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Emma en el bosque de bestias - Capítulo 41

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Capítulo 41: Té de jengibre y canela -40



Emma

Aran, sostenlo bien de ese lado —pedí mientras intentábamos llevar al lobo a la habitación.

—Eso intento, señorita, pero es que él me pellizca cuando me acerco mucho —respondió Aran, tratando de esquivar a la gente de la fiesta.

—Ya te dije que no te acerques. Que me lleve Emma —balbuceó Ivan, recargando todo su peso sobre mí.

—¡Ay, por favor! ¿¡Quieres que me caiga!? —reñí, intentando no caer.

Todos nos veían y luego nos ignoraban. Algunos parecían drogados o demasiado contentos. Era una fiesta extraña.

Cuando al fin llegamos a la habitación, lanzamos a Ivan sobre una de las camas.

—¡Al fin! —celebré, sosteniéndome las caderas—. ¿Cómo es que pesa tanto?

Aran se veía descansado; no hizo ni un poco de fuerza. Pero desde que logró sentarse, comenzó a mirar su tatuaje.

—Señorita, ¿se imagina si yo tuviese cientos de dibujos como este en todo el cuerpo? —comentó, con los ojos brillantes.

Ivan rió con burla mientras se sentaba a orillas de la cama:

—Yo tengo muchos… —dijo, señalando su pierna.

Aran rodó los ojos y se puso de pie para mirar los tatuajes de Ivan.

—Esas son marcas de bruja —contestó—. Además, tu piel quemada no refleja la belleza de un tatuaje. Más bien, parecen un montón de garabatos.

Respiré profundo y bajé la cabeza; esos dos siempre llevándose la contraria.

—¿Qué dijiste? —Ivan se mostraba molesto, aunque, por el sedante, apenas podía articular las palabras.

—¡Lo que escuchaste, perro pulgoso!

—¡Aran! —reñí.

—Tranquila, princesa hermosa, ¿no ve que no puede hablar con claridad? Este no puede hacer nada.

Sabía que si los dejaba ahí solos, iban a terminar peleando, pero yo no tenía tiempo para tonterías. Así que salí de la habitación. Necesitaba tomar aire fresco y pensar.

Pensar en…

“¿De verdad puedo quedarme y pelear contra algo cuyo nombre es Infierno? Soy pequeña, débil, y no sé controlar aquello que llevo dentro. Pero no quiero huir”. Caminé entre la multitud y llegué a una especie de quiosco donde solo había luz de vela y asientos. Me senté, llevé mi mano al pecho y cerré los ojos.

Mi respiración era lenta, al contrario de los latidos de mi corazón. Solo pensar en… la sangre que correría si una guerra se desataba de nuevo.

“Hay alguien más que nació el mismo día que yo… alguien o algo maligno que necesita mi cuerpo. Y si lo toma, destruirá todo. ¿Y si mejor desaparezco para que nunca pueda obtener lo que quiere? ¿Pero, y si logra encontrar la manera para atacar otra vez?”

Mi cabeza estaba a punto de estallar. Un sonido agudo y ensordecedor hizo que la música desapareciera de mi audición. Un dolor punzante atravesó mi pecho. Las ganas de llorar se acumulaban en mi garganta.

“Tengo miedo”.

Estaba asustada, pero… no podía demostrárselo a nadie. Yo era su esperanza.

Miré mi brazo lleno de colores que se distorsionaban por el tintineo de las velas a mi alrededor.

“Netzum… espíritu del bosque al que se supone debo llamar madre… papá, Eliza… por favor, díganme, ¿qué debo hacer?”

—Tengo mucho miedo —susurré, sintiendo las lágrimas caer.

Bajé la cabeza y solté a llorar. Apretaba la blusa en mi pecho con el puño. Me sentía agotada. Solo quería dormir sin pensar en nada… recostarme y mirar al cielo.

—Mamá —susurré, en espera de que mi madre, la que conocí y me crió, me escuchara donde fuese que estuviera—, estoy cansada.

De pronto, sentí la sombra y el calor de alguien frente a mí. Abrí los ojos y miré arriba.

—Llorar es la manera más hermosa de limpiar el alma —comentó aquel joven ninfo, mientras extendía una taza hacia mí—. Tómalo, es té de jengibre y canela, te ayudará.

Me limpié las lágrimas tan rápido como pude y tomé la taza de madera.

—¿Puedo sentarme? —preguntó con una hermosa sonrisa, una que se asemejaba al sol.

Asentí, sin comprender su aparición repentina, y con su llegada recuperé la audición.

Tragué saliva y me moví un poco para darle espacio en el asiento.

Él se acomodó y tomó de su taza.

Evité mirarlo, pero él hacía todo lo contrario conmigo. La vergüenza subió por mi nuca.

—Oh, no me he presentado. Discúlpame —soltó—, mi nombre es Yoska.

Asentí y tomé un sorbo del té, pero para mi sorpresa, estaba picante.

—¿Por qué pica? —salté, sorprendida.

Él rió y me miró extrañado.

—¿Nunca habías probado el té de jengibre?

Negué, avergonzada.

—Ya veo —continuó, mostrándose más serio—. ¿Y cómo te llamas?

Dudé un poco en responder, pero al mirarlo, sus ojos azules, su cabello dorado, me parecieron extrañamente tiernos y familiares. Aparte de su sonrisa cálida y la manera en que sostenía la taza, con una delicadeza suave y… sincera.

—Emma —contesté.

—Emma… Emma es un nombre muy bonito. Parece el nombre de un hada.

—¿Un hada? —Abrí los ojos sorprendida—. ¿Sí existen?

Él sonrió divertido.

—Sí, y empiezo a sospechar que eres una… —me miró con sospecha fingida.

Me confundí, no entendía por qué lo dijo.

—¿Por qué? —dudé.

Su sonrisa se fue apagando hasta quedar en una ligera línea delgada de comisuras levemente elevadas. Y en sus ojos, algo cambió; brillaron.

—Las hadas son hermosas incluso cuando lloran —respondió.

Se quedó mirándome a los ojos. Yo seguía confundida, así que desvié la vista hacia la taza.

—Descuida, no estoy tratando de enamorarte ni nada por el estilo —confesó—. Solo te digo lo que veo.

Asentí mientras le daba otro sorbo al té.

—¿Por qué llorabas? —su pregunta casi me hace escupir el líquido—. Si no quieres, no tienes que hablar de eso —se apresuró a decir.

—Ah, es solo que extraño a mi familia —conté.

—¿Quieres hablarlo?

Negué.

—Está bien, comprendo. Entonces, yo te hablaré de por qué lloraba yo —dijo.

Lo miré confundida.

—No te vi llorar —fruncí el ceño. Ese chico cada vez era más raro.

—No lo notaste, pero si estuve llorando.

—¿Por qué? —pregunté, curiosa.

—Por mi hermana —Su voz fue débil y baja—. Lloraba por mi hermana mayor.

—¿Tú hermana? ¿Qué le sucedió? —hecha mi pregunta, y noté una ligera seriedad en su rostro.

Su piel blanca, de pronto brillaba de manera extraña.

Suspiró antes de responder:

—Tuvo que irse muy lejos. Y se suponía que debía volver, pero… —una lágrima azul brillante rodó por sus mejillas. Levantó la mirada y miró a la luna—Hoy, recibí la noticia de que quizás nunca lo haga.

Lo miré, y con eso, las lágrimas cayeron por mi cara. Me temblaron los labios.

Sabía perfectamente cómo se sentía perder a un hermano. Y era un dolor que jamás iba a poder sanar.

—¿Por qué piensan eso? —interrogué.

—Ella fue elegida para proteger a alguien, y lo hizo bien, porque escuché que esa persona está aquí —Él me miró confundido—¿Por qué lloras?

—Lo siento mucho, es que no puedo evitarlo. Lamento mucho que hayas tenido que pasar por algo tan difícil —dije, con la voz entrecortada por el llanto.

Él sonrió con tristeza.

—Agradezco, que me acompañes en mi dolor esta noche —susurró, como si aguantara las ganas de llorar también. Puedo leer tu aura, y también sufriste la pérdida de una… hermana.

Sus palabras me dejaron sorprendida. Dejé de llorar y lo miré a los ojos.

—¿Cómo sabes?

—Mi único poder, es leer las energías que nos rodean. Las auras —contestó cómo si aquello no fuera maravilloso.

—Eso es increíble —expresé de manera suave y sin darme cuenta.

Él me miró extrañado. Yo me acerqué más a él.

—¿Cómo se ve? Escuché que las auras tienen colores… ¿de qué color es la mía? No, espera, enséñame a verlas —Me di cuenta de que estaba hablando demasiado, así que me alejé un poco y me aclaré la garganta.

Lo escuché reír y lo miré.

“¿Por qué se me hace tan familiar?” Pensé, sumergida en aquellos rasgos “¿por qué me siento en casa?” Él empezó a decirme algo pero no podía escucharlo porque estaba tratando de entender por qué “Me parece tan conocido…”

Y en ese momento, llegó un recuerdo de cuando la Jefa Lilo dijo que habían enviado a una Ninfa a protegerme.

(Reproduce la música🍃)

Miré a Yoska con preocupación. Él dejó de sonreír.

—¿Qué sucede? —preguntó.

—¿A quién fue a proteger tu hermana? —me temblaron los labios al decirlo.

Él apretó los labios en una línea delgada y miró a un lado. Cómo si decirlo, fuera difícil. Luego volvió a verme.

—Al hijo del bosque —respondió.

Una piedra gigante sentí que cayó sobre mí. El peso de aquello, me aplastó el corazón. Otra vez, mi respiración era una montaña rusa.

—¿Co-cómo se lla-llamaba tu-tu hermana? —balbuceé.

—Su nombre era… Elisa.

La taza cayó de mis manos, no se rompió, pero mi corazón sí.

—¿Estás bien? —cuestionó.

Me puse de pie y caminé un poco hacia atrás. Él también se puso de pie.

—¿Dije algo malo? —Se veía preocupado.

—Te- tengo que irme —Me giré pero él colocó una mano sobre mi hombro y me detuvo.

—¿Tú la conociste? —escuché que preguntó.

El aire empezó a espesar.

Corrí y no miré atrás.

“¿Cómo eso es posible?”

“Elisa era una Ninfa… y la hermana de alguien más” pensé mientras corría entre la multitud.

“Ella me protegía”

“Ella debía volver con su familia”

“Yo soy la razón por la que ella murió”

“Ella era mi Hermana… Ella… era mi hermana, no mi guardaespaldas”

No sabía a donde me estaba dirigiendo, solo necesitaba respirar. Sacar aquello que me presionaba el pecho.

“No puedo respirar”

—Ayuda —susurraba tratando de gritar.

La gente no se movía.

—por favor.

Encontré un espacio y corrí por ahí, hasta que vi a Ivan al otro extremo. Parecía buscar a alguien entre la gente, y cuando al fin nuestras miradas se cruzaron, corrí hacia él. Se hizo lento el tiempo, el aire entraba de a poco a mis pulmones. Y las lágrimas salían de mí para suspenderse en el aire mientras corría.

Ivan abrió los brazos y cuando impacté mi cuerpo con el suyo, me abrazó.

—Ivan —susurré, entre llanto.

—Solo pide lo que quieras, lo haré —dijo, con ese tono seguro y aterciopelado.

—Necesito respirar.

Ivan no pensó dos veces, y me sostuvo fuerte.

Cerré los ojos cuando sentí sus manos en mi cintura y espalda, porque después solo era la brisa volando mi cabello y rozando mi piel. Cómo si una ráfaga de viento nos hubiera consumido. Hasta que cesó.

—Abre los ojos, y dime si aquí puedes respirar, o quieres ir más alto —dijo.

Abrí los ojos y casi me caigo del susto, estábamos en la copa de un árbol, Ivan sosteniendo todo mi peso, mientras él se mantenía de pie sobre una de las ramas.

La luz de la luna nos iluminaba: la piel de Ivan se veía azulada. Lo miré a los ojos y se veían oscuros.

Podía sentir el aire completando mi respiración. Aún así, trataba de imitar el ritmo de la respiración de Ivan, el cual era más lento y fuerte. Fue una acción inconsciente la mía, quizás porque estaba perdida en tratar de no morir de asfixia.

—Aquí está bien —emití, sosteniéndome de su cuello.

Él parecía no estar haciendo ninguna fuerza.

—¿De qué huías? —preguntó.

No respondí, no recordaba la razón por la que huía. Solo sabía que estaba a punto de tocar la luna con mis dedos, estábamos tan alto que el frío parecía de nevera.

—¿Cómo llegamos hasta aquí? Se suponía que no podías usar tus poderes, ese amuleto te haría daño… —señalé el objeto en su brazo.

—Emma —emitió mientras me ayudaba a subir a una rama, para luego soltar una de sus manos y acariciarme el rostro—. No soy un lobo cualquiera —me miró a los ojos—y debes saber, que cuando se trata de ti, no hay nada que me pueda detener.

“Corazón, no te salgas de mi pecho… sé lo que sientes, pero mantente en tu lugar”

—Ivan… —dije—no me perdonaría si algo te pasa por mi culpa.

Él caminó sobre la rama del árbol manteniendo un equilibro increíble. Me hizo retroceder mientras me veía con esa expresión seria, y a la vez, parecía sincero.

Respiró profundo, y solo dejó de caminar cuando mi espalda tocó el árbol.

Tragué saliva.

Colocó su mano en el árbol dejándome en medio. Con la otra mano, sostuvo mi mentón con delicadeza.

—No lo comprendes… —comentó en voz baja y ronca. Erizándome la piel—. Morir por ti es lo menos que puedo hacer.

Cerré los ojos sintiendo su respiración en mi cuello.

—Pero no quiero que mueras —respondí, en un murmullo casi audible.

Su respiración se acercaba a mi oído.

—No lo haré —dijo—. Tengo que protegerte.

—Aún estás bajo el efecto de esa droga, ¿verdad? —mi pregunta fue un susurro vago. Abrí los ojos y él me miró.

—Jamás estuve más despierto. Esto lo digo en serio. En todos mis sentidos… Emma.

“Corazón, salte de mi pecho y míralo tú mismo… Ivan está diciéndome esto fuera de estar sedado”

—Así que dime… ¿quién te hizo llorar? —continuó.

“Lo siento, no escuché tu pregunta” pensé y mis brazos rodearon su cuello.

—Solo déjame abrazarte —pedí—. Quédate quieto y déjame sentir segura.

Él tardó unos segundos antes de abrazarme como nunca antes. Sus manos en mi espalda trasmitían aquello que él quiso. El amor del que él me habló, lo sentí en aquel abrazo. Y en aquellas palabras:

—Debes volver al mundo humano, porque allí estarás a salvo de lo que aquí te asecha. Y aunque tú ausencia me consuma, viviré porque estarás bien. Así que, por favor, no insistas en quedarte, aunque lo que más deseo es… tenerte aquí, donde pueda protegerte —Acaricio mi cabello—. Ser tú escudo y tú espada.

“Pero, no quiero mas escudos. Quiero que las personas a las que amo, se queden a mi lado, no que mueran por mí” pensé “no voy a dejarte”

Libro de Aran

Querido libro, estoy viendo la luna, y en ella, puedo ver la silueta de dos enamorados sobre la copa de un gran pino… Dime, viejo sabio, ¿debería llorar y limpiar mi alma, o seguir… luchando?

Miro las flores caer de mi cuerpo al suelo. Pero la flor que verdaderamente necesito y quiero cerca mío, está embelleciendo el corazón de alguien más.

Luego de que Emma saliera de la habitación, Ivan durmió un rato, y cuando despertó, el efecto del sedante había cesado. Lo primero que dijo al abrir los ojos fue:

—Emma debe salir del bosque antes de que la guerra comience otra vez.

Y yo, notando la preocupación que él tenía por ella, decidí decir algo también:

—Estoy de acuerdo. —Aunque lo que realmente quería decir, era que ella me gustaba, que la amaba y que no quería que él se interpusiera. Pero sabes cómo soy querido libro. Prefiero que ella sea feliz con alguien más, si así su corazón lo dicta. Con eso, yo estaré tranquilo.

—Debo ir a verla —dijo, y salió.

Libro, ya no me siento como antes.

Mis ganas por hacer de todo un chiste, se van desvaneciendo a medida de que la realidad me golpea. Y ahora, me estoy sintiendo mas solo que antes. Quizás porque estaba acostumbrado a estarlo, y cuando al fin sentí compañía, se llenó algo en mí que antes siempre estuvo vacío. Pero la sensación de que en cualquier momento ella se puede ir, me asusta, y causa ese extraño dolor en el pecho que me hace sentir… solo otra vez. Pero con mayor intensidad.

Dime, libro de Aran..

¿Qué hago?

Ella debe irse para que pueda estar a salvo.

Yo debo irme con ella para no extrañarla.

No puedo salir de aquí porque no soy humano.

Ella no puede quedarse porque no es una bestia.

Dime, libro…

¿Qué hago?

Ivan la abraza bajo la luna, yo la veo a ella como mi única Luna.

Libro, no quiero mojar tus paginas con mis lágrimas.

¿Qué hago… querido libro?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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