Ephemeral Darkness - Capítulo 25
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25: Capítulo 24 25: Capítulo 24 Al volver al dormitorio, aseguré la puerta con seguro y coloqué una silla atravesada por cualquier cosa.
Ese chico extraño había dejado de inspirarme confianza en cuanto pidió que nuestro encuentro de hacía unos minutos en plena madrugada quedase en secreto y Blackburn no tuviera conocimiento, además, ¿por qué motivo pensó que sería buena idea comentarme que había sido acusado de ser un abusador sexual en su antigua escuela?
Sacudí la cabeza para alejar su atractivo y enigmático rostro de mi mente.
Me quité los zapatos y me acurruqué en los brazos de Black, sintiéndome protegida.
Concilié el sueño rápidamente hasta que amaneció y fue él el que me despertó con pequeños y húmedos besos en toda la cara que me hicieron sonreír cuando abrí un solo ojo y lo vi besándome la nariz.
—Hola—.
Lo saludé, risueña.
—¿Dormiste bien?
—se acercó lo suficiente para rozar su nariz con la mía.
—Como un tronco, ¿y tú?
—mentí.
Solo por esta vez, decidí hacerle caso a Kane de no comentarle nuestro encuentro en la madrugada porque no quería que Blackburn le buscara pelea y retrasara nuestro viaje.
—También, solo que no sé si fue una pesadilla o de verdad escuché ruidos extraños en la madrugada.
—Yo también los escuché, tal vez fue Kane—, me encogí de hombros.
Enseguida noté la mirada molesta de Black.
—No te preocupes, después de todo, nos marcharemos hoy y él se quedará solo—.
Le sonreí, acariciando su mejilla para tranquilizarlo y sentí su estremecimiento bajo mi palma.
Él asintió, animado y se levantó con entusiasmo.
—¿Quieres que desayunemos en el trayecto para no perder tiempo?
—le propuse, deslizándome también fuera de la cama.
La mera verdad es que deseaba marcharnos cuanto antes y no cruzarnos con el nuevo estudiante.
—Tus deseos son órdenes para mí, Cereza de Otoño—.
Esbozó una sonrisa cómplice y desapareció en el sanitario de manera graciosa.
Ahogué un bostezo y me estiré perezosamente para afrontar el día.
Era una locura que había aceptado ir hasta Praga con Blackburn y disfrutar de su compañía aunque hubiera muchísimas preguntas sin respuesta que deseaba que me respondiera, pero no podía darme el lujo de rechazar ese tiempo de calidad juntos que me ofrecía.
Cómo la noche anterior me duché y la mañana estaba congelada, decidí cambiarme de ropa y afrontar el frío con abrigos especiales que tenía guardados para ir a la universidad.
Cuando Black salió del baño, frunció el ceño al ver la silla atrancada con la puerta y yo acababa de terminar de ponerme el pantalón.
—¿Pasó algo anoche?
—preguntó, preocupado.
—No, pero no conocemos a ese nuevo estudiante y es mejor prevenir, ¿no crees?
—.
Le resté importancia para que no dedujera que de verdad había sucedido algo y continué poniéndome el abrigo.
No tan convencido, asintió y se pasó las manos por el cabello antes de ponerse su abrigo.
—¿Te apetece desayunar algo dulce?
Porque te prometo que desde que probé las crepas dulces, me enamoré de ellas—, cambié el tema cuando percibí su mirada aun en la silla contra la puerta.
Sabía que continuaba dándole vueltas al asunto.
Black no era idiota, sino todo lo contrario.
De repente, él me envió una mirada de advertencia, se llevó el dedo índice a los labios y movió la silla con sutileza y sin hacer el menor ruido, abrió de golpe la puerta, dejando a la vista a Kane Kelly a punto de aporrearla.
Fruncí el ceño y noté en los ojos de Blackburn que la desconfianza también estaba ahí.
—¿Se puede saber qué hacías afuera del dormitorio de mi novia, mundano depravado?
—Siseó, empujándolo con fuerza hacia atrás.
Kane trastabilló hacia atrás, sobresaltado.
Su sonrisa ligera se había esfumado y su mirada se había vuelto de desconcierto.
Una caja con tres vasos térmicos con café cayó al suelo, manchando todo el pasillo y parte del pijama de Kane y de las botas de Black.
—Yo solo les había traído un poco de café… —titubeó el chico con susto.
—¿Crees que nos vamos a creer ese cuento?
—lo empujó hasta acorralarlo contra la pared y lo agarró del cuello de la playera y haciéndolo levitar unos centímetros por encima del suelo.
—Blackburn, basta.
Suéltalo—.
Intervine.
Tal vez Kane Kelly no era la clase de persona que me inspiraba confianza, pero tampoco era para que Black le hiciera daño sin razón.
—No me parece normal su actitud y mucho menos que esté al acecho de tu habitación—, masculló Blackburn, mirándome por encima del hombro, sin soltarlo—.
Imagínate que esto está haciéndolo en mi presencia, ¿entonces qué hará cuando yo no esté para cuidarte?
Ahora entiendo por qué pusiste esa silla para bloquear la puerta, Cereza de Otoño, él tampoco te da confianza, ¿verdad?
Los ojos de Kane buscaron los míos con decepción y bajé la mirada, avergonzada.
—Escucha, idiota, Sophie me tiene a mí, ¿comprendes?
Si intentas hostigarla nuevamente, te enviaré directo al averno y no estoy bromeando—.
Lo amenazó y casi logré escuchar que su voz sonó más tenebrosa y gutural que de costumbre cuando solía pelear con todos.
—Solo quería ser amable—balbuceó Kane.
Sus pies oscilaban por encima del suelo manchado de café—, y si te incomodé anoche, Sophie, te pido disculpas.
No pensé que a tu novio le incomodaría que hablaras conmigo en la madrugada cuando intentaba subir esas herramientas para asear mi dormitorio—miró un momento a Blackburn y después a mí—especialmente cuando te pedí que no le contaras sobre nuestro encuentro.
Cerré los ojos un momento porque sabía que eso sería el detonante para la furia de Blackburn, pero esperaba que no fuera conmigo porque el chismoso había sido Kane y yo lo único que quise fue no avivar más los problemas.
—¿De qué encuentro estás hablando?
—Black apretó con más fuerza el cuello del pijama del chico.
—Pensé que Sophie te lo había dicho… Blackburn soltó a Kane y el chico volvió a tocar el suelo con sus pies, pero en vez de quedarse a subsanar lo que había ocasionado con su indiscreción, simplemente se fue, dejándome en aprietos.
Él se volvió hacia mí con el rostro serio, pero no enfadado.
—¿Tienes algo que decir, Sophie?
El hecho de que me llamara por mi nombre y no por su apodo, me hizo sentir devastada.
—Ayer escuché ruidos extraños y no quise molestarte, entonces solo bajé a ver que estaba pasando y estaba Kane arrastrando un costal de herramientas que encontró en alguna parte y le ofrecí nuestra ayuda por la mañana y él quiso seguir hablando—expliqué con calma y él se sentó en la silla que había puesto contra la puerta—.
Me comentó que en su anterior escuela tuvo problemas con una chica que confundió su amabilidad con coqueteo y lo acusaron de abusador sexual—.
Hablé atropelladamente—, te juro que eso es todo… De alguna manera tuve miedo de que Black pudiera malinterpretar esa conversación y decidiera dejarme así sin más, pero en vez de ello, él asintió, mirándome con atención con sus hermosos ojos de color inefable.
—Cereza de Otoño, te creo, tranquila… —suavizó su voz y solo hasta ese momento pude calmarme.
Se levantó de la silla y se acercó a darme un tierno beso en los labios y a limpiarme la lágrima con el pulgar que había amenazado con salir cuando le expliqué la situación.
—Jamás voy a dudar ni pensar mal de ti.
—¿Lo prometes?
—susurré.
—Lo prometo.
Eres lo más cercano a la perfección humana que existe, Cereza de Otoño, ¿y sabes qué es lo extraordinario de todo?
—ladeó la cabeza, sin soltarme las mejillas que había agarrado para besarme.
Negué con la cabeza.
—Que, de todos los humanos en este mundo, me elegiste a mí—.
Su voz fue como una delicada caricia y cerré los ojos, asintiendo—.
Eso es lo extraordinario y por ende, estaría loco si desconfiara de tus palabras.
Estoy extasiado de saber qué me elegiste a mí por sobre cualquier humano y no serías capaz de engañarme ni traicionarme.
—Tú tampoco me engañarías ni traicionarías, ¿verdad?
—dije en un hilo de voz.
—Jamás.
Primero me arranco el corazón antes de hacerte tal daño que nunca podría subsanar.
No obstante, Blackburn parpadeó y se alejó de mí a la brevedad.
—Ese olor… —¿Qué ocurre?
—fruncí el ceño.
—Reconozco ese horrible olor… —sus pupilas se dilataron—, pero eso es imposible… —¿Black?
—Ese humano está aquí, ¡Por los dioses!
—exclamó, enloquecido y volteó a verme—.
Dame un momento, ¿sí?
Tengo que corroborar que es verdad.
—¿Qué está pasando?
¡No me asustes!
—Es el idiota de Wood—, me informó, riéndose burlonamente y al mismo tiempo aliviado—.
Ese imbécil sobrevivió y está aquí, puedo sentirlo.
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