Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 33
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Capítulo 33: Capítulo 33 — Vera: El Espejo de lo Cotidiano
El aire en el límite del Valle de la Desolación no solo era frío; era pesado, como si el oxígeno hubiera sido sustituido por plomo. Los árboles aquí no tenían hojas, sino ramas que parecían dedos retorcidos suplicando al cielo.
—Estamos entrando en el dominio de Valthor —susurró Aetherion, sus alas plegadas tan apretadas que parecían una armadura metálica—. Él no usa centinelas físicos. Él usa la mente.
Vera sintió un escalofrío. De repente, una niebla espesa y violácea se tragó el sendero. No era la Ceniza; era algo más antiguo. El grupo intentó mantenerse unido, pero uno a uno, las voces de sus compañeros se fueron apagando hasta que Vera se encontró caminando sola en un silencio sepulcral.
—¿Chicos? —llamó, pero su voz no produjo eco.
En un segundo, Vera estaba rodeada de cuatro hombres imponentes que discutían sobre tácticas de guardia; al siguiente, el silencio era tan absoluto que podía oír el roce de su propia ropa contra su piel.
La niebla violácea no solo tapaba la vista, sino que parecía devorar el sonido.
—¿Kael? ¿Rhydian? —llamó Vera. Su voz sonó pequeña, sin la fuerza que solía tener.
Caminó unos pasos, con las manos extendidas, esperando tocar el pecho firme de Kael o la túnica de seda de Nerion. Pero sus dedos solo encontraron el aire denso y frío. De repente, el suelo bajo sus botas cambió. Ya no era tierra seca y raíces retorcidas. Era… ¿asfalto?
La niebla se disipó ligeramente, revelando un escenario que le dio un vuelco al corazón. Estaba en una parada de autobús. Su parada de autobús. La luz fluorescente de la marquesina parpadeaba con un zumbido eléctrico irritante. A lo lejos, se oía el tráfico de la ciudad y el olor a humo de coche sustituyó al ozono de Aetherion.
—No… esto no es real —susurró ella.
—¿Qué no es real, Vera? —dijo una voz a su espalda.
Vera se giró. Allí estaba ella misma, pero la “otra” Vera se veía agotada. Llevaba su uniforme de trabajo sucio, las ojeras marcadas y sostenía un café barato en un vaso de cartón.
—Mírate —dijo la Vera Sombría con una risa amarga—. Estás aquí, en medio de la noche, imaginando que eres especial. Que unos príncipes y guerreros se pelean por ti. Es un mecanismo de defensa psicológico muy interesante, ¿verdad? Un brote psicótico para escapar de una vida donde no llegas a fin de mes.
Vera retrocedió, pero chocó con la marquesina.
—He sentido su calor. He sentido el agua de Nerion, el peso de Kael…
—Has sentido el frío de la soledad, Vera. —
La doble se acercó, invadiendo su espacio—. Nadie te espera. En Elarion eres “La Portadora”, una pieza de una máquina. Aquí no eres nada. Y lo peor es que sabes que, en cuanto cierres los ojos, ellos desaparecerán porque nunca existieron. Son solo sombras que creaste para no sentirte tan pequeña.
Vera miró sus manos. Sus ropas de Elarion empezaron a transformarse en su vieja chaqueta vaquera desgastada. El sistema, su única brújula, parpadeó débilmente:
✧ ERROR DE SISTEMA ✧
Realidad no detectada.
Advertencia: El sujeto se está desconectando de la fuente.
—¿Ves? Ni siquiera tu alucinación de “pantallitas” puede sostener la mentira —se burló su reflejo—. Vuelve al autobús, Vera. Vuelve a la oficina. Nadie te ama allí, porque los monstruos no aman, solo necesitan nexos de energía.
Vera sintió que las lágrimas le escocían en los ojos. La duda, esa vieja enemiga, se instaló en su pecho como un bloque de hielo. Por un momento, Elarion pareció un sueño febril y la parada de autobús, la única verdad cruda.
Pero entonces, Vera cerró los puños. Recordó el olor a pino de Rhydian y la mirada de respeto de Aetherion.
—Si esto es una alucinación —dijo Vera con los dientes apretados—, entonces soy la mejor guionista del maldito mundo. Y si prefiero morir en un sueño hermoso que vivir en tu parada de autobús gris… ¡que así sea!
Vera arrojó su café imaginario a la cara de su reflejo y echó a correr hacia la niebla. No sabía a dónde iba, pero sabía que en algún lugar de ese vacío, sus Alfas estaban sufriendo algo mucho peor.
—¡Valthor! —gritó hacia la nada—. ¡Si vas a usar mi ansiedad contra mí, vas a necesitar un guion más original!
Vera no despertó, pero la parada de autobús se desvaneció. Ahora estaba en el “limbo” de la pesadilla, viendo cómo cuatro esferas de oscuridad latían a su alrededor. Eran ellos. Estaban atrapados.
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