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Entre Líneas y Silencios. - Capítulo 19

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  3. Capítulo 19 - 19 Alivio frágil
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19: Alivio frágil 19: Alivio frágil Alejandro llegó a su pequeño cuarto alquilado pasadas las diez de la noche.

Cerró la puerta con llave y se quedó un momento apoyado contra ella, con los ojos cerrados.

Todavía llevaba el olor a cigarrillo en la ropa y en el cabello.

Por primera vez en mucho tiempo sentía algo parecido a la paz dentro del pecho.

Haber podido hablar con Laura, aunque solo hubiera sido un poco, había aliviado parte del enorme peso que cargaba desde hacía semanas.

Se quitó la ropa de trabajo y se metió directamente a la ducha.

El agua caliente le cayó sobre los hombros y la espalda como un pequeño bálsamo.

Se quedó allí varios minutos, con la frente apoyada contra los azulejos fríos, dejando que el vapor llenara el diminuto baño.

El rostro de Laura bajo el farol volvía a su mente una y otra vez: su mirada seria, sus palabras suaves, la forma en que se quedó a su lado sin exigirle nada.

Por unos instantes se permitió sentir algo de calidez en medio de todo el frío que llevaba dentro.

Salió de la ducha, se puso ropa limpia y calentó un plato de arroz con pollo que le había sobrado del día anterior.

Comió en silencio, sentado en el borde de la cama, casi sin saborear la comida.

Su mente seguía dividida entre el alivio de haber hablado con Laura y la constante preocupación por su madre.

Estaba a punto de acostarse cuando su teléfono vibró sobre la mesa.

El corazón se le aceleró de inmediato.

Lo agarró con manos temblorosas.

Era su tía.

Respiró hondo varias veces, intentando calmar el miedo que le subía por el pecho, y contestó: —¿Tía?

—Álex, hijo… ¿Cómo estás?

—la voz de su tía sonaba cansada pero cálida.

—Todo bien por acá —mintió Alejandro, forzando un tono más tranquilo—.

Gracias al trabajo pude reunir el dinero para la operación.

¿Cómo está mamá?

Hubo un breve silencio al otro lado de la línea.

—Está más estable, gracias a Dios.

Su condición ha mejorado estos dos días, pero sigue delicada.

Los médicos dicen que tendrá que quedarse internada un tiempo más para la recuperación y las siguientes quimioterapias.

Alejandro cerró los ojos, sintiendo un alivio parcial que no llegaba a ser completo.

Al menos no era una mala noticia.

—No hay problema —respondió con determinación—.

Cualquier factura del hospital, cualquier gasto que surja por su estadía… yo lo pago.

Estoy trabajando duro, tía.

No te preocupes por el dinero.

Su tía suspiró, visiblemente emocionada.

—Eres un buen hijo, Álex.

Muy fuerte.

Tu mamá estaría tan orgullosa de ti si supiera todo lo que estás haciendo.

Cuando esté un poco más estable te avisaré para que hables con ella por teléfono, ¿sí?

Ya pregunta por ti casi todos los días.

Alejandro sintió que se le cerraba la garganta.

Tuvo que tragar saliva antes de poder hablar.

—Gracias… Por favor, cuídenla mucho.

Y dile que la quiero.

—Se lo diré.

Que Dios te bendiga, hijo.

Descansa.

—Amén.

Gracias, tía.

Cuídate también.

Cortó la llamada y se quedó sentado en la cama, con el teléfono todavía apretado en la mano.

Por unos segundos sintió un poco de alivio… pero pronto la realidad volvió con toda su crudeza.

Tenía que reunir cinco mil dólares para pagar el préstamo en menos de un mes.

Además de los gastos hospitalarios que seguirían llegando mes tras mes, el alquiler, la comida y el transporte.

La presión empezó a crecer de nuevo en su pecho, como una mano invisible que lo apretaba sin piedad.

Se acostó mirando el techo agrietado, con la mirada perdida en la oscuridad.

“Necesito más dinero”, pensó.

“Tal vez tenga que buscar un trabajo de noche… en un almacén, como vigilante, repartidor, lo que sea.

Aunque me desgaste, aunque apenas duerma cuatro horas.

No tengo otra opción si quiero seguir adelante.” Cerró los ojos, pero el sueño tardó mucho en llegar.

En su mente solo daban vueltas los números, las deudas, la imagen de su madre en la cama del hospital y el recuerdo de Laura sentada a su lado bajo el farol, escuchándolo en silencio.

Por primera vez en mucho tiempo había podido abrirse un poco con alguien… pero la realidad seguía siendo implacable.

Y él seguía solo contra todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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