Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Emma en el bosque de bestias - Capítulo 36

  1. Inicio
  2. Emma en el bosque de bestias
  3. Capítulo 36 - Capítulo 36: Quiero reclamar lo que es mío para ser digno de ser suyo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 36: Quiero reclamar lo que es mío para ser digno de ser suyo



“Mi primer beso…”

“Aran ha sido mi primer beso”

Pero no fue un beso cualquiera. Ese contacto me llevó a soñar, como si estuviera viendo una visión. Ambos nos convertimos en pétalos de rosa flotando sobre el mar. La brisa era fría, nuestras manos suaves y sin forma parecían entrelazarse mientras viajábamos por el universo. Mariposas revoloteaban sobre mi cabeza, y una telaraña me envolvía, haciéndome sentir segura, protegida.

Sin embargo, en ese sueño apareció Iván. Rompió cada hilo de la telaraña y me tomó en sus brazos. Lo más extraño fue que no me resistí. En ese momento, desperté y volví a la realidad. Me alejé de golpe, empujando a Aran.

Él abrió los ojos un instante después y me miró. Parecía confundido, como si acabara de despertar de un profundo sueño. Había algo diferente en sus ojos, un brillo mágico que jamás había visto antes, algo que solo existió esa noche.

—¿Qué fue eso? —musité, casi sin aliento.

—Quién lo diría… —sus ojos se clavaron en los míos, profundos y sinceros—. Una bestia enamorarse de una humana. La humana que pudo convertirse en la debilidad de esa bestia.

Sonrió con una mezcla de ternura y resignación antes de desviar la mirada hacia las llamas danzantes del fuego. Su voz, aunque firme, parecía cargada de un peso invisible cuando continuó:

—Señorita, sé que no soy quién para pedirle nada. Pero también sé lo importante que es usted para mí. Desde que llegó, tengo una razón para seguir con vida. Gracias a usted, quiero reclamar lo que es mío para ser digno de ser suyo.

“¿Acaso esta es una revelación de amor?” Pensé, atónita.

—Aran… —quise interrumpir.

—Sí, sé qué clase de conexión tiene con Iván. Pero… —su pecho subía y bajaba con pesadez, como si cada palabra le costara—. No puedo solo ignorar lo que siento. No puedo solo dejarlo pasar. Por fin soy feliz después de cientos y tantos años. Si me dice que se quedará a mi lado, yo me convertiré en el rey de todo este lugar, aunque tenga que arrancar corazones y cabezas con mis propias manos.

Hizo una pausa, su mirada temblorosa, cargada de expectativa.

—Más, si me dice que no… lo voy a comprender, y será como si nada de esto hubiera sucedido. Por favor, respóndame.

¿Qué iba yo a responder ante aquello tan fuerte que me había declarado? Y así, de la nada. Quizás era porque era Aran, o porque no era humano y no comprendía bien las emociones humanas. Quizás… Pero no podía simplemente responderle.

“Debe ser por los hongos”

Nos mirábamos el uno al otro, sin titubear.

Su piel blanca como marfil bajo la luz del fuego, sus ojos azules brillantes. Sus labios rosados, su cabello revuelto. Oh, mi Aran… era tan él, inigualable. Pero yo sabía que no era lo correcto. No, porque aunque nunca lo pensé con claridad, ni me había dado cuenta, hasta ese momento entendí que yo sentía algo por Iván.

No voy a negar que quería a Aran, pero solo como a un amigo. Para ese entonces, solo hasta ahí. Así que solo me salió decir:

—Lo siento mucho, Aran…

Su mirada perdió brillo, sus puños cerrados parecían temblar. Tragó saliva y miró a un lado.

—Es que yo… —quise dar una razón.

Pero él:

—Le dije que iba a entender cual fuera su decisión —interrumpió—, así que no diga nada más por favor.

Estuve casi segura de haber escuchado alguno de sus corazones romperse. Una sola lágrima bajó hasta su mejilla, luego se deslizó por su cuello y llegó al pecho. Detrás de eso, una flor blanca brotó de su piel y, segundos después, cayó al suelo como una hoja seca en la brisa de primavera. Así mismo sentí que algo pesado cayó en mi pecho. Como un nudo, como una tormenta de rocas gigantes. Porque, aunque no lo veía con ojos de ese amor que él quería, sí sentía otra clase de amor.

Todo aquello pareció un sueño, y la verdad es que así fue. Todo fue eso, un sueño. Porque recuerdo ver a Aran acercarse a mí, sostener mi mentón y luego darme un beso en la frente. Y fue cuando, al cerrar los ojos y volver a abrirlos, me encontré despertando con los rayos del sol acariciando mi cara. Recostada a orillas de un viejo árbol. Y lo que antes era fuego, se consumió en cenizas humeantes. Aran no estaba. Me levanté, mareada por la confusión.

—¿Aran? —Miré a los lados.

Y ahí estaba, con frutas en las manos, como si nada hubiera pasado. Pero, ¿realmente había sido un sueño? Llevé mi mano al pecho y respiré profundo. “Al parecer sí” pensé en un suspiro.

Detrás suyo, venían Iván, Azumi y una chica a la que apenas le preste atención.

—¡Iván! —llamé.

Él corrió hacia mí y yo hacia él… pero me detuve cuando estuvimos frente a frente. En su mirada habían palabras que pude leer: “Me alegro de verte bien.”

Di un paso adelante y, sin dejar de mirarlo, rodeé su cintura.

—También me alegro de verte bien. —Pegué mi frente a su pecho y él me abrazó.

Fueron solo unos segundos, pero para mí ese abrazo significó mucho. Viniendo de él. Pero dicen que lo bueno no dura demasiado.

—¡Oye! ¡Esto no es un juego! —gritó Azumi apartándome de Ivan. Me empujó dos veces hasta hacerme caer.

Ivan la sostuvo y Aran se puso en medio.

—¡Oye! ¿A ti que te pasa? —interrogó Aran, tomando a Azumi por el cuello.

—¡Aran, no! —pedí.

Él me escuchó y la soltó de inmediato. Luego se agachó para ayudarme.

—Lo haces a propósito, ¿verdad? —comentó la Ninfa, levantándose.

—¿Pero y yo que hice? —pregunté sacudiéndome la ropa.

—Ivan, controla a tu loca —señaló Aran.

—Azumi, tranquilízate —Ivan le sostuvo la muñeca.

—Esa perra va a aprender, todo esto es su culpa. Ella es quien nos llevó a todo esto. Si ella no hubiera estado, nada de esto…

—Azumi… —advirtió Aran.

Yo puse una mano en el pecho de Aran para que se detuviera.

—¿Mi culpa? —solté, confundida, molesta, con ganas de no quedarme callada.

—¡Sí, no me importa quien seas, acabaré contigo ahora mismo! —Azumi intentó soltarse de la mani de Ivan, sin éxito.

—¿Crees que yo pedí esto? —interrumpí—Yo solo quería una vida tranquila. Escapar de un infierno pero terminé parando en esto. ¡Mi hermana está muerta! ¿Crees que yo pedí eso? Vete a la mierda Azumi. ¡No jodas!

Todos se quedaron mirándome con asombro, incluso Azumi. Solté cada una de esas palabras como un grito que debía salir hacia mucho tiempo y lo había retenido. Mi respiración era acelerada y sentía mis mejillas arder.

—Ella es increíble —escuché que dijo alguien detrás de Ivan. Miré y era la chica. Su cabello era morado y negro, piel morena y ojos… sus ojos se parecían mucho a los de Ivan—. Su cabello parece desprender fuego, es explosiva y… Oh, eres como esa princesa que leí de los libros humanos. ¿Cómo se llamaba?

—¿Y tú quién eres? —Interrogué.

—Desde que llegó estoy tratando de descifrar justamente eso —expresó Aran, relajando su entrecejo para observar a la chica—. Y deduzco que es un lobo. Tiene muchos bellos y ojos marrones como los de Ivancito. —Aran miró a Ivan y Luego volvió a mirar a la chica.

—Tú debes ser Aran… —concluyó, estirándole la mano —. Mi nombre es Emily.

Aran dudó, pero luego le respondió el saludo. Aunque, casi de inmediato le soltó el agarre.

—Mm, así que alguien te habló de mí —susurró Aran, coqueto.

Ella sonrió, y su sonrisa era muy similar a la de Ivan. Esa niña fácilmente podría haber sido su hermana o… su hija.

—Emily… un nombre muy bonito —Aran caminaba a du alrededor mientras miraba cada detalle —. ¿Ivan, acaso tuviste una hija?

Abrí los ojos de par a par…

—NO —soltó el lobo de inmediato.

—No te creo —negó Aran—. Solo mírenla. Es idéntica.

Tragué saliva y miré a Ivan. Él me miró y tras notar las dudas que yo tenía, rodó los ojos y dijo:

—Es hija de mi hermana.

—¿Qué? —dijimos Aran y yo en unísono.

Aran se detuvo a mirarle los ojos.

—De verdad que se parecen. Ojalá que no tengas ese mal carácter.

Emily sonrío y negó con la cabeza.

—Y tú debes ser Emma —me miró—. La Ninfa de agua no dejaba de mencionarte entre maldiciones.

—¡Pequeña infeliz! —gritó Azumi.

—¡Conmigo no Ninfa! —contraatacó Emily.

—¿Y dónde la encontraste? —le pregunté a Ivan.

—Es una historia larga —respondió Emily.

—Se la cuentas en el camino. Hay que avanzar.

—Y según tú, ¿A dónde iremos Lobito? —preguntó Aran.

Ivan me miró y respondió:

—Debemos encontrar la salida, para que Emma pueda volver al mundo de los humanos. Este bosque es muy peligroso para ella.

—No —expresé—. Yo soy la única que puede salvar al bosque de las bestias. Para eso nací y es lo que haré.

—Emma, vas a morir si te quedas —dijo.

—Ya eso no me importa.

Emily dio un paso al frente.

—¿Y qué hay de mi familia? ¿Usted no va a ayudarnos? —Ella miró a Ivan.

—¿Qué sucede? —pregunté. Todos se quedaron callados, en espera de la respuesta que Ivan no parecía querer dar.

Emily me contó lo que sucedía.

—¿Ivan, no vas a ayudarlos? —interrogué mientras todos estábamos sentados en los troncos caídos de unos árboles. Excepto Ivan, que seguía de pie limando un palo con su uña.

No dijo nada.

—Bien, entonces si no vas, iré yo.. —Me puse de pie.

Ivan soltó una risa condescendiente.

—¿De qué te ríes? —pregunté.

—¿Te digo lo que va a pasar si vas ahí, sola? —Mantenía esa sonrisa malévola.

Aran se puso de pie, se colocó la mochila en la espalda y se paró a mi lado.

—A donde vaya la señorita, yo iré.

—Lambe zapatos —susurró Azumi.

—¿Lambe zapatos? —cuestionó Aran—¿Y qué haces tú aquí? Se suponía que no querías venir. Así que vete. ¿O es que, el olor a patas de Ivan te mantiene fiel?

—Si vas al territorio de los lobos, te van a arrancar la cabeza antes de que puedas poner un pie en su tierra —advirtió Ivan, ignorando a los demás.

—Entonces ven conmigo —pedí, y fue Justo ahí donde nuestras miradas se encontraron—. Ven y cuida de mí. O déjame ir sin decir una sola palabra.

—¿Qué vas a hacer tú allá, princesita, asustarlos con la marca que llevas en el brazo, o a gritarles cómo lo hiciste hace un rato? —Su mirada me desafiaba.

—No sé que es lo que haré yendo a ese lugar, pero si nací para salvar a este bosque, por algún lado hay que empezar, ¿no? —Nuestras miradas chocaban, como espadas, buscando quebrar al otro.



Él perdió, por supuesto. Porque se rindió ante mis ojos, aunque no ante mis palabras.

—No iremos.

—Te haces llamar un lobo solitario y frío. Alguien de quien hay que temer pero, te aterra volver a casa.

—Esa no es mi casa.

—¿¡Entonces a qué le tienes tanto miedo!?

—¡Tú! —se contuvo—No sabes nada. No irás, no iré y es todo, Emma.

En medio de eso, miré a Emily, sus ojos eran una piscina de lagrimas amontonadas. Y su respiración pesada.

—Iremos al castillo del último rey y encontraremos esa salida al mundo de los humanos —continuó Ivan.

—¿Te quieres deshacer de mí? —Salieron de mi boca esas palabras con más fuerza de la que pretendía. Aunque en el fondo es lo que yo creía que él quería, a pesar de todo.

—Y si lo sabes, para qué preguntas —respondió.

Sabía, si sabía, pero no quería escucharlo.

Se me rompió la poca esperanza que tenía, que creí, y que anhelaba. Ivan no me amaba. Solo estaba atado a un hechizo. Más, me quería fuera de su vida.

Mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas, aún así, logré ver la sutil sonrisa de triunfo en los labios de Azumi. Y la seriedad en el rostro de Ivan.

—Ivan, cuidado con lo que dices —Aran se puso en medio—. No voy a temblar para arrancarte los dientes.

Ivan quiso responder pero me vió y su mirada se suavizó.

—Eso… eso no me sorprende —mascullé.

—Ustedes dos, están atados por el ¿Hilo de Luna? —preguntó Emily, sorprendida, con un toque de preocupación en su mirada.

No hizo falta que nadie respondiera nada.

—¿Es por eso que no quiere volver? ¿Es por ella? —interrogó Emily—No es una Ninfa de agua, no es un lobo, no es una hada… ¿Quién eres, Emma?

—Te puedo asegurar que no soy una bruja —respondí, sin intención de que me creyera. Solo contesté y ya.

—Eres una humana —Musitó.

—No es una humana —aseguró Ivan.

—¿Entonces quién es? —La chica empezaba a mostrarse amenazada. Sus uñas filosas salieron y su piel se erizó.

—No es una amenaza —dijo Aran, tratando de calmar la situación.

—Habla —me insistió ella.

—Soy Emma, y solo eso —respondí.



La brisa se puso tensa. Un silencio que solo era interrumpido por los animales del bosque. Y fue cuando:

—¡Ay, ya! ¡Tanto misterio, ella es la hija del bosque, punto! —soltó Azumi.



Todos miramos a Azumi.

—¿La hija del… bosque? —interrogó la chica de cabello morado. Le brillaron los ojo.

Respiré hondo para no darle un golpe a Azumi por decir lo que no le correspondía.

—Entonces, tú puedes ayudarnos. Mis maestros contaban la historia de que un día el hijo del bosque vendría a salvarnos. Y si eres tú, divinidad que… nos salvaras —continuó miéntala se acercaba a mí.

Ivan la jaló por la parte trasera de su suéter haciéndola retroceder.

—Vuelve con tu madre antes de que las cosas se pongan peor —ordenó él.

—Ya le dije… mi mamá esta… —intentó decir ella.

—Vete —insistió Ivan—. Emma, camina. Y los demás, que vuelvan a sus casas si no van a aportar nada en este viaje —Caminó en espera de que yo lo siguiera.

—Por favor —suplicó Emily.

“No tengo ningún poder con el que pueda hacer algo. ¿Cómo podría yo ayudarles?” Pensé.

—Estamos muriendo —continuó ella.

Ella se acercó un poco más y con cuidado, tocó mi brazo. Una corriente, algo se trasmitió a mí a través de ella. Un poco diferente al poder que tenía Natzum, pero pude ver lo que ella había visto. Su gente muriendo a manos de un enemigo oculto y por si mismos.

—Nuestra gente te necesita, Emma.

—¡Oye, suéltala! ¿Qué le estás haciendo? —Gritó Aran.

—Emily, ya basta —ordenó Ivan.

Emily me soltó. Y volví a la realidad. Lo que vi, no podía simplemente quedarse así. No sabía que es lo que iba a hacer, pero yo, debía ir.

—Eres una bruja, como mi madre —expresó Ivan, hacia Emily.

Sus miradas cruzadas, y yo decidida a NO quedarme sin hacer nada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo