Entre el Amor y el Olvido - Capítulo 5
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: ADVERSIDADES — LA CARTA 5: ADVERSIDADES — LA CARTA Desde ese día… Todo cambió.
Jota y Cote comenzaron a verse.
No de forma normal.
No como cualquier pareja.
Lo hacían a escondidas.
En rincones donde nadie los conociera, en horarios donde nadie los viera, en silencios que solo ellos entendían.
Porque ambos sabían la verdad… La familia de Cote jamás aprobaría lo suyo.
Y no había dudas del porqué.
Jota no era bien visto.
No por lo que era… Sino por lo que decían de él.
Aun así… Eran felices.
A su manera.
Con poco.
Con miradas, con risas, con momentos robados al tiempo.
Pero la felicidad… Nunca avisa cuando se va a romper.
Llegó el verano.
Y con él… El silencio.
Cote desapareció.
No respondió llamadas.
No contestó mensajes.
No apareció en los lugares donde solían verse.
Su teléfono… apagado.
Su presencia… inexistente.
—¿Qué te pasó, Cote?… —Estábamos bien… —Nos reíamos… —¿Por qué no estás?… Las preguntas comenzaron a llenar la mente de Jota.
Día tras día.
Sin respuestas.
Pasó una semana.
Luego otra.
Y cada día dolía más.
No era un dolor fuerte.
Era peor.
Era constante.
Silencioso.
De esos que no te dejan en paz ni un segundo.
Hasta que… Ring.
Ring.
El teléfono sonó.
Jota lo miró de inmediato.
Número desconocido.
Su corazón se aceleró.
Contestó sin pensar.
—¿Hola?
—Jota… —la voz era rápida, nerviosa—.
Por favor, tienes que ir donde Lady… ella te dará algo.
No puedo decirte más… viene mi mamá… chao.
La llamada se cortó.
El silencio volvió.
Pero ahora… Era distinto.
Un escalofrío recorrió su cuerpo.
Algo no estaba bien.
Sin perder tiempo, salió de su casa.
El camino hasta la casa de Lady era largo.
Una hora.
Una hora donde su mente no dejó de girar.
—¿Está bien?
—¿Le pasó algo?
—¿Por qué no puede hablar?
—¿Qué está pasando?
Llegó.
Tocó la puerta.
Y antes de que pudiera volver a hacerlo… Se abrió.
Lady apareció.
Rápida.
Nerviosa.
Distinta.
—Hola… —dijo Jota.
Pero no hubo respuesta normal.
Lady miró hacia atrás, como asegurándose de que nadie escuchara.
Y sin decir mucho… Le entregó algo.
—Toma… —dijo en voz baja—.
Y por favor… vete.
Jota frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
—Nada… solo… vete.
Su tono no era normal.
Había miedo.
Jota no insistió.
Tomó lo que le dio.
—Gracias… prima.
Y se fue.
No abrió lo que llevaba en la mano.
No aún.
Lo guardó en el bolsillo.
Como si abrirlo antes de tiempo… Pudiera empeorar todo.
Llegó a su casa.
Cerró la puerta.
Y recién ahí… Sacó el objeto.
Era una carta.
Cuidadosamente doblada.
Con detalles hechos a mano.
Delicada.
Como si cada parte de ella hubiera sido pensada con cariño.
En el frente… Una frase.
“Para el amor de mi vida.” El corazón de Jota se detuvo.
Sus manos temblaron levemente al abrirla.
Una simple hoja… Pero que pesaba más que cualquier cosa que hubiera sostenido antes.
Comenzó a leer.
“Querido primer amor…” Cada palabra… Era un golpe.
“El poco tiempo que llevamos viéndonos me ha hecho sentir la mujer más feliz del mundo…” Jota cerró los ojos un segundo.
Las imágenes volvieron.
Las risas.
Las miradas.
La playa.
“Deseo con todo mi corazón continuar con lo que tenemos… aunque aún no tenga nombre… prométeme que pronto lo tendrá…” Su respiración se volvió inestable.
“Por favor no te sientas mal al leer esta carta…” Demasiado tarde.
“Ya sé quién está contándole todo a mi madre…” Jota frunció el ceño.
Su cuerpo se tensó.
“Pero por favor… no hagas nada.” Siguió leyendo.
Con el corazón en la mano.
“Tu tía… la mamá de Lady…” El mundo se quebró.
“Escuché las cosas horribles que dice de ti… ten cuidado… no es de fiar.” Jota dejó de respirar por un segundo.
No.
No podía ser.
Su mente se negó a aceptarlo.
Su tía… Alguien a quien quería.
Alguien en quien confiaba.
Traicionándolo.
“Discúlpame por todo… sabes cómo es mi mamá… después de lo que vivió con mi papá…” El dolor cambió.
Se mezcló.
Ya no era solo tristeza.
Era impotencia.
“Por favor espérame un poco más… prometo que lo solucionaré… y volveré a llamarte.” Y entonces… La última línea.
“Por siempre y para siempre… tu Chicle.” Las lágrimas comenzaron a caer.
Una tras otra.
Sin control.
Cayeron sobre la hoja.
Manchando la tinta.
Difuminando palabras.
Pero no el dolor.
Jota bajó lentamente la carta.
Su mente… En blanco.
No había pensamientos.
No había respuestas.
No había nada.
Solo una sensación.
Traición.
Dolor.
Amor.
Todo mezclado.
—Es… lamentable… —susurró.
Pero en el fondo… Sabía que esto… Recién comenzaba.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com