Ephemeral Darkness - Capítulo 26
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26: Capítulo 25 26: Capítulo 25 No comprendí ni una sola palabra de Blackburn, pero si se trataba de Jake Wood, entonces tenía que ser verdad que él se encontraba aquí, aunque no entendía cómo, pero ¿quién era yo para seguir cuestionando los sucesos inusuales que ocurrían a mi alrededor?
Me levanté dando traspiés y corrí detrás de él a través de la escalera.
Apenas podía ver la parte trasera de Black que iba a una velocidad increíble, bajando los escalones de tres en tres con mucha agilidad.
Pero cuando estuve a punto de llegar a alcanzarlo, sentí una mano agarrarme del hombro y tirar de mí hacia uno de los dormitorios.
Abrí la boca para gritar, pero otra mano me lo impidió, lanzándome al interior de la habitación sin miramientos.
Intenté forcejear, pero fue inútil.
Y lo peor de todo es que estaba totalmente a oscuras aquella habitación.
—Te soltaré, pero solo si prometes no gritar.
Reconocí al instante la voz de Kane Kelly en mi oreja y una rabia descomunal me invadió, llegando al punto de hacer la única maniobra que podría quitármelo de encima.
Liberé uno de mis brazos para impulsarlo hacia adelante y proyecté mi codo justo en su estómago con todas mis fuerzas, pero en vez de que Kane me soltara para recuperarse de aquel golpe, afianzó más sus manos en mi boca y brazo.
—No me hagas llegar a medidas extremas, Sophie—.
Carraspeó.
Su voz se tornó oscura y temí por mi vida.
Mi respiración estaba agitada, pero comprendí que, si luchaba, no iba a salir victoriosa y solamente me quedaba guardar la calma y buscar la manera de alertar a Blackburn cuando Kane se despistara.
—¿Ahora me prometes silencio y calma?
—siseó en mi oreja nuevamente.
Asentí, muerta de miedo.
Kane parecía tener la misma fuerza, agilidad y belleza que Blackburn en todos los aspectos, pero la diferencia era que no me daba ninguna confianza su atractivo rostro.
Con lentitud fue quitando su mano de mi boca y encendió la luz de la recámara.
Inmediatamente barrí con la mirada a mi alrededor, dándome cuenta que había sellado todas las ventanas y puesto cortinas oscuras, evitando que ni un miserable rayo de luz se colara a la estancia, dándole un toque tétrico.
Parecía más un mausoleo olvidado que un dormitorio universitario.
Cómo no me había soltado del brazo, volteé a verlo con incertidumbre.
Él se hallaba buscando algo en los bolsillos del pijama y cuando lo encontró, escuché el sonido de la llave para ponerle seguro a la puerta.
—¿Qué pretendes?
—espeté, furiosa.
Pero él me ignoró y no fue hasta que aseguró la puerta, que me miró por primera vez desde que me raptó.
—Kane, ¿qué pretendes con todo esto?
—fruncí el ceño.
—Protegerte de ese tipo que dice ser tu novio.
Fue tan seria la manera en la que me respondió, que no pude evitar reírme, pero Kane continuó con su rostro serio y perplejo.
—¿Protegerme de Blackburn?
Oye ¿qué te pasa?
Es mi novio, él jamás me haría daño y tú ni siquiera lo conoces—gruñí, a la defensiva—.
Acabas de mudarte de otro país y nada te da el derecho de venir a imponer tu demencia.
—No necesito conocerlo de toda la vida para saber que no es un sujeto que mereces tener de pareja—.
Se encogió de hombros y me soltó deliberadamente porque algo en la puerta captó su atención—.
Cállate o te escucharán.
—¡Blackburn, Jake!
¡Estoy aquí!
—, comencé a gritar como loca.
Y en una fracción de segundo, tuve a Kane encima.
Me lanzó a una de las camas y se atrevió a ponerse a horcajadas sobre mí, haciendo que mis sentidos se dispararan en alerta.
—He dicho que guardes silencio—.
Masculló, encolerizado, con su rostro a escasos milímetros del mío y su mano sujetando mi cuello con brusquedad.
En su mirada logré ver mucha oscuridad y demencia, una que ni siquiera un loco de un manicomio podría tener.
—Si no abres esa maldita puerta, Kane, lo lamentarás—.
Lo amenacé.
El miedo no iba a apoderarse de mí.
Black no estaba tan lejos como para no encontrarme cuando se diera cuenta que ya no me hallaba en el dormitorio y como no confiaba en Kane, comenzaría a buscar en cada una de las recámaras.
—Es por tu bien, ¿no lo entiendes?
Los humanos a veces pecan por ser tan imbéciles, pero tú exageras, en serio.
No entiendo cómo es que has logrado sobrevivir tanto a tu estupidez y ceguera ante lo evidente—, replicó, mirándome con desprecio y quedé paralizada ante sus palabras.
Era como haber escuchado hablar a Black.
—¿Qué acabas de decir?
—logré articular.
Él saltó lejos de mí, dejándome con la mirada en el techo y con mil preguntas en la cabeza.
—Escucha, yo no quiero hacerte daño.
Mi deber es llevar a cabo nuevamente el equilibrio de las cosas porque esto ya se salió de control—, objetó con severidad, mirando a la puerta con desasosiego.
—Explícame de qué hablas, me estás asustando más en este momento que cuando me raptaste en la escalera—.
Me senté, abrumada por sus palabras y me encogí cuando giró sobre sus talones para verme.
—He venido hasta acá para terminar con la relación que tienes con ese sujeto.
De tantas preguntas que deseaba hacerle, solo pude soltar la más ambigua.
—¿Por qué?
—Las explicaciones en este momento dudo mucho que sirvan de algo, pero te voy a ahorrar un poco de misterio—le oí decir con cansancio.
Le dio la espalda completamente a la puerta y me miró con fijeza.
Parecía un depredador a punto de saltar encima de su presa.
—Estás enamorada de un cascarón vacío, Sophie Beaumont.
Parpadeé, perpleja.
—Blackburn Varkáris está muerto.
Él murió hace más de un mes apuñalado por un grupo de pandilleros.
—No sé qué clase de droga te has metido, pero esto no es gracioso, Kane, además, ¿cómo sabes lo que le ocurrió a Black si apenas te mudaste de California?
—titubeé.
—Te enamoraste del cuerpo de un humano que alguna vez se llamó Blackburn Varkáris—.
Insistió con dureza al ver mi expresión que se había transformado en confusión total—.
Pero en realidad, solo amas el cascarón, no el alma que se encuentra habitando en su interior en este momento.
—¿A qué te refieres?
—tragué saliva.
Kane elevó los ojos al techo, fastidiado.
—Amas al cadáver viviente del tal Blackburn, más no al real, y no creo que sea tan difícil comprenderlo ¿o sí?
A pesar de que no podía comprender completamente a lo que se refería, algo en mi corazón se alarmó, como si de pronto tuviera todo el sentido del mundo.
—Él no murió, es decir, sí, pero lograron reanimarlo—.
Lo defendí con los puños apretados—, y no sé cómo te enteraste de todo eso, pero yo no quiero problemas contigo.
Déjame salir de aquí y olvidemos este asunto, ¿bien?
Mi corazón seguía latiendo muy rápido a causa del miedo y de la adrenalina.
Afuera, escuché pasos apresurados subiendo y bajando por la escalera, que seguramente eran de Blackburn buscándome.
—Por favor, Kane—, susurré, al borde de la desesperación—.
Abre esa puerta y déjame salir.
—¿Puedes obedecer por una sola vez y callarte?
No me dejas concentrarme… Kane se arrodilló frente a la puerta y empezó a murmurar palabras en… ¿griego?
y me odié por no haber puesto tanta atención a las clases de primer semestre donde nos dieron clases de ese idioma y apreté la mandíbula con desdén, observándolo.
Colocó la palma de su mano sobre el suelo y una luz rojiza y extraña, similar a la del collar de Blackburn emergió, acompañado de un temblor, como cuando ocurrió en el cementerio de Snowshill antes de que se abriera el cráter.
Percibí que estaba muy ocupado para notar que me había acercado a la ventana y arranqué las cintas que estaban adheridas a los cristales, evitando que pudiera abrirse y conseguí abrir una brecha en la que la luz del sol, detrás de las nubes, se coló a la habitación.
Pero él continuó recitando palabras y haciendo temblar el suelo con aquella luz maquiavélica.
Aproveché a tirar de la palanca y de una patada, la ventana se abrió, quedando justamente un pequeño hueco en el que peligrosamente podía pasar a través de él sin rebanarme la cara en el intento.
Eché un último vistazo al demente de Kane antes de deslizarme en ese pequeño espacio, sin ponerme a pensar que estaba en el segundo piso del edificio y el frío aire con nieve me azotó en la cara cuando por fin salí y puse ambos pies en el estrecho borde y sentí vértigo.
Calculé que, para poder estar a salvo, tenía que moverme hacia los costados o saltar al suelo, teniendo en mente que probablemente me quebraría las piernas o si tenía suerte, un solo hueso.
Respiré hondo antes de lanzarme a mi destino cuando de pronto, sentí la mano de Kane sobre mi hombro, deteniéndome.
Únicamente pudo sacar su brazo porque el espacio era muy diminuto para él.
—¡Regresa!
—vociferó, alterado, apretando con más fuerza mi hombro derecho.
—¡Suéltame!
—forcejeé, horrorizada porque lejos de que quisiese evitar mi caída, parecía querer empujarme con más fuerza, pero al interior del dormitorio sin importarle que me cortara el brazo.
Tiré de mi extremidad con fuerza e hice uso de lo más alocado que me quedaba: lo arañé, pellizqué e incluso mordí su mano con la finalidad de zafarme.
No tuve éxito.
—¡Sophie!
Me detuve bruscamente cuando escuché la voz de Jake Wood desde abajo, pero Kane se aventuró a tirar de mi brazo con más fuerza llegando al grado de torcerlo en una posición dolorosamente insoportable y grité, sintiendo como comenzaba a quebrarse los huesos.
—¡Suéltala!
—vociferó Jake, pero estando ahí abajo, no podía ser de mucha ayuda.
Rechiné los dientes ante el dolor inminente y de repente, tuve a mi amigo de la infancia justo a mi lado, agarrando la mano de Kane con desprecio.
Quise preguntarle cómo había logrado escalar a esa altura, pero era más importante salvar mi brazo de ese lunático.
—Si te metes en este asunto, juro que te voy a hacer pedazos—.
Ladró Kane, enfurecido.
Pero Jake lo ignoró y le quitó la mano de encima con facilidad, liberándome.
—¡Blackburn, Sophie está a salvo!
—gritó Jake, sosteniendo con rudeza la mano del nuevo estudiante que luchaba por sacárselo de encima.
No supe a qué ponerle atención, si a Jake, mi brazo, Kane o intentar buscar a Blackburn, que seguramente estaba cerca.
Pero cuando por fin divisé a mi novio, que estaba corriendo en dirección al edificio porque quizá había ido al coche por algo.
—¿Estás bien?
—me gritó con desesperación, justo debajo de mí.
—Sí, ¿en dónde estabas?
—sorbí por la nariz, mientras me agarraba el brazo con fuerza.
Su mirada rápidamente se postró en mi brazo, oscureciéndose inmediatamente.
—¿Te hizo daño?
—bramó, enrojeciendo—.
¿Se atrevió a tocarte?
—Casi le parte el brazo—, le informó Jake, sin soltar a Kane.
Pero en eso, unos fuertes golpes a los cristales de la ventana inquietaron a los tres.
—¡Salten, ahora!
—ordenó Blackburn.
Los cristales se quebraron al tiempo que Kane introducía su puño a través de la ventana con solo usando su fuerza.
Jake trastabilló hacia atrás y cayó a semejante altura, pero milagrosamente no le ocurrió nada, puesto que aterrizó en un montículo de nieve acumulada.
—¡Salta!
—me gritó Blackburn con desesperación.
—¡Voy a lastimarme!
—chillé, horrorizada.
—¡Confía en mí!
No sabía qué estaba ocurriendo ni por qué Kane, a puño limpio, hacía un agujero lo suficientemente amplio para salir a donde yo estaba, pero lo que sí sabía y podía hacer, era confiar en Black.
Aturdida, tomé impulso y salté.
Cerré los ojos, aun temerosa de que pudiera hacerme daño, pero caí justamente en los fuertes brazos de Blackburn.
—Ya te tengo—, susurró en mi oreja y abrí los ojos—.
Perdóname por no haber podido darme cuenta de que dejarte sola era una mala idea.
—¡Corran!
—gritó Jake, detrás de nosotros.
Blackburn no lo cuestionó y echó a correr en dirección a su vehículo sin mirar atrás, pero en cuanto me aferré a su cuello, logré ver a Kane Kelly quebrando de una patada los ventanales y parte de la pared con facilidad.
Tenía una fuerza monstruosa y mi amigo Jake también parecía ser alguien diferente ahora, y lo curioso fue que estaba de nuestro lado, especialmente de Blackburn Varkáris.
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