Entre Líneas y Silencios. - Capítulo 21
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21: Dos vidas en paralelo 21: Dos vidas en paralelo Alejandro llegó a su apartamento después de despedirse de Laura en la entrada de la empresa.
Cerró la puerta con llave y se quedó un momento de pie en medio de la habitación, con la mirada perdida.
La conversación del almuerzo todavía daba vueltas en su cabeza.
Se sentó en el borde de la cama y tomó el teléfono.
Miró el periódico abierto sobre la mesa durante casi un minuto, debatiendo consigo mismo.
Finalmente marcó el número que había marcado en el anuncio.
Después de tres tonos, contestó una voz femenina amable: —Buenas tardes, soy Paola, secretaria del supervisor de seguridad.
¿En qué puedo ayudarle?
Alejandro carraspeó y habló con tono profesional: —Buenas tardes.
Llamo por la oferta de vigilante nocturno en el almacén industrial que publicaron en el periódico.
Paola le pidió sus datos básicos y luego preguntó: —¿Tiene experiencia en el área de vigilancia o seguridad?
—No —respondió Alejandro con honestidad—.
Pero soy responsable, cumplo horarios y no tengo problemas para trabajar de noche.
Paola le pidió que esperara un momento.
Alejandro escuchó cómo consultaba con alguien.
Después de casi un minuto, la mujer regresó: —No hay problema.
El lugar es bastante tranquilo y las funciones son básicas.
¿Podría venir mañana a las ocho de la mañana para una entrevista?
—Estoy ocupado en la mañana —respondió Alejandro—.
¿Sería posible a las seis de la tarde?
—Déjeme confirmar… Sí, no hay problema.
Lo espero mañana a las seis de la tarde en la dirección que aparece en el anuncio.
Traiga una copia de su documento.
—Perfecto.
Muchas gracias.
Alejandro cortó la llamada, se tiró hacia atrás en la cama y soltó un largo suspiro mirando el techo agrietado.
Cerró los ojos, exhausto, deseando que el día terminara de una vez.
Al día siguiente, durante la hora del almuerzo, Alejandro se acercó al escritorio de Patricia.
—Jefa, ¿podría salir hoy a eso de las cinco?
Tengo un asunto personal importante.
Patricia lo miró por encima de sus lentes y suspiró.
—Está bien, pero mañana te quedas una hora extra.
Si no, te descontaré ese tiempo del sueldo.
—Entendido.
Gracias.
A la hora del almuerzo, Alejandro entró a la cafetería con su táper.
Laura ya estaba sentada en la misma mesa del día anterior.
Él dudó solo un segundo antes de acercarse y sentarse frente a ella.
—Hola —saludó con una leve sonrisa.
—Hola —respondió Laura, observándolo.
Mientras Alejandro abría su táper (el mismo arroz con pollo y huevo del día anterior), Laura no pudo quedarse callada: —¿De verdad estás bien comiendo tan poco?
Eres un adulto, Alejandro… eso no parece suficiente.
Él sonrió forzadamente y se encogió de hombros.
—No hay problema.
Estoy acostumbrado.
Laura sabía que no era verdad, pero no insistió.
En cambio, preguntó: —¿De verdad vas a seguir con ese plan del trabajo nocturno?
Alejandro masticó lentamente antes de responder.
—Ya tengo la cita.
Es hoy a las seis, por eso pedí permiso para salir más temprano.
Laura se quedó mirándolo.
Quería decirle que se estaba desgastando, que no tenía que hacerlo todo solo, pero se contuvo.
Solo asintió en silencio.
Terminaron de almorzar casi sin hablar más.
Cuando llegó la hora, Alejandro recogió sus cosas a las cinco en punto.
Al pasar por el escritorio de Laura, se detuvo un segundo.
—Nos vemos mañana —dijo en voz baja.
Laura le dedicó una pequeña sonrisa.
—Cuídate.
Lo vio alejarse por el pasillo con paso cansado.
Cuando desapareció de su vista, Laura se quedó mirando la puerta y suspiró profundamente.
—“Qué idiota soy…” —pensó—.
“Después de todo lo que ha pasado, sigo preocupándome por él.
Y sé que es imposible que se abra completamente conmigo.” Sacudió la cabeza, intentando apartar esos pensamientos, y volvió a su trabajo.
Mientras tanto, Alejandro caminaba hacia la entrevista con el peso del mundo sobre los hombros, sabiendo que cada decisión que tomaba lo alejaba un poco más de la vida que deseaba… pero acercándolo a la única meta que le importaba: salvar a su madre.
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