ÉTER:La orden de los shikanzei - Capítulo 14
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
14: El Heredero 14: El Heredero “El verdadero peso de ser Shikanzei no se mide en fuerza… sino en quién decide acompañarte.” El sol apenas despuntaba sobre la sede del Fénix Carmesí.
Las torres de piedra y los patios amplios parecían aún más imponentes bajo la luz dorada de la mañana.
La rutina diaria empezaba, pero hoy había un aire distinto: un aire de expectación.
Akio, Renji y Mira se encontraban en el patio de entrenamiento, rodeados por sus compañeros de orden.
Los novatos y algunos Shikanzei experimentados ya se movían con un flujo de Éter constante, practicando técnicas básicas y avanzadas bajo la atenta mirada de Boran, quien permanecía relajado junto al borde del patio, observando.
—Hoy es un día especial —dijo Kaien Ryuuga al aparecer, su tono firme pero calmado—.
Akio Raizen, Renji Arata y Mira Sazaki, recibirán su ascenso a Shikanzei de rango básico.
Los tres intercambiaron miradas.
No era solo un reconocimiento; era un recordatorio de que ahora sus decisiones y acciones tendrían consecuencias reales.
⸻ El patio se llenó de movimiento.
Hoshino Lark pasó corriendo junto a Renji, su nerviosismo habitual contrastando con su destreza en maniobras rápidas de Éter de refuerzo físico.
—¡Oye, cuidado con ese corte!
—le gritó Renji, esquivando a duras penas un desplazamiento veloz de Lark—.
¡Vas demasiado rápido!
—¡No hay problema!
—respondió Lark, con una sonrisa tensa—.
Solo sigo aprendiendo.
Selene Arkwright, con su elegante control de hilos de Éter, tejía formas precisas entre los árboles del patio, creando obstáculos que los novatos debían sortear.
Cada movimiento suyo parecía calculado, refinado, como un juego de ajedrez en tres dimensiones.
—Cuidado con las líneas —advirtió Mira mientras esquivaba uno de los hilos—.
Si te atrapas, no hay manera de salir rápido.
—Es solo práctica —murmuró Selene, su rostro serio pero concentrado—.
Quiero que sientan la precisión antes que la fuerza.
Reina Vols, con sus armas de Éter minuciosamente controladas, apuntaba a objetivos móviles invisibles.
Cada disparo era exacto, un recordatorio para todos de que la fuerza bruta no siempre es suficiente.
—Concéntrate en la trayectoria, Akio —dijo Reina sin levantar la voz, observando cómo Akio intentaba proyectar su Éter—.
No es solo potencia, es control.
Dagan Holt, veterano de varias misiones, se movía con paso firme y seguro.
Su aura intimidante imponía respeto incluso a los novatos más confiados.
Cada salto y golpe suyo demostraba la experiencia acumulada en innumerables batallas.
—Aprendan esto —dijo Dagan, levantando una piedra flotante con Éter de refuerzo—.
No basta con golpear.
Hay que anticipar, leer el movimiento del enemigo.
⸻ El Capitán Raizen Kurohane apareció en el patio, su presencia imponente silenciando todo a su alrededor.
Su aura tranquila y serena, a la vez intimidante, hacía que incluso los Shikanzei experimentados enderezaran la postura.
—Buenos días —saludó con voz calmada, casi bromista—.
Hoy no solo entrenarán.
Observaré cómo aplican lo que saben, y corregiré los errores que aún persisten.
Akio tragó saliva.
Sabía que cualquier fallo ante el capitán se vería amplificado, pero también entendía que aprender de él era una oportunidad única.
⸻ Durante la mañana, los tres novatos realizaron ejercicios combinados.
Akio practicaba canalizando Éter violeta a su espada, intentando cortar proyectiles y bloques de entrenamiento lanzados por los compañeros.
Cada corte era una lección de precisión más que de fuerza.
Renji trabajaba potenciando sus músculos con su Éter, aprendiendo a equilibrar la fuerza con la estabilidad para no sobrecargarse.
Mira, mientras tanto, combinaba el control del terreno con observaciones tácticas, corrigiendo sus movimientos y los de sus compañeros.
—No lo estás viendo —intervino Boran—.
No se trata solo de reaccionar.
Lee lo que el Éter te dice.
Cada impulso de la Calamidad, cada flujo de tu compañero… eso es información.
Akio cerró los ojos un instante.
Sintió la vibración del Éter en su espada, en el aire, en sus compañeros.
Lentamente, empezó a notar cómo cada movimiento afectaba al siguiente, cómo cada acción tenía consecuencias antes de ser ejecutada.
⸻ Mientras los otros tomaban un descanso, Akio permaneció entrenando.
El Capitán Kurohane se acercó a él y comenzó a corregir sus movimientos personalmente, ajustando cada postura, cada canalización de Éter.
Día tras día, Akio fue ganando la atención del Capitán, quien comenzó a mostrar un cariño discreto: el joven parecía aprender más rápido bajo su tutela, y el capitán disfrutaba ver su progreso.
Pero el agotamiento y la emoción de probar nuevas técnicas hicieron que Akio sobrecargara su espada con Éter violeta.
Un chasquido seco resonó en el patio.
La hoja se fracturó en mil fragmentos, y Akio retrocedió, incrédulo.
—No pasa nada —dijo Kurohane, con su usual serenidad—.
Es un paso más.
Del cinturón del Capitán extrajo una katana antigua, el arma que él mismo había usado cuando era novato y aún conservaba para combates.
La colocó frente a Akio.
—Toma esto —dijo—.
Ahora es tuya.
Aprende, mejórala y hazla tuya.
Akio sostuvo la espada.
Era ligera, perfectamente equilibrada, y parecía vibrar con un potencial silencioso.
Una promesa de que su camino apenas comenzaba.
⸻ Tras horas de entrenamiento, Kaien reunió a todos.
—Hoy no fue solo práctica —dijo—.
Fue observación, aprendizaje y corrección.
Y ahora… —hizo una pausa—.
Akio, Renji, Mira, han demostrado estabilidad, comprensión y potencial suficiente.
Un brillo pasó por los ojos de los tres.
—¡Ascendidos a Shikanzei de rango básico!
—anunció Kaien con solemnidad.
El Capitán Kurohane asintió, orgulloso pero serio.
—No olviden esto —dijo—.
Ser Shikanzei no es un título.
Es una responsabilidad.
Y cada decisión que tomen puede salvar o condenar vidas.
⸻ La tarde transcurrió en calma.
Los novatos socializaron más con sus compañeros, compartiendo historias de misiones pasadas, habilidades únicas y bromas discretas.
Cada Shikanzei secundario dejó su marca: la destreza de Reina, la precisión de Selene, la experiencia de Dagan, la energía de Hoshino.
Todos contribuyeron a que los nuevos se sintieran parte de algo más grande.
Akio observó a Renji y Mira, luego al Capitán Kurohane, y finalmente a Boran y Kaien.
Una sensación de pertenencia lo inundó.
No era solo entrenamiento ni títulos.
Era formar parte de un cuerpo, una familia, una fuerza que defendería el Reino del Alba.
—Esto es solo el comienzo —murmuró Akio para sí mismo, mientras la luz del atardecer iluminaba la sede—.
Y estoy listo para cargar con lo que venga.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com