Entre Líneas y Silencios. - Capítulo 9
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9: Presentación 9: Presentación Miércoles por la mañana.
Nueve en punto.
La sala de juntas grande estaba más llena de lo habitual.
El cliente —un gerente de mediana edad, serio y de pocas palabras—, Patricia, dos directores y, al frente, Laura y Alejandro.
Los dos vestían de forma formal, pero el agotamiento se les notaba claramente: ojeras, hombros tensos y una rigidez que no lograban disimular del todo.
Llevaban días durmiendo poco y cargando un peso que iba más allá del proyecto.
Laura presentó primero la parte de marketing.
Habló con voz clara y controlada, explicando los conceptos, los mensajes emocionales y la propuesta visual.
Lo hizo bien, aunque por dentro sentía un nudo constante en el estómago.
Cada diapositiva le recordaba las horas en la sala pequeña, los silencios del lunes y martes, y cómo Alejandro había vuelto a encerrarse por completo.
Cuando terminó, le tocó el turno a Alejandro.
Explicó la parte logística con su voz grave y pausada: costos, tiempos proyectados, eficiencia de la nueva ruta.
Sonaba profesional, pero había algo mecánico en su tono, como si estuviera recitando información en lugar de explicarla.
En un momento, mientras señalaba un gráfico, mencionó los tiempos estimados: —…con un plazo aproximado de catorce días para la primera fase.
Laura sintió un pequeño pinchazo.
Sabía que ese número no era correcto.
Habían discutido el punto el lunes y habían acordado dieciocho días para incluir un margen realista.
Dudó un segundo, pero finalmente habló en voz baja, intentando que sonara neutra: —Dieciocho días, considerando el margen de contingencia.
Alejandro se detuvo un instante.
Corrigió el dato en la pantalla sin mirarla y continuó como si nada: —Correcto.
Dieciocho días.
No hubo “gracias”.
No hubo ninguna reacción visible.
Solo un breve silencio incómodo que pareció durar más de lo necesario.
Patricia los observó con atención, pero no dijo nada.
El cliente simplemente asintió y tomó nota.
El resto de la presentación transcurrió sin mayores incidentes técnicos.
El cliente hizo algunas preguntas puntuales que ambos respondieron de forma correcta, aunque con una distancia evidente.
Al final, cuando ya estaban cerrando, el gerente comentó en tono casual: —Se nota que han trabajado de cerca en esto.
Se agradece cuando hay buena coordinación entre áreas.
Patricia sonrió.
Laura solo bajó la mirada hacia sus notas.
Alejandro, en cambio, respondió con voz baja y neutra: —Es solo trabajo.
No fue agresivo.
No fue dramático.
Pero la frase cayó con una frialdad tan absoluta que Laura sintió que algo se apretaba fuerte en su pecho.
No levantó la vista.
No quiso ver la expresión de nadie.
La reunión terminó poco después.
El cliente quedó satisfecho con la propuesta y se despidió con un apretón de manos firme.
Cuando la sala empezó a vaciarse, Patricia se acercó a ellos dos y habló en voz baja: —Buen trabajo.
El cliente se fue contento.
—Hizo una pausa breve y añadió—: Traten de mejorar la comunicación interna.
Se sintió un poco de tensión hoy.
Dicho eso, salió de la sala.
Quedaron solos.
Laura recogió sus cosas lentamente, sin prisa.
El silencio entre ellos era ahora más pesado que nunca.
Finalmente, sin mirarlo, murmuró: —Al menos quedó claro.
Alejandro se quedó quieto un momento.
Quiso decir algo, cualquier cosa que aliviara un poco el daño, pero las palabras no le salían.
Solo logró responder en voz baja: —Laura… Ella negó ligeramente con la cabeza, todavía sin voltear.
—No importa.
Ya terminamos.
Salió de la sala sin mirar atrás, cerrando la puerta con cuidado, casi con suavidad.
Como si temiera que si la cerraba con fuerza, algo dentro de ella se rompería del todo.
Alejandro se quedó solo en la sala vacía.
Se sentó pesadamente en una de las sillas y se quedó mirando la mesa larga durante varios minutos.
El pecho le dolía de una forma sorda y profunda.
Sabía que había vuelto a fallar.
Sabía que cada día que pasaba sin explicarle nada, la distancia se hacía más grande e imposible de reparar.
Y lo peor era que, a pesar de todo, seguía sin encontrar la forma de cambiarlo.
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