Ephemeral Darkness - Capítulo 13
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13: Capítulo 12 13: Capítulo 12 Estiré la mano con intención de tener en mis manos aquel extraño collar con el dije octagonal.
A simple vista no se notaba bien el material del que estaba hecho, pero parecía ser labrado en piedra y tenía un círculo en medio.
Tenía grietas de donde salía la luz rojiza brillante.
Me sentí hipnotizada por el amuleto, que no me di cuenta de que había una enfermera gritándome a mi espalda.
No llegué a tocar más que el teléfono de Blackburn y parpadeé, saliendo del trance.
—¡No deberías estar aquí!
—gritó la mujer en mi oído y salté del susto.
—Él despertó y volvió a desmayarse—le comuniqué, todavía aturdida por lo que acababa de suceder.
Me sentí mareada y pensé en ir al pequeño sanitario de la habitación, aunque descarté la idea de inmediato.
—No es posible, el paciente sigue inconsciente, pero lo que sí ocurrió, fue que seguramente lo agitaste con tu presencia—me riñó—no es hora de visitas, por favor, señorita, salga de aquí.
Snowshill no se salvaba de tener enfermeras mezquinas como en el resto del mundo, así que, en silencio, abandoné la estancia para evitar problemas futuros.
Me habría gustado llevarme conmigo las pertenencias de Blackburn y llamar a su madre, pero dadas las circunstancias, tenía que esperar a que me dieran noticias de él.
Regresé a la sala de espera y vi a Jake Wood esperándome.
Estaba distraído y no pude negar que se miraba muy atractivo.
No quedaba nada de aquel adolescente de catorce años que arrastró su apariencia infantil hasta hace un año.
En cuanto se percató de mi presencia, se levantó como un resorte.
—¿Dónde estabas?
Pensé que te habías ido o que algo te había sucedido—se impacientó, acariciándome la mejilla.
Un gesto automático que solía hacer cuando éramos pequeños y que había vuelto a retomar.
No quise rechazar su caricia porque estaba acompañándome en aquella noche tan fría y solitaria.
—No soportaba estar aquí sola.
Fui a dar un paseo por los pasillos en lo que volvías—respondí, sonriendo levemente— ¿me esperaste mucho tiempo?
—En realidad cinco minutos—se sentó otra vez y me instó a hacerlo también.
—¿Puedo ver tu nueva adquisición?
—lo codeé.
—Por supuesto, había estado esperando el momento en el que me lo pedirías desde que anuncié, gracias a tu mamá, que tenía vehículo nuevo—me guiñó el ojo, agarrándome de la mano para seguirlo afuera.
Me guió hasta el parqueadero en donde divisé su motocicleta nueva debajo de un farol de luz.
Conforme nos íbamos acercando, comprobé que el color era rojo cereza.
—Es muy bonita—añadí, contemplándola con fascinación.
—Es una Harley Davidson Dyna Wide Glide—argumentó con emoción—reuní bastante dinero para conseguirla, contacté a una agencia de Londres que se encarga de reparar como nuevas las motocicletas y me la dieron a un buen precio.
—¿Era chatarra?
—alcé las cejas.
—No, es semi nueva, simplemente le cambiaron las piezas antiguas y funciona de maravilla, ¿quieres dar una vuelta?
Todavía no he comprado un casco, pero lo haré en estos días—dijo, mirándome en espera de una respuesta positiva—prometo que será solo cinco minutos y regresamos, ¿te parece?
Quiero que seas tú la primera persona que se suba ella, aparte de mí y tu mamá.
Medité por diez segundos mi respuesta y asentí.
Después de todo, no sería una hora de paseo en motocicleta y Blackburn se había desmayado de nuevo.
Ayudó a que mi debilucho cuerpo se subiera con cuidado para después hacerlo él.
Mis piernas quedaron peligrosamente cerca de su cuerpo, al igual mi pecho.
La posición del vehículo hacía que me inclinara hacia adelante y tuve que aferrarme a su ancha espalda en el instante que arrancó.
El motor rugió y sentí el aire helado cortarme las mejillas en cuanto salimos del parqueadero.
Mis brazos se enrollaron en su pecho, sintiendo su cuerpo… ¿marcado?
por debajo de su abrigo.
Vaya sorpresa.
Disfruté el pequeño viaje y la velocidad en la que íbamos.
Era fenomenal.
Recargué mi mejilla en su hombro y cerré los ojos, siendo arrullada por el clima helado.
Poco después, algo frío en mi frente me obligó a ponerme alerta.
Estaba comenzando a nevar y Jake también se enteró de ello.
Volvimos al sanatorio y él introdujo la motocicleta a la sala de espera para no estropearla con la nieve.
Nos refugiamos más adentro y estuvimos un rato charlando sobre la universidad de él.
Programación siempre había sido su fuerte y estaba llevando a cabo su objetivo de ser profesional.
—¿Cómo te va en tu dormitorio?
Siempre he querido estar en un sitio así, con compañeros de habitación, similar a las películas.
—Es totalmente diferente y parecido al mismo tiempo—expliqué—de hecho… —sopesé la idea de contarle lo de Amber, ya que a mis padres aún no se los decía— ¿guardarías discreción si te cuento algo de suma gravedad?
—¿Cometiste homicidio?
—bromeó.
Y al ver que me mantuve seria, palideció—aguarda, ¿Qué clase de secreto quieres que comparta contigo?
—Es sobre mi antigua compañera de dormitorio—inhalé hondo y exhalé dramáticamente— ¿puedo confiar en ti?
—él asintió, con los ojos muy abiertos—bien, no es nada del otro mundo, pero si es inusual.
—Cuéntame de qué se trata—se alteró.
Resumí el suceso lo más que pude, logrando hacer que Jake simpatizara con Amber, aunque fuera un poco, ya que no reaccionó como yo esperaba.
—¿Me estás diciendo que se enfadó contigo porque le pareciste más interesante a ese rubio, que ella a él?
—hizo una mueca de desagrado.
Yo asentí—y por idiota murió congelada tras hacer su berrinche.
Era curioso que Jake pensara exactamente lo mismo que Blackburn.
No estaba segura si mi percepción era equivocada o simplemente porque le tuve cariño a mi compañera de dormitorio es que me sentía culpable de su muerte.
El resto de la madrugada fue tranquila.
Continuó nevando hasta el amanecer y para ese entonces, ninguno de los dos podía mantener los ojos abiertos.
Y nos dimos cuenta de que era inútil seguir esperando una respuesta que llegaría después.
—Te pasaré a dejar a tu casa, vamos—me indicó, ahogando un bostezo.
Jake tenía los ojos rasgados y con la falta de sueño, ese rasgo suyo aumentó, viéndose adorable.
Como su motocicleta quedó dentro de la entrada, estaba impecable de nieve—solo por hoy, no limpiaré tu casa, muero de sueño, So.
De vuelta a mi casa, en mi cabeza no podía salir la imagen de Blackburn despertando de forma espontánea y mirándome como una perfecta extraña.
Incluso la malicia de su mirada no estaba, era totalmente distinta a la habitual y me pregunté a qué se debía, sin mencionar que, en serio no me reconoció al verme, sino todo lo contrario.
Sus ojos parecían temerme.
Al llegar a casa, me despedí de Jake y saludé a mis padres.
Se sorprendieron de verme ahí, ya que ellos pretendían ir a verme un rato más, pero yo ya no aguantaba el sueño.
La cabeza me daba vueltas y los párpados apenas podía mantenerlos abiertos.
—Dormiré un par de horas, ¿de acuerdo?
si quieren ir a echar un vistazo ahora, se los agradecería mucho.
El sentimiento de culpabilidad evitó que yo conciliara el sueño rápido, pese a estar muy cansada.
El desasosiego en la mirada de Blackburn al no reconocerme me acompañó hasta que quedé dormida luego de martirizarme con aquel recuerdo.
Supuse que el cansancio mental pudo más que yo.
Por la tarde, tomé la decisión de montar guardia hasta el siguiente día.
Me pareció una ironía total el hecho de que había vuelto a casa de mis padres para tener unas vacaciones tranquilas y fue todo lo contrario.
Jake Wood estaba más al acecho que en el pasado y al único chico que me había llamado la atención en toda mi vida, yacía hospitalizado en el sanatorio de Snowshill y solo a mí me tenían permitido visitarlo en el horario permitido.
Su familia ni siquiera tenía idea de lo que había sucedido.
Yo temía que fuera algo crónico, a causa de sus heridas en el corazón y viviría desmayándose abruptamente.
¿Y si algún día le ocurría mientras conducía?
De solo pensar en la posibilidad de haberse desfallecido de camino a Snowshill, me estremecí del miedo.
—¿Vas a verlo?
—encontré a Jake esperándome, a un lado de su motocicleta en la acera de mi casa.
Acomodé mi bolso al hombro, asintiendo—te acompaño.
—No quiero abusar.
—Puedes abusar de mí todo lo que quieras e incluso te daría las gracias—sonrió de oreja a oreja, contagiándome su sonrisa.
Los vecinos que se encargaban de limpiar la nieve de las calles hicieron un buen trabajo porque todo estaba impecable.
Saludé a algunos amigos de mis padres de camino al sanatorio.
Percibí perplejidad al verme ir abrazada de Jake Wood en su motocicleta en vez de estar con mi supuesto novio internado, pero tampoco podía ir por la aldea gritando a los cuatro vientos mi vida privada.
En todo caso, si Blackburn se recuperaba rápido, él podría darles fin a las especulaciones.
O, al menos eso era lo que yo quería.
A no ser que avivara más las habladurías, usando de pretexto el beso que nos dimos cuando recién vinimos a Snowshill frente a mi casa, en el muro de piedra del cementerio y en las narices de mis padres.
Si Jake se enteraba, me odiaría.
En el sanatorio estaban mis padres esperándome con el rostro serio.
Jake se reunió con nosotros tras aparcar en un mejor lugar su motocicleta.
—¿Alguna novedad?
—pregunté.
—El médico comentó que hay mejoría—contestó mi padre, pero su expresión siguió igual—pero… Maldita palabra.
“Pero”, cuya presencia servía para joder cualquier cosa, por más buena que fuese.
—Pero ¿qué, papá?
—Despertó hace una hora—terció mi madre, enviándose miradas extrañas con mi padre.
—¡Estupendo!
¿Puedo entrar a verlo?
Nuevamente se miraron entre sí.
—Lo siento si interrumpo, pero ¿por qué simplemente no le dicen la información a Sophie sin alargar más la situación?
—interrumpió Jake y agradecí que fuera él el que dijera lo que yo quería decir.
—Desconoció el lugar en el que estaba y niega conocerte, cariño—soltó mi madre, preocupada—afirmó que vino a la fuerza porque él jamás vendría con una chica extraña… —Y eso no es todo—carraspeó mi padre, pero mi madre le apretó la mano—ella debe estar al tanto de lo demás.
—¿Hay más?
—quería vomitar.
—Sí—asintieron mis padres.
—Hablen, por favor.
—Una joven vino a verlo hace quince minutos.
A ella fue la única que permitió entrar a su habitación—me informó mi madre, tratando de ser considerada, pensando que enloquecería de celos o me echaría a llorar.
Ladeé la cabeza y simplemente asentí.
—Debe ser su hermana, ella es una adolescente de dieciséis años llamada Lexa.
—No, era de la edad de ustedes—señaló mi padre—parecían muy cercanos, mucho más que parientes.
—Sabía que algo extraño había en él—dijo Jake.
Puse los ojos en blanco ante su comentario—seguro es su novia.
—No tengo más opción que confrontarlo—expuse, alzando la barbilla y encaminándome a la habitación de él con determinación.
Estuve ahí en dos minutos, y para mi sorpresa, la perilla de la puerta estaba con pestillo.
Di unos golpecitos, en espera de que abriera la misteriosa chica.
Esperé como idiota alrededor de cinco minutos, escuchando mucho ruido y ajetreo adentro.
No podían estar teniendo sexo adentro, ¿verdad?
Y menos en un sanatorio.
Demonios.
Pero se trataba de Blackburn Varkáris, el chico capaz de cualquier cosa y en el lugar menos pensado.
En cuanto se abrió la puerta, me topé cara a cara con la chica que había llegado con toda la confianza del mundo a verlo.
Nos fruncimos el ceño al mismo tiempo, mirándonos con escepticismo, hasta que ella suavizó su expresión.
Tenía el cabello similar al mío, pero de un tono rojizo más intenso, llevaba una diadema de margaritas reales en la cabeza, unos ojos verdes radiantes y un curvilíneo cuerpo envidiable que cubría con una chamarra de mezclilla ajustada, Jeans negros y botas de nieve.
Sin maquillaje, lucía muy hermosa.
Parecía una ninfa de los relatos de la mitología griega.
Sin entrar en más detalles, era hermosa.
A su lado, me sentí insignificante.
—Hola, tú debes ser Sophie Beaumont—dijo.
Incluso su voz era cantarina y suave, digna de ella.
—¿Y tú eres?
—no quise sonar grosera, pero mi irritación fue más fuerte.
—Me llamo Kore—se presentó, haciéndome reverencia como si tuviera un vestido invisible.
Vaya, hasta su nombre era de origen griego, pero no sabía su significado.
En sus asombrosos ojos verdes noté fascinación y parpadeé, confundida—adelante, pasa.
Blackburn fue a asearse al sanitario.
Entré con incertidumbre y ella cerró la puerta en cuanto estuve dentro.
Eché un vistazo a la habitación, la cual se miraba más animada que la noche anterior e incluso la camilla estaba bien tendida.
La ropa y amuleto de Blackburn ya no estaba en el sitio de ayer, solo su teléfono, señal de que era verdad de estar bañándose.
—No te ofendas, pero pensé que Black no tenía amigos—arrugué la nariz—por eso le permití acompañarme a casa de mis padres en vacaciones.
—Soy la única amiga que lo aguantado por más de un año—bromeó—vivo en la casa de enfrente.
—¿Cómo te enteraste de que estaba aquí?
—Me llamó por teléfono—contestó y sus ojos viajaron a sus manos con perfecta manicure—creí que era una broma hasta que me percaté que era cierto.
Tardé en venir porque jamás había viajado sola y Blackburn recobró el sentido antes de que los médicos se dieran cuenta y aprovechó a llamarme.
—¿Es verdad que él no recuerda quién soy?
—titubeé.
—Ya solucioné ese problema—me aseguró—podría decirse que fue la adrenalina del momento.
Recobró los recuerdos rápidamente.
—¿Cómo solucionaste el problema?
—me dio desconfianza.
—Tengo mis métodos—hizo crujir los huesos de sus dedos y al ver que me quedé boquiabierta, echó a reír—es broma.
Los recuerdos volvieron a su mente por sí solos.
—El agua está como el infierno, Kore, ¿aún no puedes acoplarte a este lugar y ser de ayuda?
—oí gruñir a Blackburn desde el baño y un segundo después, salió, frotándose la toalla del sanatorio en la cabeza.
Se había puesto solamente el pantalón y su torso desnudo, dejando a la vista sus tatuajes y las heridas del pecho.
Ni siquiera notó mi presencia hasta que mi mirada iracunda le traspasó el alma como una espada—Cereza de Otoño—murmuró, quedándose estático en su sitio.
Sus ojos viajaron de mí a su amiga y nuevamente a mí con incredulidad.
—Qué agradable sorpresa ver que ahora sí me reconoces—le reñí.
Kore soltó una risita y abandonó la habitación.
Blackburn recuperó la compostura y se puso el resto de su ropa sin atreverse a mirarme.
Le di cinco minutos para que se dignara a hablar.
No lo hizo.
—¿Qué fue lo que te pasó?
—interpuse, antes de que siguiera haciéndose el tonto con su teléfono.
—No tengo idea, tú estabas ahí conmigo—respondió.
Ansiaba ver sus ojos de color inexplicable, pero él hizo lo posible por mantenerse distante—y quiero creer que se debe a las heridas de mi corazón.
Asentí.
Sin saber qué más decir al respecto, así que decidí preguntarle de su amiga.
—Creí escucharte asegurar que no tenías amigos, pero veo que tu vecina Kore sí lo es.
Tras escuchar el nombre de ella, alzó la vista a mí y me sentí furiosa, no entendí por qué.
—En efecto, Kore es mi vecina desde que me mudé de Praga.
—Y la llamaste para que viniera en vez de llamarme a mí, que estoy a unas calles de aquí y he estado al pendiente de ti, al igual que mis padres—le reclamé, ofendida.
—¿Son celos?
—inquirió, arqueando su ceja rubia que ya tenía nuevamente su piercing.
Recordaba vagamente que no tenía nada en el rostro anoche.
—Irritación.
—No entiendo la razón de tu irritación, dejamos claro que no somos más que amigos—se encogió de hombros, ignorándome por estar en su teléfono.
Tuve suficiente de la mezquindad de Blackburn Varkáris, así que me marché de la habitación porque ya no había motivo de continuar ahí.
En cuanto salí, vislumbré a Jake con mis padres, en una conversación “importante” y para nada disimulados acerca de Kore, quien yacía sentada en una silla, al fondo de la sala de espera, tomándose fotos con su teléfono.
—Mamá, papá, Jake—dije con tranquilidad, pero por dentro quería violentar a Blackburn para dejarlo desmayado de nuevo—es hora de irnos.
La amiga de Black se hará cargo de él a partir de ahora.
Ella es su vecina y seguramente lo llevará de vuelta a su casa.
Vámonos.
Había inquietud en la expresión de mis padres, en especial de Jake, pero no preguntaron al respecto.
Sabían de antemano que yo ya no sería responsable de Blackburn ante la llegada de esa chica ninfa.
Me despedí de ella con una sonrisa y esta nos quedó mirando con estupefacción.
—¿Por qué se van tan pronto?
—cortó la distancia entre nosotros rápidamente.
—Has venido por Blackburn, ¿no es así?
—inquirió mi madre con cara de pocos amigos.
—No, solo vine a ver si estaba bien.
Tengo entendido que va a quedarse con ustedes el resto de las vacaciones y como no quería que su mamá se enterase de que enfermó otra vez, me llamó a mí—se disculpó.
Sus asombrosos ojos verdes dejaron paralizados a mis padres.
Jake, por gracia divina, le dio la espalda a Kore y se fijó únicamente en mí.
Volteé a ver hacia atrás, por donde estaba la habitación de él y vi que Black se acercaba a pasos lentos.
Había guardado su teléfono con el que me ignoró cruelmente y parecía haber recuperado su personalidad.
O al menos, eso pensé, ya que se portó despreciable conmigo, tal como solía ser con las demás personas.
—No encuentro las palabras para agradecerles su atención—verbalizó Blackburn con remordimiento.
No tuve que mirarlo a la cara para saber que ese discurso iba dirigido a mí—y disculpen las molestias.
Mi cuerpo quedó muy débil desde mi accidente.
—Es una dicha verte sano y salvo—repuso Jake con veneno, esbozando una sonrisa—ahora podrás irte a casa con tu amiga y dejar que Sophie tenga unas amenas vacaciones con su familia.
Blackburn lo ignoró y mis padres le enviaron una mirada desagradable al recién resucitado del sanatorio, dándole la razón a Jake.
—¿Podemos hablar, Sophie?
—pidió Blackburn.
—No estás obligada a hablar con él, hija—siseó mi padre.
Los puntos que Blackburn había ganado con mi papá se redujeron a cero.
—Ella no quiere saber nada de ti—contestó Jake antes de que yo pudiera hacerlo.
Tomó mi mano y tiró de mí, lejos de Blackburn—vamos, So.
—Tú no hablas por ella, humano acéfalo—espetó Blackburn con voz gutural, agarrándome de la otra mano libre con fuerza, evitando que me fuera con Jake—y no vas a llevártela de aquí.
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