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Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 7

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  3. Capítulo 7 - 7 Capítulo 7 — El calor del Alfa
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7: Capítulo 7 — El calor del Alfa 7: Capítulo 7 — El calor del Alfa ​La noche en Elarion no era oscura; era de un azul eléctrico, con dos lunas que bañaban el campamento en una luz plateada.

Vera fue conducida por Kael hasta su residencia privada: una estructura circular construida en la copa de uno de los árboles más antiguos.

El suelo estaba cubierto de pieles densas y el aire olía a cedro y a la esencia masculina de Kael.

​Vera se dejó caer en un montón de cojines.

Seguía vistiendo únicamente la banda de cuero de Kael y la falda de hojas que él mismo le había trenzado.

No tener nada debajo de esas prendas improvisadas la hacía sentirse peligrosamente expuesta cada vez que la brisa nocturna se filtraba por la estancia.

​—Necesito un baño de verdad.

Si paso un minuto más con esta ropa de jardín y el olor a pelea de lobos, voy a empezar a echar raíces —dijo Vera, lanzándole una mirada desafiante.

​Kael no respondió de inmediato.

Estaba de pie junto a un gran cuenco de piedra tallada donde el agua caía desde una fuente natural.

Con un movimiento fluido, se desató la banda de cuero que le cruzaba el pecho.

Vera se quedó sin aliento: bajo la luz de las lunas, sus músculos parecían esculpidos en obsidiana blanca, poderosos y tensos.

​—El agua está lista —dijo Kael.

Su voz era un ronroneo bajo—.

Yo mismo la he calentado con piedras térmicas.

​Vera se levantó y se acercó.

Kael no se movió; se quedó allí, observándola con sus ojos azules ardiendo.

Su cola blanca se mecía lentamente, rozando el suelo con un siseo suave.

​—¿Te vas a quedar a mirar, tigre?

—desafió Vera.

Llevó sus manos al nudo de la falda de hojas.

Sabía perfectamente que, al soltarlo, no quedaría nada entre ella y la mirada de él—.

Ya me viste en el lago tal como vine al mundo, así que supongo que la sorpresa ya pasó.

​—Un hombre no se cansa de mirar el amanecer solo porque lo haya visto una vez —respondió Kael, dando un paso hacia ella.

​Vera soltó el nudo.

La falda de hojas cayó al suelo.

Luego, con un movimiento lento y deliberado, se despojó de la banda de cuero de Kael.

Se quedó allí, completamente desnuda ante él, bañada por el resplandor de las dos lunas.

Sus hombros rectos, la curva de su espalda y la suavidad de su piel contrastaban violentamente con la figura masiva y rayada del Alfa.

​Kael tragó saliva.

Sus pupilas se dilataron hasta que el azul de sus ojos fue casi devorado por el negro.

Su cola latigó el aire una vez, con fuerza.

​—Vera… —gruñó él, y el nombre sonó como una plegaria y una amenaza al mismo tiempo.

​—No te quedes ahí pasmado, Alfa.

Se supone que eres el que manda aquí —le guiñó un ojo con ese descaro que lo descolocaba, y se metió en el agua caliente.

​El calor fue un bálsamo, pero la presencia de Kael, sentado ahora en el borde de la piedra, mantenía sus sentidos en alerta roja.

Él tomó una esponja natural y la sumergió en el agua.

​—Déjame —ordenó él.

​Vera se apoyó en el borde, permitiendo que Kael empezara a pasar la esponja por su espalda.

El contacto de sus manos grandes y callosas contra su piel húmeda enviaba descargas eléctricas directamente a su vientre.

​✧ INTIMIDAD EN AUMENTO ✧ Vínculo Kael Tharos: 78% hacia Nivel 2.

Efecto: Sincronización de líbido detectada.

​—Tienes una piel tan suave…

—susurró Kael, acercándose tanto que ella sentía el calor de su aliento en la nuca—.

En mi mundo, todo es garras y lucha.

Tú eres…

luz pura.

​Vera se giró en el agua, quedando cara a cara con él.

El agua le llegaba justo a la altura de los pechos, pero no ocultaba nada de la intensidad del momento.

—Y tú eres puro instinto, ¿verdad?

—Vera estiró la mano y recorrió con un dedo el contorno de los músculos pectorales de Kael—.

¿Te cuesta mucho controlarte?

Porque huelo el esfuerzo que estás haciendo desde aquí.

​Kael agarró la mano de Vera y la presionó contra su pecho, donde su corazón latía como un tambor de guerra.

—Me cuesta más de lo que puedes imaginar, humana.

Si fuera por mi instinto, ya te habría marcado frente a todo el clan para que ni siquiera ese lobo se atreviera a soñar contigo.

​Vera sonrió, acercando sus labios a la oreja de él.

—Pues tendrás que esforzarte más.

Porque a mí me gusta que me ganen, no que me reclamen como si fuera un territorio.

​Kael soltó un ronroneo profundo que hizo vibrar el agua alrededor de Vera.

Su cola se sumergió en el cuenco, rodeando la cintura de ella por debajo de la superficie, atrayéndola hacia él con una fuerza posesiva.

—Te ganaré, Vera.

Pero esta noche, dormirás conmigo.

Sin plantas, sin cuero.

Solo tú y yo.

​Salió del agua y Kael la envolvió en una piel blanca increíblemente suave, pero antes de cubrirla del todo, sus ojos recorrieron cada centímetro de su cuerpo con una devoción absoluta.

La llevó hasta la enorme cama de pieles y se acostó tras ella.

Vera sintió la espalda de Kael —su piel caliente y su respiración rítmica— pegada a la suya.

Su cola se enredó firmemente en los tobillos de ella.

​Vera se acurrucó en ese nido de calor.

—Kael… —murmuró ella.

​—Dime.

​—Mañana vamos a tener que hablar de las reglas de convivencia.

Porque si cada baño va a ser una guerra de miradas, me va a dar un paron cardíaco antes de que lleguemos al tercer Alfa.

​Kael le dio un beso suave en el hombro, dejando un rastro de calor que la hizo estremecer.

—Duerme, Vera.

Mañana el mundo seguirá ahí.

Pero esta noche, el mundo soy yo.

​Vera cerró los ojos, sonriendo.

Elarion era salvaje, pero estar desnuda en la cama de un tigre blanco de dos metros era, sin duda, la mejor “incidencia” que le había pasado en la vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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