Entre el Amor y el Olvido - Capítulo 2
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2: LA LLAMADA 2: LA LLAMADA El teléfono sonó.
Un sonido simple… cotidiano… pero que esa tarde rompió el silencio en el que Jota se había acostumbrado a vivir.
Metió la mano en su bolsillo sin mucho interés.
Últimamente, nadie lo llamaba.
Nadie lo buscaba.
Nadie preguntaba por él.
Miró la pantalla.
Número desconocido.
Frunció el ceño por un segundo, dudando si contestar… pero algo dentro de él —una corazonada que no supo explicar— lo hizo deslizar el dedo.
—¿Hola?
—dijo, con voz neutra.
Hubo un pequeño silencio al otro lado.
Y entonces… —Hola… —respondió una voz femenina.
Suave.
Dudosa.
Extrañamente familiar.
Jota se quedó quieto.
—¿Hola?…
¿quién eres?
—preguntó, intentando sonar tranquilo, aunque algo en su pecho comenzaba a moverse.
—¿No sabes quién soy?… —dijo la voz— Pues adivina.
El tiempo se detuvo.
Cinco segundos.
Cinco eternos segundos donde su mente comenzó a correr, buscando entre recuerdos, voces, momentos… hasta que se topó con una posibilidad que le aceleró el corazón.
Pero no quiso decirlo.
No se atrevió.
—La verdad… no lo sé —respondió finalmente—.
Tú me estás llamando, y sinceramente me gustaría saber de dónde sacaste mi número… además, estoy un poco ocupado.
Mentira.
No estaba ocupado.
Nunca lo estaba.
Pero era más fácil esconderse detrás de eso que exponerse otra vez.
Al otro lado… silencio.
Y entonces, como un golpe directo al pecho: —Soy Cote… —dijo la voz, ahora más baja—.
Perdón por molestarte… que estés bien.
El mundo de Jota se detuvo.
Su respiración se cortó.
Y, sin pensarlo— —¡No!… no, no, no… espera —dijo rápido, casi atropellando las palabras—.
No cortes, por favor.
Se levantó del lugar donde estaba, caminando sin rumbo, nervioso.
—No sabía que eras tú… de verdad.
No suelen llamarme números desconocidos y… reaccioné mal.
Perdón… en serio.
Del otro lado… una pequeña risa.
—Jajaja… tranquilo —dijo ella—.
No iba a colgar.
Solo… quería disculparme.
Jota se quedó en silencio un instante.
Esa palabra… disculparme… no la esperaba.
—¿Disculparte?… ¿por qué?
—preguntó, más suave ahora.
Cote dudó un segundo antes de hablar.
—Yo sí quería ir ese día… —comenzó—.
De verdad quería.
Jota cerró los ojos.
Su corazón volvió a latir fuerte.
—Pero mi mamá no me dejó —continuó ella—.
Le dijeron que me habían visto caminando con un chico… contigo.
Un silencio incómodo se formó.
—Le dijeron cosas malas… —agregó, bajando la voz—.
Se enojó mucho.
Me prohibió salir, llegar tarde… incluso me quitó el teléfono varios días.
Jota apretó el celular con más fuerza.
Algo dentro de él se tensó.
—Y en ese momento… lo acepté —siguió Cote—.
No dije nada.
Pero con los días… empecé a sentir que te debía una disculpa.
Su voz ahora tenía algo distinto.
Algo más sincero.
Más cercano.
—Hoy recién me devolvieron el celular… le pedí tu número a Lady… y bueno… aquí estoy.
Silencio.
Pero esta vez… no era incómodo.
Era denso.
Real.
Jota tragó saliva.
Tenía tantas cosas que decir… pero no sabía por dónde empezar.
—No tienes que disculparte… —dijo finalmente—.
En serio.
Hizo una pausa, respirando hondo.
—De hecho… ese día yo tampoco fui —mintió suavemente—.
Pasé más tarde, no las vi… y ya.
Otra pausa.
—Pero… gracias por llamar.
Su voz cambió.
Se volvió más baja.
Más honesta.
—Y de verdad… mejor cortemos.
No quiero que tengas problemas con tu mamá por hablar conmigo.
Del otro lado… silencio.
Un segundo.
Dos.
Tres.
Hasta que Cote habló de nuevo… pero esta vez, con una seguridad que no había mostrado antes.
—Creo que… no siempre tengo que hacer todo lo que mi mamá dice.
Jota frunció levemente el ceño.
No esperaba eso.
—¿Qué quieres decir?
—preguntó.
—Que… —dudó— ¿te gustaría salir a tomar un helado uno de estos días?
El corazón de Jota se detuvo.
Literalmente.
—Claro que me—… —se interrumpió— ¿disculpa?… ¿lo dices en serio?
—Muy en serio —respondió ella, sin titubear esta vez.
Y en ese instante… algo dentro de él volvió a encenderse.
Algo que había estado apagado desde aquel día en la plaza.
—Bueno… —dijo, intentando sonar relajado— ya que insistes… acepto tu invitación.
Cote rió suavemente.
—¿Te parece el viernes después de clases?
—Por supuesto.
—En la pileta redonda de la plaza… a las tres de la tarde.
Jota sonrió.
Pero esta vez… de verdad.
—Ahí estaré.
—Entonces… nos vemos el viernes.
—Nos vemos.
—Adiós, Jota.
—Que estés muy bien, Cote.
Y la llamada terminó.
El tono del teléfono sonó en su oído.
Pero Jota no se movió.
Se quedó ahí… inmóvil… con el celular aún pegado a su cabeza.
Uno… Dos… Hasta quince segundos.
Como si tuviera miedo de que, si se movía… todo desapareciera.
Como si hubiera sido un sueño.
Pero no lo era.
Era real.
Bajó lentamente el teléfono.
Miró la pantalla.
Y por primera vez en muchos días… Sonrió.
No una sonrisa falsa.
No una de esas que usaba para esconderse.
Una real.
De esas que nacen desde adentro.
—¿Quién era?
—preguntó uno de sus amigos.
Jota no respondió.
No hacía falta.
Solo sonrió un poco más… mirando hacia otro lado.
Guardándose ese momento.
Guardándose esa esperanza que creía perdida… pero que ahora… estaba volviendo a latir con más fuerza que nunca.
Porque el viernes… No sería un día cualquiera.
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