Ephemeral Darkness - Capítulo 12
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: Capítulo 11 12: Capítulo 11 Tres días después, comprendí que Blackburn Varkáris se traía algo entre manos con respecto a mí.
Habían pasado más de cuarenta y ocho horas de aquel beso apasionado en el cementerio y de su insinuación al otro día en mi habitación.
Y yo no podía estar tranquila cuando él estaba cerca.
De alguna manera, me las arreglé para que Blackburn dejara en paz a Jake Wood por las mañanas al limpiar la nieve de mi casa, a cambio de hacer paseos nocturnos luego de la cena y discutir sobre mi libro favorito que se dispuso a leer.
Y esta noche había por fin concluido su lectura; y la indignación era muy fuerte en él.
—Wanda no debería hacerle caso a Melanie sobre Jared o Ian—increpó con amargura y yo reí—es decir, la humana tonta no quiere que bese a su novio, pero tampoco al otro humano que está enamorado de la extraterrestre, ¿Quién la entiende?
—Es complicado.
Imagina estar prisionero en tu propio cuerpo y alguien más tenga control de él como si fuera suyo—sacudí la cabeza—Melanie tuvo suerte que implantaran a Wanda dentro de ella y no a alguien peor.
—La escritora debió poner que Wanda hizo pedazos a Melanie dentro de su cabeza—gruñó, molesto—no aporta nada a la trama, solo el cuadrado amoroso y patético—pateó una piedra que se hundió en la nieve a unos metros de distancia—el mejor final habría sido que la extraterrestre se quedase con ambos y vivir felizmente.
La humana que lo escribió no sabe lo que es bueno para el corazón y el cuerpo.
—¿Un trío?
—rompí a reír más.
Verlo indignado por un libro era lo más hermoso del mundo.
Sus mejillas estaban más enrojecidas por la irritación que por el frío.
—Sí.
Un trío.
Total, Jared iba a tener el cuerpo de Melanie e Ian el alma de Wanda.
Fin de la historia.
—No estás tomando en cuenta los sentimientos de ninguno, Black.
Piensa, ¿Qué harías tú si eso ocurriera en la vida real?
—¿A qué te refieres?
—frunció el ceño.
—Si tuvieras una novia a quien amaras con todo tu corazón y de repente, la secuestran y le implantan el alma de un alienígena dentro que empieza a mover su cuerpo a su antojo, dejando a tu amada prisionera en su cabeza—comencé a decir—y te reencuentras con ella tiempo después y notas que algo no anda bien, que es otra persona, pero tiene el mismo cuerpo.
¿La seguirías amando?
—Mentiría si te doy una respuesta ahora mismo—expresó, contrariado.
—¿Por qué?
—Porque jamás he amado a alguien y mucho menos con tal intensidad como para decidir algo tan fatídico—tragó saliva—esa historia de The Host es asombrosa, pero es un alivio que sea únicamente ciencia ficción.
—Sí, ya que, si hubiera la más minima oportunidad de usurpar cuerpos, sería totalmente miserable.
—¿Crees que sería miserable?
—preguntó.
Sus ojos denotaron muchísima tristeza.
¿Tanto le había afectado el libro?
—Por supuesto.
En el libro logramos empatizar con Wanda porque estuvimos desde su perspectiva, pero en la vida real eso sería atroz e inhumano.
—¿Y por qué es tu libro favorito?
—Porque en la historia, los extraterrestres trajeron la cura del cáncer y de todas las enfermedades mortales—expliqué con cierta nostalgia—solo por eso sería lindo que pudiera pasar, por la cura, de ahí no—suspiré—cada que leo el libro, imagino que puedo tener esa medicina en mis manos y dárselas a mi tía y abuelo para estar sanos.
—Por el amor que todavía les profesas, asumo, con toda certeza, que fueron buenos humanos y me alegra que atesores sus recuerdos en tu corazón, Cereza de Otoño.
Asentí y me negué a ponerme sentimental.
—Entonces, ¿Qué team eres?
¿Jared o Ian?
—cambié de tema y él esbozó una sonrisa torcida.
—Soy Team Jeb.
Ese hombre es mi ídolo.
Pocas palabras, mucha acción—contestó con orgullo.
—¿Qué personaje hubieras querido que tuviera más protagonismo?
—La prima de Melanie, Sharon.
Me intrigó demasiado su relación con Doc., es decir, ¿Cómo pudieron establecer un vínculo si son tan diferentes?
Sé que los polos opuestos se atraen, pero ¡maldita sea!
Ellos eran prácticamente como querer encender una fogata con agua.
—Cuando Jake leyó el libro, también quedó intrigado con Sharon y el Doc., pero después, con el tiempo, fue reflexionando y llegó a la conclusión de que, en una situación post apocalíptica, si tienes pareja, sea quien sea, ya es un bono extra a tu infeliz vida.
—Ojalá tener la escopeta de Jeb en mis manos e ir a la casa de Wood—siseó Blackburn.
—¿Sabes usar una escopeta?
—arqueé una ceja—porque Jake sí sabe, él y su padre han participado en cacerías en las ferias del pueblo.
—Soy autodidacta y puedo aprender—alardeó—ese mundano no es mejor en ningún aspecto y te lo voy a demostrar.
—¿Cómo?
¿besándome apasionadamente como hace tres noches en el viejo cementerio?
—me burlé.
De pronto, Blackburn dejó de caminar y su expresión juguetona se transformó a dolor.
Intentó enfocar la mirada, pero sus ojos estaban idos.
—¿Estás bien?
—le pregunté, preocupada.
Él no respondió.
Hizo una mueca, como si algo le doliera y cayó de rodillas en la calle pedregosa.
Se sujetó el pecho con fuerza y ahogó un grito.
Jadeó, tratando de levantarse, arrastrándose unos centímetros, pero se contorsionó de una forma sobrehumana hasta caer de bruces sobre un montículo de nieve— ¡Blackburn!
—chillé, arrodillándome a él.
Moví su rostro cuidadosamente de la nieve para verificar si se había lastimado, colocándolo en mi regazo, ya que estaba boca abajo— ¡despierta, Blackburn!
Faltaban dos malditas calles para llegar a mi casa y no podía dejarlo ahí solo.
La señal del teléfono jamás era buena en Snowshill, pero me arriesgué.
Llamé a mis padres con desesperación, no sin antes verificarle el pulso.
Estaba estable.
Era un desmayo.
Mi padre estuvo ahí en menos de dos minutos con el rostro lívido.
—¿Qué pasó?
—quiso saber, aunque en la llamada le respondí que Blackburn se había desplomado así sin más—no lo toques, podría ser un infarto… Un escalofrío espeluznante se alojó en mi columna y me estremecí.
Tan solo estábamos hablando de banalidades, no podía ser posible, a menos que su corazón hubiera fallado a causa de las heridas que sufrió el mes pasado.
Mi madre se reunió con nosotros a los cinco minutos y se encargó de llamar a la única ambulancia que tenía el sanatorio del pueblo.
No tardó nada en que todo Snowshill se enterara del suceso y tuviéramos a muchas almas reunidas ahí, haciendo bulto, entre ellos Jake Wood, quien se abrió paso entre los demás hasta llegar a nosotros.
—Sophie, ¿estás bien?
—no perdió el tiempo y me abrazó, ni siquiera me había dado cuenta de que yo estaba temblando y no de frío.
Negué con la cabeza y enterré mi rostro en el hueco de su cuello, sintiendo el calor de su cuerpo, el cual me sirvió para tranquilizarme—tranquila, tu amigo no está grave, tal vez se le bajó la presión—sostuvo, en un intento de suavizar el ambiente.
Gracias a él, me mantuve tranquila y en silencio, observando como los paramédicos revisaban a Blackburn tras bajar rápidamente de la ambulancia.
Aparentemente estaba desmayado, pero la causa era lo que importaba saber.
Tras diez minutos que me parecieron eternos, optaron por subir a Blackburn a la ambulancia.
—¿Quiénes son sus familiares?
Alguien debe acompañar al joven—preguntó el médico de cabecera del sanatorio que había llegado con la ambulancia.
—Mi hija es su novia—contestó mi padre, señalándome y sentí la tensión en el cuerpo de Jake.
El resto de los residentes de Snowshill postraron su mirada en mí—ella lo acompañará mientras mi esposa y yo vamos a ir detrás de ustedes.
Mecánicamente me alejé de Jake y todos me abrieron paso para subir a la ambulancia también.
Los paramédicos ofrecieron su ayuda y acepté.
El vehículo tenía muchos aparatos y fui cuidadosa de sentarme cerca de Blackburn y a la vez guardando la distancia.
Él estaba con los ojos cerrados, sin nada de ropa del torso para arriba e incluso su amuleto no estaba.
Busqué con la mirada a mi alrededor hasta que vi su ropa doblada en una esquina y encima su amuleto.
Las cicatrices de su pecho estaban al rojo vivo, como si las puñaladas hubieran sido recientes.
—Él se va a recuperar, ¿verdad?
—les pregunté en un hilo de voz.
No quería llorar, pero la preocupación y angustia eran más fuertes que yo.
—No sabemos a ciencia cierta cuál fue el motivo que produjo su desmayo, pero llegando al sanatorio, estará en observación—me respondió uno de ellos—tu novio se pondrá bien, te lo aseguro, aunque todavía no me explico sobre esas marcas de navajas en el corazón.
—Tuvo un enfrentamiento con pandilleros hace más de un mes—empecé a explicar y solté un sollozo.
Maldita sea.
Ya me hallaba llorando y no me percaté en qué momento sucedió—protegió a su madre y a cambio, recibió muchísimas puñaladas en el corazón.
Estuvo muerto varios minutos y revivió al ser trasladado al hospital.
Dicen que es un milagro, e incluso salió en las noticias.
—Entonces tu novio es el favorito de Dios.
El recorrido de siete minutos al sanatorio lo vi eterno.
Fui la primera en salir de la ambulancia y me reuní con mis padres, contemplando como se llevaban a Blackburn a urgencias.
—Les juro que no miento al decirles que simplemente se desmayó mientras íbamos de vuelta a la casa—balbuceé—estábamos hablando de mi libro favorito y de repente dejó de caminar, se agarró el pecho, haciendo muecas de dolor y cayó al suelo.
—Cariño, te creemos—dijo mi padre, acariciando mi cabeza—no debes preocuparte de nada.
Él ya está siendo atendido.
Sabía de antemano que la noche sería larga.
Jamás pensé que volvería a tocar un sanatorio desde mi tía y abuelo.
Podría decirse que le tomé cierta fobia o trauma a los hospitales porque eran sinónimo de malas noticias.
Una hora después, el médico se dirigió a mí con el rostro preocupado.
—¿Eres la novia del muchacho, verdad, Sophie?
Asentí a regañadientes.
—¿Cómo está él?
—pregunté, temiendo por la respuesta.
—No tuvo ningún infarto, su glucosa está en orden, presión normal y todo parece estar bien, pero… —ahí estaba esa maldita palabra que odiaba con todo mi corazón—no despierta y ya le hemos estimulado para que lo haga.
Es como si estuviera bajo algún tipo de somnífero, similar al Diazepam.
Sin embargo, su sangre está limpia de cualquier sustancia.
—¿Y qué pasará?
—me alteré.
—Esperar si despierta por sí solo, de mientras continua en observación.
Si mañana al mediodía no reacciona, tendremos que mandarlo a la capital de urgencia.
Dicho eso, abandonó la sala de espera y nos dejó solos con miles de pensamientos negativos.
Si le sucedía algo a Blackburn, su familia me echaría la culpa y yo no podría soportarlo.
Cuando mi teléfono marcó furiosamente la medianoche, fui por café instantáneo en la máquina expendedora que estaba afuera del sanatorio.
Mi madre fue la que se quedó conmigo porque mi padre tenía que trabajar al día siguiente con los leñadores y reabastecer el pueblo por las bajas temperaturas.
—¿Cómo se encuentra tu amigo?
—Suspiré con alivio al escuchar a Jake detrás de mí.
Me hice un lado para que él también se sirviera café y lo esperé.
Se había puesto una sudadera negra similar a la de Blackburn y de no ser porque estaba de espaldas y tenía el cabello oscuro, habría pensado que era él.
—Sigue sin despertar y no reacciona a ningún estímulo.
Se descartó posible infarto, baja de glucosa, baja de presión o alguna droga.
—Es muy extraño, ¿no crees?
—se volvió hacia a mí con el vaso miniatura de café en la mano.
Asentí.
—¿No es muy tarde para estar fuera de tu casa?
—cambié de tema, dándole un sorbo al café, que estaba delicioso.
Elegí el capuchino con un toque de chocolate amargo.
Jake sonrió tímidamente y sacudió la cabeza.
Su cabello azabache se ondeó de forma curiosa y alcancé a verle sus aretes.
—Mis padres me dieron permiso de estar contigo, además de que ya no tengo catorce años.
—Te volviste un chico malo—ironicé—pero solo en la apariencia porque sigues siendo muy dulce.
—¿Por qué piensas que solo en el exterior cambié?
—arqueó una ceja en mi dirección, tratando de intimidarme.
—Porque de lo contrario, no seguirías enamorado de mí—le aseguré y se ruborizó.
—¿Quieres que te trate como basura para que puedas estar segura de que he cambiado?
—replicó, con mucha decepción.
—No, yo no quise decir eso—y era cierto.
Simplemente que Jake había cambiado físicamente, pero seguía siendo el mismo de siempre.
Muy adorable.
Y hasta ese momento vislumbré el piercing de argolla en el lado derecho de su nariz.
Santo Dios.
—Podría robarte otro beso—planteó, esbozando una sonrisa poco inusual en él—y no sería un simple roce de labios inocentes como en aquel entonces, So.
Retrocedí un par de pasos, guardando mi distancia.
—No te atreverías—fruncí el ceño.
—¿Quieres probar de lo que soy capaz?
—dio un paso a mí y resoplé.
—No me intimidas, Jake, ¿por qué no vamos adentro?
Está comenzando a descender más la temperatura… Y sin previo aviso, tiró de mi brazo, el que no sostenía el café e intentó besarme por la fuerza.
Sin embargo, fui lo bastante rápida para girar el rostro y sentir su boca en mi mejilla.
—Jake, por favor—forcejeé con él y me encontré con sus ojos oscuros que parecían querer taladrar mi alma.
En su mirada había muchísimo recelo y desdén.
—Entonces ese tal Blackburn Varkáris sí es tu novio—acotó, devastado y me soltó suavemente, a pesar de que estaba furioso, y sabía sobre su emoción porque cuando se enfadaba, enrojecía del rostro entero.
—No, Black es solo mi amigo de la universidad.
Mi padre mintió porque él no tiene a su familia aquí para saber su estado de salud—le expliqué.
Aunque no tenía por qué darle explicaciones, lo hice.
No quería especulaciones y rumores sobre mí.
Jake volteó a verme con ilusión y el rubor de su cara fue disminuyendo.
—Me quedaré contigo esta noche a acompañarte—sentenció, más animado.
—¿Estás seguro?
—Sí.
No tengo nada que hacer en casa y tú estás sola aquí, exceptuando a tu mamá, claro.
Comenzamos a caminar hasta el área de urgencias, en la sala de espera donde mi madre estaba cabeceando en los asientos.
Ella solía levantarse muy temprano a vender la mermelada casera que ella misma preparaba con semanas de anticipación a la primera nevada y no merecía estar ahí, en un sitio tan deprimente e incómodo.
La desperté para que se marchara a casa.
—Cariño, no puedes quedarte aquí, necesitas que me quede—ahogó un bostezo.
Aún no había visto a Jake.
—Jake se quedará conmigo—lo llamé y él se acercó tímidamente a saludar a mi mamá.
—Hola, señora Wendy—sonrió.
—Hola, Jake—le correspondió el gesto— ¿vas a quedarte con Sophie?
—Claro.
Usted vaya a descansar, cualquier cosa, la llevaré directo a casa—prometió.
—No me digas que por fin lograste comprar tu motocicleta—vaciló mi madre.
—Apenas ayer me la entregaron—se ruborizó, mirándome de reojo—la trajeron de una agencia de Londres.
—Te lo mereces, chico—dijo mi madre, palmeándole el brazo—bien, entonces, me voy—se levantó y se abrazó a sí misma—por favor, si despierta Black, no duden en llamarme.
Vendré lo más rápido posible.
—¿Quieres que te encamine?
—me ofrecí.
—No, cariño, estoy bien.
—Puedo llevarla en mi motocicleta rápidamente si gusta—se ofreció Jake.
—Acepta, mamá, yo estaré aquí para cuando Jake vuelva—le insté.
La mera idea de que mi madre se fuera sola a mitad de la noche con muchísimo frío me aterraba.
La imagen mental de Amber Wright enterrada bajo la nieve me causó escalofríos.
Minutos más tarde, quedé completamente sola en la sala de espera.
Snowshill se caracterizaba por ser un pueblo tranquilo, pero también silencioso y desértico.
Casi nadie enfermaba y, por ende, el sanatorio siempre estaba vacío.
Había tres enfermeras en turno y un médico.
Y ninguno de ellos estaba cerca.
Como mi imaginación era nauseabunda, se me figuró estar en el Hospital Alchemilla del videojuego de terror «Silent Hill».
No pretendía quedarme sola ahí, por lo que decidí explorar las pocas habitaciones y encontrar a Blackburn.
No tardé mucho en encontrar donde se hallaba.
Asomé la cabeza y lo vi al otro extremo de la estancia.
Cerré la puerta cuidadosamente y me senté en una silla junto a la camilla donde él yacía con los ojos cerrados.
Mi mirada tropezó con su ropa doblada en una pequeña mesa de madera y suspiré.
También estaba su teléfono encima y me pregunté si sería buena idea tratar de localizar a su madre.
Tomé la iniciativa de ir por su teléfono, cuando de repente, Blackburn se levantó de golpe de la camilla, asustándome.
Fruncí el ceño al notar que sus ojos seguía cerrados y de la nada, se abrieron.
Tenía las pupilas completamente dilatadas, haciendo que sus iris parecieran oscuros en su totalidad.
Su mirada estaba perdida.
—¿Blackburn?
—susurré.
Mi voz lo inquietó y parpadeó, enfocando la vista— ¿estás bien?
—di un paso a él con cautela, pero retrocedí cinco en el instante que se puso en pie bruscamente—oye, espera, te vas a lastimar… —¿Dónde estoy?
—balbuceó, agarrándose el pecho, justo en el corazón, al igual que horas atrás antes de desmayarse.
Sus ojos barrían la estancia con miedo y nerviosismo, hasta que los fijó en mí— ¿Quién eres tú?
—no había nada de reconocimiento en su extraña mirada, era como si yo fuera una completa desconocida.
—¿De qué hablas?
Soy yo, Sophie—le informé, asustada.
—No conozco a nadie con ese nombre, ¡¿Dónde estoy?!
—gritó y acto seguido, se tambaleó y corrí a sujetarlo antes de que cayera de cara al suelo.
Se había vuelto a desmayar y con toda la fuerza que pude reunir, lo acomodé de vuelta a la camilla.
El sonido de la máquina que indicaba sus latidos se disparó en volumen, alertando a las enfermeras.
En primer pensamiento fue huir, pero hubo algo que captó toda mi atención y estaba entre la ropa de él.
Rodeé la camilla y moví el teléfono de Blackburn para mejor visión del destello de luz.
Y provenía del amuleto extraño que portaba siempre en su cuello.
Brillaba con una luz roja deslumbrante.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com