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Ephemeral Darkness - Capítulo 16

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16: Capítulo 15 16: Capítulo 15 ¿En qué momento Blackburn había comprado un regalo de Navidad para nosotros?

En la mañana del 25 de diciembre, luego de que durmiera conmigo en mi habitación, abrí los ojos al momento que sentí una suave caricia por parte suya en la mejilla.

—Feliz Navidad, Cereza de Otoño—murmuró con voz suave.

Estaba sonriendo y sus ojos se habían achinado por dos razones: la sonrisa y por haber despertado temprano y hacía unos momentos antes que yo, haciéndolo ver muy lindo—esto es para ti.

Me alejé lo suficiente para ver a qué se refería.

Sostenía nerviosamente, sí, nerviosamente, algo raro en él, ya que Black siempre demostraba seguridad en todos los ámbitos, una pequeña bolsita de terciopelo color vino en sus manos.

—¿Qué es?

—pregunté, esbozando una leve sonrisa.

—Ábrelo y lo descubrirás—depositó la bolsita en mi regazo.

Haciéndole caso, abrí el obsequio y entorné los ojos al vislumbrar un collar de plata con un dije muy peculiar.

Era redondo y adentro estaba la constelación de Lyra, en medio de muchísimas estrellas.

Era el universo oscuro con tonalidades celestes y azules.

Parecía una esfera que ocultaba el universo infinito en ella.

—Blackburn, ¿es para mí?

—él asintió—pero ¿Cómo es posible?

Es decir, tiene pocos días que hablamos sobre la constelación de Lyra y la historia detrás de ella.

—Se dice el pecado, no el pecador—dijo, ladeando la cabeza y me guiñó el ojo— ¿Puedo ponértelo?

Asentí.

Me senté al borde de la cama y coloqué mi cabello por encima de un solo hombro para darle acceso a Blackburn y ponerme el collar.

Sentí sus amables manos manipular mi regalo sobre mi piel desnuda del cuello.

Y me regaló una leve caricia en mi hombro.

—A tu padre le compré un juego de ajedrez de mármol edición limitada, a tu madre recipientes más adecuados para la mermelada que prepara y otros utensilios más; y a Bowie una pelota nueva—me informó.

—¿Cuándo fuiste a comprar todo eso?

—lo miré por encima del hombro.

—Amazon—se encogió de hombros—puse la dirección de la casa de enfrente y lo recogí ayer en la noche.

—Lamento no tener nada que darte, Black—murmuré, avergonzada.

—¿Sabes qué es lo que deseo que hagas y contaría como un regalo de Navidad, Cereza de Otoño?

—¿Qué cosa?

—Que no te quites el collar de la constelación de Lyra ni un momento, si quieres solo cuando te duches, pero nada más.

—Claro, pero ¿hay alguna razón en especial?

—Ninguna—repuso—pero si quieres subsanar el no haberme dado nada de vuelta, con eso bastará.

Era gracioso que se conformara con eso.

Y decidí obedecerle.

Era un collar muy hermoso, tenía que admitir.

No pensé que él sería esa clase de chico detallista, que obsequiaba cosas significativas a otra persona.

Y me pregunté si le habría resultaba fácil conseguir el collar en Amazon y de una manera rápida y efectiva.

Mis padres y Bowie quedaron fascinados por el detalle de Black y yo no pude sentirme más orgullosa de él.

Ese chico estaba cambiando.

Ya no era aquel rubio arrogante, altanero y egocéntrico que hablaba con extrañeza, bueno, su manera de expresar era la misma, pero con menos potencia y prepotencia.

Parecía haber comenzado a apreciar a las personas.

Los días posteriores fueron con normalidad.

El año nuevo estaba a escasas horas y todos estábamos muy nerviosos, pues había sido la primera vez que el vecindario se unía para darle la bienvenida a otro año.

La entrada y salida de Snowshill fue obstruida para poder hacer una fiesta grande en la calle, con muchísimos focos de colores alrededor.

Blackburn, Jake, otros chicos del pueblo y yo, nos encargamos de adornar las casas por fuera desde la mañana.

Intenté hablar con Jake, pero Black me apartaba de él de forma sutil, haciendo que mi atención se concentrase en otra parte.

Blackburn solía preguntarme si continuaba usando su collar y como respuesta, se lo enseñaba, ya que me gustaba tenerlo debajo de la ropa, así como solía usar él aquel extraño amuleto antiguo que emitía luz extraña, aunque bien, tal vez lo imaginé esa noche cuando Black fue hospitalizado.

A las diez de la noche, ya teníamos nuestra mesa con las de los vecinos.

Cada familia había preparado su propia cena y bebidas, pero se valía compartir.

Era curioso que Blackburn hubiera venido preparado para estas fechas, porque en Noche Buena se vistió semi formal y para Año Nuevo, fue completamente formal.

Incluso se peinó de manera más seria, pero sin quitarse los piercings del rostro, manteniendo su esencia.

Su piel de porcelana resaltó bastante con aquel atuendo oscuro de pantalón de vestir y una camisa color vino con una chaqueta negra encima y zapatos negros.

Su amuleto quedó a la vista por haber dejado algunos botones de la camisa abierta en el pecho.

Y más sorprendente fue que combinaba perfectamente bien con mi ropa: un vestido vino manga larga con mallas y botines negros.

—Hay dos detalles en tu atuendo—le oí decir a Black, sonriendo de lado.

Se acercó a mí y sentí sus cálidos dedos sacarme con respeto el collar de la constelación de Lyra por fuera y luego colocó una flor en mi oreja derecha, era de plástico.

Era una margarita.

Y a continuación, él se colocó una también, pero en el pequeño bolsillo de su camisa vino.

—¿Una margarita de plástico?

—sonreí.

—Con este frío, dudo mucho que nazcan ahora—comentó y acomodó mejor mi flor en la oreja—además, el significado es lo que cuenta, ¿no crees?

—¿Qué significan las margaritas?

—ladeé la cabeza, mirando su nivel de concentración en mi cabello.

—Las margaritas son flores que representan la belleza y la inocencia.

De hecho, el nombre “Margarita” proviene del griego clásico y significa “perla” o “hermosa perla”.

Por eso, regalar un ramo de margaritas significa que admiras la belleza de la otra persona, aunque en este caso, sea de plástico y solo te pueda dar una—recitó y yo fruncí el ceño.

—El significado es de internet—vacilé.

—Nadie nace sabiendo, tienes qué investigar—dijo entre dientes, esbozó nuevamente su sonrisa torcida que comenzaba a amarla y me miró a los ojos—para mí, representas una hermosa margarita, Cereza de Otoño.

Pero sería una margarita roja por tu cabello.

Así como esta—dijo y, por consiguiente, sacó de alguna parte una margarita roja.

Alcé ambas cejas y él me la acomodó junto a la anterior—y para sellar absolutamente todo el buen significado de estas lindas flores… —me dejó en la incógnita un segundo y me enseñó otra margarita, pero esta vez de color azul.

Él se acomodó las suyas y después me puso la última.

—¿Qué significan las rojas y azules?

—parpadeé, perpleja.

—Te lo dejo de tarea, Cereza de Otoño—me guiñó el ojo y colocó levemente su dedo índice sobre la punta de mi nariz.

Se acomodó una vez más las flores en su bolsillo de donde sobresalían antes de mirarme nuevamente—ahora iré a ver si necesitan algo más.

Y te recomiendo que cuando encuentres el significado, sea a pocos segundos del Año Nuevo y al instante que lo sepas, acércate a mí, ¿bien?

Asentí sin entender.

Me encogí de hombros al verlo ser servicial con unos vecinos, raro en él y seguí verificando si todo estaba en orden.

—Te ves muy bonita, So.

Me di media vuelta y encontré a Jake Wood ahí.

Mirándome con intensidad.

No podía negar que se miraba muy atractivo en ese momento, no tanto como Blackburn, pero daba pelea.

Su sangre italiana, al igual que sus rasgos marcados, era la ventaja que él tenía.

—Gracias, hago lo posible por verme presentable.

—¿Me odias?

—hizo una mueca, rascándose la cabeza y de pronto, sus ojos oscuros se posaron en las tres flores en mi oreja, pero no dijo nada al respecto.

—No odio a nadie.

Es un sentimiento innecesario en la vida de las personas que solo envenena el alma.

—¿Podemos seguir siendo amigos?

—Jamás hemos dejado de serlo, Jake.

—Me aferré a nuestra amistad, esperando que algún día me verías de otra manera, pero nunca sucedió—dijo, sonriendo con muchísima desilusión.

Me quedé paralizada, ¿acaso estaba declarándome su amor como en el pasado?

—espero que Blackburn Varkáris te haga muy feliz, tal como mereces, Sophie.

Lamento haberte molestado.

—Jake, yo… —No me des explicaciones.

No las necesito y tampoco las merezco—acotó, apretando las mandíbulas.

—Black no es mi novio—afirmé y añoraba que pronto lo fuese.

Su mirada oscura volvió a posarse en las margaritas de plástico en mi oreja.

—Están vestidos del mismo tono y combinan las tres margaritas—observó—no hay mejor explicación que ello.

Mordí mi labio inferior sin saber qué decir.

—Feliz Año Nuevo, Sophie—dijo al cabo de varios segundos de silencio—estaré con mi familia y prefiero mantenerme lo más alejado.

No te acerques a mi calle cuando dé la medianoche, por favor—sonrió a regañadientes—cuídate y buena suerte en la universidad.

—Jake, pero todavía no volveré a clases hasta los primeros días de enero—balbuceé.

—Olvida lo de ser amigos otra vez—inquirió, dándose la vuelta y dejándome como tonta parada.

Lo miré alejarse hasta su calle a paso decidido y desapareció entre las personas.

Pensé en seguirlo, pero ¿para qué?

Ya se había dado por vencido en todos los aspectos y mi presencia únicamente lo arruinaría más.

El tiempo pasó rápido y nos hallábamos ya cenando.

El ambiente era helado, pero como estábamos congregados, era menos perceptible, en especial porque Blackburn se encargó de mantener su brazo recargado en el respaldo de mi silla y mi espalda sentía la calidez de su cuerpo, estremeciéndome, además de su delicioso perfume masculino.

Bebí un poco de vino y él se negó rotundamente porque según sus experiencias, no tenía control de sí mismo cuando bebía y no quería causar problemas.

—Black, ¿podrías ir rápido por más botellas a la licorería?

Está a dos calles—le pidió mi padre—faltan menos de diez minutos para año nuevo, te da tiempo.

—Papá, mejor después—proteste.

No quería alejarme de él.

—No hay problema, señor Beaumont—Blackburn se levantó perezosamente del asiento y me miró—no tardaré, y ya es tiempo de que busques el significado de las margaritas, y también la de color rosa—se inclinó a besarme la frente, dejándome alarmada por sus palabras y aquel gesto íntimo.

Mis padres y vecinos nos miraron asombrados, y mis mejillas ardieron de rubor.

En cuanto él se fue corriendo, apresuré a buscar el significado en mi teléfono.

“Margaritas rojas: el color rojo es una analogía de la pasión y la intensidad.

Regala margaritas rojas si quieres demostrar tu atracción por otra persona.

Margaritas azules: el azul de las margaritas se asocia con la lealtad y la fidelidad”.

Parpadeé.

Y busqué el significado de la margarita rosa, pero no pude leerla porque encendieron la enorme TV de un vecino en donde comenzó el conteo.

¿Tan rápido habían pasado los minutos?

Blackburn aun no volvía.

—Iré por Black—anuncié.

—No, hija, ya casi es año nuevo—me regañó mi madre.

—No debieron mandarlo por más botellas si sabían que sería ya año nuevo—espeté, levantándome bruscamente del asiento para ir a buscarlo, llevando conmigo mi teléfono.

Caminé hacia la licorería, pero los vecinos de ahí me dijeron que él ya se había regresado porque ya no había más mercancía.

Fue extraño porque en el camino lo habría interceptado.

De pronto, a lo lejos, divisé su característica cabellera rubia situarse en la parte trasera de la antigua iglesia frente a mi casa, justo donde ya era totalmente penumbra, pero no en el mismo sitio donde me besó por primera vez, sino del otro lado.

Fruncí el ceño y aventuré a seguirlo.

Atravesé el camposanto antiguo, mirando de reojo a mi familia que estaba más enfrascada bebiendo, platicando y esperando el año nuevo que esperando a su hija y amigo.

—¿Blackburn?

—lo llamé con cautela.

Estaba muy oscuro y encendí la lámpara de mi teléfono.

—Por aquí—oí su voz y mi corazón se relajó— ¿ya buscaste el significado de las margaritas rosas?

—Sí, pero aun no la he leído.

Vine a buscarte—seguía sin verlo.

Entonces, fuegos artificiales de colores se apoderaron del cielo, y los gritos de euforia del pueblo anunció que ya era Año Nuevo.

—Es para ti—dijo Blackburn, saliendo detrás de un árbol que, si él no hubiera estado ahí, lo habría visto macabro.

Sus ojos brillaban por debajo del reflejo de los fuegos artificiales.

Agarró mi mano y dejó ahí la margarita rosa—lee el significado en voz alta, por favor y solo así entenderás.

Bajé la mirada a la pantalla de mi teléfono y obedecí.

Él tenía todavía agarrada mi mano con la flor.

—“Las margaritas de color rosa son para un amor muy tímido e inocente”—murmuré y alcé la vista a él— ¿Qué quieres decir con esto, Blackburn?

—mi corazón empezó a latir de una manera errática.

—Cada color tiene un significado y es lo que yo siento por ti—respondió—la margarita blanca: tu belleza e inocencia, la margarita roja: es la atracción pasional, no solo intelectual, que siento por ti, de una manera tan irracional que me asusta; la margarita rosa: es el amor tímido e inocente que quiero que haya entre nosotros; y la margarita azul: lealtad y la fidelidad, es lo que te otorgaré sin dudarlo si me permites el honor de ser mi pareja.

Aceptaré el tiempo que decidas estar conmigo—se inclinó un poco a mí, con la mirada suplicante—así como las Pléyades, tu belleza me deja sin aliento, y como Orión, estoy enamorado de ti, Cereza de Otoño, y te seguiré a cualquier lugar.

—¿Hablas en serio?

—tragué saliva, incapaz de procesar sus palabras.

Me colocó la margarita rosa en la otra oreja y esbozó una sonrisa tierna, sin dejar de mirar mis labios y me percaté que también tenía la suya, junto con las demás para estar a juego.

—Al verte siento que hay una constelación en mi corazón que brilla más que cualquier otra estrella.

Esas palabras me desarmaron por completo.

No sabía que, aparte de detallista, podía ser romántico.

Guardé mi teléfono y le eché los brazos al cuello, atrayéndolo a mí.

Él se inclinó lo suficiente y me besó en los labios de manera apasionada, teniendo al Año Nuevo de testigo de aquel comienzo de una historia de amor, que deseaba que fuera para siempre.

Por estar enfrascada en la universidad y en mi sueño de ser una magnífica fotógrafa, nunca me detuve a pensar en el deleite que conllevaba tener novio y lo emocionante que era.

Seguimos besándonos hasta que decidimos volver a respirar y darnos un abrazo.

Recargué mi oreja en su pecho y ambos miramos los fuegos artificiales que no dejaban de dar su espectáculo.

Estábamos lejos de los demás, pero no necesitábamos de nadie más que nosotros.

Desvié mi mirada hacia él y casi tuve un colapso al ver una nueva expresión desbloqueada.

Blackburn Varkáris contemplaba con fascinación los colores del cielo sin soltarme y con una gran sonrisa, notándose un hoyuelo en cada una de sus mejillas que apenas habían sido perceptibles en sus leves sonrisas que me regalaba, pero en aquel instante fueron sumamente notorios.

Y sus ojos brillaban de efusividad.

Sus dedos no dejaron de acariciar mi cintura ante el abrazo persistente.

Él parecía de otro mundo, tan irreal, tan perfecto, tan celestial, tan apolíneo.

Y besarlo era como perderse en el infinito universo, pero manteniéndome en órbita gracias a él.

Y para mi sorpresa, sentí una de sus manos buscar la mía.

Agarró la izquierda y deslizó, pese a estar casi a oscuras, algo circular y frío en mi dedo anular.

Alcé la mano y admiré aquel anillo de plata hecho de margaritas de los cuatro colores: blancas, rojas, rosas y azules.

—Es el sello a nuestro amor sempiterno, Cereza de Otoño—besó mi mano con el anillo y me estremecí.

—Espero no estés bromeando—susurré, temerosa.

—¿Por qué habría de hacerlo?

Jamás besaría a alguien que no me gusta y tú eres la única en la que pienso para besar al dormir y al despertar.

Continuamos admirando la belleza del Año Nuevo y caminamos más adentro del cementerio antiguo para sentarnos a deleitar el cielo.

Había bastante hierba y Blackburn se quitó la chaqueta para ponerla encima y sentarnos.

Recosté mi cabeza sobre su brazo y él, en vez de mirar las estrellas, percibí que me miraba a mí.

—Las estrellas son un buen espectáculo—dije, riendo.

—Prefiero verte a ti.

Lo miré.

Sus pupilas estaban dilatadas y de verdad parecía disfrutar estar mirándome con atención.

—¿Tu amuleto tiene algún significado?

—aventuré a preguntarle, acariciándole la piel de su pecho y sosteniendo el collar, segundos después.

—Puede decirse que es un recordatorio de mis raíces—arrugó la nariz y suspiró, mirando el amuleto que continuaba en mis manos—a veces quisiera solo deshacerme de él e irme contigo hasta el fin del mundo.

—¿Por qué no lo haces?

¿Qué te ata a esto?

—arqueé una ceja.

—Mi vida—respondió con rigidez y amablemente me quitó el amuleto—soy esclavo de esto, ¿sabes?

pero contigo me siento libre.

Sin embargo, cuando estaba por preguntar a qué se refería, escuché pisadas y él se puso alerta.

Blackburn fue el primero en levantarse y a juzgar por su expresión mortífera y a la defensiva, supuse que era alguien a quien él odiaba.

Seguí su mirada y vi a Jake Wood detrás de nosotros.

—No pretendía interrumpir su cita, pero infortunadamente me enviaron a buscarlos—manifestó con fastidio y me miró—Sophie, tus padres te están buscando como locos.

Deberías volver.

—De acuerdo, en un rato más vamos para allá—dije.

Jake asintió, enviándole una mirada de desprecio a Black y viceversa, pero antes de siquiera haber avanzado un par de pasos lejos de nosotros, la tierra debajo de nuestros pies empezó a temblar y alcancé a escuchar como un rugido y crujido en lo más profundo de la madre naturaleza.

Era un terremoto.

Blackburn me agarró de la mano y en un acto deliberado de nerviosismo, se quitó el amuleto y me lo colocó en el cuello con rapidez.

—¡Es un terremoto, vamos!

—gritó Jake.

Blackburn me empujó hacia él y vi la razón: sus pies se habían sumido a la tierra y sus ojos estaban entornados, pero no delataban miedo, sino sorpresa y odio.

Forcejeé con Jake porque no iba permitir que a mi novio se lo tragara la tierra.

—¡Ayúdalo!

—grité a Jake, que no me soltaba.

Él asintió y fue hacia Blackburn.

—¡No se acerque ninguno de los dos!

—vociferó Blackburn—Wood, ¡Llévatela de aquí!

—¡No seas imbécil, dame la maldita mano o te tragará la tierra!

—le espetó Jake, estirando el brazo a él.

La tierra rugió nuevamente y horrorizada vi cómo se agrietaba, dándole acceso a un enorme cráter que se abrió en cuestión de segundos.

—¡Black!

—grité y Jake saltó hacia él con la intención de atraparlo, pero en vez de que eso ocurriera, mi amigo resbaló y rodó hacia Blackburn.

Ambos me miraron con el rostro pálido.

Hicieron el intento de correr hacia a mí, pero el cráter llegó a ellos y cayeron al vacío del fondo de la tierra.

—¡Sophie!

—fue lo último que oí gritar a Blackburn mientras la oscuridad del vacío se lo tragaba y su mano desaparecía.

—¡No!

—grité, lanzándome por donde habían caído y me precipité porque la maldita tierra se volvió a cerrar, dejando una estúpida grieta.

Escarbé como loca, en busca de poder encontrarlos, pero fue inútil.

La tierra se abrió frente a mis ojos y se llevó a mi novio y amigo sin que yo pudiera hacer nada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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