Ephemeral Darkness - Capítulo 24
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24: Capítulo 23 24: Capítulo 23 Tras numerosas indirectas de nuestra parte, Kane Kelly regresó por fin a su dormitorio y Blackburn aseguró la puerta con extrema desconfianza.
—¿Por qué piensas que es sospechoso?
Es como cualquier alumno de nuevo ingreso—le dije para calmarlo—él no sabe nada de lo que sucedió con Amber.
—Todo él me es extrañamente familiar, pero al mismo tiempo no—se mordió el labio inferior, pensativo—al menos mañana nos iremos de aquí, Cereza de Otoño, muy lejos de este edificio y de ese desagradable humano.
—¿De verdad piensas llevarme a Praga a conocer tus orígenes?
—Allá podrás sacar fotografías preciosas—me miró con una ligera sonrisa—así como tú, e inspirarte.
Black se acercó a donde yo estaba y se recostó a mi lado en la cama.
Yo tenía mi cámara en las manos y él me la arrebató juguetonamente.
—Es irónico que la hermosa fotógrafa no haya tenido todavía una sesión de fotos especialmente para ella—vaciló, manipulando la cámara.
—Sería un desperdicio—arrugué la nariz.
—Desperdicio será si no me ocupo de proveerte una sesión única y gratis—sentenció y se posicionó fuera de la cama, enfocando la cámara hacia mí.
El flash centelleó varias veces y a juzgar por la expresión de Black, le encantó el resultado de las cinco fotografías.
—Las cámaras fotográficas fueron hechas para inmortalizar arte—intenté quitarle la cámara.
Él se alejó unos pasos sin soltarla.
—Eso mismo estoy haciendo, Cereza de Otoño—replicó, sacándome Dios sabe cuántas fotos más—eres el arte más delicado, exquisito y perfecto nunca visto.
La sesión especial que Black hizo conmigo duró veinte minutos.
Me hizo reír bastante para sacar las mejores fotografías, las cuales, estaba segura, que serían de muy mal gusto, aunque él protestó lo contrario.
—No pienso dormir en la misma cama donde la humana de útero festivo se divirtió con más de un humano—carraspeó Blackburn, acomodándose perfectamente en mi cama—aquí hay sitio para ambos, además, ya estamos juntos ahora y entra dentro de lo normal en una pareja, ¿no?
—Sí, pero… —Quiero hacerte de todo, Cereza de Otoño, pero no sin tu consentimiento y si esta noche solo quieres dormir, dormiremos—esbozó una sonrisa que me infundió confianza y asentí—no pasa nada, tenemos tiempo todavía.
Alargó su mano a mí y se la agarré.
Black tiró de mí hasta recostarme sobre su brazo y él se colocó en mi espalda, abrazándome por detrás.
—Solo necesito tenerte así conmigo—le oí decir en un susurro.
Besó mi cuello y parte de mi hombro.
Acurrucado detrás de mí, me generó ternura.
¿Quién iba a imaginar que Blackburn Varkáris, un chico extraño, misterioso y egocéntrico, yacería en mi cama, rogándome caricias?
A pesar de que me intrigaba la naturaleza de su fuerza sobrenatural y los miles de misterios sobre él mismo que mantenía en secreto, no podía estar sin él.
Éramos como imanes.
A donde quiera que Black fuera, yo iría a su lado, aunque eso significara que tuviéramos que bajar al infierno.
Horas después, desperté abrumada.
Vi la hora en mi teléfono y marcaba furiosamente las cuatro de la madrugada.
Me volví hacia Blackburn y lo encontré en la misma posición del principio y me pregunté si su brazo no estaría con calambres.
Ahogué un bostezo y lo moví para mayor comodidad y él abrazó enseguida mi almohada sin despertarse en lo absoluto.
Su rostro relajado era incluso más hermoso.
La tenue luz de la lámpara caía encima de sus largas y rubias pestañas, de las cuales yo estaba enamorada totalmente.
De repente, un ruido estruendoso me hizo respingar.
Provenía del primer piso y fruncí el ceño.
A lo mejor eso logró despertarme, pero ¿qué era lo que sonaba?
En primera instancia pensé en Kane Kelly y de inmediato lo descarté porque era muy tarde para que él continuara despierto.
Me puse una sudadera y fui a cepillarme los dientes porque el sueño se había esfumado de mi organismo.
Cuando regresé a la cama, nuevamente el ruido me desconcertó.
Sonaba como algo pesado siendo arrastrado.
Despertar a Black era una mala idea, así que decidí ir a echar un vistazo.
Tal vez se trataba de algún gato que se había colado al edificio o en el peor de los casos Kane.
Saqué las llaves y mi teléfono antes de salir al pasillo oscuro.
Los focos apenas iluminaban y como todo estaba vacío, le daba un toque tenebroso y sepulcral.
Al llegar al primer piso no hallé nada sospechoso, de hecho, estaba más desértico que arriba y me arrepentí de bajar.
Uno de mis defectos más grandes era la curiosidad.
Al segundo que me encaminé de regreso a la escalera, el ruido volvió y me di la vuelta bruscamente.
—¿Kane?
—pregunté al ver al chico de pie frente a mí, con un costal pesado en el suelo y sujetándolo con una mano.
—Buenos días—saludó, risueño— ¿qué haces despierta tan temprano?
—Lo mismo pregunto yo—fruncí el ceño, mirando el costal a propósito.
Él siguió mi mirada y lo arrastró hacia adelante, produciendo el mismo sonido estruendoso de antes.
—Es un costal con utensilios de limpieza que encontré en una habitación vacía y quería subirlos para hacer aseo en mi dormitorio—me informó sin necesidad de pedirle una explicación—y me da cierto temor subirme al ascensor cuando el edificio está completamente vacío.
—Pudiste pedirnos ayuda temprano—bostecé—estás haciendo demasiado ruido y queremos descansar.
—Una disculpa—la sonrisa de su rostro pecoso no flaqueó, sino todo lo contrario—me era también difícil conciliar el sueño por muchas razones y por eso quise adelantarme.
Viéndolo un poco más con detenimiento, ni siquiera tenía pijama puesta.
Aún continuaba con la misma ropa de horas atrás cuando se presentó conmigo.
—Si necesitas ayuda, avísanos—sonreí—nosotros te ayudaremos.
—¿Cómo es el colegio?
Es decir, las clases, los alumnos, maestros… Comenzaba a darme sueño, pero se me hizo de pésima educación dejarlo ahí hablando, así que acomodé mi cabello sobre un hombro y me crucé de brazos.
—En estos tres semestres que llevo me ha parecido de lo más agradable—dije—en todos los aspectos, en especial el alojamiento.
Yo soy de Snowshill y se me complicaba bastante tener que viajar a diario.
Kane tomó asiento en un escalón y me instó a acompañarlo.
—Tener que abandonar la familia por un sueño es lo más difícil, pero también te sientes liberado, ¿verdad?
—¡Sí!
Admito que extrañé a mi familia los primeros días, pero después te vas acostumbrando… —Espera, ¿dijiste Snowshill?
—se mostró perplejo.
—Sí, ¿qué hay con ello?
—lo miré con el ceño fruncido.
—Recuerdo haber escuchado ayer, mientras buscaba despensa, algo acerca de Snowshill, sobre un cráter, aparentemente natural que cobró la vida de muchos policías—comentó, pensativo—en un puesto de periódicos para ser exacto.
Debí haber comprado uno y así enseñarte la evidencia.
—Qué extraño—mentí y por dentro empecé a temblar—mis padres no me avisaron nada.
—Incluso mencionaba que el cráter se tragó a una vieja iglesia—se encogió de hombros.
—Llamaré a mis padres más tarde para saber sobre eso—mentí.
—Sería lo mejor para saber si tu familia está bien.
Se mostró preocupado y suspiré.
—Gracias por la preocupación, pero no te preocupes, todo está en orden, o al menos, eso espero.
—¿Tu novio se enojaría si te pido que me des un tour por la ciudad cuando comiencen las clases?
—preguntó de pronto y volteé a verlo.
Sus ojos rasgados sonrieron antes que su boca con mucha coquetería; pero lo que seguía llamándome la atención eran sus pecas doradas esparcidas cuidadosamente en su nariz y parte de sus mejillas.
—Blackburn no creo que estaría muy feliz, pero tampoco se enfadaría—le aseguré.
—Las chicas británicas son más amables de lo que pensé—observó—en Norteamérica confunden la amabilidad con coqueteo.
—¿A qué te refieres?
—En una ocasión, una compañera de mi anterior universidad pensó que yo estaba enamorado de ella solo porque fui amable en ayudarle con sus tareas atrasadas porque estuvo incapacitada dos meses a causa de una fractura del brazo—explicó con naturalidad, sin dejar de mirarme a los ojos con sus expectantes ojos color marrón claro.
Parpadeé, pero no dejé que me intimidara, así que le sostuve la mirada en todo su relato—como yo era el representante de debate, me ofrecí voluntario para ayudarle y malinterpretó todo, provocando que casi me expulsaran de la institución.
—¿Qué hizo para que eso sucediera?
Me refiero a la difamación.
—Me acusó de querer abusar sexualmente de ella—enrojecieron sus mejillas y apretó los puños.
—¿En serio?
—entorné los ojos.
—Nunca bromearía con algo así.
Me investigaron a fondo para ver si tenía algún antecedente de mala conducta, pero no encontraron nada, por lo que decidí cambiarme a otra universidad, una en donde nadie supiera de ese mal momento de mi vida—increpó, mirando al techo con desdén—unos amigos me aconsejaron probar suerte en Camberwell y espero que aquí sea diferente y no sea participe de malas interpretaciones.
Sentí que sus últimas palabras tenían un trasfondo lanzado hacia mí.
¿Acaso estaba pensando en que yo podría pensar que estaba coqueteándome solo por ser amable?
—Esas personas que interpretan coqueteo en vez de amabilidad, carecen de amor propio—dije—están tan necesitadas de afecto que confunden la empatía con atracción.
Kane asintió, emocionado por mi deducción, pero yo sabía que había algo más en sus palabras.
Su mirada decía a gritos “Mírame, soy atractivo y quiero gustarte”, pero sus palabras proclamaban “Si siento que te atraigo, te vas a arrepentir”.
—¡Tú me entiendes!
—exclamó y se atrevió a agarrarme del brazo con mucha confianza.
—Incluso un niño lo sabría—dije modestamente.
Él ensanchó su sonrisa y comencé a sentirme extraña e incómoda.
Ya había hablado mucho con Kane Kelly y era hora de regresar a los brazos de Blackburn.
—Bien, entonces hablamos luego—me levanté rápidamente y él me imitó, quedando un escalón más arriba—si necesitas ayuda con el costal, avísanos a una hora razonable.
—Gracias—dijo, ladeando la cabeza y observándome más de la cuenta.
Sonreí forzadamente y emprendí la caminata por la escalera.
—Sophie Beaumont—lo escuché detrás de mí, subiendo los escalones de dos en dos para alcanzarme.
No me detuve— ¿podrías mantener este encuentro en total secreto?
—¿Secreto?
—paré en secó y lo miré.
—Tengo la corazonada de que, si tu novio se entera, tendremos problemas.
—Buen punto, pero realmente no hay nada que ocultar, solo charlamos—puntualicé.
—Preferiría discreción.
—Entre Blackburn y yo no hay secretos—afirmé—y es mi novio, ¿Qué tiene de malo que lo sepa?
—¿Estás segura de que no hay secretos entre ustedes?
—interrogó con cierto veneno en sus palabras, camuflado de amabilidad.
Incluso creí ver oscuridad pura en sus ojos, pero al segundo, sus ojos marrones claros sonrieron.
—Muy segura—manifesté mi molestia haciendo una mueca—buenas noches.
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