Emma en el bosque de bestias - Capítulo 39
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 39: Sol _39
Emma
“Ay no, esto no está bien.”
—Así que si te digo que estoy bien, es porque lo estoy.
—¿Estás seguro? —pregunté, observando su rostro.
Volvió a reír, esta vez con una risa lenta, como si le costara concentrarse.
—¿De verdad no te cansas de preguntar lo mismo? —dijo con un suspiro, como si las palabras le salieran solas.
“Él no suele reír tanto.”
—Ivan, dijiste que tú…
—Emma, he dicho que me enamoré de ti —repitió, las palabras se arrastraban, como si le costara articuladas—. No es solo el hechizo de la luna. Lo siento en el pecho. Es más que eso. —Se llevó una mano al pecho—Mi corazón… cuando te veo, late rápido y fuerte —Me miró a los ojos.
—Esto no puede ser… se golpeó la cabeza —musité, sintiendo una necesidad urgente de comprobar si estaba bien. Coloqué mi mano en su cuello, buscando alguna señal de fiebre.
Él no reaccionó, pero me miró fijamente. No parecía consciente de lo que decía.
—Solo quédate —pidió, en un suave susurro.
Me quedé quieta un momento, mi cuerpo tenso. Las rejas estaban lo suficientemente separadas para que pudiera acercarse un poco más. Lo miré , tratando de entender sus palabras.
“¿Se volvió loco.. o, está siendo sincero?”
Me acerqué lentamente, dudando si debería seguir escuchando o interrumpir.
De repente, se inclinó hacia mí, y sus labios casi tocaron los míos. Abrí los ojos de par a par y llevé mi mano hasta los labios de él.
—¡Un momento! —lo empujé. Sentía mi corazón acelerado. En cuanto lo hice, escuché la risa de nuevo, esta vez débil y vacía.
Mi mano fue automáticamente hacia mi pecho, como si intentara calmarme.
—¡Es obvio que nada está bien! —exclamé mientras me alejaba de los barrotes. Caminé rápidamente hacia la vela, tomándola con manos temblorosas y acercándola a su rostro para ver mejor lo que pasaba.
Claro, él jamás habría dicho esas cosas a menos que estuviera drogado. Lo sabía, tanto tú, querido lector, como yo. Sabemos que esa era la única manera en la que Ivan diría algo como eso.
Lo miré y estaba riendo, con los ojos muy rojos.
—¿Ay, pero qué te hicieron? —pregunté, alarmada, el pánico colándose en mi voz.
—Él va a estar bien —se escuchó una voz suave detrás de mí.
Me sobresalté, y la vela casi se me cae de las manos. La luz titiló por un segundo mientras giraba, con el corazón en la garganta.
—Tranquila, no soy mala persona —aclaró con voz inocente. Me giré despacio. Sentía mi piel erizada por el susto.
La vi entonces: una adolescente y cabello trenzado. Sus manos estaban abiertas al nivel de su tórax, en un gesto de calma. Y supe que no era humana por su extraño color de piel rosa.
—¿Po-por qué él está actuando así? —pregunté de inmediato, mi voz temblorosa. Traté de sonar segura, pero no pude evitar que mi inseguridad se filtrara—. ¿Qué le hicieron?
—Tu amigo es un hombre lobo. Y por precaución, lo sedamos —respondió, con una naturalidad que me hizo fruncir el ceño.
El lugar a la luz de la vela se veía más rústico de lo que me imaginaba.
—¿Y por qué viniste? ¿Eres quien se asegura de que siga aquí o qué? —mi tono se volvió más desafiante, desconfiada de esa extraña aparición.
—No… es que, en realidad, vine por ti. Te vi entrar y te seguí —intentó acercarse, pero mi instinto me alertó de inmediato.
Mis sensores de peligro se activaron con rapidez.
—¡No te acerques! —exclamé, extendiendo la mano en un gesto claro de advertencia.
Ella se detuvo al instante, como si mi orden hubiera tenido más fuerza de la que imaginaba.
—¿Por qué me seguiste? —retrocedí, sin soltar la vela, pero con toda la intención de lanzársela si hacía algo raro.
—Ya Naom nos habló de ti, que no eres una amenaza, pero eres humana. Y necesito hacerte una pregunta —dijo, como si no fuera nada.
Su mano se movió hacia su espalda, y en un parpadeo, me imaginé lo peor.
—¿Qué estás haciendo? —mi mente empezó a divagar. “Va a sacar un cuchillo, me va a matar”, pensé, sintiendo cómo el aire se me escapaba de los pulmones. Me pegué a los barrotes, mi cuerpo rígido, imaginándome la garganta cortada.
Pero no.
Era un libro.
—¿Es cierto que los humanos hablan distintos idiomas? Es que tengo demasiadas preguntas. ¿Es verdad que hay aves gigantescas que llevan personas en su interior por el aire? —preguntó, con los ojos brillando de curiosidad.
Mientras ella hablaba, finalmente pude recuperar el aliento, y mi respiración volvió a la normalidad.
—Te asustaste —musitó Ivan desde el suelo, en un susurro bajo y risueño.
—Tú mejor no hables borracho —le reñí, con firmeza.
—¿Borracho? —preguntó, confundido, mientras se sentaba torpemente—. Es una palabra que no me representa, discúlpate, humana.
La chica extraña abrió el libro y tras pasar varias paginas, me mostró una en especial donde habían ilustraciones de aviones y yates.
Sus ojos cargados de emoción.
—Por favor, Mi madre no me deja salir de aquí para investigar, y de verdad, con todo el corazón —Empezó a decir la chica, mientras se llevó una mano al pecho—, necesito que me cuentes lo que sabes.
Ya acostumbrada a la tenue luz de la vela, pude verla mejor. No era muy alta, y parecía el tipo de niña de catorce años que ama leer y hacer de todo menos hacerle caso a sus padres.
—Primero dime, ¿cuándo se le pasará el efecto sedante a Ivan? —pedí, mostrando firmeza en mi voz.
Ella hizo una pausa, como si pensara antes de contestar.
—Estará bien en una hora más o menos —respondió, moviendo la mano con desdén, como si restara importancia al asunto—. Mi madre dijo que estaría ahí hasta que ustedes se vayan —agregó con un tono de resignación.
—¿Estará encerrado? No puede, él tiene frío y está actuando muy extraño —dije, entrecerrando los ojos al notar que mencionaba a su madre como la que decidía todo—. ¿Quién se supone que es tu madre, niña? —pregunté, acercándome un poco más, poniendo mis manos en la cintura.
—¿Mi mamá? —Soltó una risita nerviosa y se rascó la nuca, incómoda—. Es que mi madre es algo así como… ¿la jefa de la aldea, se podría decir?
La miré con escepticismo.
—¿”Se podría decir”? —repetí, enfatizando las comillas imaginarias.
Ella tragó saliva, como si fuera una niña atrapada en una mentira.
—Es que… ella… ella toma las decisiones aquí —murmuró, apenas audible.
Una pequeña sonrisa apareció en la comisura de mis labios.
—Y… ¿tu mami sabe que estás aquí? —interrogué, manteniendo mi tono desafiante.
—Nou… —musitó, casi sin atreverse a mirar.
—Entonces, ¿qué pasa si le digo que tú estuviste por aquí…? —Mi voz estuvo llena de intención, un toque de amenaza también.
—¡No! —exclamó, y abrió sus ojos con miedo.
—¿No? —respondí, con una sonrisa curiosa.
Ella negó con la cabeza, como si intentar disuadirme fuera su única opción.
Intentó hablar paro no supo que decir, así que coloqué la vela en el candelabro y volví a mirar a La Niña.
—Y… ¿qué te parece, si tú convences a tu mami de que deje salir a mi amigo, o por lo menos le permita estar en un lugar más cómodo…? —empecé, acercándome a ella—. Y yo no le digo nada sobre ti. Ah, y aparte, te ayudo con lo que quieres saber sobre los humanos —extendí mi mano—. ¿Estás de acuerdo, Sol?
Ella dudó unos segundos, parecía que la balanza estaba en su contra. Luego, una ligera sonrisa apareció en su rostro, pero se desvaneció rápidamente. Se volvió seria y, finalmente, aceptó.
—De acuerdo —dijo, apretando mi mano—. Yo me iré porque es tarde. Pero prometo que haré lo que pueda. Te avisaré lo que ella me diga.
Se giró para irse, pero algo me vino a la mente: “Emily”.
—¡Oye, espera! —la llamé antes de que pudiera irse.
Ella se giró para mirarme.
—¿Dónde está la niña? —pregunté, nerviosa—. La que venía con nosotros…
La chica me miró extrañada, como si la pregunta no tuviera sentido.
—Con ustedes no venía ninguna niña. Solo eran el bonito de cabello blanco, la Ninfa malhumorada, el lobo y tú —respondió la chica, sin inmutarse.
—Emma, Emily escapó —susurró Ivan, y luego empezó a reírse entre dientes, como si fuera un chiste privado.
—¿Algo más? —preguntó la Ninfa, con voz indiferente.
Negué con la cabeza, concentrada en lo que había dicho Ivan.
Ella sonrió y salió casi dando saltitos.
—Tanto alboroto para sacarme de aquí, y yo que no tengo prisa —balbuceó Ivan, con voz entrecortada por el sedante.
Me puse de cuclillas para quedarme a su altura, ya que estaba sentado en el suelo.
—Estás bajo el efecto de un sedante —le recordé, con un tono suave pero firme—. Sabía que jamás hubieras dicho esas palabras a la ligera.
—Tienes razón —respondió él, con palabras aparentemente sinceras —. Me cuesta mucho decir lo que siento, Em. Por eso es que te lo dije ahora, porque tengo el valor de hacerlo. Así que no es a la ligera. Me costó mucho sacarlo de aquí —se golpeó el pecho con la poca fuerza que tenía.
Sentí un escalofrío recorrerme. El aire se volvió espeso y mi pecho se congeló. Fue como si las mariposas que había en mi estómago se agitaran con fuerza. Un cliché, lo sé, pero era como si hubiera tragado un veneno y las mariposas se hubieran desvanecido. Un susurro recorría mi mente: “Él no sabe lo que dice, solo está fuera de sí. Ivan no te ama, y cuando te vayas, él podrá ser libre, volverá a ser feliz, tendrá paz.”
—Cuando hablas así, me asustas —confesé.
—Te voy a extrañar —soltó.
Yo sonreí de manera triste.
—Estas un poco loquito ahora mismo y quizás en una hora no recuerdes esto… así que te diré lo que siento —comencé.
Él pareció prestarme atención, porque dejó de sonreír y se acomodó para quedar frente a frente.
—Me gustas —dije.
Él abrió un poco mas los ojos y yo tragué saliva.
“Espero que cuando pase el efecto sedante, olvide todo esto” pensé. Pero la verdad es que quería decirle lo que sentía, porque pronto me iba a ir del bosque y no lo volvería a ver.
—Te- qui- te quiero… —solté a puro empujones—. Y cuando me vaya de este lugar, voy a extrañarte demasiado. —Sentí las lágrimas amontonándose en mi lagrimal—Tú, Aran… ustedes se han convertido en mi familia. —Bajé la cabeza para limpiar las lágrimas—Así que aunque yo me vaya, y nunca pueda volver a verlos, los llevaré en mi corazón, agradecida.
—Emma.. —dijo, entonces lo miré—. ¿Qué soy yo para ti? —Sus palabras fueron tan claras que dudé si aún seguía bajo el efecto de la droga.
Me costó unos segundos poder comprender lo que aquella pregunta causó en mí.
—Te he dicho lo que siento —volvió a hablar—, pero quiero saber qué soy yo para ti…
—Eres mi… primer amor —contesté sin darme cuenta.
Él sacó su mano por los espacios entre los barrotes y acarició mis mejillas.
—Tu primer amor y el único —emitió.
Un silencio pesado se instaló entre nosotros, y nos miramos a los ojos. Era como si pudiéramos leernos sin palabras. Se acercó lentamente.
“Esté será mi primer beso” pensé mientras cerraba los ojos y levantaba un poco el mentón hacia él. Pero un sonido compacto sonó frente a mí. Abrí los ojos y, lo vi: Ivan se había quedado dormido y su cabeza chocó contra los barrotes.
Lo miré con los ojos abiertos con sorpresa, sintiendo mi respiración irregular, el calor en toda mi cara.. la vergüenza quemándome en la nuca “Se quedó dormido, no iba a besarme, ¡que vergüenza!” Me levanté rápido y salí con la mano en el pecho, respirando hondo. Mientras corría, me topé con alguien.
—¡Ay! —me sobresalté, pegando un pequeño grito.
—Señorita, ¿está bien? —preguntó con tono preocupado.
Al ver a Aran, recordé aquel sueño donde nos besamos, y aparte lo que había acabado de suceder con Ivan… se me iba a explotar el corazón en el mediastino.
—Sí, sí… es solo que necesitaba aire fresco. Hace calor allá dentro —solté una risita nerviosa, tratando de ocultar mi agitación.
—Vine a buscarla. Habrá una reunión importante dentro. Debe venir, luego vemos qué hacer con el lobito —comentó, como si todo fuera normal.
Miré atrás, echando un vistazo al calabozo, antes de volver a mirar a Aran.
Luego me di cuenta de que la fiesta seguía, había música y las luces brillantes de las velas en cada rincón, daban un toque mágico. Todos disfrutaban como si celebraran algo muy importante.
—¿Pero, y si algo le pasa a Ivan? Está… un poco vulnerable —dije, sin quitar mi atención de la gente que bailaba y cantaba.
Aran sonrió con una mezcla de burla y confianza.
—Señorita hermosa, tantos días juntos y aún no conoce al lobo. Créame, va a estar bien.
Aunque no quería dejarlo solo, sabía que Aran, a pesar de llevarse mal con Ivan, jamás lo dejaría en peligro. Así que decidí acompañarlo a la reunión.
Llegamos a una habitación donde un gran tronco hacía de mesa, y al alrededor, sillas de madera eran decoradas con flores. Muchas velas a medio derretir iluminaban el lugar. En las paredes cuadros enormes tallados con la figura de personas distintas. Luciérnagas parpadeando su luz en el aire. Botellas de lo que parecía licor dentro de una gran vitrina de roble marmolado y un hermoso árbol de raíces voluminosas brillantes, surgía en medio de la habitación. Me quedé con la boca abierta al ver tanta belleza.
Ahí estaban Azumi, Naom, Toke y una señora colocando vasos de madera sobre la mesa.
Lo primero que escuché al entrar, fue a Azumi interrogando a su hermana:
—¿Cómo es que llegaste a este lugar? ¿Te recibieron aun sabiendo que nuestras razas no se deben mezclar?
Naom, cruzada de brazos, miraba al techo de palmas.
—Cuando Toke fue asesinado por las brujas, yo busqué su cuerpo y lo llevé al lugar donde me encontraba con ellas. Y ahí fue donde ellas hicieron lo prometido —explicaba Naom, sin poder ocultar la tensión.
—¿Prometieron qué? ¿Matarlo y después traerlo devuelta? —replicó Azumi en un tono agresivo pero controlado.
Naom miró a su hermana como quien dice “¡Claro que no!” Para luego responder:
—¡Prometieron que él y yo estaríamos juntos para siempre. Matarlo fue un error!
Azumi respiro hondo aguantando la rabia.
—Entonces, cuando lo llevé a ese lugar del bosque, ellas lanzaron un hechizo a su cuerpo y una llama negra de vida se encendió en su pecho. Entonces despertó.
“Claro, esa llama… Yo la vi cuando vi a ese hombre por primera vez. Era como llamas negras que recorrían su cavidad torácica. Desprendía una energía negativa que lo rodeaba casi por completo.” Pensé
—Luego, en ese mismo lugar, cuando las brujas se fueron, vi a alguien mal herido entre los árboles. Me acerqué y me di cuenta de que era una Ninfa de tierra —Naom se atrevió a mirar a su hermana a los ojos—. Entonces la ayudé, y luego ella, por agradecimiento, permitió que Toke se quedara con ella y su gente. Él les ayudó a construir este lugar.
Azumi no dejaba de mirar a Naom, su mirada tan amenazante como la de un demonio que no quiere perder de vista a su próxima alma.
—Debiste haberte quedado con ellos y no volver a casa —masculló Azumi—. Tener algo de remordimiento, de culpa… eso no te hubiera caído mal.
—Ya es suficiente —interrumpió Toke, su tono neutro y firme—. La jefa está a punto de llegar, no quiero que hagan alboroto delante de ella.
En ese momento, Aran chocó con una pequeña mesa y se quejó. Ahí se dieron cuenta de que estábamos ahí. Todos nos miraron.
—Adelante, por favor tomen asiento —indicó Toke mientras se ponía de pie y nos señalaba las sillas al otro lado.
Aran me sostuvo de la mano y caminó hasta allá para sentarnos. No entendía por qué me había sostenido. Pero en el momento, el ambiente cargado de tensión entre las Ninfas, no me dio tiempo a pensar demasiado.
Hubo silencio, y no sabía siquiera cómo respirar sin que se escuchara.
—¿Soy yo, o puedo escuchar mi propia respiración aquí dentro? —me susurró Aran al oído, pero todos lo escucharon.
Tragué saliva.
Estando ahí, me di cuenta de que Aran tenía una camisa de color blanco puesta, y que Azumi estaba más sucia de lo que me había fijado. Sus botas estaban llenas de lodo. Su ropa que antes tenía bordes blancos y dorados, estaban manchados de sangre seca. Sus uñas, negras como tierra.
Ella me miró, cortó los ojos y volvió a mirar a Naom con odio.
“Cuándo se supone que termine esta reunión” pensé.
—Aran, dijiste que sería una reunión importante —susurré.
De pronto, dos puertas grandes que habían a un lado se abrieron. Toke y Naom se pusieron de pie, así que Aran y yo los imitamos.
Azumi ni siquiera se dignó a quitar la cara de odio que mantenía rígida.
—Buenas noches a todos —dijo una mujer entrando mientras dos hombres sostenían las puertas. Parecía un hada más que una Ninfa. Mágica.
——Seguimos con vida gente 🧚🏼♀️😩❤️❤️❤️
No me atrevo a poner imágenes de cómo es Lilo, porque las reglas dicen que no debo usar imágenes creadas con la IA… pos, sorry 😔
Este cap se dividió en dos partes porque es muy extenso.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com