su cuerpo con una mirada que parecía querer memorizar cada poro de su piel.

​—Dijiste que el agua te envuelve, Nerion —jadeó Vera, tirando de él por los hombros para que volviera a besarla—.

Demuéstramelo.

​Nerion se despojó de sus pantalones con un movimiento fluido.

Su cuerpo era una obra maestra de potencia aerodinámica: músculos largos, definidos y esas escamas iridiscentes que bajaban por sus caderas, brillando con una luz azulada que iluminaba la penumbra de la habitación.

Al subir sobre ella, Vera notó que su piel no estaba fría, sino que vibraba con una energía eléctrica.

​—No tienes idea de cuánto tiempo he soñado con esto —murmuró él, bajando su cabeza para besar el camino entre sus pechos.

​Nerion no era salvaje como Rhydian ni posesivo como Kael; él era insaciable.

Sus labios se movían con una técnica devastadora, lamiendo y succionando sus pezones hasta que Vera empezó a arquear la espalda, sus manos enterradas en el cabello plateado del tritón.

El agua del estanque cercano empezó a elevarse, flotando en el aire en pequeñas esferas que orbitaban la cama, respondiendo a la excitación de su señor.

​—Nerion…

por favor…

—suplicó Vera cuando sintió los dedos largos y expertos de él explorando su humedad.

​Él no se apresuró.

Quería que ella sintiera cada milímetro de la diferencia.

Con un movimiento elegante, Nerion se posicionó entre sus piernas y se hundió en ella de una sola estocada firme y profunda.

Vera soltó un alarido, sus ojos abriéndose de par en par.

No era solo la plenitud física; era una sensación de frescura que inundaba su vientre, como si el agua misma estuviera fluyendo por sus venas.

​—Mírame, Vera —ordenó Nerion, su voz vibrando con una autoridad que la hizo estremecerse—.

No pienses en el tigre.

No pienses en el lobo.

Solo siente cómo te lleno.

​Nerion comenzó a moverse con un ritmo hipnótico, como el vaivén de las olas contra un acantilado.

Cada embestida era larga, deliberada y llegaba a profundidades que la hacían temblar.

Sus escamas rozaban la piel de los muslos de Vera, creando una fricción eléctrica que disparaba su sensibilidad al límite.

​Vera se aferró a su espalda, sintiendo la piel suave y poderosa de Nerion.

Él la levantó, sentándola sobre él sin romper la unión, permitiendo que ella controlara el ritmo mientras sus lenguas se entrelazaban de nuevo.

El sistema de Vera enviaba alertas borrosas que ella ignoraba: ​✧ SINCRONIZACIÓN HÍDRICA: 95% ✧ Estado: Sobrecarga sensorial.

El vínculo de Conocimiento se está sellando con fluidos.

​La intensidad subió cuando Nerion empezó a acelerar.

Su control se perdió finalmente cuando Vera envolvió sus piernas alrededor de su cintura, apretándolo más contra ella.

El agua que flotaba en la habitación estalló en una lluvia fina que los empapó a ambos, mezclándose con el sudor y el flujo.

​—¡Vera!

—rugió Nerion, perdiendo su compostura real mientras su espalda se arqueaba y sus ojos brillaban con un azul cegador.

​Vera sintió la marea subir.

Sus paredes vaginales se contrajeron en espasmos violentos mientras Nerion se corría dentro de ella, una liberación tan potente que sintió que sus propios pulmones se llenaban de agua bendita.

Él la abrazó con una fuerza desesperada, hundiéndose en su cuello, respirando con dificultad mientras la magia de ambos se estabilizaba.

​A la mañana siguiente ​Vera despertó entrelazada con Nerion, su piel aún brillando débilmente por el intercambio mágico.

Se sentía completa, equilibrada por fin entre el fuego y el agua.

​Al salir de la habitación, se encontraron con el resto del grupo en el salón principal.

Aetherion estaba sentado en su trono, Kael afilaba sus garras y Rhydian devoraba una pierna de carne.

Los tres se detuvieron en seco al verlos aparecer.

​Rhydian olfateó el aire y una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro.

—Vaya, vaya…

parece que el pez finalmente ha aprendido a nadar en aguas profundas.

Hueles a ella por todos tus poros, Nerion.

​Kael levantó la vista, observando la nueva marca azulada que brillaba débilmente en el cuello de Vera, justo debajo de la suya.

No hubo pelea; solo un asentimiento de respeto.

El vínculo se había equilibrado.

​—Ahora que estamos todos…

—dijo Aetherion, poniéndose en pie con sus alas recuperadas— …es hora de bajar.

El Dragón no va a esperarnos, y la Ceniza está empezando a cubrir el valle.

​Vera miró a sus cuatro hombres.

El ambiente había cambiado; ya no eran rivales, sino las cuatro columnas de un templo que ella estaba empezando a entender cómo liderar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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