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EtherSoul: Misterios de Akuaris - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 EL LADRÓN SIN ROSTRO
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15: EL LADRÓN SIN ROSTRO 15: EL LADRÓN SIN ROSTRO Aquella mujer se encontraba en la sala del hogar, viendo como el técnico de intranet traía cajas de herramientas y cables.

Su mirada estaba bien puesta en él, en cómo se movía, en que lugares pisaba.

Algo era extremadamente inquietante de ese hombre, cada que ella parpadeaba se olvidaba cómo lucía, cada que dejaba de escucharlo se olvidaba de cómo sonaba su voz.

La instalación fue avanzando, llegado un punto la mujer se calmó levemente, quizá la edad finalmente le podría estar jugando una mala pasada, después de todo, pese a verse joven, su estilo de vida no era el más sano, es verdad que los humanos de esta era pueden llegar a los 120 años como los de la anterior al cataclismo llegaban a los 80, pero si no te cuidas, el envejecimiento puede ocurrir más rápido de lo normal.

Todo se apagó, absolutamente todo, la mujer solo era capaz de ver y sentir su propio cuerpo, todo alrededor de ella era sin color, por que eso no era simplemente negro, era la ausencia total de luz.

Solo era capaz de sentir la tela de su ropa, ni siquiera podía percibir los cojines del mueble donde se sentaba.

¿Me dormí?

qué está ocurriendo… no… Esto no es un sueño.

Intentó levantarse, pero no podía percibir siquiera el suelo debajo de ella, sabía que estaba ahí por que su pie no bajaba más (así como sabia que estaba sentada aún por que no caia al vacio), pero era incapaz de balancearse, en cierto punto un dolor de cabeza la azotó, estaba completamente desorientada.

— ¿Señora Ingrid?

— De la nada, todo volvió a la normalidad, el técnico estaba frente a ella, mirándola con extrañeza, ese mismo rostro irreconocible y que daba miedo ahora era un alivio.

— ¿Se quedó dormida?

Ingrid se hizo hacia atrás y asintió.

— ¡Sí!

Parece que la edad me está agarrando.

El técnico sonrió.

— Je.

Pues la instalación de la intranet está lista.

El servicio será conectado desde la conexión de Campo Naranja en máximo veinte minutos.

— El hombre tomó su caja de herramientas y se dirigió hacia la puerta, saliendo del lugar.

El hombre ya había salido de las rejas del inmueble.

Mientras caminaba por la vereda, alzó su mano izquierda, poniéndola frente a su rostro, en ese momento, un anillo de oro con un rubí incrustado empezó a materializarse en su dedo corazón.

Me queda bien, y seguro se vende mejor.

— Oye.

— Una voz dijo desde atrás del “técnico”, rápidamente el anillo desapareció en la nada.

El hombre se dio la vuelta para ver quien le llamaba, sus ojos se abrieron con sorpresa al encontrar la presencia que le llamaba, era un rostro conocido.

Una sonrisa más grande que todas las anteriores se formó en su rostro.

— ¿Has visto a algún sujeto extraño por aquí?

Uno que parezca estar tasando una casa para robarla… — preguntó Ramón.

Detrás de él estaba Martín, con su libreta de notas a la mano — ¡RAMÓN!

— Gritó el “técnico” con emoción, mientras corría hacia Ramón.

Ramón se hizo para atrás, el rostro de aquel hombre no le sonaba de nada, de hecho, él podría jurar que hace poco su cabello lucía diferente, aunque no podía recordarlo.

— Oh, verdad, mi magia.

— Finalmente, el rostro de aquella figura que no podía ser identificada empezó a adquirir rasgos definidos.

Cuando finalmente pudo reconocerlo, Ramón dio otro paso atrás, en absoluta sorpresa.

— ¡¿Rainer?!

— Ramón siquiera podría creer que Rainer tuviese tal habilidad de camuflaje, definitivamente no era el mismo amigo que él conoció hace años.

— Ha sido tiempo desde que permití que alguien me reconozca.

¡Muchos literalmente matarían por saber quien soy!

— dijo Rainer enérgicamente, mientras señalaba su pecho con el pulgar.

— Imagino que tu tarea aquí era buscarme ¿Verdad?

— dijo en un tono juguetón.

— Sí es para volver a armar el grupo de los cuernos naranjas, me rehuso.

Eso es cosa del pasado.

— su tono se volvió tajante.

— Ahora, si es para hacer negocios… — Rainer desvió su mirada hacia los alrededores y terminó posando sus ojos sobre Martín.

— Sí, vengo buscando neg— — ¿Es ese Martín Marlowe?

— dijo Rainer, su voz se volvió imposible de distinguir de cualquier voz, pero a la vez tan humana como cualquier otra.

Lo único cierto es que la intención era seria.

— ¿Sí?

— contestó Ramón.

[Crimen Perfecto] Todo alrededor de Martín era vacío, nada de color, nada de sonido, nada de sensación, solo podía ser consciente de la existencia de su propio cuerpo, y ligeramente de una porción del suelo que pisaba y el aire que pasaba por sus manos.

Su barrera era mucho más gruesa que la de aquella señora en la casa, por lo que, lo que sea que haga la magia de Rainer, no podía cruzar ese límite.

Es impresionante, Ramón siempre ha sido rápido aprendiendo, pero magia de este nivel… Ese chico Rainer… No está alterando mis sentidos con corrientes eléctricas a mi cerebro, está evitando que toda información que emiten los objetos a mi alrededor llegue a mí.

Fuera de la técnica de Rainer, Martín solo parecía estar paralizado.

— Cuidado con las palabras que vas a decir.

¿Vinieron a arrestarme?

— preguntó Rainer, su rostro ya no era reconocible, estaba totalmente a la defensiva.

Ramón alzó las manos ligeramente, llegando solamente a ponerlas a la altura de su rostro.

— Tranquilo, no venimos a eso.

— Has cambiado mucho, Ramón, pensar que trabajas con un detective privado.

— replicó Rainer.

— Al inicio fue por obligación, pero ahora es mi elección personal hacerlo.

— contestó Ramón.

— Ahora suelta a Martín de lo que sea que estés haciendo.

— observó a Martín de reojo.

— No es el tipo de persona que trae una cara de idiota desorientado.

Rainer sonrió, volviendo a permitir que su rostro real sea visible.

Soltó una pequeña carcajada.

— Muy bien, muy bien.

El mundo alrededor de Martín volvió a la normalidad.

— ¿Cómo es que los arrestaban tanto en la infancia con un mago de ese calibre?

— dijo sin pelos en la lengua.

— Su técnica no era así de fuerte en ese entonces, solo era capaz de hacernos borrosos y reducir el ruido de nuestras voces y pasos.

— contestó Ramón — ¿Cuándo te volviste tan poderoso?

— Ustedes me atrasaban.

— contestó Rainer de forma seca.

— Cuando fuiste arrestado por última vez, ese par de niños de mami que llamas amigos se metieron en sus casas y en el colegio.

Así que simplemente me fuí.

— ¿De dónde te fuiste?

— preguntó Ramón, intrigado.

— Me fuí de la sociedad, no sólo del grupo, del mundo.

¿Sabes cómo nos llaman a los criminales, de forma elegante?

“Sujetos Antisociales” — Rainer se acercó a Ramón.

— Me di cuenta de que lo que he estado buscando toda mi vida, la razón por la que no me importa el paradero de mis padres, es por que deseo ser libre.

Me até durante mucho al grupo con ustedes, pero solamente me conectaban al mundo.

Ahora soy realmente libre… Hago lo que quiero.

Ramón miró al suelo, algo se encogió dentro de él cuando Rainer mencionó que no le importaba donde estuvieran sus padres.

— ¿Entonces por qué vienes a robar tanto esta casa?

justo donde era antes el terreno baldío donde nos reunimos.

Rainer se rascó la cabeza, se puso la mano en el mentón, se sobó la frente.

Rumió por unos segundos.

— ¡No sé!

¡Porque se me da la gana!

Ramón soltó un suspiro pesado por la nariz.

— Como sea, yo trabajo por contrato.

Si quieren mi ayuda en algo, les costará.

Y déjenme decirles que tengo la agenda pesada, yo tomo los trabajos y los hago cuando me da la gana.

— esa sonrisa no salía de su rostro.

— ¿Contratos, eso no es una constricción a tu libertad?

— preguntó Martín, inclinando la cabeza, curioso.

— No, los contratos son solo sugerencias para mí, si quiero los puedo romper.

Los acepto porque a veces literalmente no se me ocurre en qué gastar mi tiempo.

— contestó Rainer, mirando a Martín.

— Ahora, si quieren que haga algo en una fecha y hora específicas, entonces el precio aumenta, por que necesitan incitar a mi voluntad de hacer algo en un momento específico.

Martín le miró estupefacto.

Eso es simplemente una forma de dar vuelta a su propia regla de ser libre.

— ¿Aceptas contratos a través del SAII, o del Corpus Rogatorum?

— preguntó Martín.

— ¿Corpus Rogatorum?

— preguntó Ramón.

— Es normal que no lo conozcas, eres joven, y ellos casi ya no tienen presencia acá en Akuaris, especialmente desde que el SAII fue formado.

Hacen lo mismo, pero no son sindicalistas, o sea que es una empresa.

— contestó Martín, aclarando la duda de su pupilo.

— Trabajan más en Novaroma.

— No trabajo para ninguna de esas instituciones inútiles, yo me promociono en la intranet y en el boca a boca.

— contestó Rainer.

— El “Ladrón sin rostro” ¿verdad?

— Martín tenía una mueca de sonrisa en su rostro.

— Veo que ya habías escuchado de mí.

— Rainer hizo una reverencia.

— A su servicio.

— dijo, sarcásticamente.

Alzó una ceja, un reloj apareció en su muñeca y lo miró.

— Deberíamos irnos a otro lado, la vieja esa no tardará en fijarse que le faltan joyas, y será peor cuando se de cuenta que no le conecté una mierda.

Se encontraban en una mesa esquinera de una discoteca, recostados en un mueble de esos que están pegados a la pared.

Sobre la mesa había tres cócteles, solamente uno había sido bebido, el de Martín.

La música estaba a todo volumen, era un dembow algo lento, pero aún así bien fuerte, que retumbaba en la cabeza de Ramón.

— ¿Por qué en un lugar así?

— preguntó Ramón, con rostro estupefacto.

— Uno pensaría que ya te acostumbraste.

— contestó Rainer, dando un primer sorbo a su cóctel.

— Es solo que me trae… malos recuerdos.

— Ramón recordó tener que sacar a Daemon de una discoteca a las cuatro de la mañana, y sobre todo lo pesado que era evitar que ese idiota matase a alguien o pelase las pistolas.

— Definitivamente, pésimos recuerdos.

Bueno, el trabajo.

— Hizo una seña con su mano a Martín.

— Es en la provincia de Gato, en Bota.

— dijo Martín, arreglándose las gafas.

— Algo me hace pensar que un miembro de la familia Dannvar está usando sus influencias sobre la familia Arorle para aprovechar el posicionamiento de la finca Arorle con la provincia de Gato.

Hace poco eso era solo una teoría debido al posicionamiento geográfico, ya que Gato hace frontera con Arorle, y a su vez Lagos, la “central” del crimen organizado, hace frontera con Gato.

— Martín sonrió.

— No me gusta pensar mal de la gente, pero, Gato no se maneja como el resto de provincias, no desde que entró Raquel como gobernadora e instauró la Seguridad Provincial de Gato.

Esto podría facilitar la lucha contra el crimen, en condiciones ideales.

Pero también es la forma perfecta de oscurecer una región de los ojos de la Sagrada Arboleda.

Ramón volteó su mirada a Martín con preocupación.

— Eso suena un poco a conspiración.

— Exacto, por eso no había comunicado esto hasta ahora.

Así como esas ideas, imagínate que tengo cientas, pero todo cambió poco después de que saliste del hospital cuando ocurrió lo de Arenar.

Aquel tipo enmascarado que nos contrató me envió esto.

— Martín sacó de su chaqueta un papel, en el que se encontraba una dirección de un edificio en Bota, Gato, junto a esto, dos palabras y un número: “CUARTEL”, “6” y “DOCUMENTOS”, en ese orden.

Realmente no fue en ese momento, todo esto eran inútiles conjeturas hasta hace dos días.

Pensó.

— En una llamada que tuve con él, me comentó que la información venía de una fuente confiable, y que tendríamos que robar la máxima información posible, por eso te necesitamos, Rainer.

Ramón clavó aún más su mirada en Martín.

Eso es mentira, me habías dicho que necesitábamos a alguien experto en infiltración, lo del robo te lo acabas de inventar.

Pensó.

Rainer se puso una mano en el mentón.

Mostrando una expresión forzosamente sería.

— Saben, yo nunca me entero mucho de los objetivos o la vida de mis clientes, nunca me ha interesado, de hecho, activamente intento saber lo menos posible de cada persona que conozco.

Aún así no soy idiota, por las cantidades de dinero y los lugares a los que me he tenido que meter, sé que son gente peligrosa.

— Puso ambas manos sobre la mesa y agachó la cabeza.

— Desafiar a gente tan poderosa sería una idea… — Guardó silencio unos instantes.

— ¡Una idea estupenda!

— Mostró una sonrisa y dirigió un pulgar arriba a su amigo Ramón.

— Pero creo que te hace falta una cosa importante, el lugar que marca esa dirección podría ser, por el sector, perfectamente una fábrica que usualmente trabaja como tal.

Una tapadera.

Si funciona como cuartel, debe ser en fechas específicas.

— Aquel hombre me dijo que incluso la fecha y hora estaban incluidas en el papel.

Así que lo he estado analizando todas estas noches.

— contestó Martín.

— CUARTEL, se refiere al día, el cuatro, el 6 se refiere al mes, Junio, y DOCUMENTOS, se refiere a la hora, diez y media.

Ramón y Rainer se quedaron viéndolo con rostro de no creerse lo que acababan de escuchar, claramente sonaba a una conspiración extraña.

— ¿Este es el gran Martin Marlowe?

— preguntó Rainer a Ramón, sin bajar la voz.

Ramón solo se encogió de hombros y negó con la cabeza.

Martín cerró los ojos y suspiró, intentando contener su mueca de enojo.

— Se que suena muy sacado de las nalgas, pero trabajamos con información críptica, esto es lo que más tiene sentido teniendo en cuenta lo que dijo ese espectro.

— Muy bien, pero recuerden que me están contratando para ese día.

Si no pasa nada igual me tienen que pagar.

— Rainer se levantó de la mesa.

— ¿No quieres que te llevemos con nosotros a Gato?

— preguntó Ramón.

Rainer se volteó, su rostro empezaba a volverse nuevamente irreconocible.

— Je.

Estaré ahí media hora antes de lo acordado.

No se preocupen por mi transporte.

— Rainer se dirigió a la puerta del local y se retiró.

Martín dirigió su mirada a Ramón, el cual se quedó viendo la puerta del local.

— ¿Por qué no le comentaste?

— No es problema de él.

— contestó Ramón, sin voltear a ver a Martín.

— Lo de mis padres ya no importa, ya te lo dije.

Martín frunció el ceño y abrió la boca.

— Mira, tengo la teoría de que…

— Una llamada entró al teléfono de Martín, interrumpiéndolo.

Al ver quien era, supo que no podía descartarla.

A esta gente siempre se le ocurre llamar en los momentos más inoportunos.

— Más tarde hablamos.

— Se levantó y contestó el celular.

— ¿Sí?

Gianluca…

o debería decir…

— Su tono se volvió satírico.

— Señor Carlo.

— Tan idiota como siempre, Martín.

— contestó el hombre del otro lado del teléfono.

— Conseguí un contacto interesante para sondeo, como me pediste, y también otro que vas a necesitar: un asesor legal.

Martín suspiró pesadamente, dejando caer los hombros.

Mierda, supongo que en una investigación así en algún momento tendría que manejar a un sujeto del área de leyes… Pensó.

— Los nombres son: Bruno Haddad, stalker a tiempo completo, y Ricardo Giacalone, abogado.

— continuó Gianluca.

Martín inclinó la cabeza.

— El segundo me suena, recuerdo verlo como asistente para un caso de divorcio.

¿Realmente me sirve un abogado civil?

— Je.

Es mucho más talentoso de lo que crees.

— contestó Gianluca.

— Eso lo veremos pronto, ahora no tengo tiempo… — Martín pensó en lo que le va a costar contratar a Rainer.

— Ni dinero para eso.

— Pues espero que pronto tengas lo segundo, porque vas a necesitarlo.

— El tono juguetón clásico de Gianluca se apagó.

— Sí, supongo que sí.

— contestó Martín.

— Confío en la inteligencia que proporcionas.

— cerró la llamada.

— Vamos, Ramón.

— dijo, volteando a ver a su pupilo.

Ramón se levantó y fue atrás de él, con esa expresión de parca que mantenía desde hace ya varios días.

Supongo que fue bueno verle una cara distinta al menos por el rato que vio a su amigo… Pensó Martín, viendo como Ramón se adelantaba en salir del local.

— Je.

— Martín se retiró también.

En el penthouse de un edificio de alguna parte de Aurum, Gianluca se quedó frío viendo su celular.

— ¡¡Este maleducado de mierda no se sabe ni despedir antes de cerrar!!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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