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Emma en el bosque de bestias - Capítulo 43

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Capítulo 43: El destino es incierto_42

Querido libro de Aran

El destello de amor en los ojos de la señorita Emma se mezcló con la sorpresa, y aquello la hizo correr, desesperada, hacia los brazos de su hermana. En cámara lenta, querido amigo, entre la multitud, el cabello rojo se movía con rapidez, y las lágrimas que brotaban de unos ojos azules a mi lado parecían tan sinceras como mis deseos por ver ese abrazo.

Majestuoso libro de hojas sueltas y arrugadas, quiero que sepas que las cosas hermosas siempre tienen un “pero”… No porque sea difícil, sino porque nada es fácil. Ni siquiera un abrazo, y mucho menos uno que llega después de la muerte.

Aquellas almas abrieron los brazos, pero cuando estuvieron a punto de encontrarse piel con piel, las manos de la señorita traspasaron el traslúcido del hada. Como una nube, Elisa se desvaneció.

Qué extraña sensación, felicidad, amor, paz… Pero luego, todo eso se rompe con un abrazo que, en vez de hacer inmortal aquel amor, desvaneció su cuerpo.

¿Por qué las cosas buenas deben tener trabas?

Querido amigo, Emma cayó al suelo y se giró para ver las brillantes luciérnagas que comenzaron a separarse. Y fue ahí donde notamos que ellas formaban el cuerpo del hada. Poco después, el cuerpo se reparó, y allí estaba otra vez, Elisa.

—Ella no es la verdadera Elisa, —aseguró una voz detrás de mí.

Cuando me giré, vi que era el chico de antes, el que se hacía llamar Yoska, el chico de la tasa de té de gengibre y canela, pero esta vez sus ojos estaban llenos de lágrimas y sus hombros caían, derrotados.

—Ella ha muerto —continuó.

Emma miró las palmas de sus manos, como si en ellas pudiera encontrar la respuesta, como si al observarlas pudiera entender que, de alguna forma, había acabado con la vida de su hermana.

—No, joven Emma, usted no la mató —dijo el chico con voz sombría—. Ella ya estaba muerta. Lo que acabamos de ver es solo una copia de su memoria, grabada en las luciérnagas.

Las miradas de todos nosotros se posaron sobre las luces verdosas, que volvían a unirse para formar la ilusión del hada.

Con voz temblorosa, aquella figura dijo:

—No hay bien que con mal no venga, y de todos mis martirios, tú fuiste mi única salvación, hermana. Este mensaje de memoria, a través de las luciérnagas, tiene un propósito. No para que sufras, aunque sé que con mi aparición repentina abriré heridas que quizás ya habían sanado en ti. Su propósito va más allá de lo que tal vez aún no comprendas… o quizás sí. Pero tú no eres una simple niña, Emma. Eres la hija misma del bosque. Y aquí es donde te mostraré toda la verdad.

Las luces verdosas se agruparon y se dirigieron hacia el pecho de Emma. En cuanto la tocaron, un resplandor la envolvió, elevándola lentamente del suelo.

El silencio se apoderó del lugar, y la música se detuvo. Todos la observaban, atónitos.

La luz creció rápidamente, cubriendo su cuerpo. Su piel brillaba con intensidad, y su cabello se movía de manera fantasmal en el aire.

Emma

Al verla, sentí como si las alas de mi corazón se desplomaran. Creí que había muerto, que me había caído del árbol y había muerto, y por eso la estaba viendo. Pero al ver a Aran y a los demás, supe que seguía viva y que mi hermana realmente estaba allí. Sin embargo, al atravesar su cuerpo, fue como si una bala hubiera perforado mi pecho. Miré las palmas de mis manos, convencida de que había cometido un error, pero no… No sé qué sucedió después, ni qué fue lo que escuché, porque solo recuerdo que me elevé en el aire. Empecé a oír su voz, pero no era solo una voz, era más que eso: una visión, una sensación, una mezcla de imágenes y sonidos. Y de repente, me encontré dentro de una escena, tal como Natzun me había llevado a ver su historia. Pero en esta visión, solo vi sangre, fuego y un ser maligno arrasando con toda vida.

—Ese ser sin cuerpo, —contaba Elisa apareciendo de pronto a mi lado, dejándome paralizada ante la imagen frente a mí—, con forma de lava volcánica que destruye y consume todo, es un niño, uno que no recibió amor, ni un hogar, tampoco protección o cariño. Ese es tu hermano, pero él no debió nacer. Sin embargo, existe. Y su destructiva alma cayó en las manos del mal.

El cielo rojo, las brujas ocupando todo, y con ellas, una fuerza maligna que no era lluvia, pero caía sobre todos como si lo fuera. Quemando y consumiendo. Un ser que emanaba energía oscura y con ella les daba fuerzas a las brujas.

—Esa poderosa energía maligna, a pesar de su gran poder, no es capaz de aguantar mucho. Pues es una energía sin un cuerpo, por lo tanto, si se esfuerza un poco más, se consumirá a sí misma. Y morirá. Después de destruir y consumir, se hizo grande, pero débil. Y se esconde en un lugar rodeado de brujas que lo protegen hasta que consiga un frasco que lo soporte. Y no cualquier cuerpo puede sobrevivir a tal energía. Tú, Emma, eres lo que él quiere. Así como solo tú puedes hacerlo desaparecer.

Yo solo escuchaba, porque las palabras, aunque no tenía nada para decir ni preguntar, no me salían.

—Lamento mucho que hayas conocido la verdad de esta manera, pero no soy tu hermana biológica, soy un hada protectora, enviada para protegerte. Ahora mismo, si estás viendo y escuchando esto, es porque ya estoy muerta. Y lo lamento demasiado, lamento no haberte contado todo antes. Crecimos juntas, sin embargo, yo mantenía el poder de ver más allá, cosas que otros no ven, y de proteger, pero crecí en el mundo de los humanos, siendo consciente del bosque de las bestias. Y con mi poder, de ver más allá, pude grabar este mensaje para ti. Lamento haberme comportado como humana, cuando debí ser más un hada. Me dejé llevar por el amor de nuestra familia y bajé la guardia.

Mientras ella hablaba, las imágenes cambiaban frente a nosotras y de pronto, estábamos viendo una imagen de nuestra madre, aquella que nos crió y nos dio amor.

—Mamá… una madre humana es el sinónimo de amor. Siendo un hada, pudiendo tener conexión con el bosque de las bestias, sé cómo es. Y no se compara el amor que nos dio nuestra madre con el que nos hubieran dado en este bosque.

Ahí estaba mamá, sonriendo mientras jugaba con una Elisa y una Emma pequeñitas.

Y ahí surgió de mi boca, como un susurro: —¿Ella lo sabía todo?

Elisa negó con suavidad, con amor y tristeza.

—No… en sus recuerdos, ella nos trajo al mundo. Yo, desde que nací como un hada, siendo pequeña en los brazos de la mujer que me trajo a la existencia, fui entregada a tu padre para que me llevara con él al mundo de los humanos, ya entendía y sabía todo. Pero cuando nuestra madre me tomó en sus brazos por primera vez, recibiéndome como su hija, sus ojos brillaron como estrellas, y cómo una gota de rocío, una lágrima rodó hasta caer sobre mi frente. Y ahí me flechó. No quería. Yo decidí que no iba a ser un hada. Lo que me habían enviado a hacer no iba a ser cumplido y me negué a vivir solo para cuidarte, Emma. Decidí que sería humana. Sin importar que tu papá perdería los recuerdos al entregarnos al vientre de mamá. Y que yo era la única que iba a tenerte a salvo. Decidí recibir ese amor y soltarte. Y por mi descuido…

Mi corazón latía fuerte. Mis rodillas temblaban.

—Las brujas te encontraron y, tras el primer intento de atraparte, nuestros padres murieron —confesó.

La miré como si hubiera unido las piezas de un rompecabezas. Pues ese día, el accidente, las deudas inexplicables antes de eso, y las desgracias del después… ahora lo estaba entendiendo.

—Fue cuando vi a mamá dar su último aliento que desperté del sueño. Y empecé a protegerte. Pero no fue suficiente… te encontraron, me cortaron las alas —Se dio la vuelta para que viera sus alas cortadas.

La piel desprendida.

Llevé mis manos a la boca, sorprendida. Di un paso atrás.

—Esas mujeres en el orfanato no son personas, Emma. Son brujas. Y necesitan tu cuerpo para salvar su fuente de poder.

Tragué en seco.

Mi respiración entrecortada.

—Pero, los niños… —intenté comprender, porque si eran brujas, ¿qué eran los niños?

—¿Recuerdas las historias humanas de que las brujas se bebían la sangre de los niños en las noches? —cuestionó—. Pues la sangre de los niños humanos es una fuente de energía para ellas. Y para todo ser maligno que provenga del bosque de las bestias. Como las brujas y los demonios.

¿Debía hacer qué cosa? ¿Aceptar mi destino o negarme a que fuera real?

—Elisa… —musité—. ¿Por qué no llevaron mi cuerpo ante ese ser maligno cuando me tuvieron en el orfanato? ¿Por qué no lo hicieron cuando aún no sabía nada? —Me comencé a alterar.

Ella se acercó y, con una mirada triste, dijo—: Lo que eres va más allá de la piel y los huesos. —Puso una de sus manos en mi mentón, levantándome la cabeza lentamente—. Tu mente, tu conocimiento, todo eso es clave. Porque si tu mente no es consciente de la realidad, jamás podrán usarte. Debes aceptar para que ellos puedan utilizarte. Tu consentimiento.

—Entonces no habrá problema —solté, sintiendo un alivio momentáneo y una sonrisa asomándose en la comisura de mis labios.

Ella negó con seriedad.

—Cuando amas, cuando sientes, cuando tienes algo que perder… no es tan fácil cumplir esas palabras.

Lo entendí de inmediato. No necesitaba que aclarara más. Porque me había golpeado muy fuerte.

Perdí las fuerzas. Sostuve la mano fría de mi hermana y le pregunté:

—¿Qué debo hacer?

Ella negó y miró al cielo que nuevamente se tornaba rojo:

—El destino es incierto, hermana mía. A veces sabes lo que debes hacer, y simplemente no lo haces. ¿Trae consecuencias? Sí, pero son tus consecuencias, y si alguna vez te hicieron feliz o te salvaron la vida, aunque se acabe el mundo después, solo elige lo que tu corazón te mande. Pero no olvides quién eres. —Señaló mi pecho—. Posees poderes que no te pertenecen, y uno de esos es mío. Pero ya no puedo reclamarlo, así que, como disculpas por no haber hecho bien mi trabajo, y como último acto de amor, porque te amo con todo lo que tengo en mi alma, te obsequio mi poder y te deseo todo el bien del universo, mi pequeña hermana.

Su figura comenzaba a desvanecerse.

—¡Elisa, no! —me lancé hacia ella, pero la traspasé. Quise llorar y gritar, por si eso me servía para que no se fuera, pero lo entendí de inmediato: no iba a poder detenerlo—. Elisa, solo dime si te volveré a ver.

Ella sonrió, y sus ojos azules se iluminaron.

—Las luciérnagas te guiarán en la oscuridad mientras mi poder fluya en tu interior. Y en el camino, puede que haya dejado algunos mensajes para ti. Me iré, pero no te dejaré completamente sola. Jamás. Y, por favor, dale un abrazo a mi hermano. No recuerdo mucho de él, pero sé que me ha estado esperando. Y si algún día necesitas confiar en alguien como confiarías en mí, te prometo que él es la mejor opción. Hasta que las estrellas nos unan de nuevo, hermana mía. —Extendió su mano y dos luciérnagas llegaron a mí. Se posaron sobre mi nariz y las espanté. Pero aun así subieron a mi cabeza,

—Una es para ti, y la otra es para mi hermano Yoska.

—No, espera, ¡Elisa no! —en ese instante, todo se hizo oscuro de golpe, y empece a gatear sin ver nada. Gimoteando y tratando de levantarme, pero frente a mí, una pequeña llama de color rojo parpadeaba. —¿Elisa? —pregunté.

—¿Hermana mía? —una voz ronca, con un eco varonil, claramente no era ella —Yo soy Qon, y no sabes cuánto tiempo te he esperado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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