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EtherSoul: Misterios de Akuaris - Capítulo 14

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  3. Capítulo 14 - 14 NOSTALGIA
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14: NOSTALGIA 14: NOSTALGIA Martín corrió hacia la habitación de Ramón y abrió la puerta con apuro, estampando la manija contra la pared.

— Eh… Ra… — pensó que iba a saber que decir en ese momento, pero las palabras no le surgieron de la boca, solo pudo quedarse viendo a Ramón, que estaba petrificado frente al televisor, sus ojos bien abiertos, su boca temblaba levemente, su cuerpo estaba totalmente firme, aunque lucía como si en cualquier momento fuese a explotar.

— Ramón.

— Ahórratelo.

— contestó Ramón, apretando los dientes.

Cerró los ojos un momento, dirigió su mirada a Martín al abrirlos.

— N… No.

No hace… No hace falta.

— Rápidamente sus ojos se perdieron, mirando a todos lados, buscando si la realidad que le rodeaba era de verdad.

Una mueca de sonrisa se presentó en su rostro, expresión que rápidamente se transformó en una de tristeza.

Se llevó la mano izquierda a la cara, agarrándose la nariz con los dedos.

—Je— — Son idiotas ¿verdad Martín?

— Bajó su mano, todo su semblante estaba desorientado.

— Muy idiotas si creen que eso me importa.

— Otra vez, la mueca de sonrisa.

— Realmente sí.

— Su rostro se tornó serio, su mirada se enfocó.

— Puedes regresar a tu habitación, Martín.

Estoy bien.

De verdad.

Solo son más razones para cumplir.

Martín, alineándose a la seriedad de Ramón, asintió y cerró la puerta de la habitación.

Desde dentro del cuarto: un grito fuerte, ronco y de rabia pura, que casi le ahoga, y luego el sonido de un golpe contra el concreto.

Luego: Silencio.

Martín dedicó una mirada de reojo a la puerta de Ramón y siguió de largo a su cuarto.

Al entrar tomó su teléfono.

En la tele, ya habían cambiado a otro reportaje.

Las desgracias en el periodismo de masas se vuelven cartas que se descartan.

Pensó Martín, más fríamente de lo que suena la frase, más que una crítica, una aseveración.

En el teléfono, en la aplicación de mensajería, Martín empezaba a comunicarse con un contacto.

Martín.

(10:11 am) Tienes algo d la noticia d los srs muertos en CN-Prd?

x lo q te dije l otro dia.

James F.

(10:12 am) Ni siquiera un hola… Martín.

(10:12 am) Deja l drama James F.

(10:14 am) ¿Por qué escribes así?

¿Se te daño el tactil?

Martín.

(10:14 am) S pa ahorrar spacio y tiempo, CONTESTA James F.

(10:20 am) … No, no tengo información sobre eso, y aunque no es Lagos, el que no me hayan querido decir nada ya te dice más que suficiente.

James F.

(10:30 am) ¿Hola?

James F.

(10:32 am) Al menos despídete, malagradecido.

Martín había puesto su teléfono sobre la mesa y estaba recostado en la cama.

— Espero que hayas cumplido con tu parte, espectro.

— dijo en voz baja, mientras se pasaba la palma por el rostro.

Con el pasar de los meses, las raíces del cabello negro de Ramón estaban empezando a notarse bastante en su flequillo teñido de blanco.

28 de Noviembre del 2081.

Ramón, más joven, con el cabello algo más corto, pero con su flequillo recién teñido (por primera vez) de blanco, estaba en un terreno baldío, en la frontera de Pradero y Lagos, ubicada cerca del final de la ciudad de Campo Naranja.

El sol se estaba empezando a ocultar.

Cerca de él estaban otros tres chicos de su misma edad.

— ¿Y te celebraron el cumpleaños en la correccional, Ramón?

— preguntó uno de los chicos, un poco más bajito que Ramón, de cabello muy corto en los lados y atrás, y crecido en la parte de arriba, teñido de blanco con solamente dos mechones oscuros en la parte frontal.

Aunque lo ocultaba con mangas largas, se podía ver que tenía las manos llenas de quemaduras cicatrizadas.

— ¿Así le agradeces al que te salvó el culo, Rainer?

— interrumpió otro, de cabello negro y muy lacio, un poco largo, le cubría la frente.

Tenía únicamente un mechón teñido de blanco.

— Cálmate Andy, pareces su marido.

— contestó Rainer, sin dejar de mirar a Ramón.

Ramón le pegó un manotazo a Rainer en el posterior de la cabeza y luego miró al cielo.

— Ya, no se peleen, la cosa es que estoy de vuelta.

¿Qué han hecho?

— Por ahí unos tipos de lagos nos pidieron que le vayamos a pegar a un loco.

— contestó el ultimo de los presentes, un joven de cabello negro y corto, ligeramente mas alto que Ramón.

Sus ojos eran verde oscuro.

— ¿Algo más interesante, Jun?

— replicó Ramón, con las manos en los bolsillos, desviando su mirada hacia otro lado — La verdad que no, cuando nuestros padres se enteraron que fuiste a la correccional… de nuevo… Fue complicado buscar un momento para salir.

— contestó Jun, bastante apenado.

— Tch ¿Todavía quieren mantener las apariencias con sus viejos?

— Ramón pateó una roca que estaba en el suelo, intentando descargar un poco su decepción.

Andy miró a Rainer de reojo, que estaba agachado por ahí entre las hierbas altas, buscando algo de valor.

— Según sé, Rainer siguió saliendo.

Ramón miró a Rainer de reojo.

— ¡UN LIS!

— gritó Rainer, alzando una moneda al aire en señal de victoria.

— Rainer no cuenta, es un caso perdido.

— contestó Ramón, regresando a ver a Andy.

Jun suspiró y se acercó a Ramón, colocando y cerrando su mano sobre su hombro.

— Lo cierto es que ya todos acá tienen catorce.

— Pausó un momento.

— Y yo tengo quince ya.

Ramón dio un paso atrás, apartándose de Jun.

— ¿Qué insinúas?

Jun exhaló pesadamente.

— Que quizá toda esta etapa debería terminar, podríamos centrarnos en hacer algo más, montar algún negocio juntos, cosas más serias.

— ¿Señor Junipero le digo?

— Rainer se dejó caer sobre el hombro de Jun, apoyándose sobre el.

— Si quieres hablar de cosas más serias, tengo un plan para un robo generacional.

— Comentó, ignorando el punto de Jun.

— Una joyería aquí mismo en Campo Naranja, millones de Lises en sólido para venderlos al mejor postor.

— Jun.

— dijo Ramón seriamente.

— No me comí tantos meses de correccional para salvarles el culo para rendirme ahora.

La banda de los cuernos naranjas finalmente está sonando en lagos.

Quizá algún día seamos como los chisposos.

No, incluso tendríamos más caché.

— dijo Ramón, apuntando ahora su dedo índice al pecho de Jun.

— Si te quieres echar atrás ahorita por tus padres adelante, pero eso no te va a aportar nada en la vida, esa gente solo sirve para juzgarte, para contenerte, te tienen envidia por que tu eres libre de verdad.

— dejó a Jun y señaló a Andy.

— Yo se que tu también estas dudando, Andrés, y por eso estás tan callado.

Pero nosotros seremos grandes, temidos, y estaremos rodeados de lo que sea que deseemos.

Junipero frunció el ceño y se encogió de hombros.

— Estás loco Ramón.

— chocó su puño levemente contra el brazo de su compañero.

— Pero somos un grupo.

— sonrió.

— Tienes aspiraciones enormes, Ramenso — dijo Rainer, estirando su mano abierta hacia su compañero.

— Solo espero que no vuelvas a terminar en la correccional.

— Y que estos días nunca terminen.

Pensó Andy, con una sonrisa en su rostro.

En febrero de 2082, Ramón vuelve a entrar en la correccional, esta vez se le es encerrado hasta febrero de 2083, sirviendo su condena un año completo.

Andrés y Junipero se encontraban en una cafetería junto a Ramón, habían sido los únicos que le habían ido a ver a la correccional, ninguno sabía nada de Rainer.

— Bueno chicos, conocí a una gente importante ahí.

— Ramón dio un mordisco a un sándwich napolitano que le habían comprado sus amigos.

— Tiene un contacto en lagos, dice que requiere gente dura como yo.

¿Qué dicen?

— dio un sorbo a su café.

— Es gente de verdad eh, son.

— Ramón tosió fuertemente.

— Perdón.

Están metidos en una de las bandas que más contrata a los chisposos, los… — Ramón dejó de hablar al ver la expresión decaída de sus compañeros.

— ¿Qué les dio?

Estoy aquí.

— Te invitamos a este café para poder hablar contigo.

— comentó Andrés.

— Hablar sobre que ya no vamos a continuar en esa vida.

Era verdad, ya Andy no tenía su mechón blanco, sus cabellos estaban cuidados, andaban en camisa y pantalón, y se los veía, distintos, incluso en el olor.

Ramón no había notado esto hasta ahora, porque cuando salió solo veía que sus amigos le estaban esperando.

Ramón asintió lentamente.

— Ok.

— se terminó a prisas su sándwich.

— Les deseo suerte en esa mierda eh.

— se levantó de la mesa.

Junipero le tomó el brazo a Ramón, que había empezado a emprender su caminata afuera.

— Queríamos proponerte este futuro, Ramón.

Tienes mucho potencial, puedes vivir una vida mejor, incluso podrías inscribirte en la sagr— Junipero recibió un manotazo de Ramón.

— Que asco que siquiera sugieras esa mierda.

— dijo, intentando soltarse del agarre de su amigo.

Andrés se levantó de la silla, intentando ocultar el enojo en su rostro.

— ¿No te parece buena idea?

podrías reconciliarte con tus padres incluso.

Ramón, la vida no siempre va a ser sobre ser esto, cuando puedes ser más.

— ¿Más que?

¿Según ustedes “eso” es ser más?

— contestó Ramón.

— A parte ¿Mis padres?

Ja, eso sirve para ustedes, niñitos de casa.

— Finalmente se soltó del agarre de Junipero.

— A mi esos tipos no me sirven para nada ¿Acaso ustedes los ven aquí?

— Miró a sus ex-compañeros.

En sus rostros había tristeza, pero más que todo una pena por él.

Sonrió.

— Seguramente ustedes les pidieron que vengan, y a esos viejos de mierda ni les importó.

No me sirven… — Ramón empezó a caminar hacia la puerta de la cafetería.

— Podrían morirse y me importaría una mierda, así como es lo mismo en el caso de ellos conmigo.

— dijo, deteniéndose un segundo antes de salir, para luego finalmente retirarse.

25 de Mayo del 2084.

11:00 am — Tenemos un día ocupado.

— Ramón había abierto la puerta de la habitación de Martín, su mirada estaba centrada en un punto fijo frente a él, sin embargo se sentía como si no estuviese mirando a nada.

Martín se pasó la mano izquierda lentamente por el rostro.

— Ramón, no es necesario que te fuerces.

— ¿A quién se le murieron los padres, Martín, a ti, o a mi?

— interrumpió Ramón, dirigiendo su mirada a Martín.

— No opines sobre cosas que no te pedí.

Si no quieres trabajar hoy solo dilo.

Martin frunció el ceño, miró a Ramón a los ojos unos segundos, pero aunque Ramón le miraba, él no sentía el contacto visual, era como si Martín fuese transparente.

— Está bien.

Pongámonos en camino.

— Se levantó de la cama.

— ¿Has logrado ponerte en contacto con tu amigo?

— Comentó Martín, mientras se alistaba para salir.

— No, pero creo saber dónde está.

— Ramón sacó su teléfono para enseñarle algo a Martín.

Era una noticia, en esta se hablaba sobre una casa en campo naranja que llevaba meses sin ocuparse debido a que desde su construcción hace un año, no paraba de ser objetivo de robos perfectos, nadie sabía quién estaba haciéndolo.

— Esa casa hace tres años era un terreno baldío donde yo me reunía con mis amigos.

Creo que el ladrón podría ser el que estamos buscando.

— Ramón cambió a otra pestaña en su celular, donde tenía un chat con la inmobiliaria encargada del terreno.

En este chat se veía como le comunicaban a Ramón que en la propiedad estaba terminándose una mudanza, ya que una señora había decidido comprarla debido a su bajo precio y gran terreno.

— Sí nos apuramos podríamos llegar antes de que empiece su serie de robos.

— ¿Y si no es tu amigo?

— preguntó Martín, caminando hacia la puerta de la habitación.

— Use tu cuenta del SAII para revisar los encargos disponibles, hay uno abierto para atrapar a este ladrón, puesto por la misma señora que compró el terreno.

— Ramón bloqueó su celular y siguió a Martín afuera de la habitación.

Martín sonrió levemente.

— Creo que no es legal compartir mi cuenta del SAII… — soltó una pequeña risa.

Ramón no reaccionó.

— Como sea, vamos.

30 de Mayo del 2084 por la mañana.

Campo Naranja.

Un joven estaba de pie frente a las rejas de una casa, una casa en una calle silenciosa de Campo Naranja.

Este joven llevaba un overol y una gorra azules, de jean.

Sostenía en su izquierda una caja de herramientas, sus brazos estaban totalmente cubiertos por un buzo manga larga.

— ¡Señora, instalación de intranet!

Una mujer de silueta joven, pero con el cabello totalmente cubierto en canas y la cara con líneas de expresión claramente marcadas, salió del portón de la casa, con una vestimenta extravagante.

— ¡Finalmente empieza la instalación!

llevo llamándolos por días.

El hombre hizo la mímica de sacarse la gorra, pero no se la quitó, le sonrió y se disculpó juntando las manos.

— Disculpe, por eso le vamos a ofrecer una mejora de su plan de intranet por doce meses, recibirá el doble de potencia por el mismo precio.

La mujer frunció el ceño al ver a aquel técnico, era extraño, aunque le veía directamente al rostro, y podía saber que era una persona normal y corriente, había algo borroso, como si no pudiese guardar los rasgos que veía de él en su cabeza.

Cada vez que parpadeaba, se olvidaba de su rostro.

La mujer se rascó la coronilla y ladeó la cabeza.

Suspiró pesadamente.

¿En qué tanta pendejada pienso?

solo quiero que se acabe esta mudanza.

— Si si, lo que sea, por favor termine rápido.

— La mujer abrió la reja, dejando pasar al hombre, que caminó tranquilamente hacia el interior del hogar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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