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Ephemeral Darkness - Capítulo 21

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21: Capítulo 20 21: Capítulo 20 «En algún lugar del Inframundo».

Eones de esclavitud, miseria, dolor y decepción.

¿Por qué había tenido que ser castigado, si lo único que él hizo fue acatar las órdenes de Zeus, uno de los dioses principales del Olimpo?

Ni siquiera su existencia era recordada por nadie.

Había permanecido demasiado tiempo encadenado en un foso infernal en lo más recóndito del maldito inframundo, sometido por Hades, quien interfirió en su cometido y Zeus jamás lo ayudó a salir porque no podía meterse en los terrenos de su hermano.

O al menos, eso le había informado Persephone cuando ella se apiadó de él y convenció a su esposo de no aniquilarlo, sino simplemente mantenerlo cautivo por toda la eternidad.

—Estás aquí por tus actos, Kratos—le había dicho Persephone con pesar—si tan solo hubieras tenido sentido común y voluntad propia, estarías libre.

Zeus podrá ser quien gobierna el Olimpo, pero pudiste rehusarte, así como tus hermanos Zelo, Niké y Bía.

Ellos se alejaron rotundamente de las enemistades.

—Yo formo parte del séquito de Zeus y Atenea—bramó Kratos, tratando de zafarse de las cadenas infernales, pero ni con toda su fuerza logró absolutamente nada—y se me encomendó destruir a Caronte.

—Caronte lleva tu sangre—espetó Persephone—tu madre es hija de Érebo y Nix, padres de Caronte, ¿acaso quieres terminar como tu progenitora, mi querido Kratos?

—¡No hables así de ella en mi presencia!

—siseó Kratos.

—Ella personifica ahora el río del inframundo—dijo Persephone con desdén—Estigia, por sus malas decisiones fue convertida en el río Aqueronte donde es usada para trasladar a las almas a Hades en compañía de Caronte y su barca infernal.

—No comprendo por qué Hades intervino en mi encomienda—siseó Kratos.

—Él siempre fue del agrado de mi esposo—respondió Persephone—y ahora que se ha hecho su lacayo fiel, está bajo su protección.

Nadie puede tocarlo, salvo Hades.

De nada te sirve ser Kratos, personificación de la guerra, el poder, la violencia, y la fuerza, si uno de los dioses principales te tiene a su merced.

Recordaba una y otra vez la última conversación que tuvo con Persephone o cualquier ser vivo desde que fue encadenado a esa prisión para siempre.

Se estaba volviendo loco.

Añoraba morir.

Cada segundo, cada minuto y cada hora, ese era su deseo.

Lamentablemente era un ser inmortal y jamás podría morir, y aunque, si eso fuese posible, regresaría al inframundo para volver a sufrir.

Era un círculo vicioso y sin salida.

Sus rodillas le crujían cuando cambiaba de posición, pero era imposible lograr conciliar el sueño por el dolor, el calor insoportable y por los malditos gritos de las almas a lo lejos.

Adormilado por sus demonios personales, cerró los ojos y sintió que, por fin, luego de eones, lograría dormir, pero un estruendoso ruido lo hizo abrir los ojos bruscamente y ubicar de donde había provenido el sonido.

Parpadeó, perplejo al ver que Hades había bajado hasta su celda en compañía de Caronte y Persephone.

—Kratos, había olvidado por completo tu existencia en mi reino—se burló Hades con arrogancia.

—¿Vas a liberarme?

—preguntó Kratos con demasiada inocencia para ser un ser sanguinario.

—Algo mucho mejor—Hades tomó asiento sobre un montículo de tierra escarlata y señaló a su esposa—dile, cariño.

Persephone continuaba siendo tan hermosa como Kratos recordaba y por primera vez en mucho tiempo, notó que estaba nerviosa y se rehusaba a hablar.

—¿Lo haces tú o yo?

Porque insististe en venir conmigo—espetó Hades, perdiendo la paciencia.

Ella bajó la mirada a sus pies y retrocedió, quedando junto a Caronte.

Ni viendo a Caronte se sintió motivado, ya que era por su culpa que estaba ahí, pudriéndose.

Hades elevó los ojos al techo, sulfurado y se dedicó a mirar al prisionero con incertidumbre.

—¿Qué quieres de mí?

—inquirió Kratos—me has arrebatado mi libertad, ¿Qué más quieres?

—Estoy aquí para negociar tu libertad—reveló Hades con jovialidad, haciendo que Kratos se revolviera nervioso.

—¿A cambio de qué?

—el prisionero sabía perfectamente que Hades no hacía favores gratis.

Había siempre un beneficio.

—Tráeme la cabeza de Caronte y obtendrás tu libertad.

Te daré muchísimas riquezas si logras cumplir con esa encomienda.

Kratos frunció el ceño y dirigió su mirada a Caronte que yacía detrás de Hades con el rostro inexpresivo.

Lo único extraño fue que no portaba su guadaña en la cintura.

—¿Qué?

Pero si ese malnacido está ahí mismo—lo señaló con la barbilla—además, tú mismo me condenaste a este agujero por intentar asesinarlo hace muchísimos eones porque fue una orden directa de Zeus.

—Sucede que, este “Caronte” —dijo Hades, haciendo comillas con los dedos cuando mencionó el nombre—no es el real.

Mi esposa, Caronte y el alma de un humano, hicieron un acto de rebeldía a mis espaldas—le informó—así que, el alma del humano le otorgó su cadáver a Caronte para que este viviera su experiencia humana en el mundo terrenal con los mundanos.

Obviamente, Persephone fue la que hizo que todo fuera posible porque, según ella, anhelaba que el barquero le consiguiera un contenedor femenino para poder estar entre los mortales cuantas veces quisiera y tener experiencias más vivas.

«Sin embargo, resultó terriblemente mal cuando se dio cuenta que el estúpido barquero comenzó a sentir sentimientos románticos hacia una humana.

—¡Si tanto quieres a Caronte aquí, no debiste dejarlo regresar cuando te enfrentó!

—chilló Persephone, con los ojos llenos de lágrimas.

—Me sedujiste para que él pudiera huir—ladró Hades—ahora cállate porque ya pasó tu turno de hablar.

Angustiada, ella asintió y se mantuvo en silencio con los labios apretados.

—Todo saldrá bien—le susurró Blackburn a Persephone.

—No.

Tú no sabes de lo que es capaz Hades.

Está furioso y yo tengo la culpa.

Blackburn quiso añadir algo más, pero la voz gutural del rey del inframundo hizo eco en las paredes.

—¡INTERCAMBIARON CUERPOS, ANIMAL!

—vociferó Hades cuando Kratos le expresó su confusión con la mirada.

—¿Y cómo tendré la maldita certeza de que cumplirás con tu palabra de liberarme?

—No solo tú o yo saldremos beneficiados—expuso Hades más calmado—mi esposa no será castigada, Blackburn Varkáris, que es quien está usurpando el puesto de Caronte en la barca, será devuelto al mundo humano con los suyos como muestra de haber sido fiel a sus principios cuando me enteré de la verdad, porque, a decir verdad, era lógico que aceptaría un trato tan descabellado porque es un mundano y son fáciles de corroer.

—¿Qué hay de Amber Wright?

Ella fue quien me informó de lo que estaba haciendo Caronte con mi cuerpo—interrumpió Blackburn con temor.

—Ella como no posee un óbolo, dejaremos que sea llevada directamente con las demás almas sin que pague nada—eludió Hades.

—¿Y qué le pasará a Caronte?

—quiso saber Kratos.

—Ocupará tu lugar—le guiñó el ojo Hades—estará prisionero acá abajo, a menos que de verdad logres acabar con él y me traigas su cabeza.

Ahora Caronte tiene una debilidad y es una chica humana llamada Sophie Beaumont.

Persephone ahogó un sollozo con tristeza y en un chasquido proveniente de Hades, las cadenas infernales se abrieron y liberaron las extremidades de Kratos, haciendo que este cayera de bruces al sucio suelo escarlata.

Le ardió la cara por el vapor y se incorporó con debilidad.

Tenía la ropa muy sucia y apestaba.

Una larga barba casi como la de Caronte adornaba su rostro.

—Le doy mi palabra de que haré lo posible por terminar la tarea de derrotar a Caronte—dijo Kratos con frialdad.

—Pero antes de que vayas directamente a buscarlo, quiero que recibas un par de obsequios de mi parte para que puedas acercarte a él sin que sospeche quién eres—alardeó Hades.

—¿Mejorarás mi aspecto?

—Mucho más que eso.

Los humanos se dejan llevar por lo visual—comenzó a decir, cruzándose de brazos y mirando a Kratos de pies a cabeza—la humana que se enamoró de él fue por su apariencia… —Mi apariencia—dijo Blackburn.

Kratos volteó a verlo—es decir, de mi cuerpo humano.

Yo era muy atractivo.

—Así que la chica que está loca por Caronte cree que él es realmente ese cascarón de belleza, y no sabe que su verdadera apariencia es una mierda—canturreó Hades y Persephone se limpió las lágrimas con indignación.

—¿Y entonces qué harás conmigo?

¿Me harás más atractivo?

—Kratos quiso reírse.

—Vas a tener un rostro increíblemente atractivo que nadie dudará de ti ni un segundo.

Tu primer trabajo será acercarte a esa humana y alejarla de él, después aniquilas a Caronte o lo traes directamente a mis pies—Hades expuso aquel plan tan siniestro con una sonrisa—y vas a rociarte este elixir sobre ti cuando comiences tu encomienda.

Eso evitará que él te reconozca.

Le lanzó una pequeña botella de cristal con un líquido brillante en su interior.

—Funciona ocho horas humanas—le indicó—si notas que va terminando, no te preocupes, se rellenará solo.

Pero no olvides rociártelo, ¿entendiste?

Porque si él se da cuenta antes, estarás perdido y juro que te condenaré aquí por siempre.

—¿Usaré mi nombre o un apodo?

—Estás imbécil, ¿no?

—Hades lo miró como si fuera idiota—si vas y te presentas como Kratos, será lo último que harás.

—Bien—carraspeó— ¿Cuál será mi maldito nombre?

Porque si quieres que me acerque a esa mortal, debo tener un nombre humano.

—Kane Kelly—sugirió Hades—el significado de este nombre y apellido significan tu personificación: poder y guerrero.

—De acuerdo, ¿alguna advertencia más?

¿una pista?

—Kratos comenzó a ejercitar sus brazos y piernas luego miles de eones atrapado en esa pocilga ardiente.

—No te enamores de esa humana—le advirtió Hades con severidad—esa chica tiene una habilidad misteriosa para robarle el corazón incluso al ser más frío que existe, un claro ejemplo es Caronte.

Él ahora haría todo por ella, incluso morir para salvarla.

—Jamás caeré en tentación—rugió Kratos—rechacé a muchas ninfas y semidiosas, ¿acaso crees que esa humana logrará superar el estándar de belleza del Olimpo?

—No cantes victoria, Kratos—siseó Persephone—o puedes arrepentirte de tus palabras.

—Sophie Beaumont es muy hermosa—acotó Blackburn—y si no te preparas, te tendrá donde ella quiere: comiendo de su mano.

Kratos le envió una mirada de desprecio a ese usurpador y luego tragó saliva.

—Estoy a tus órdenes, Hades—y se arrodilló ante él—dame todo lo que necesito para traer de vuelta a ese imbécil.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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