Entre el Amor y el Olvido - Capítulo 27
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
27: ANILLOS VACÍOS 27: ANILLOS VACÍOS La mañana llegó sin pedir permiso.
No hubo descanso.
No hubo paz.
Solo un cuerpo cansado… y una mente que ya no reaccionaba igual.
Jota abrió los ojos temprano.
No porque quisiera… sino porque ya no podía seguir durmiendo con ese ruido en su cabeza.
Pero esta vez era distinto.
No había llanto desesperado.
No había rabia descontrolada.
Había… silencio.
Un silencio pesado.
Un silencio que no calmaba… pero que tampoco destruía como antes.
Se sentó en la orilla de la cama, mirando el suelo.
—Ya sé cómo se siente… —murmuró para sí mismo.
Y eso era lo peor.
Ya conocía ese dolor.
Ya sabía cómo quemaba… cómo apretaba el pecho… cómo confundía la mente.
Y aun así… seguía ahí.
Se levantó sin apuro.
Cada movimiento parecía automático, como si su cuerpo funcionara solo… mientras su mente seguía atrapada en la noche anterior.
Esa imagen.
Esa duda.
Ese número en el teléfono.
Ese “quizás sí… quizás no”.
Tomó aire.
—No más.
Salió de casa temprano.
El aire frío de la mañana le golpeó el rostro, ayudándolo a mantenerse firme… o al menos eso intentaba creer.
Caminó hasta ese lugar.
Ese punto exacto donde sabía que la encontraría.
Porque a pesar de todo… seguía conociéndola demasiado bien.
Esperó.
Apoyado en un poste.
Manos en los bolsillos.
Mirada fija en la nada.
Hasta que la vio.
Cote saliendo de su casa… como cualquier otro día.
Como si nada hubiera pasado.
Sus miradas se cruzaron.
Ella sonrió levemente… por costumbre.
Él no respondió.
—Jota… —dijo, acercándose— —¿Qué haces aquí?
—Ven… tenemos que hablar.
Sin enojo.
Sin gritos.
Pero con algo mucho peor… Frialdad.
Caminaron en silencio.
Un silencio incómodo… pesado… lleno de cosas no dichas.
Hasta llegar a un lugar apartado.
Donde no había nadie.
Donde no había escapatoria.
Jota se detuvo.
Metió la mano en su bolsillo.
Y sacó su anillo.
Lo miró por unos segundos.
Ese anillo… que alguna vez significó todo.
Ahora… no sabía qué significaba.
Se lo quitó lentamente.
Extendió la mano hacia ella.
—Pásame el tuyo.
Cote frunció el ceño.
—¿Por qué…?
—Pásamelo.
No hubo discusión.
Con manos temblorosas… se lo quitó… y se lo entregó.
Jota ahora tenía ambos anillos.
Los observó.
Dos promesas.
Dos ilusiones.
Y una historia… completamente desgastada.
Respiró profundo.
Y habló.
—Cote… cuando realmente te sientas segura de que quieres estar conmigo… búscame.
Silencio.
—Guarda estos anillos… —dijo, devolviéndoselos— —Si algún día estás segura… llévalos… y convénceme.
Cote lo miraba… perdida.
—Porque yo… —continuó Jota— …ya no siento esa seguridad.
El viento pasó entre ellos.
Frío.
—¿Te diste cuenta de lo que hiciste anoche?
Cote bajó la mirada.
—No… —¿Estás segura?
—No sé lo que hice… Jota apretó la mandíbula.
No gritó.
No explotó.
Y eso… dolía más.
—No estabas tan ebria como para no darte cuenta —dijo, firme— —Yo sé que lo sabes… pero no lo quieres aceptar.
Silencio.
Otra vez.
—Así que esto queda en tus manos —finalizó— —Si no estás segura… no me busques.
La miró fijamente.
—Y si lo estás… demuéstramelo.
No hubo abrazo.
No hubo “te amo”.
No hubo nada.
Jota dio media vuelta.
Y comenzó a caminar.
Esta vez no miró atrás.
Porque sabía… que si lo hacía… iba a volver.
Cote se quedó ahí.
Con los anillos en la mano.
Sintiendo, quizás por primera vez… que realmente podía perderlo.
Y mientras Jota se alejaba… algo dentro de él habló.
No el corazón.
Ese ya estaba cansado.
—Ya no duele como antes… pero eso no significa que no esté roto.
Y por primera vez… no quiso correr hacia ella.
Pero tampoco… había dejado de amarla.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com