Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Ephemeral Darkness - Capítulo 29

  1. Inicio
  2. Ephemeral Darkness
  3. Capítulo 29 - 29 Capítulo 28
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

29: Capítulo 28 29: Capítulo 28 De alguna manera, me esperaba muchas cosas, pero no enterarme de que me había enamorado de Caronte, el mismismo barquero del inframundo, pero no me importaba.

Cumplí su deseo de continuar llamándolo Black y escuché con atención todo lo que había ocurrido desde que comenzó a vivir en ese cuerpo humano, incluyendo lo de Jake Wood y la verdadera oscuridad de Kane Kelly, que resultó ser Kratos, enviado por Hades, el rey del inframundo para capturarnos a ambos.

—Kore, por lo que Wood me contó, intentó abogar por mí, pero Hades es un ser tan odioso y maldito que nunca la toma en cuenta para nada y es por eso que a ella se le ocurrió hacer este intercambio secreto—resopló Black, azorado mientras lo escuchaba con atención—.

Debo admitir que fuiste el resultado que ninguno esperó de esta ecuación.

—¿Un error?

—No, tú no eres un error.

Eres la respuesta que no sabía que necesitaba encontrar.

—Pero dices que Kore había pensado en que yo sería un buen contenedor para habitar el mundo, ¿no?

¿Por qué cambió de opinión?

—No estoy seguro si ella ya decidió dejar por la paz ese capricho, pero con solo ver que ayudó a Wood e incluso le otorgó parte de sus poderes, me da a entender que está de nuestra parte y si Kratos llega a encontrarnos de nuevo con el fin de asesinarme o entregarme a Hades, ella se interpondrá.

—Debe haber alguna manera de escondernos muy bien—, objeté con pánico y señalé mi brazo con la marca—.

Lo que ese imbécil dejó en mi piel es un mapa hacia ti.

—Lo es—afirmó él, con irritación.

Y de pronto llegó a mí una idea descabellada que sabía que a él no le iba a gustar.

—Arráncame la piel con la marca.

Sé que puedes hacerlo, Blackburn—.

Sentencié con determinación.

Él entornó los ojos, mirándome como si fuese una retrasada mental.

Y tal vez tenía razón.

—Usa tus poderes, algo.

No tengas miedo, puedo resistir—comencé a quitarme el abrigo, pero él me agarró de la barbilla, obligándome a mirarlo.

—Ni siquiera en una situación de vida o muerte te haría daño, Cereza de Otoño.

—Estamos en una situación de vida o muerte—.

Le recordé.

—Escucha, aunque yo te arrancara la piel, esa maldita marca volverá a aparecer porque la hizo Kratos.

Es su “garra” —hizo comillas con los dedos—.

Y el óbolo fue para recordarme el precio a pagar de mis actos.

—Pero no hiciste nada malo, Black, solo querías conocer el mundo humano—me tembló la voz—.

Conocerme no estaba en tus planes, quizá si logramos explicarle a Hades, él comprenderá… —Hades no es como cualquier dios que podría tenerte misericordia, de hecho, ningún dios perdona lo que ellos creen que es sacrilegio—me contradijo—, y al único que tal vez, en el peor de los casos, que podríamos pedirle ayuda es al dios Zeus, pero a estas alturas, estamos más seguros en este mundo que en el mío.

—Me sigue pareciendo increíble—dije—que la mitología griega sea real, pero lo que me asusta es tener al peor dios detrás de nosotros.

—Es que tenemos que entenderlo, mi único deber es acarrear almas en mi barca para toda la eternidad sin protestar ni exigir algún cambio en mi vida—me acomodó el cabello detrás de las orejas sin dejar de contemplarme—y de repente, se encuentra con un impostor usurpando mi lugar, que resulta ser el alma de un humano jugando a ser Caronte, su fiel sirviente.

—¿Me estás tratando de decir que tú, Caronte, jamás, en toda tu existencia…?

Él asintió, esbozando una sonrisa triste.

—Exacto, mi hermosa Cereza de Otoño—afirmó mis sospechas—, nunca me había enamorado ni sentido amor por alguien.

Eres tú el primer ser existente de todo el universo que ha robado mi corazón, metafóricamente hablando; y has hecho que yo incluso sea capaz de desafiar al mismo Hades y a Zeus con tal de tenerte a mi lado.

—Pensé que solamente porque Caronte era muy reservado jamás supieron de su vida romántica—bromeé.

Él ensanchó su sonrisa.

—Fui tan reservado que pasé eones sin hablar con nadie hasta que me tocó llevar el alma de Blackburn Varkáris y me hizo desear ir al mundo humano solo para demostrarle que mi trabajo como barquero es lo más aburrido y deprimente que puede existir cuando te das cuenta de que lo harás para siempre.

—¿Qué tan diferente es la personalidad del verdadero Blackburn?

—Es similar a la de tu difunta amiga, Amber, pero en varón.

Hablar hasta por los codos y te inspira a cerrarle la boca de un puñetazo.

Arrugué la nariz, asqueada.

—¿Ahora entiendes por qué jamás me habría fijado en él, aunque su cuerpo fuese atractivo?

Porque su personalidad y esencia es diferente—le expliqué para continuar reconfortándolo—.

Cuando te sucedió ese ataque y te desvaneciste en Snowshill, él regresó a tu cuerpo y no me reconoció, pero yo percibí que no eras tú, que no podía ser la persona que se había ganado mi corazón, aunque tuviera tus ojos y tu voz—.

Besé su mejilla con cariño—.

Mi alma no lograba conectar con la tuya porque no estabas en ese momento conmigo.

—¿Estás segura de querer seguir a mi lado a pesar de saber todo lo que implica?

No puedo garantizarte una victoria… —De algo estoy segura, Black—dije con vehemencia y él frunció el ceño—.

Ya hemos salido victoriosos en algo.

—¿En qué?

—Pues Hades jamás será correspondido por Kore y no podrá nunca experimentar lo que nosotros tenemos en ningún sentido, y te puedo apostar que, en el fondo, ese estúpido está molesto no tanto por el hecho de que hayas huido de su dominio, sino que conseguiste alcanzar algo que él no tendrá—mi voz fue suave, pero directa—.

El amor y compañía genuina de alguien sin haber forzado nada.

Black asintió, impresionado por mis palabras.

—De haber sabido que te conocería, no habría tardado tanto en intercambiar lugares con ese humano.

En eso, la puerta de la habitación se abrió y entró Jake Wood con una caja y dos bolsas en las manos.

—Ni se les ocurra echarme para comer porque haré un escándalo y no pienso congelarme más allá afuera—nos amenazó.

—Descuida, ahora que sé que la que corre más peligro en esto soy yo, Black ya no te apartará de nuestro lado, ¿verdad?

—miré a mi novio con una sonrisa.

—Con que Wood no sea un estorbo, me doy por servido—.

Me devolvió la sonrisa y suspiró—.

Su presencia será de mucha ayuda porque quiero que llames a Kore.

—¿Para qué?

—titubeó Jake.

—Necesito mi guadaña de vuelta —dijo Black, con una sonrisa torcida—.

Hades la tomó cuando olvidó que no fue él quien me dio ese poder.

El aire se volvió denso.

No supe en qué momento dejé de respirar, pero la frase seguía ahí, suspendida entre nosotros, como una verdad antigua que nadie se atrevía a tocar.

Sentí un frío recorrerme el brazo marcado, justo donde la piel parecía recordar cosas que mi mente aún no entendía.

Jake fue el primero en moverse, dejando la comida sobre la cama.

Lo vi tragar saliva, lento, como si el sonido pudiera delatarlo.

Sus dedos se cerraron en puños y luego se relajaron, nerviosos.

No me miró de inmediato; tenía los ojos fijos en Black, con una mezcla incómoda de incredulidad y respeto forzado, como quien acaba de descubrir que ha estado hablando con alguien que jamás estuvo en su misma liga.

Yo… yo no pude apartar la mirada.

No de él.

La sonrisa de Black no era arrogante.

Era peor.

Era tranquila.

Segura.

La de alguien que no necesita demostrar nada porque el mundo ya aprendió, a golpes, lo que es capaz de hacer.

—¿Qué…?

—murmuré, sin reconocer del todo mi propia voz.

Jake giró hacia mí al instante.

—Sophie… —dijo en voz baja, casi suplicante—.

Creo que… creo que no estamos entendiendo bien esto.

Pero yo sí lo entendía.

No todo.

No aún.

Pero lo suficiente para saber que aquello no era una amenaza ni una bravata.

Era una confesión.

Y las confesiones, cuando vienen de seres como él, no se hacen a la ligera.

Mis ojos regresaron a Black.

Y por primera vez desde que lo conocí, no vi a un hombre reclamando algo que le fue robado.

Vi a algo mucho más antiguo… reclamando lo que siempre fue suyo.

—En ambos mundos tengo la capacidad de alterar lo que ustedes le llaman equilibrio divino.

Puedo quitar la vida de cualquier ser si así lo deseo y no me castigan por ello porque ese es mi trabajo—informó Black con desdén—.

Y también puedo regresar la vida a sus cadáveres, pero es arriesgado, ya que, si no hay un motivo poderoso para hacerlo, podría desencadenar la ira de Zeus, dios del Olimpo; pero, sobre todo, puedo encadenar almas directo al pozo infernal sin siquiera darle el recorrido en mi barca, como normalmente hago para seguir el protocolo de Hades—, se acomodó el abrigo con incomodidad—.

Pero sin mi guadaña, tengo poder limitado.

El silencio no fue sorpresa para Jake.

Fue… respeto.

Lo vi tensarse, como alguien que reconoce una tormenta antes de que caiga.

Sus hombros se endurecieron, la mandíbula apretada, los ojos fijos en Black con una mezcla incómoda de conocimiento y miedo recién nacido.

—No sabía… —dijo al fin, con la voz baja—.

No sabía que tu poder llegaba a ese nivel.

Black no respondió de inmediato.

Yo seguía mirando mi brazo.

La piel intacta.

Hermosa.

Y, aun así, marcada.

El ardor no disminuía; al contrario, se extendía, como si algo se estuviera acomodando dentro de mí, reclamando espacio.

—Hades no confisca por capricho —continuó Jake—.

Si lo hizo… es porque te considera una amenaza.

Eso fue lo que hizo que el aire se quebrara.

Black alzó la mirada.

No había rabia.

Había algo peor.

—No —corrigió con voz serena—.

Lo hizo porque en el fondo me teme.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

No era arrogancia.

Era certeza.

Jake tragó saliva.

—Entonces Kane… —murmuré— no te atacó solo por ti.

Black giró lentamente hacia mí.

Y en ese gesto entendí que yo nunca había sido una espectadora.

—Kane no te marcó para dañarte —dijo Black, mirándome—.

Lo hizo para provocarme.

Mi corazón se desbocó.

—¿Provocarte… cómo?

—susurré.

Black dio un paso hacia mí.

Uno solo.

Suficiente para que el dolor en mi brazo ardiera con más fuerza, como si respondiera a su cercanía.

—Porque esa marca no es solo un óbolo —continuó—.

Es un desafío.

Jake exhaló con dificultad.

—Caronte… —dijo al fin, usando el nombre como si pesara—.

Si Hades descubriera que ella está involucrada contigo hasta los huesos… —Ya lo sabe —interrumpió Black.

Mis piernas flaquearon y aunque eso ya lo sabía, tenía muchas dudas.

—¿Entonces por qué sigo viva?

—pregunté, casi sin voz.

Black me sostuvo la mirada.

Por primera vez desde que lo conocía, no parecía seguro.

—Porque aún no ha decidido si eres el precio o la guerra.

Tragué saliva.

—Y, por ahora —añadió, mirando la marca—, cree que eres lo que debo perder por haberme atrevido a amarte, Sophie Beaumont.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo