Entre el Amor y el Olvido - Capítulo 11
- Inicio
- Entre el Amor y el Olvido
- Capítulo 11 - 11 NUESTRA HISTORIA DE DOS — EL AMOR EN SU MÁXIMO ESPLENDOR
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: NUESTRA HISTORIA DE DOS — EL AMOR EN SU MÁXIMO ESPLENDOR 11: NUESTRA HISTORIA DE DOS — EL AMOR EN SU MÁXIMO ESPLENDOR Una pequeña sonrisa se dibujaba en el rostro de Cote.
Levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron con los de Jota.
El mundo… desapareció.
Se acercó lentamente.
Sin apuro.
Sin miedo.
Hasta quedar a solo unos centímetros de sus labios.
Tan cerca… que podían sentir la respiración del otro.
Y con una voz suave, casi en un susurro, dijo: —Claro que sí… tontito.
El corazón de Jota comenzó a latir con una intensidad que nunca antes había sentido.
Tan fuerte… Que por un momento pensó que ella podría escucharlo.
El de Cote… Latía igual.
Y entonces… Pasó.
Su primer beso.
No fue perfecto.
Fue real.
Torpe… suave… tembloroso.
Pero cargado de todo lo que habían vivido.
El tiempo se detuvo.
Jota sintió cómo algo dentro de él despertaba.
Algo que nunca antes había experimentado.
Una mezcla de calma y locura.
De felicidad y nervios.
Mariposas en el estómago.
Miles.
Para él… Era un sueño.
Se separaron apenas unos centímetros… Se miraron… Y volvieron a besarse.
Como si no quisieran soltarse nunca más.
Minutos después… Cote, aún sonriendo, dijo: —Vamos por un helado.
Jota rió levemente.
—Vamos.
Antes de salir, Cote cerró el negocio por unos momentos.
Como si el mundo pudiera esperar.
Y caminaron.
De la mano.
Sin esconderse.
Sin pensar.
Sus dedos entrelazados hablaban por ellos.
Llegaron a la plaza.
Buscaron un lugar apartado.
Solo para ellos.
Se sentaron.
El aire era suave.
La tarde tranquila.
Jota la miraba.
Sin dejar de hacerlo.
Como si temiera que desapareciera.
Tenía tanto que decir… Pero no sabía por dónde empezar.
Respiró hondo.
—Necesito decirte algo… solo escúchame… no digas nada hasta que termine.
Cote asintió.
Con esa misma sonrisa que lo desarmaba.
Jota tomó aire.
Y comenzó: Sabes, no pido nada más, que estar entre tus brazos y uír de todo mal, que todo he renunciado, por estar junto a ti.
Sabes, no dejo de pensar, que estoy enamoradote, te quiero confesar, que soy solo un esclavo, que no sabe vivir sin ti.
“Cuando llegaste tú, te metiste en mi piel, encendiste la luz, me llenaste de fé, tanto tiempo busqué, pero al fin te encontré, tan perfecta como te imaginé, como aguja en un pajar, te busqué sin cesar, como huella en el mar, tan dificil de hayar, tanto tiempo busqué, pero al fin te encontre, tan perfecta…
Como te imaginé.” Cote no dijo nada durante esos segundos.
Solo lo miraba.
Fijo.
Como si estuviera intentando guardar ese momento en su memoria para siempre.
Sus ojos brillaban.
No de tristeza… Sino de algo mucho más profundo.
Una sonrisa lenta comenzó a formarse en su rostro.
De esas que nacen desde el corazón.
—Gracias… —dijo en voz baja—.
Fue hermoso.
Jota sintió cómo algo en su pecho se acomodaba.
Como si por fin todo tuviera sentido.
No hizo falta decir nada más.
Cote se acercó lentamente.
Y esta vez… Fue ella quien lo besó.
Un beso distinto.
Más seguro.
Más decidido.
Como si con eso le estuviera respondiendo todo lo que él había dicho.
Jota cerró los ojos.
Y se dejó llevar.
El mundo seguía girando.
La gente seguía pasando.
El tiempo avanzaba.
Pero para ellos… Nada existía fuera de ese momento.
Se separaron lentamente.
Sin apuro.
Sin querer hacerlo realmente.
—Eres muy tonto… —dijo ella entre una pequeña risa.
—¿Por qué?
—respondió él, sonriendo.
—Porque me haces sentir cosas que no entiendo… Jota bajó la mirada un segundo.
Sonrió.
—Creo que a mí me pasa lo mismo… Ambos rieron.
Una risa nerviosa.
Pero real.
Se quedaron en silencio.
Mirándose.
Jota tomó su mano.
La apretó suavemente.
—No quiero que esto se arruine… —dijo en voz baja.
Cote lo miró.
Más seria esta vez.
—Entonces no lo arruinemos.
—¿Y si pasa de nuevo?
—preguntó él—.
¿Y si todo se complica otra vez?
Cote se acercó un poco más.
—Entonces lo enfrentamos… Hizo una pequeña pausa.
—Pero juntos.
Esa palabra quedó suspendida en el aire.
Juntos.
Jota asintió.
Y por primera vez en mucho tiempo… Sintió tranquilidad.
El sol comenzaba a bajar.
La luz se volvía más cálida.
—Tengo que irme pronto… —dijo Cote, mirando la hora.
Jota sintió ese pequeño golpe en el pecho.
—Sí… yo también… Aunque no quería.
Se levantaron lentamente.
Sin soltarse.
Caminaron unos pasos más.
Despacio.
Como alargando el momento.
Llegaron a la esquina donde debían separarse.
Se quedaron ahí.
En silencio.
Mirándose.
—Entonces… —dijo Jota, un poco nervioso— ¿mañana?
Cote sonrió.
—Mañana.
—¿A la misma hora?
—A la misma hora.
Silencio.
Ninguno se movía.
—Ya… vete —dijo ella entre risa—, si no, no me voy a ir nunca.
—Tú primero… —No, tú… Ambos rieron.
Finalmente, Cote dio unos pasos hacia atrás.
Sin dejar de mirarlo.
—Nos vemos mañana, Jota.
—Nos vemos mañana, Cote.
Ella se giró.
Comenzó a caminar.
Pero a los pocos segundos… Se detuvo.
Volteó.
Y lo miró una vez más.
Jota seguía ahí.
Mirándola.
Sonrieron.
Y esta vez sí… Se fue.
Jota se quedó unos segundos más.
En el mismo lugar.
Respiró hondo.
Y sonrió.
Una sonrisa real.
Completa.
—Mañana… —susurró.
Y comenzó a caminar hacia su casa.
Por primera vez… No con recuerdos.
No con dolor.
Sino con algo nuevo.
Esperanza.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com