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Ephemeral Darkness - Capítulo 32

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32: Capítulo 31 32: Capítulo 31 Era el colmo que hubiera más individuos que pudieran ser más poderosos que el propio Zeus y al que Blackburn y Kore les temieran.

Ese mundo mitológico como método de estudio era interesante y placentero, pero ahora que sabía que era real, me daba miedo.

—Tal parece que después de todo, Praga era nuestro destino, ¿no crees, Cereza de Otoño?

—Me asusta la idea de lo que podamos encontrar ahí—confesé, estremecida por los repetidos escalofríos y apreté el collar que él me había regalado para sentirme tranquila.

—¿En cuánto tiempo estaremos en Praga, si tomamos en cuenta que el viaje será en coche?

—preguntó Jake.

Tanto mi amigo y Kore se hallaban sentados al borde de la cama hablando entre ellos mientras Black y yo nos habíamos asomado a la ventana de la habitación.

—Si no nos detenemos, tal vez en unas dieciséis horas cuánto mucho, pero si voy a una velocidad alta y sin que molestes, quizá en catorce—respondió Black, sin voltear a verlo porque era más importante abrazarme que ver a Jake a la cara.

Jake ahogó una exclamación de ansiedad.

—¡¿Tanto tiempo?!

Y fue ahí donde Black lo miró por encima del hombro con desdén.

—Pues tenemos que atravesar tres países—estrechó los ojos con cólera y alzó la mano para enumerar los países como si Jake fuese idiota—, Francia, Bélgica y Alemania para poder llegar a República Checa y posteriormente a su capital, Praga, que es nuestro destino—le ladró, irritado—.

Pero si no quieres acompañarnos, con gusto puedes quedarte a ser la carnada, por mí no hay problema, al contrario; serías de ayuda por primera vez en tu mediocre vida, Wood.

Morirás siendo un héroe.

—No entiendo por qué detestas tanto a Jake, Caronte, ¿qué te ha hecho?

—rio Kore.

—Evitemos tocar ese tema, por favor—sisé, incómoda.

Black asintió, dándome la razón y me instó a acercarme a Kore y a Jake.

—¿Por qué no mejor preparamos todo para salir mañana antes del amanecer y poder llegar antes del anochecer?

—propuso Black—.

No quiero que Kratos logre rastrearnos cuando comencemos a movernos.

—He logrado despistar el rastro de Sophie y en el momento que abandonemos este lugar, Kratos volverá a sentirla y vendrá, pero como dice Caronte, debemos marcharnos antes del amanecer—objetó Kore con serenidad.

—Gracias por venir con nosotros—le agradecí.

—Estaré el mayor tiempo posible con ustedes, pero si percibo la presencia de Hades o su llamado, tendré que abandonarlos, ¿de acuerdo?

Sé que podrán seguir por su cuenta.

Me tensé.

—Pero cuando lleguemos al observatorio, ¿qué haremos?

—Las Horas saben que pronto estarán ahí, recuerda que ellas saben todo—puntualizó Kore con tranquilidad.

—Habías mencionado un precio con anterioridad—le recordé, nerviosa.

La mirada de Kore se postró en Blackburn con una media sonrisa.

—Caronte, tú puedes pagarle con dracmas, a ellas les encantará.

—¿Y por qué no un óbolo?

—pregunté.

—Las Horas no aceptan óbolos —dijo Black en voz baja—.

Esos pertenecen a mí… y a los muertos.

Ellas cobran en dracmas porque no negocian con almas que ya partieron.

Exigen monedas que hayan circulado entre los vivos.

Dracmas ganados, tocados, usados.

—¿Y qué pasa si no se paga?

Black la miró con algo parecido al miedo.

—Entonces no te niegan la entrada.

Te quitan el tiempo equivalente… de golpe.

Cada una representa tiempo real… y ellas se alimentan de eso.

Lo miré con el ceño fruncido, sin entender bien a qué se refería.

—Si no pagas correctamente, ellas te pueden arrebatar muchísimos años de vida en un segundo, dejándote como una anciana, Sophie—me explicó con severidad y tragué saliva.

—No la asustes—intervino Kore, sonriéndome—.

No hay necesidad de irnos a los extremos, Caronte tiene suficientes dracmas para que todos paguemos el precio, ¿verdad?

—Eso creo.

Normalmente tengo óbolos infinitos y pocas dracmas—musitó, pensativo.

—Pensé que el óbolo era más valioso—murmuré, perpleja.

—En el mundo de los muertos lo es, es decir, en el inframundo—explicó Blackburn con desdén—, pero como ellas están en el mundo humano, las dracmas son más valiosos aquí.

—Y en general, ¿cuál de las dos monedas es más valiosa, si hablamos de algo más complejo?

—quise saber.

—El óbolo—contestaron Black y Kore al unísono.

Me rasqué el cuero cabelludo con histeria.

—Amo la mitología griega, pero esto es demasiado para mí—admití.

—¿Qué apariencia tienen esas cosas?

—interrogó Jake.

Tal parecía que a él le importaba más que no fueran monstruos que el poder que ellas poseían.

Típico de Jacob Wood, fijarse en los detalles menos importantes.

Kore abrió la boca para hablar, pero Black le hizo una seña para tomar él la palabra y se dirigió a mi amigo con la mirada oscurecida por los recuerdos.

—Las Horas no tienen forma fija, —comenzó a decir con mucha seriedad—, cuando se manifiestan, no entran a un lugar, el lugar se despliega alrededor de ellas.

No caminan, el tiempo se detiene dónde están y eso les permite existir como tal.

Hizo una pausa para mirarme y yo apreté los labios, sintiendo que mi respiración se aceleraba y me tomó de la mano.

—Son demasiado altas para un cuerpo humano, delgadas, pero no frágiles, sino tensas, exactas; su piel, que realmente no lo es, es como la porcelana envejecida o el marfil agrietado o el mármol que ha visto demasiados siglos, no reflejan luz, absorben.

Kore asintió para darle credibilidad a sus palabras.

—Pero lo más inquietante de Las Horas, es que no tienen un rostro completo, —continuó Black—, es decir, donde deben estar los ojos, hay esferas oscuras, como si fuese relojes sin manecillas, algunas veces muestran líneas doradas dentro de sus cuencas, moviéndose lentamente como…

segundos.

Sus bocas suelen ser finas, casi inexistentes y cuando hablan, no mueven los labios.

La voz no sale de ellas directamente, sino surgen de la cabeza del que las escucha.

—¿Usan la telepatía?

—no pude evitar preguntar.

—Exactamente—me respondió con una sonrisa tensa—.

Ellas no tienen cabello, más bien son como hilos, sombras, hebras de humo negro o plateado, que flota sin viento y la vestimenta que usan son túnicas largas que parecen hechas de niebla compacta o polvo de estrellas muertas que jamás van a deshacerse, en los bordes de esas túnicas los símbolos cambian, números que no pertenecen a un sistema conocido y algunas marcas que no se pueden recordar después de mirarlas.

—¿Y ha habido sobrevivientes de ellas?

—preguntó Jake, horrorizado.

—Por supuesto—terció Kore—pero no creas que no sufrieron algún efecto colateral.

—Los pocos que han sobrevivido a ellas sufrieron mareos, sensación de haber olvidado algo importante, recuerdos que no sabían si eran suyos o un dolor suave detrás de los ojos como cuando no has dormido en días—concluyó Black con incertidumbre.

—¿Cómo sabes todo de ellas?

—titubeé.

—Hace muchos eones, una de ellas se atrevió a bajar al inframundo por un asunto que hasta la fecha desconozco, pero me tocó enfrentarla porque no tenía idea de que poseían cierta influencia tanto ahí como en el Olimpo y casi terminé descuartizado con solo verla a sus estúpidos ojos, si es que así se le pueden llamar a esos agujeros—contestó Black con amargura y Kore le palmeó el hombro.

—Hades y yo tuvimos que intervenir y llamar a Zeus inmediatamente porque no querías problemas—convino ella.

—¿Y qué ocurrió después?

—me sentí intimidada porque se suponía que ellos eran dioses y habían sido amedrentados por una sola de esas cosas.

Kore se encogió de hombros.

—Zeus la llevó al Olimpo para resolver el problema y les prohibió descender al inframundo para siempre.

—¿Y crees que en verdad nos dejen quedarnos ahí un tiempo?

—increpé.

—Si pagan el costo, sí y si prometen ser cautelosos y silenciosos en su estadía ahí—replicó ella.

Blackburn se volvió hacia Jake y con una sonrisa lobuna, le palmeó el hombro con entusiasmo.

—Lo lamento, humano inútil, fue una desdicha conocerte y quiero que sepas que aunque tu nacimiento fue un error y pérdida de tiempo, al menos tu muerte será heroica cuando seas usado como carnada ante Las Horas.

—¡Black!

—le di un golpecito en el hombro para reprenderlo y él rompió a reír ante la palidez en el rostro de Jake.

—Acabas de decir que casi fuiste descuartizado por una de ellas, ¿qué te hace pensar que ya te olvidó?

Probablemente te recuerde y planee terminar lo que empezó—.

Se defendió Jake, sulfurado.

—Las Horas habitan en muchas partes, no solo en el observatorio abandonado en Praga—replicó Black, mirándolo como si fuese idiota.

—Suficiente, los dos—.

Espeté, de malhumor—.

Quiero que dejen de lanzar comentarios ofensivos, por favor.

De pronto, Kore aplaudió, evitando que ambos cerraran la boca porque se habían dispuesto a protestar.

—Descansen y coman algo porque el camino en vehículo es largo, y cuando lleguemos, si es que puedo acompañarlos hasta donde están Las Horas, necesitarán toda la energía posible para poder entrar y estar a salvo—sentenció Kore, molesta también por la actitud de ambos varones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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