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Emma en el bosque de bestias - Capítulo 37

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Capítulo 37: capitulo 37

Ivan

Emily, ademas de parecerse físicamente a mi madre, había heredado el don de transmitir recuerdos propios a los demás. Y eso, me preocupaba. Porque eso la hacía una bruja igual que las otras. Y todas las brujas en el bosque de las bestias, eran colgadas y quemadas. No entendía cómo era que ella aún seguía viva.

“Mi hermana y mi padre debieron haberla escondido durante todo ese tiempo para que los demás líderes de otros reinos, no la sacrificaran” pensé, viendo a Emily sonriendo mientras conversaba con Emma y Aran. “Si la dejo sola, morirá pronto, o será condenada a vivir como yo”

Libro de Aran: Una de las últimas páginas.

Escrito de la Sra Moriah:

Nunca había sentido un miedo así. Entre la niebla, vi algo que no debería existir. Mitad hombre, mitad… algo que no puedo nombrar. Su rostro era perfecto, casi divino, pero sus ojos… vacíos. Me miraron como si me consumieran, como si supieran algo de mí que yo misma ignoraba.

Parecía que le falta algo que le fue arrebatado al nacer. Esa ausencia lo convirtió en lo que es: un ser atrapado entre la niebla y la noche, hermoso como un ángel, pero tan maligno que el aire mismo parecía corromperse a su alrededor. Tinieblas en su cabello y el verde de sus ojos, tan vivo como el siseo de una serpiente.

Me quedé congelada, incapaz de moverme. No era solo su presencia, era la sensación de que algo dentro de mí se quebraba ante él. Quiero pensar que fue un sueño, pero sé que no lo fue. Él está ahí afuera, buscando, esperando esa pieza que le falta. Y temo que cuando la encuentre, también provoque el fin de todo y todos. Mi hijo está en este lugar, no puedo permitir que algo así ocurra.

Por favor, hijo mio…Si algún día encuentras estos escritos, cuídate.

Att: Mamá.

Libro de Aran, página cualquiera:

Querido libro… mírate. Estás arrugado y húmedo, como si compartieras mi culpa. Apenas logré secar algunas páginas. Cada marca en ti es un recordatorio de mi torpeza, y descuido. Perdóname. De verdad.

No soy digno de ti. Como, al parecer, tampoco de nadie más.

Ahora, la señorita Emma duerme al pie de un árbol, envuelta en sombras suaves mientras la fogata chisporrotea frente a nosotros. Su cabello brilla aún más bajo esa luz tenue, pero yo no puedo mirarla sin sentir cómo algo se retuerce dentro de mí. El peso de esta noche es demasiado.

¿Qué pasó conmigo? Creí que preparar un simple caldo de hongos sería lo único que podía hacer bien en un día como este. Pero no, tenía que equivocarme. Los hongos… no eran los correctos. ¿Cómo no me di cuenta? La señorita Emma y yo terminamos bajo el efecto de algo extraño. Todo se sintió más irreal, como si las cosas no encajaran del todo, como si la misma noche estuviera jugando con nosotros. Fue algo loco, pero verla sonreír, es que solo verla… hice lo imperdonable.

Le di un beso.

Fue impulsivo, inevitable. No sé cómo pasó, pero las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas. Mis sentimientos, los que dentro de mi parecían simples, fueron creciendo. Y esta noche se derramaron en un instante. Ella me miró, y su respuesta fue…digamos que un no.

Por supuesto que no. Ella tiene a Ivan. No me necesita.

Pero lo peor no fue el rechazo. Lo peor fue darme cuenta de lo poco que me controlo, de lo mucho que la respeto y aun así fallé.

No sé qué duele más, libro: la culpa por haberla besado, o lo que hice después.. le di otro beso, pero esa vez, fue en la frente, y con mis poderes, hice que olvidara. Para que, cuando despierte, crea que todo fue un sueño.

Si no se tratase de ti, libro, hubiera arrancado esta pagina, hacerla desaparecer como intenté hacerlo con esta noche. Pero, aparte de que nunca te haría eso, es que, ese beso… no podría olvidarlo. El impulso de mi cuerpo hacia sus labios, y cuando se unieron, cerré mis ojos… Algodón suave. De inmediato, millones de colores tomaron cada rincón de mi mente. Libro, mi mano llegó hasta su mejilla fría, y sentí como, poco a poco, el tiempo se detuvo. Fue mágico. No sé qué pasó en mí, pero mi poder se fue hasta mis labios y percibí cómo ella también vio las mariposas, el mar y… Ay, no sé si entiendes lo que trato de explicar. Aunque es inútil que lo haga, porque por más letras que ponga entre tus páginas tratando de que lo comprendas, jamás, jamás pero jamás, nadie sentirá algo como eso.

Mañana ella pensará que todo fue un sueño. Pero yo seguiré sabiendo la verdad. Y desde hoy, querido libro, confirmo que… ella es mi amor. Y tú sabes, amigo mío, que para una bestia, solo hay un amor en toda su existencia. Y quizás Ivan tenga con ella el hilo de Luna, pero yo estoy atado a ella de otra manera, en una forma que ni yo mismo entiendo. Y sé que ella nunca entenderá.

Me tiemblan las manos, me tiembla la respiración. Llevo un amargo en la garganta que no me permite tragar. Llevo miedo en mí, porque sé que ella lo va a elegir a él.

Él la quiere más allá de tan solo el hechizo de la luna. Yo lo sé. Ivan es capaz de resistirse hasta al mismo universo si así lo quiere. Es testarudo, irracional a veces y muy fuerte. Y con ella, con la señorita Emma, él es vulnerable de una manera en la que jamás lo había visto.

Libro, si la señorita logra encontrar esa salida en el castillo del último rey, el hechizo de Luna puede romperse o quizás no. No lo sé. Y aunque él la quiera más allá de eso, hay posibilidades de que se reponga. Pero yo… voy a morir. Soy fuerte incluso ante la muerte, ¿pero ante el amor? La tristeza me mataría. No quiero que ella se vaya. No porque temo morir de verdad, sino porque apenas empiezo a conocer la felicidad, es muy pronto para perderla. Cuando ella llegó, me dio esperanzas.

¿Qué hay de ella? Cuando esté en ese mundo lleno de humanos malvados. la señorita no es humana, eso ya lo sé, pero ser la hija del bosque no le ha dado nada más que problemas. ¿Quién la va a proteger?

¿Y si mejor intento irme con ella?

Dicen que las bestias no pueden abandonar el bosque, pero renunciaría a ser una bestia. Sería solo un humano. De verdad. Lo juro.

Si… también sé que eso es imposible.

si pudiera decirle algo a ella, sin temor a su respuesta, seria; por favor, señorita Emma, el día en que usted se vaya, o elija a alguien más antes que a mi, manténgase a salvo. Porque el amor que guardo en mis diez corazones, es solo para usted. Y si algo le pasa, yo no podría resistirlo.

Ay, querido libro, no fui capaz de cuidarte a ti… ¿Cómo pretendo cuidarla a ella?

Me duele mucho el pecho, porque sé que ella no me va a elegir. Pero yo la elegiré siempre, desde hoy.

Ivan

“Y si tuviera que elegir un día para que fuera eterno, elegiría mil veces el día en el que te conocí… ¿Por qué? Porque volví a respirar sin sentirme muerto en vida”, pensaba mientras buscaba a Emma en el bosque de las bestias. Aquellas palabras eran las que estaba seguro que le diría al momento de verla.

Sabía que ella estaba con vida, lo podía sentir. Pero pensar que podría haberla perdido, pensar que quizás estaba herida en algún lugar, me hizo entender cuánto me importaba ella.

Me costó convencerme a mí mismo de lo que sentía por una chica a la que no hacía demasiado tiempo conocí. Que quizás se trataba únicamente de un hechizo. Pero no… ese día, corriendo en su búsqueda, mientras me sangraba la herida en la cabeza, y me costaba respirar por el cansancio; supe que no era solo eso. Yo me había enamorado de ella. Y el amor de una bestia es para siempre.

Conocí a Azumi un día cuando éramos niños. Crecimos juntos, nos acostumbramos a estarlo. Nos hicimos pareja y sentí que la amaba. Eso creí… pero es que yo no conocía ese sentimiento en su realidad. Este sentimiento no puede confundirse. Ahora lo sé. Emma me hizo entender que no.

Y es por eso que, en cuanto la vi, ahí, frente a mí, corrí hacia ella. La tenía enfrente y quise decirle todo eso que sentía, sin embargo, las palabras no salieron. Pero en mi interior le daba las gracias por mantenerse con vida.

Cuando ella me abrazó… el peso en mi alma se liberó. La tenía en mis brazos, a salvo.

—Yo también me alegro de que estés bien —dijo.

Se quedó mirándome unos segundos hasta que se dio cuenta de la herida en mi cabeza.

—¿Y eso?

—No es nada. Estoy bien.

—Eso no parece ser nada.

Ahí vio Emily. Ella le contó sobre lo que sucedía en el territorio de los hombres lobo. Y Emma estaba decidida a ir. Pero yo sabía que era muy peligroso. De todas formas, no iba a poder detenerla a menos que la cargara a la fuerza…

—¡Ivan, te dije que me sueltes! —gritó mientras la llevaba sobre mi hombro.

—No te muevas tanto, te vas a caer —le advertí.

Aran iba a nuestro lado, al igual que Azumi. A Emily le dije que volviera con su madre. No sabía si lo había hecho. Pero no la vi más desde que tomé a Emma y me la llevé en dirección al castillo del último rey.

Aran estaba más callado de lo normal. Serio, distante. E incluso se adelantó al punto en que lo perdí de vista.

—¡No estoy bromeando, Ivan! —volvió a gritar Emma. Enojada.

—Ivan, ya déjala que haga lo que se le dé la gana —siseó Azumi, mientras, con una de sus flechas, se recogía el cabello.

—¡El hueso de tu hombro me está lastimando las costillas! ¡Ya bájame, grosero!

La acomodé.

—¡Ivan! —soltó—¿por qué no quieres ayudarlos? Es tu familia. No sé qué haya pasado que no estás en tu hogar pero…

—Si no sabes, mejor cállate. —Mi tono de voz era calmo y tranquilo. Despreocupado se podría decir. Aunque en el interior, la inquietante imagen de mi pasado insistía en desbordar mi calma.

—¡No me quieres aquí, soy una carga para ti, ya lo sé! Pero no te estoy pidiendo que vengas conmigo. ¡Solo déjame!

Mientras caminaba por el sendero bajo los árboles grandes y viejos, veía los animales pasar o esconderse. El sol escapándose por cada brecha entre las ramas. Y la voz de Emma se hacía más pesada, resonando en mi cabeza.

“¿Pretende que la deje ir sola, cuando estuvo a punto de morir?”

—Aran me dijo que te encontró inconsciente luego de que salieras del interior de un gusano. Estuviste a punto de ver a ese dios al que tanto le claman los humanos —conté.

Golpeó mi espalda, pero apenas lo sentí.

—¿Pero acaso estoy muerta? No, ¿verdad? ¡Así que, ya bájame! —volvió a pegarme.

—Sigue así y te romperás el puño —bromeé.

—Ya me dio náuseas —comentó Azumi, y se adelantó.

—Ivan, por favor, déjame ir.

Me detuve y la puse en el suelo. La miré mientras ella se acomodaba la ropa. Luego, ella me miró a los ojos.

—No vas a detenerme —declaró.

—¿Te has dado cuenta de que tú misma te lanzas al fuego? No piensas bien las cosas y luego no sabes cómo salir —dije, ladeando un poco la cabeza, conteniendo mi enojo sutil.

Ella abrió la boca, aparentemente ofendida. Luego lo pensó.

—Tienes razón. Hago las cosas sin pensar, luego tú o Aran tienen que salvarme y termino poniéndolos a todos en peligro. Ya lo sé —respiró profundo—. Y perdón por eso. Pero… esa niña, es tu sobrina. Dijo que secuestraron a su mamá. A tu hermana. Y que están muriendo allá. De hambre, injusticias. Ivan…

—¿Y qué puedes hacer tú sola ahí? ¿Cuál es tu plan? Emma, los hombres lobos no son humanos. No son como Aran, las Ninfas de agua o… como yo. Te van a matar en cuanto te vean.

—Por eso, ven conmigo.

Tomé aire y miré al cielo, la imagen de mi padre obligándome a pelear con otros niños apareció de pronto. Cuando tenía que luchar con mi propio hermano. Se me empezaba a acelerar el corazón.

—Emma, por alguna razón yo estay lejos de mi familia.

—Te necesitan, Ivan… —En sus ojos se podía notar que no conocía nada de mi pasado. Que no entendía la gravedad de lo que traté de hacerle entender.

Ni siquiera Aran conocía toda la historia.

Si Emily me buscaba, era porque las cosas estaban demasiado mal.

—Ivan… Ella te necesita. Se arriesgó, estuvo a punto de morir solo para encontrarte —en su voz, en sus ojos veía que no iba a rendirse.

Hubiera sido sencillo convencerla si tan solo le hubiera dicho todo, pero no… no podía hablar sobre eso. Si tan solo pensar en el pasado me hacía sentir enojado, incontrolable, no podía imaginar lo que pasaría si tan solo hablara sobre ello.

La cabeza de mi hermano fue por poco desprendida de su cuerpo, y todo con mis propias manos. Su corazón… dejó de latir. Sus ojos perdieron brillo.

“¡Eres un traidor, has matado a tu hermano, te destierro. Ya no eres mi hijo. Jamás podrás volver, y si un día te veo aquí otra vez, te arrancaré la cabeza!”

—Yo no puedo irme sabiendo que ellos sufren Ivan —expresó.

¿Cómo le digo que no? Su mirada triste, pero decidida. Brillante como la luna, solo que ella brilla aún estando en presencia del sol.

¿Cómo le digo que no?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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