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Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 32

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  3. Capítulo 32 - 32 Capítulo 32 — Cuatro Alfas y un Destino Demasiado Estrecho
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32: Capítulo 32 — Cuatro Alfas y un Destino (Demasiado Estrecho) 32: Capítulo 32 — Cuatro Alfas y un Destino (Demasiado Estrecho) ​ ​Tras dejar la aldea con provisiones y esperanza, el grupo se internó en el Bosque de los Susurros.

La tensión de la batalla había sido sustituida por una tensión mucho más doméstica y, para Vera, mucho más agotadora: la guerra de celos.

​Al caer la noche, acamparon bajo un enorme roble milenario.

Kael, con su eficiencia de soldado, había montado una tienda improvisada para Vera, pero el problema surgió a la hora de decidir quién montaba guardia…

y quién dormía cerca de la entrada.

​—Yo tengo el oído más fino —gruñó Rhydian, estirándose como un perro grande frente a la tienda—.

Me quedo aquí.

Si algo se acerca a menos de un kilómetro, lo morderé antes de que Vera abra los ojos.

​—Tus ronquidos despertarán a los muertos antes que a cualquier enemigo, lobo —soltó Aetherion, apoyado contra el tronco con una elegancia insultante—.

Mis alas pueden envolver la tienda y crear una barrera de calor solar.

Es lo más lógico.

​Nerion, que estaba sentado puliendo una daga de cristal, levantó la vista con una sonrisa gélida.

—La lógica dice que después de la noche que pasamos, Vera se siente más cómoda con mi presencia.

Además, mi magia puede detectar vibraciones en el suelo que vuestras alas y orejas ignorarían.

​Vera, que estaba intentando quitarse las botas dentro de la tienda, asomó la cabeza con un suspiro de desesperación.

​—¿Podéis dejar de mediros las “habilidades” cinco minutos?

—soltó Vera—.

Parecéis adolescentes en un vestuario.

Kael, di algo, tú eres el sensato.

​Kael, que estaba cortando leña con un hacha, se detuvo y miró a los otros tres.

Luego miró a Vera.

—Yo ya he marcado el perímetro con mi esencia.

Ningún depredador entrará aquí.

Y voy a dormir dentro de la tienda, en la entrada, porque soy el más grande y el que mejor bloquea el paso.

​—¡Ni hablar!

—exclamaron los otros tres al unísono.

…….

​Comieron alrededor del fuego en un silencio tenso.

Nerion, con movimientos fluidos, le ofreció a Vera el mejor trozo de carne, cortado en pedazos perfectos.

​—Gracias, Nerion —dijo ella, dándole un mordisco.

​Rhydian soltó un bufido.

—Si quieres, puedo masticarlo por ti también, Vera.

Parece que el pez cree que no tienes dientes.

​—Al menos no intento que coma directamente de mi mano como si fuera una mascota, Rhydian —replicó Nerion sin inmutarse.

​Aetherion, para no quedarse atrás, hizo aparecer una pequeña esfera de luz dorada que flotaba sobre Vera para espantar a los insectos.

—Para que leas tu mapa con claridad, Portadora.

​Kael, harto de los juegos, simplemente se sentó al lado de Vera, pegando su hombro al de ella.

Su calor era masivo y reconfortante.

—Estáis perdiendo el tiempo.

Vera está cansada.

Dejad de agobiarla.

​—Tú eres el que más la agobia con ese cuerpo de armario empotrado, Kael —masculló Rhydian, intentando hacerse hueco al otro lado de Vera.

​Vera se encontró de repente encajonada entre el tigre y el lobo, con el ángel iluminándola como un foco de estadio y el tritón observando su nutrición con mirada clínica.

​—¡Suficiente!

—Vera se puso en pie, haciendo que todos dieran un respingo—.

Escuchadme bien, panda de hormonados.

Hoy voy a dormir sola en la tienda.

Kael y Rhydian, guardia sur.

Nerion y Aetherion, guardia norte.

Y si oigo una sola pelea, juro por el sistema que el próximo que intente besarme se llevará un rodillazo en sus “partes de Alfa” que le hará ver las estrellas sin ayuda de Aetherion.

……… ​El silencio que siguió fue absoluto.

Los cuatro Alfas se miraron entre sí, intimidados por la pequeña humana.

​—A veces da más miedo que la Ceniza —susurró Rhydian cuando Vera se metió en la tienda y cerró la solapa con un golpe seco.

​—Es su voluntad lo que la hace la Portadora —murmuró Kael con una mezcla de orgullo y resignación.

​Sin embargo, una hora después, Vera sintió algo.

La solapa se abrió apenas unos centímetros.

No fue un ataque, sino un gesto de ternura.

​Nerion deslizó un pequeño frasco de agua con esencias relajantes para que pudiera dormir mejor.

Kael dejó su manta de piel de tigre blanco (su posesión más preciada) sobre sus pies para que no pasara frío.

Rhydian dejó un pequeño hueso tallado en forma de flor que había estado haciendo durante el viaje.

Y Aetherion…

Aetherion simplemente redujo la intensidad de su luz a un brillo tenue y cálido que envolvía la tienda como una manta protectora.

​Vera sonrió en la oscuridad, rodeada de los regalos de sus cuatro protectores.

“Son unos idiotas”, pensó, acomodándose bajo la manta de Kael, “pero son MIS idiotas”.

​En la distancia, más allá del bosque, un rayo de energía negra rasgó el cielo.

El Dragón estaba cerca, y el juego de celos estaba a punto de volverse mucho más peligroso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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