Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 5
- Inicio
- Elarion - Vera y el lago entre los mundos
- Capítulo 5 - 5 Capítulo 5 - El alfa de los lobos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: Capítulo 5 – El alfa de los lobos 5: Capítulo 5 – El alfa de los lobos El combate no terminó porque uno de los bandos ganara.
Terminó porque alguien, con un poder superior al de los combatientes, decidió que el derramamiento de sangre ya no servía a su propósito.
—¡BASTA!
La voz no fue un grito; fue un estallido de autoridad que atravesó el bosque como un trueno contenido, haciendo que el aire vibrara con una frecuencia que hizo doler los oídos de Vera.
El efecto fue instantáneo.
Los lobos que estaban a punto de saltar se quedaron congelados; incluso Kael, que tenía sus garras hundidas en el hombro de un enemigo, se detuvo en seco, con los músculos de su espalda plateada tensos como cuerdas de violín.
Kael se giró lentamente hacia el límite del claro.
Sus ojos azules eran dos rendijas de hielo, y su cola blanca, erizada por la adrenalina, latigaba el aire con una violencia que delataba su deseo de seguir luchando.
Entre los árboles apareció él.
No caminaba; se deslizaba con la confianza de quien es el dueño absoluto de cada sombra del bosque.
Era alto, apenas unos centímetros más que Kael, pero su presencia llenaba el espacio de una forma distinta.
Si Kael era la elegancia de una tormenta de nieve, este hombre era el calor sofocante de un incendio forestal.
Su torso era una exhibición de potencia bruta: hombros anchos que parecían capaces de cargar el mundo, pectorales densos y un abdomen esculpido donde una fina línea de vello oscuro descendía peligrosamente hacia el borde de sus pantalones de cuero.
Los tatuajes tribales en sus brazos parecían moverse bajo su piel con cada paso.
Tenía el cabello negro, ondulado y rebelde, y unos ojos dorados que ardían como fuego líquido.
Vera sintió un escalofrío que no era de miedo, sino una respuesta eléctrica de su propio cuerpo ante tal despliegue de masculinidad primaria.
—Rhydian Varkor —gruñó Kael, su voz saliendo como un ronroneo amenazante desde lo más profundo de su pecho.
El lobo sonrió de lado, mostrando un colmillo afilado que le daba un aire canalla y peligrosamente atractivo.
—Kael Tharos.
Sigues invadiendo territorio ajeno como si las fronteras fueran simples sugerencias.
Vera observó el intercambio, cruzada de brazos.
La tela de Kael apenas cubría lo necesario, y el contraste entre el rubio platino de Kael y la oscuridad magnética de Rhydian era casi demasiado para procesar.
—Tus lobos cruzaron primero el río del Este —espetó Kael, dando un paso al frente, su cola blanca moviéndose con agitación.
—Porque tus cazadores espantaron nuestras presas —respondió Rhydian, deteniéndose a pocos metros.
Sus ojos dorados se entrecerraron—.
No voy a permitir que mi manada pase hambre por tu arrogancia, tigre.
El aire se volvió denso, cargado de una testosterona tan espesa que Vera sentía que podía cortarla con un cuchillo.
Eran dos depredadores midiendo fuerzas, dos alfas cuyos egos chocaban con la fuerza de dos placas tectónicas.
Pero entonces, el interés de Rhydian se desvió.
Sus ojos dorados abandonaron a Kael y se clavaron en Vera.
POV RHYDIAN El aroma me golpeó antes de verla.
No era el olor a sangre y sudor de la batalla.
Era algo dulce, prohibido, una mezcla de flores de loto y algo que gritaba “hogar”.
Cuando mis ojos la encontraron, sentí un tirón en las entrañas que casi me hace perder la compostura.
Estaba envuelta en las ropas de Kael, marcando su territorio, pero la forma en que me sostenía la mirada…
no había sumisión.
Había fuego.
Una hembra humana.
Una Portadora.
Mi sangre reclamó lo que mis ojos acababan de encontrar.
POV VERA El lobo me estaba devorando con la mirada.
Literalmente.
No era una mirada lasciva común; era como si estuviera calculando cuánto tiempo tardaría en hacerme suya.
—¿Siempre miras así a las desconocidas o debería pedirte que me invites a una copa primero?
—solté, arqueando una ceja.
Rhydian soltó una risa grave, un sonido que vibró directamente en el bajo vientre de Vera.
—Definitivamente eres especial —murmuró él, ignorando por completo el gruñido de advertencia de Kael.
El panel apareció ante Vera, brillando en un tono ámbar: ✧ NUEVA ENTIDAD DETECTADA: Rhydian Varkor ✧ Especie: Hombre Lobo Alfa.
Compatibilidad genética: Extremadamente Alta.
Estado: Fascinación depredadora.
Rhydian dio un paso más, invadiendo el espacio personal de Kael.
El tigre se interpuso de inmediato, su cola rodeando la cadera de Vera en un gesto posesivo que ella no pasó por alto.
—No hueles a este mundo —dijo Rhydian, su voz bajando a un tono íntimo, casi un susurro para ella—.
Pero tu energía…
me pertenece tanto como a él.
—Vaya, ¿ahora soy una propiedad compartida?
—Vera sonrió con descaro, aunque su corazón martilleaba contra sus costillas—.
Siento decepcionarte, “Lobo Feroz”, pero acabo de llegar y aún no he decidido quién es mi favorito.
Aunque tengo que admitir que el contraste de colores entre vosotros dos quedaría genial en mi dormitorio.
Kael se tensó tanto que Vera pensó que saltaría sobre Rhydian allí mismo.
—Ella está bajo mi protección, Varkor.
No vuelvas a olfatearla.
Rhydian ladeó la cabeza, su mirada dorada bajando por el cuerpo de Vera, deteniéndose en sus piernas descubiertas antes de volver a sus ojos.
—La protección es temporal, Tharos.
El destino es otra cosa.
Rhydian silbó una orden y sus lobos comenzaron a retirarse, fundiéndose con las sombras.
Pero antes de irse, se inclinó hacia delante, permitiendo que Vera sintiera el calor casi febril que emanaba de su cuerpo.
—Nos volveremos a ver, Vera.
Y la próxima vez, no habrá un tigre entre nosotros.
Cuando desapareció entre los árboles, el silencio regresó, pero la tensión no.
Kael se giró hacia ella, sus ojos azules oscuros por la posesión.
Su cola seguía enredada en su cintura, apretando ligeramente.
—No te acerques a él —sentenció Kael.
Vera lo miró, divertida por su reacción.
—¿Celoso, tigre?
Porque para ser un guardián tan serio, parece que te molesta bastante que otros perros me miren el hueso.
Kael mostró los colmillos en una sonrisa peligrosa.
—Precavido.
Él no quiere protegerte, Vera.
Él quiere reclamarte.
Vera se inclinó hacia él, su rostro a pocos centímetros del suyo, disfrutando del poder que tenía sobre el gran tigre blanco.
—Tranquilo…
De momento, el único que me ha puesto ropa y me ha salvado la vida eres tú.
Pero no te acostumbres a mandar, que me pongo rebelde.
Kael no respondió, pero su cola le dio un último apretón cariñoso a su cintura antes de retraerse.
Vera suspiró, viendo el panel parpadear: Afinidad Bestial +5 Tensión de Harem activada.
—Genial —murmuró Vera—.
Un mundo nuevo, dos tíos que son modelos de fitness con instinto asesino y yo sin un miserable cepillo de dientes.
Definitivamente, esto va a ser interesante.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com