Ephemeral Darkness - Capítulo 22
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22: Capítulo 21 22: Capítulo 21 «Jake Wood, en algún lugar del Inframundo».
Agua.
Agua era lo que más deseaba en aquel momento.
Sentía demasiado calor y vapor en todo su cuerpo.
Sus párpados le pesaban y le costaba abrir los ojos.
El último recuerdo que tenía en la cabeza era haber caído al vacío por intentar ayudar al idiota de Blackburn Varkáris y caer junto con él al fondo de la tierra.
Lógicamente debería haber muerto por la caída.
Pero no fue así.
Jake Wood se hallaba más vivo que nunca, pero le era imposible abrir los ojos sin que sintiera aquel vapor y calor extraño que le abrasaban el rostro.
Al aire era rancio y caluroso.
—Es un humano—escuchó una voz rasposa muy cerca de él, pero se mantuvo inmóvil.
—No es posible, no hay manera de que continúe con vida aquí—replicó otra voz igual de espeluznante que la primera.
—Si sigue con vida podríamos poseerlo e ir al mundo de los vivos—vaciló un tercero y Jake luchó contra toda su voluntad para abrir los ojos.
Sentía que estaba en la famosa “parálisis del sueño”.
A través de sus pestañas, vislumbró tres siluetas humanoides a escasos dos metros de donde él estaba.
Jake, a medida que sus pupilas se iban familiarizando con el tono escarlata de la estancia, se dio cuenta que no estaba en Snowshill ni en ningún otro sitio conocido.
Gruñó por el esfuerzo y logró sentarse abruptamente, asustando a los tres cotillos, que saltaron del susto al verlo incorporarse.
Jake sacudió la cabeza y volteó a verlos rápidamente.
Parpadeó y tragó saliva.
¿Qué demonios eran esas cosas?
Eran tres seres enanos con piel parecida al alquitrán, no tenían orejas, pero si unas manos y pies enormes con largas uñas afiladas.
Sus dentaduras no eran más que colmillos y sus ojos oscuros como un abismo eran pequeños y siniestros.
—¿Dónde estoy y quiénes son ustedes?
—espetó Jake, usando su enfado para no demostrar el miedo que lo estaba corroyendo por dentro.
La tierra escarlata que ardía bajo el tacto y que se hallaba debajo de él era lo que lo tenía más nervioso.
—Estás en el reino subterráneo, por supuesto—le contestó uno de ellos con una sonrisa horrible—en el territorio del señor Hades, único dios y rey del inframundo.
—Y no importa quienes somos nosotros porque, al fin y al cabo—repuso otro, guiñándole un ojo a Jake—no saldrás de aquí… —Estés vivo o muerto, ya perteneces aquí—terció el que último.
—¿Qué?
Me vi arrastrado aquí en circunstancias que yo no deseé—increpó Jake, aterrorizado—y les pido de la manera más civilizada de que me ayuden a salir de aquí.
—Nadie sale del Inframundo—le informó uno de ellos con arrogancia—a menos que el señor Hades lo permita y no creo que seas alguien importante para él.
—Escuchen—Jake se puso en pie a la defensiva cuando vio a los enanos de alquitrán acercarse a él—esto es un malentendido, de verdad… Sin embargo, los hombrecitos de alquitrán ensancharon más sus sonrisas y Jake comprendió que hablar con ellos era una pérdida de tiempo; por lo tanto, se irguió lo suficiente y girando deliberadamente en dirección contraria a sus verdugos, comenzó a correr tanto como le permitieron las piernas y aquella maldita tierra escarlata que quería hacerle arder los tenis y las plantas de sus pies.
No sabía a dónde ir, pero debía alejarse de esos seres anormales.
Recorrió varios metros sin detenerse, mirando a todas partes, y todo era rojizo, vaporoso y ardiente.
¿Cómo era posible que el Inframundo era real y Hades también?
¿Acaso no solo era un mito griego?
No obstante, al ver, por encima del hombro, que ya no era perseguido, se detuvo un momento a recuperar el aliento.
El sudor no paraba de escurrirle por todas partes y la angustia lo hacía querer gritar.
Se dejó caer en el suelo y miró al supuesto cielo que parecía sangre flotando.
Olía a azufre, muerte y desdicha.
Lo peor era que ni siquiera el imbécil de Blackburn Varkáris estaba ahí, ¿se habría ido al “Olimpo/Cielo”?
de solo pensar en esa posibilidad se echó a reír sin humor.
¿Qué pasaría con él?
¿Quedaría atrapado por el resto de su miserable vida ahí?
¿O sería mejor buscar a alguna criatura feroz del averno para que lo hiciera pedazos y evitar más miseria?
—Honestamente no es tan mala idea todo lo que estás pensando.
Jake se levantó de un salto al escuchar una voz femenina conocida.
—¡Sophie!
—exclamó esperanzado al ver el cabello rojizo de aquella chica que tenía frente a él, pero se sintió avergonzado y devastado al ver que no era «ella»; y luego la sensación de desasosiego lo invadió al reconocerla— ¡Tú!
¡Eres la vecina de Varkáris!
¿Cuál es tu nombre?
¡Ah, sí!
¡Kore!
—Y tú eres el amigo de Sophie, ¿verdad?
—dijo ella, orgullosa de que la recordaba.
Se acomodó su rojizo cabello en el hombro derecho con vanidad y le regaló una amplia sonrisa.
—¿Qué hago aquí?
¿Qué es este lugar y quién eres realmente tú?
—titubeó Jake.
—Sabes perfectamente que estás en el Inframundo, querido—canturreó ella, suspirando—yo soy Persephone, reina de este lugar porque mi esposo es Hades.
Y estás aquí por error, eso es obvio, ya que no estás muerto.
—¿De verdad esto es cierto?
¿no estoy en coma o algo así?
—se le erizó la piel.
—Es una pena que hayas estado en el lugar equivocado, en el momento menos deseado—dijo ella, retomando la seriedad—ven, demos un paseo para conversar.
Jake asintió, no muy convencido.
Tenía miedo, pero la presencia de esa chica le inspiraba confianza y mucha curiosidad para con el inframundo.
Mientras andaban por aquel terreno rojo, él se encargó de escudriñar a su alrededor.
Escuchaba gritos y lamentos lejanos en agonía, los cuales se iban incrementando cada vez más, señal de que estaban a pocos metros de ver de dónde provenía todo aquello.
—Ten cuidado al caminar—le advirtió Persephone—o no querrás caer al pozo de almas, perder la vida y quedarte aquí para siempre.
—¿Por qué vives aquí?
Es repugnante—musitó Jake, siguiéndola muy de cerca.
—Una mujer debe estar en donde está su marido—repuso Persephone, pero en su voz se notó un dejo de angustia—, por eso intento subir al mundo humano algunas veces para distraerme porque no puedo irme de aquí.
—¿Por qué no?
Persephone volteó a verlo y sus miradas se encontraron.
—Soy su esposa—respondió.
—¿Y eso qué?
Estar casados no es sinónimo de prisión—expuso Jake con el ceño fruncido.
Ella se encogió de hombros.
—¿Qué puedo hacer?
Hades se enamoró de mí cuando apenas era una chiquilla adolescente y me trajo aquí, tomándome a la fuerza—dijo con tranquilidad, simulando que lo que acababa de decir no era algo grave—mis padres no hicieron gran cosa para recuperarme y decidí dejar de luchar.
—¿Amas a Hades?
—preguntó Jake.
—No lo amo—fue la respuesta de Persephone, esbozando una triste sonrisa—pero lo quiero.
Le tengo mucho aprecio porque me dio poder y libertad en su reino.
Después de él, yo estoy al mando.
—¿O sea que estás conforme con lo que te da ese sujeto?
—Es mi vida ahora—dijo ella, frunciendo el ceño y mirando a otra parte—y su nombre es Hades, no sujeto.
—Qué deprimente—objetó Jake y Persephone le envió una mirada fulminante—ni en este mundo de fantasía los dioses, ninfas u otros seres, se salvan de la decadencia, egoísmo y miseria.
—¿A qué te refieres, mundano insolente?
—siseó ella, enfadada.
Persephone difícilmente lograba enfadarse, pero cuando eso ocurría, era porque le habían dado en su ego o en una herida del alma.
—¿De qué demonios te sirve ser la increíble Persephone, reina de este estúpido mundo hundido en la porquería y tener poder, si tu “esposo” es un tirano que no sirve para nada más que hacerte sentir una mierda?
Asumo que desearías volver a casa y encontrar el amor de verdad.
—¿Tú qué sabes del amor, si la humana a quien amas está enamorada de otro?
—espetó la fémina, haciendo que Jake se ruborizara.
—Técnicamente es tu misma situación… —¡Cállate, desde luego que no!
—Persephone se detuvo y se volvió hacia a él—y no te permito que… —Estoy en este lugar en contra de mi voluntad y al menos, deberías permitirme dejar de hablar—dijo Jake—o pensaré que eres igual a Hades.
—¡No soy como él!
—Entonces déjame terminar de hablar.
Ella asintió con el labio inferior entre los dientes.
—Cuando dije que mi situación con Sophie es la misma que la tuya, no quise abrumarte—planteó Jake—me refería a que es un amor no correspondido.
Tú no amas a Hades a pesar de que él a ti sí.
La pelirroja asintió.
—Sería exactamente la misma situación si a mí me hubiese valido un rábano la decisión de Sophie y la hubiera obligado a estar conmigo en contra de su voluntad—explicó—pero como bien sabes, eligió a tu amigo… —Jake parpadeó—espera, si tú eres Persephone, ¿Quién es él?
—Caronte—enunció Persephone con calma—Blackburn Varkáris es en realidad Caronte, el barquero del infierno.
El rostro del chico palideció.
—¿Qué?
—a Jake Wood nada podía sorprenderle más.
—Pero en el cuerpo de un chico humano—ella le restó importancia—porque él no habría podido estar entre los mundanos sin llamar la atención.
Su apariencia no es muy… ¿Cómo dirían ustedes?
—¿Atractiva?
—¡Eso es!
Su apariencia es poco atractiva al ojo humano, incluso aquí.
—Si Sophie se entera… —bromeó Jake.
—Ni se te ocurra.
Sophie está enamorada también de la personalidad de Caronte, no solo de su físico, ya que, si ella fuese una humana superficial, te habría hecho caso a ti, porque no eres feo—reconoció ella, ruborizada—tu belleza resalta entre los de tu especie y en mi mundo podrías haber sido confundido como un dios o un semidiós.
Jake humedeció sus labios y le envió una mirada coqueta que ella correspondió con un guiño.
—¿Retomarás lo que estabas diciendo de mi esposo?
—le instó ella con una ceja arqueada, puesto que él se había quedado ensimismado mirándola.
—Eh… sí—balbuceó—en resumen, no eres feliz.
Necesitas liberarte de esas cadenas que te atan a él.
—No puedo pensarlo porque sé lo que sucedería.
Hades se volvería loco y haría un caos en el Olimpo y en el mundo humano—se estremeció ante la idea—me ama tanto que lastimaría a los demás con tal de recuperarme.
—No te ama—le contradijo Jake con severidad—solo quiere tenerte apresada a su lado, como un trofeo.
Y si en realidad sintiera eso por ti, te habría cortejado como es debido hasta lograr ganarse tu corazón.
Yo hice eso con Sophie, pero no funcionó y, aun así, no la obligué a estar conmigo.
Ella eligió a Caronte.
—¿Cómo es posible que no hayas logrado hallar a otra chica para reemplazar ese amor que sientes por ella?
—Es imposible.
Si tú conocieras a Sophie muy a fondo, te darías cuenta de que es una chica extraordinaria.
Vibra muy hermoso y te contagia de su optimismo.
—Busca a otra chica similar a Sophie o resígnate—le aconsejó Persephone—porque jamás podrás tener su corazón.
El corazón de esa humana le pertenece a Caronte, el barquero del infierno.
Siguieron avanzando hasta llegar a un camino estrecho en donde la reina del inframundo se detuvo y extendió la mano a Jake, quien, confundido, se la estrechó y ella lo afianzó bien a la suya.
—Quiero que veas el espectáculo en primera fila, pero no te muevas, ¿de acuerdo?
—le advirtió—y tampoco prestes atención a lo que escuches o si reconoces a algún familiar entre las almas que veremos a continuación.
Jake Wood quiso preguntar a qué se refería, pero se quedó boquiabierto al presenciar desde lo alto, la negrura de un abismo, que iba iluminándose a medida que lava hirviendo caía hasta el fondo, aumentando los gritos que fueron haciéndose más estruendosos.
El abismo estaba llenándose de lava y, por ende, las almas iban apareciendo.
—¡Son personas!
—gritó Jake, horrorizado.
—No, son las almas de personas que fallecieron, pero a Hades le pareció conveniente que mantuvieran su imagen corpórea a como fueron en vida—explicó ella, sin dejar de mirar al abismo.
Miles y millones de almas desgraciadas alzando los brazos para ser auxiliados.
—¿Y para qué es todo esto?
¿no es suficiente castigo que estén aquí como para que les lancen lava?
—Jake chasqueó la lengua con decepción—debieron haber tenido una vida deprimente, ¿Qué ganan con más sufrimiento?
—No les duele—dijo ella—simplemente temen que les “duela” y quieren volver a casa.
—¿A dónde irán después de la tortura?
—hizo una mueca.
—Es un filtro.
Hades los juzgará y determinará si merecen continuar ahí por toda la eternidad o durante unos cuantos eones o bien, si fueron un poco menos imbéciles en vida, mandarlos a reencarnar y enmendar sus errores del pasado.
Jake entornó los ojos por la sorpresa.
—¿En serio existe la reencarnación?
—Creí que a estas alturas ya no estarías de escéptico—rio Persephone y Jake se sintió extraño.
Los ojos verdes de ella brillaban de diversión y eran muy hermosos porque unas largas pestañas los adornaban.
Cabía recalcar que no tenía ni una gota de maquillaje, lo cual hacía ver su belleza natural muy deslumbrante.
Los hoyuelos de sus mejillas al reír a carcajadas eran lo más adorable de esa chica.
—¡Jake!
Él frunció el ceño y bajó la mirada hacia el abismo.
—¡Jake, hijo!
El mencionado abrió los ojos más de la cuenta y se cubrió la boca con las manos a causa de la impresión.
De entre los millones de almas, justo encima de lo que parecía una roca, se hallaba una mujer de edad muy avanzada.
Una anciana.
Ella extendía los brazos hacia a él con los ojos llenos de lágrimas.
—¡Ayúdame, por favor!
—le imploró.
—¡Abuela!
—gritó Jake e hizo el ademán de acercarse más al borde, pero Persephone lo detuvo del brazo.
Él miró a la chica con desdén— ¡Es mi abuela, tengo que ayudarla!
—No puedes—manifestó Persephone con fastidio—ella está muerta y no puedes hacer nada.
—Pero… —le tembló el labio—… ella no puede estar aquí, ¡Era devota a Dios y no era mala persona!
—Escucha, Jacob Wood—gruñó Persephone con irritación, agarrándolo por los hombros—aquí no existe el bien o el mal, la religión o creencia, simplemente es el más allá después de la vida.
Hayas sido un humano bueno o malo, vendrás aquí en algún momento.
Juzgado por igual, pero dependerá de tus acciones tu destino—le compartió en un susurro—si tu abuela está en el pozo de las almas es porque así debe ser.
Nadie puede interferir, ni siquiera Hades.
Mi padre Zeus y Poseidón le dieron este reino subterráneo, pero ya funcionaba desde el principio de los tiempos y no va a cambiar nunca.
Jake cerró los ojos un momento ante los gritos de su abuela a la que tanto amó.
—¡Lo siento abuela, es tu destino!
¡No olvides que te amo!
—le gritó.
Persephone sonrió satisfecha y le acarició la mejilla a Jake, tomándolo por sorpresa.
—Siento que es una lástima que Sophie no se fijara en ti—murmuró con timidez, sin dejar de agarrarlo de los hombros—tienes unos rasgos malditamente atractivos.
—Tengo ascendencia italiana, quizá es por eso… Persephone se acercó más al chico y este, sin dudarlo, intentó besarla.
—¿Qué crees que haces?
—ella se apartó, desconcertada.
—Pensé que querías que te besara—titubeó.
—¡No!
Solamente iba a decirte que ha sido muy inteligente en ya no darle más importancia a tu familiar mientras le cae lava encima—exclamó, frunciendo el ceño—además, ¿estás loco?
Estamos en el territorio de Hades, ¿quieres hacerle compañía a tu abuela en cinco minutos?
—No, discúlpame, yo… —Eres demasiado intenso, Jake Wood.
Guapo, pero intenso, mejor vamos, sigamos, que todavía no hemos terminado nuestro paseo.
Con la cara roja como tomate, Jake siguió a la hermosa diosa hasta llegar a un lugar similar a un castillo en obras negras.
Estaba en ruinas, pero enanos de alquitrán, como los tres que lo persiguieron antes de encontrarse a Persephone, estaban reparándolo.
—¿Por qué tu propio tío te hizo su mujer?
—inquirió Jake—todavía no me queda claro porque ven normal el incesto.
Es algo insano.
En el mundo humano ya hubieran arrestado a Hades por pedófilo e incestuoso.
—Te sorprenderá saber que aquí es como cualquier cosa—suspiró—es también para mantener el linaje, de lo contrario, habría más semidioses que dioses.
Mi padre Zeus ha estado con muchas mujeres de su familia, e incluso se convierte en animal cuando algo desea.
Es perturbador si te pones a pensar, pero no somos nadie para juzgarlo.
Él es el dios principal del Olimpo y hace las reglas.
—Deberías leer los libros y ver las películas de Percy Jackson—le aconsejó Jake.
—¿Qué es eso?
—Habla de la mitología griega y de los semidioses.
Es entretenido.
Percy Jackson, según en los libros y películas, es el hijo de Poseidón con una humana.
—Poseidón ha tenido muchos hijos con humanas, no sabría decir a quien se refiere en esos relatos.
De repente, un estallido desde el castillo los hizo mirar hacia ahí.
El rugido perteneciente al de un monstruo heló la sangre de Jake por el miedo.
—Es solo Cancerbero—dijo Persephone—debió haber perdido algún juguete.
—¿El perro de tres cabezas?
—dijo él, sintiendo la boca seca.
Ella asintió.
—Es la mascota de Hades.
Tiró de él y se encaminaron cerca del castillo, rodeándolo.
En el trayecto, Jake observó con atención a los enanos de alquitrán y estos le devolvieron a mirada con rabia.
—El motivo por el cual te he traído aquí—le escuchó decir a Persephone cuando esta dejó de caminar frente a una cueva oscura—es porque quiero encomendarte algo en secreto, que por ningún motivo debe saber mi esposo, ¿correcto?
O te asesinará.
—¿Por qué tengo la sensación de que me matará de todos modos?
—Yo te voy a proteger para que él no se dé cuenta que has sido enviado bajo mis órdenes y no las suyas, ya que Hades va a mandarte a hacer algo más peligroso.
—¿De qué se trata?
—Hades se enteró de mi trato con Caronte y el humano a quien tomó su cuerpo prestado… Persephone fue breve en la explicación para mantenerlo informado y Jake deseó vomitar.
¿Qué clase de demencia había sido aquella?
—¡Están locos!
—Los tres teníamos nuestras razones—añadió ella, exasperada y puso los ojos en blanco—y el punto es, que tu misión es acompañar a Kratos y rastrear a Caronte, pero en el camino, harás lo posible para manipularlo y hacerlo desistir de asesinar a su objetivo, ¿comprendes?
—¿Quieres que yo, un simple humano, interfiera en una pelea de dioses y seres míticos y poderosos?
—agregó él con sarcasmo—con todo respeto, diosa Persephone, pero has perdido la cabeza.
—Te otorgaré poderes para defenderte, no estarás por tu cuenta.
—¡PERSEPHONE!
—la voz gutural de Hades hizo temblar el suelo.
—Solo acepta, por favor.
Kratos está a punto de irse y Hades te enviará a la fuerza de todos modos sin nada a cambio ni poderes.
—Si acepto tu encomienda, ¿me darás poderes y estaré en libertad después?
—Sí, te lo juro.
—¿Cómo puedo confiar en ti?
Entonces Persephone agarró su mano y sacó una daga de oro de su cintura con la que tenía libre.
Se hizo un corte en la que sangre color vino emanó de su piel, tomó la mano de Jake e hizo lo mismo.
El chico hizo una mueca y parpadeó, confundido.
—“Juro por Apolo médico, por Asclepios, por Higia y Panacea, por todos los dioses y por todas las diosas y los tomo por testigo, que ejecutaré completamente según mis fuerzas y según mi juicio este juramento, compromiso y pacto de sangre para con este humano de nombre Jacob Wood”.
—Recitó la diosa de la muerte con voz fuerte y firme, y a continuación, unió sus manos.
Herida con herida.
Sangre con sangre—yo Persephone, te otorgaré parte de mi poder de diosa para que cumplas con tu deber, joven humano.
No morirás, tendrás la fuerza suficiente para derribar un edificio y mi protección divina.
Jake sintió como desde su mano entrelazada con la de ella, iba recorriéndole algo a través de sus venas hasta alojarse en lo profundo de su ser que lo hizo doblarse de dolor y soltarla.
Era una punzada que iba desde su estómago al resto de sus extremidades, incluso en la cabeza.
Persephone deseó ayudarlo, pero entró corriendo a la cueva, limpiándose la sangre en su ropa y guardando la daga de oro.
Mientras el chico humano agonizaba de dolor, Hades, Blackburn, Kratos y Persephone salieron a encontrarlo.
—¿Qué infiernos le sucede?
—bramó Hades, perdiendo la paciencia.
—Vio a su abuela en el pozo de las almas—respondió Persephone con una risita nerviosa.
—Kratos, familiarízate bien con este torpe inútil—Hades señaló a Jake que tosía incontrolablemente, agarrándose el estómago—porque te va a hacer compañía.
Será un buen señuelo para atraer a la noviecita de Caronte y posteriormente a él.
—¿Y si mi estorba?
¿Puedo asesinarlo?
—preguntó Kratos, emocionado por la idea—llevo eones sin pulverizar a nadie.
—Solo si es un estorbo—musitó Hades—ahora lárguense.
Kratos ya no estaba vestido con harapos ni sucio.
Hades le había proporcionado un mejor rostro y un cuerpo perfecto para el mundo humano y apariencia juvenil para no parecer un pedófilo.
Necesitaba ganarse la confianza de esa humana y así terminar con su trabajo.
No había visto su reflejo, pero confiaba que se miraba atractivo.
—Espero no te olvides del trato—le recordó Kratos a Hades con incertidumbre, encaminándose a Jake Wood—o de lo contrario, buscaré a Zeus para que interfiera.
Estás advertido, Hades.
Hades esbozó una sonrisa y en vez de dentadura normal, enseñó muchos colmillos y sus ojos se volvieron completamente negros.
—Un dios siempre cumple su palabra—siseó, lanzando fuego de sus palmas—y no me hagas enfurecer y lárgate con el humano.
Kratos, confiando en sus palabras por primera vez, levantó a Jake y se lo echó al hombro como un saco de papas.
Con un chasquido, Hades abrió un portal en el aire y Kratos lanzó primero al chico y luego saltó él en el interior, cerrando la abertura en un segundo.
—Eres muy cruel—se quejó Persephone, limpiándose una lágrima.
—La vida es cruel, mi adorada Kore.
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