Ephemeral Darkness - Capítulo 17
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17: Capítulo 16 17: Capítulo 16 Perspectiva narrada por Blackburn Varkáris/Caronte• «Días atrás, antes de Navidad y Año Nuevo».
Jamás había experimentado el dolor físico.
Y comencé a saber la magnitud de este a partir del día que decidí poseer el cuerpo de Blackburn Varkáris, un humano recientemente asesinado con quien, con ayuda de Persephone, hicimos un pacto para intercambiar lugares.
Inmediatamente, toda la información de ese joven llegó a mi mente al instante que me introduje dentro de él.
Desde el primer recuerdo hasta el último, cuando fue cruelmente asesinado, incluso sentí el dolor descomunal en el corazón.
Aprendí a mezclarme con los suyos y permanecer aislado en el hospital hasta decir basta.
Hui de ahí, en donde, sin desearlo, encontré a una curiosa humana de nombre Sophie Beaumont en un bar.
Llamó instantáneamente mi atención y decidí que, si el destino nos volvía a cruzar, atravesaría el Inframundo solo por ella y así fue.
Una conexión inexplicable surgió entre nosotros llegando al punto de quedarme en casa de sus padres para pasar las fechas decembrinas que los mundanos celebraban.
No la habría acechado, de no ser porque ella era una humana muy peculiar.
El recordatorio de quien era yo en realidad llegó después de leer el libro favorito de Sophie y sucedió lo inesperado.
El dolor abrumador y asfixiante, similar al recuerdo de Blackburn Varkáris cuando fue apuñalado en el corazón, lo sentí al rojo vivo en el mismo sitio, incapacitándome para respirar o moverme.
Lo último que vi antes de ver todo negro, fueron los hermosos ojos ambarinos y preocupados de mi Cereza de Otoño.
Cuando desperté, me horroricé.
Reconocí las malditas paredes de piedra rojiza con manchas oscuras gracias al fuego infernal y a dos metros vislumbré mi vieja barca y remo, esperándome.
Me encontraba en el averno.
Otra vez.
Toqué mi cuerpo y sí, en efecto, estaba de vuelta en todos los sentidos.
Resople con resignación.
Ni siquiera pude despedirme de mi humana y ella muy probablemente se entristecería al ver el cuerpo de ese humano morir otra vez.
—Te equivocas—escuché la voz cantarina y sensual de Persephone detrás de mí.
Me di la vuelta para encararla.
—Persephone—murmuré, mirándola a los ojos—necesito una explicación, ¿por qué volví?
¿ya terminó el plazo de mi estadía en el mundo humano?
—quise saber con decepción.
—Ay, mi querido Caronte—esbozó una sonrisa divertida—el tiempo es subjetivo.
¿Sientes que has aprendido lo suficiente y que has explorado todo en el mundo humano?
—negué con la cabeza—entonces ahí tienes la respuesta.
Hasta el segundo que quedes totalmente extasiado y te sientas realizado, será el momento de regresar.
El collar que te di es la entrada al Inframundo y al mismo tiempo te protegerá en el mundo terrenal de cualquier criatura que sea enviada por ti, si en caso Hades descubre nuestro secreto.
—¿Y qué me dices ahora?
¿por qué volví?
Persephone hizo un mohín en los labios y se quedó pensativa unos minutos.
—¿Tuviste una emoción fuerte?
—Estaba conversando con mi amiga humana sobre su libro favorito y de repente comencé a sentirme mal.
Supongo que perdí el conocimiento.
—Caronte, sí estás al tanto que no pueden atraerte los humanos en el ámbito carnal y pasional, ¿verdad?
Porque fue uno de los primeros consejos que te di—dijo ella con severidad—ya que, si te llegas a involucrar con ellos y tienes descendencia, será fatal para el Olimpo.
Los dioses se enterarán y nos castigarán con la muerte, en especial Hades y Zeus.
Me tensé.
Era verdad.
Pero el hecho de que Sophie Beaumont me gustase no significaba nada.
—Lo tengo en mente, no te preocupes—tragué saliva— ¿y dónde está Blackburn Varkáris?
—Lo envié de vuelta inmediatamente a su cuerpo para que no muriera en tu ausencia.
Si ya te sientes listo, lo traeré de regreso y te enviaré a ti, ¿de acuerdo?
Asentí.
—¿Y él cómo se la está pasando aquí?
—pregunté antes de regresar a los brazos de Sophie.
—En bomba—bromeó ella—le encanta muchísimo deleitarse con la inmundicia humana, al igual que tú en tus inicios.
—¿Y sabe que yo también estoy disfrutando de la inmundicia humana, pero en el mundo de los vivos?
—Lo sabe y le fascina que ambos estén teniendo su propia experiencia.
De hecho, amenazó con quedarse con tu puesto.
—Entonces cuando lo veas, dile que estaré más que dispuesto a dárselo y yo me quedaré con el suyo.
—Se lo diré—me guiñó el ojo—ahora, estarás en el mundo humano en cuestión de segundos, y yo te acompañaré.
Por lo que vi, tu amiga está muy preocupada por ti y no es seguro que regreses al cuerpo de Blackburn tú solo.
—Sophie te verá y no le hará gracia.
—Seré llamada como me dice Hades, Kore.
Y la relación que tendré contigo será de amistad, y seré tu vecina amante de la mitología griega.
Ya inventaremos más, ahora vámonos—tomó mi huesuda muñeca, pero no me moví— ¿Qué pasa?
—No me has dicho lo que tú deseas.
—Pronto lo sabrás—aseguró.
—Dímelo ya, necesito saberlo—insistió.
Ella sonrió ligeramente y se encogió de hombros.
—Quiero un cuerpo humano femenino para poder tener una verdadera experiencia en ese mundo.
Con mi cuerpo no es suficiente.
Y vas a ayudarme a conseguirlo.
«Actualidad, segundos después de caer al Inframundo».
Teníamos todo para ser felices y en un segundo, lo perdimos.
Me dolió muchísimo que lo último que ella escuchó de mis labios fue su nombre y no un “te amo”, tal como habría querido, que me recordase con amor.
¿Solamente dos meses podía quedarme en el mundo humano?
¿Por qué Persephone no me dio instrucciones del plazo?
Y me hubiera gustado estar preocupado solo por Sophie y por mí, pero para rematar la problemática de la situación; el estúpido humano promiscuo que tanto detestaba también fue tragado por la tierra gracias a Hades.
Caímos justamente en su residencia, que más que monstruosa, era un castillo similar a los de Rumania por simple capricho, ya que nadie de ahí necesitaba dormir ni comer u otras necesidades fisiológicas de humanos en el averno y tuve que ser rápido para salvarle el trasero a Jacob Wood, el mezquino mundano que aterrizó a escasos milímetros del foso infernal en donde las almas de los desdichados ardían por toda la eternidad y que Hades usaba para divertirse, en medio de su sala.
Lo lancé hacia atrás y antes de que gritara como demente, me cercioré de que el golpe fuera lo suficientemente fuerte para noquearlo.
Quedó desmayado detrás de mí.
No supe por qué deseé protegerlo de Hades, si en todo caso, su destino iba a ser el mismo.
—Mi más fiel lacayo, el Gran Caronte, Barquero del Infierno—escuché hablar a Hades desde alguna parte.
Su voz sonaba con eco, señal de que estaba acechándonos—casi no te reconozco con ese cuerpo tan fascinante: sin arrugas, canas ni rostro deprimente, sino atractivo y bello.
Ya decía yo que el “Caronte” que enviaba a las almas a su desgracia, últimamente había comenzado a estar más emocionado y feliz de hacer su trabajo.
Y se debió a que realmente no eras tú, sino el alma de un joven humano usurpando tu lugar—humedeció sus labios—no acabé con él, por si tenías el pendiente, puesto que su laburo fue mejor que el tuyo, debo reconocer.
Ha sido muy útil en tu ausencia.
—Señor—dije, me obligué a mí mismo a no perder la calma—solo quería experimentar el mundo humano y mi idea era volver dentro de poco—mentí—jamás he pensado en abandonar mi trabajo.
— ¿En serio?
—vaciló y escuché sus pasos acercarse sigilosamente.
No obstante, al primero que vi aparecer por la puerta que conectaba a otra habitación de su casa, fue a Cancerbero, su magnífico y espeluznante perro de tres cabezas que nadie podía dominar, excepto él.
El maldito engendro aumentó seis veces su tamaño en menos de dos segundos gracias a Hades y se acercó con sus enormes cabezas a donde yo estaba.
Sus tres mandíbulas abiertas, enseñando los caninos y salivando me desconcertó, señal de que quería atacarme y bastaba con una indicación de su dueño para hacerlo.
—Muy en serio—fruncí el ceño— ¿Cuándo, en todos estos eones, le he fallado?
Me enfurecía tener que demostrarle respeto, cuando en el fondo, solo quería largarme de ahí y volver a mi lugar seguro, con mi Cereza de Otoño y volver a ver sus hermosos ojos ambarinos muy curiosos.
—A Persephone también se le dio por ir en búsqueda de aventuras—comentó, y por fin salió de la penumbra.
Hades podía cambiar su aspecto a voluntad.
Comúnmente optaba por tener una apariencia jovial, pero cuando estaba realmente cabreado, se mantenía tal como era originalmente, un ser escalofriantemente horrible, amorfo y apestoso a azufre, y me sorprendió verlo con una apariencia joven, paralela a la mía.
—Tiene varios días desde la última vez que hablé con ella—le informé—creí que había vuelto ya.
—Mi esposa es muy escurridiza—sentenció, sirviéndose té descaradamente, como si lo necesitase y tomó asiento en el sofá mullido, y me pregunté en qué momento había visto como lucían las casas humanas para imitarlas si él se la pasaba aquí encerrado, a menos que también subiera a la superficie a observar a los mundanos, lo cual era imposible o no tanto.
Era la primera vez que se me permitía entrar a su mansión/castillo/palacio/fortaleza.
—Y me enteré de que te ayudó con un pacto, ¿no es así?
Para que vayas a experimentar con los humanos, pero no quiso decirme a cambio de qué—le dio un sorbo a su té y se acomodo en su sofá.
Me quedé inmóvil en mi sitio porque si Jacob Wood entraba en su campo visual, lo haría arder como carbón—y sé perfectamente que mi Kore es muy juguetona y no ayuda a nadie, a menos que salga beneficiada, ¿o me equivoco?
—arqueó una de sus cejas castañas.
Su apariencia no era atractiva en el mundo humano, podía pasar de inadvertido y hacerse pasar por un hombre entrado en los treinta años, soltero y amargado.
Tenía razón.
Persephone nos había propuesto a Blackburn Varkáris y a mí, intercambiar lugares para que ambos cumpliéramos nuestro objetivo, sin embargo, ella omitió la parte en la que saldría beneficiada, dándonos por hecho que no era muy complicado lo que deseaba y sin pensarlo, aceptamos.
Y a juzgar por las palabras de Hades, comprendí que él ya sabía lo que su esposa anhelaba.
—Desconozco lo que Persephone quiere a cambio—dije con amargura—es probable que quiera algo banal, las personas suelen tener tanto dinero para comprar cosas que no necesitan y por eso pierden el rumbo.
—Vaya, incluso tu manera de hablar ha cambiado—rio Hades—me impresionas.
—No he cambiado de ninguna manera, solo le estoy comentando lo que vi allá—bajé la cabeza.
Hubo un silencio sepulcral, en el que solamente la respiración pausada de Jacob Wood se escuchaba, mezclándose con el crepitar de las llamas infernales.
La mirada oscura y gélida de Hades se postró sobre mí y me mantuve en calma.
Él estaba en su territorio y si luchábamos, yo saldría perdiendo.
Aunque de antemano existía un 10 % de probabilidad de noquearlo por unos segundos, el tiempo necesario para volver con Sophie y salvarle el trasero a Wood.
El verdadero problema era Cancerbero que no dejaba de observarme con atención.
—¿Por qué no tomas asiento?
Debes pensar que soy descortés—bromeó Hades.
No me moví.
—Así estoy bien, señor.
Gracias.
—¿O no quieres que vea a tu amigo humano inconsciente detrás de ti?
—soltó una carcajada y me estremecí.
Di tres pasos a la derecha para darle acceso pleno de Jacob Wood a Hades.
Cancerbero gruñó y se mantuvo nervioso, tratando de acercarse a él, pero Hades lo reprendió con la mirada, haciéndolo retroceder.
Bajé la cabeza al presenciar como el rey del inframundo hacía levitar al humano y lo acercaba a él con elegancia.
Lo dejó suspendido sobre el agujero infernal, sopesando la idea de lanzarlo a las llamas o continuar inspeccionándolo.
—Puedo deshacerme de él en el mundo humano—me atreví a decir—es fácil asesinar a los mundanos en su propio terreno.
—Su apariencia es interesante—murmuró Hades, interesado—de hecho, es atractivo, más que cualquier dios o semidiós.
Tuve náuseas de solo escucharlo.
¿Jacob Wood atractivo?
Debía ser una broma.
—A Cancerbero le encantará poder tener también su primera experiencia humana—expresó Hades, enviándole una mirada a su bestia.
Entorné los ojos, incapaz de creer a lo que se refería.
—No estará pensando en… —En efecto, si mi esposa y tú, fueron capaces de romper mis propias reglas, ¿por qué yo no?
—inquirió con voz mezquina—le daré la misma oportunidad a Cancerbero de divertirse, así como tú, con la diferencia de que él tendrá mi permiso a todo lo que desee.
No tendrá límites de nada, incluso de vincularse a la fuerza con la débil humana de quien te has encaprichado… No obstante, mis puños se movieron antes de que mi mente procesara la información del acto.
Le propicié un puñetazo en la mandíbula, enviándolo hasta el otro lado del recinto.
Wood estuvo a escasos segundos de caer ante el fuego infernal, pero logré capturarlo en mis brazos.
Me lo eché al hombro al tiempo que Hades se ponía de pie y gruñía.
—¡A él!
—le gritó a su bestia y Cancerbero emitió un rugido colosal antes de írseme encima.
Eché a correr con mucha agilidad porque continuaba teniendo el cuerpo de Blackburn Varkáris y su resistencia.
Las paredes comenzaron a derretirse como cera y cuando llegué a la puerta, esta se vino abajo, siendo reemplazada por llamas azules.
Escudriñé a mi alrededor y estábamos adentro de un cubo perfecto de fuego.
Una caja fuerte que solo Hades podía abrir.
Cancerbero se abalanzó sobre mí, lancé a Wood al suelo y arremetí contra la bestia.
Tal vez tenía el cuerpo de un joven humano, pero me hallaba en mi hogar y mi fuerza seguía siendo la misma a cuando era solamente Caronte al igual que mi poder porque Hades no podía quitármelo, ya que era mi naturaleza.
En mi vida jamás arremetí contra esa bestia porque tenía órdenes de Hades de no hacerlo, pero ya nada me importaba, salvo volver a ver a Sophie Beaumont.
La bestia me atacó sin piedad y le asesté una patada a la cabeza de en medio que era la que coordinaba a las otras dos.
Cancerbero quedó aturdido y aproveché a someterlo.
Me monté encima de su lomo y con mi brazo le hice una llave al cuello de la cabeza principal, asfixiándolo.
Las dos cabezas restantes querían hacerme pedazos, pero no podía girar todo el cuello para llegar a mí.
—¡Cómo te atreves!
—vociferó Hades y sentí una opresión invisible en la tráquea, señal de que me estaba haciendo lo mismo que yo a su bestia, pero no flaqueé.
Si había de morir, me llevaría a su maldita alimaña.
Al darse cuenta de que yo no daba indicios de ceder, encogió a Cancerbero hasta dejarlo del tamaño de una cucaracha y se lo colocó encima de su hombro.
Caí al suelo ardiente y me acerqué a Wood para mantenerlo a salvo.
—Déjanos ir, Hades—al demonio con el respeto—volveré a mi empleo cuando sea el momento.
Solo quiero vivir por un tiempo como alguien normal.
—¿A quién quieres engañar, gusano infeliz?
—bramó Hades—eres mi sirviente, y estás atado a mí para toda la eternidad.
No perteneces al mundo humano, no sueñes con que algún día podrás tener un lugar con ellos.
Naciste en la pudrición del universo y ahí te quedarás, conmigo.
Sus palabras calaron lo más profundo de mi ser, y sabía que tenía razón, pero se me había dado la oportunidad de al menos, conocer a Sophie Beaumont y no iba a desperdiciarla.
—El trato con tu mujer no ha terminado—espeté—hasta que ella decida traerme de regreso a este deprimente y oscuro lugar, estaré otra vez a tu disposición, Hades.
—Recuerda que te salvé de las manos de Kratos—me recordó Hades con malicia.
Tan solo escuchar ese nombre, me estremecí, trayéndome muchísimos recuerdos brutales de ese asqueroso dios que era la personificación masculina de la fuerza, poder y dominio, hijo de los titanes Palas y Estigia que casi acabó con mi vida eones atrás con tal de recibir órdenes de Zeus y Atenea.
Hades me defendió, haciéndome su lacayo para llevarle las almas en mi característica barca, gesto que en aquel entonces agradecí sin saber que sería un verdadero tormento—y mi hermano Zeus no me dejó asesinarlo, simplemente me dio la orden de inmovilizarlo en el pozo infernal, pero si yo deseo, puedo liberarlo y hacer que termine el trabajo que empezó.
Cerré los ojos, rebobinando en mis recuerdos cuando yo formaba parte de una familia real.
Mis padres: Érebo, quien era llamado oscuridad y mi madre Nix, la noche más oscura.
Tras sucesos deprimentes, terminé a manos de Hades como muestra de gratitud a su «misericordia».
Y no me arrepentía de haber ayudado por muchos eones a héroes a descender al inframundo con propósitos personales a espaldas de Hades.
Abrí los ojos nuevamente y decidí que pelearía a muerte por mi libertad.
Hades se dio cuenta de mi determinación y su semblante se ensombreció.
Sus malditos ojos se oscurecieron por completo y de su espalda empezó a emanar vapor, señal de estar realmente enfurecido.
Se transformó en el ser más horrible y despreciable del averno.
Su primer movimiento fue lanzarme fuego por la boca.
Me aparté de un salto, llevándome conmigo a Wood.
El idiota seguía ajeno a los problemas y no me dejaba luchar a gusto.
Y sin miramientos, no tuve otra alternativa más que potenciar mi poder.
Hice aparecer mi guadaña.
Tenía eones sin usarla porque no tenía una razón para ello.
Aferré mi arma con fuerza y me puse en posición de pelea, pero no sin antes cubrir a Wood con una llamarada color verde para su protección y me teletransporté hasta la trasera de Hades, dándole un golpe en la cabeza que él no previó y salió volando al otro extremo.
—¡Estoy harto, es suficiente!
—el cubo de fuego se intensificó y el calor se hizo más abrasante, pero antes de siquiera poder recibir algún ataque de su parte, le lancé una onda expansiva que repelió su maniobra.
A pesar de mi mejor habilidad de moverme más rápido que cualquier dios, del suelo, unas cadenas al rojo vivo me sometieron, pero no solté mi guadaña.
Me ardían las muñecas y tobillos al sentir como mi piel humana se quemaba.
Ahogué un grito y utilicé otra onda expansiva para liberarme, pero fue imposible.
Estaba debilitándome.
Era como si esas cadenas estuviesen drenando mi fuerza vital.
Hades se acercó a mí con repugnancia y me pateó la cara con fuerza.
Sentí que mi cuello se rompería.
Escupí sangre y todo me dio vueltas.
—Comienzas a perder tu toque.
Incluso estás sangrando, ¡Qué realista es el cuerpo que habitas!
—se burló—si hubieras tenido tu cuerpo real, estas cadenas no habrían hecho nada contra ti.
—¿Qué más quieres de mí?
—balbuceé, sintiendo el sabor metálico de la sangre—déjame estar en el mundo humano más tiempo, no pido más… —Te costará la vida si te involucras románticamente con esa humana—me advirtió con desdén, dejando las burlas a un lado—y mi hermano Zeus será quien acabe contigo.
—No pasará—mentí.
—Además, el deseo de mi esposa es un cuerpo humano femenino—le oí decir y parpadeé, menos mal ya sabía sobre eso, pero fingí sorpresa— ¿acaso no te das cuenta?
—su sonrisa maliciosa volvió a surgir, enseñando sus colmillos.
—¿Sobre qué?
—fruncí el ceño, sintiendo que me desmayaba poco a poco.
—La humana de la que, al parecer, te has enamorado, es el cuerpo femenino que mi maravillosa esposa quiere y tendrá—me informó—será su recipiente perfecto para movilizarse en el mundo humano.
Mi nauseabundo estado vital evitó que gritase de la desesperación.
Me sentía asfixiado, deseando poder liberarme y arremeter contra Hades hasta dejarlo casi pulverizado porque no contaba con el poder ni fuerza suficiente para derrotarlo.
—Cariño, ¿Por qué lo atormentas?
—la voz divertida de Persephone hizo que continuara despierto, pero en silencio para no perderme ninguna información importante.
—Le he contado sobre el beneficio del pacto que hiciste y casi se muere—bromeó Hades y alcancé a ver como metía sus sucias manos en el escote pronunciado de ella.
Aparté los ojos a otra parte, asqueado.
—Te prohibí que te metieras con Caronte.
El plazo no ha terminado—espetó su mujer de mal humor—ahora te exijo que lo regreses al mundo humano, junto a su amigo.
—Pero, cariño… —balbuceó el rey del inframundo.
—Hazlo o me veré obligada a contarle a Zeus sobre tu estadía también en el mundo de los mundanos, sabes que a él le irrita que los dioses de alto rango anden merodeando fuera del Olimpo o de su hogar.
Aquello iba a servirme de mucho.
Esa información valía muchísimo.
Zeus podría ser mi aliado si las cosas se descontrolaban; pero tenía yo que tener cuidado, ya que Hades podría soltar a Kratos y ser mi ruina total.
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