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EtherSoul: Misterios de Akuaris - Capítulo 16

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16: SOBRE EL PAPEL…

16: SOBRE EL PAPEL…

4 de Junio del 2084.

10:00 am.

Provincia de Gato, Ciudad de Bota.

Distrito industrial periférico.

Martin y Ramón se encontraban dentro del Jeep que siempre usaban para transportarse.

Estaban colocados en la vereda opuesta de la calle donde se encontraba aquella gran fábrica que supuestamente es el lugar donde ocurrirá la reunión que planean infiltrar.

Llevaban con el carro ahí al menos desde las 8 de la mañana, vigilantes.

Ramón tomó un sorbo de un vaso de café instantáneo que tenía sobre el tablero.

— Esto es insufriblemente aburrido.

— refunfuñó.

— Ya hemos hecho este tipo de trabajo de vigilancia antes.

Llevas quejándote toda la mañana.

— contestó Martín, sin dejar de mirar a las puertas de la fábrica.

— Es distinto, recopilábamos información, o esperábamos algo que sabíamos que iba a suceder… — Ramón se rascó el cuero cabelludo justo arriba de la frente, cerrando los ojos con fuerza.

— No estábamos esperanzados en la información de un papelito que nos dió alguien que no te cuenta ni un carajo sobre lo que estamos haciendo.

Tiene su punto.

Pensó Martín.

— Cambiando de tema a algo más útil: ya debería haber llegado tu amigo.

— ¡EYYY!

— Rainer estaba fuera del carro, gritando.

— ¡¿Dónde están?!

— Miraba hacia todos lados, desorientado.

Como de costumbre, no se podía distinguir quién era, pero Ramón y Martín lo dedujeron por contexto.

Martin presionó su frente contra la parte de arriba del volante.

Se que no nos puede ver por el hechizo de camuflaje que diseñe sobre el carro, pero ¿gritar?

va a alertar a todo el mundo.

Pensó Martín.

Rainer se quedó quieto de la nada, con una expresión de confusión, de la nada, desapareció.

[Crimen Perfecto] El mundo alrededor de Martín volvió a tornarse de color vacío, solo que ahora veia el interior del carro de un color transparente, como si intentara resistirse a desaparecer.

— ¡Te encontré!

— Exclamó Rainer, apareciendo de la nada frente a la ventana de la puerta del piloto.

Ramón miraba hacia todos lados, veía lo mismo que Martín, color vacío y el interior del carro intentando transparentarse.

Así que algo así experimentó Martín hace unos días… que horrible.

— ¡Shh!

— Martín puso un dedo en su boca.

— Deja de gritar, vas a conseguir que nos atrapen.

— susurró.

Rainer arqueó una ceja.

— Mejor desbloquea el carro y déjame entrar.

— dijo mientras daba ligeros golpes a la puerta trasera del jeep.

— Nadie puede escucharnos ni vernos fuera de la barrera que estoy extendiendo, así que apura.

Martín suspiró y desbloqueó el seguro del carro, permitiendo que Rainer abra la puerta de pasajero y se monte en el Jeep.

Cuando Rainer subió, el vacío alrededor de Martín y Ramón se deshizo, dejando ver el mundo de forma normal nuevamente, así mismo, el interior del carro volvió a la normalidad.

— Aún quedan 24 minutos para la hora acordada.

¿Qué sugieres para esta misión?

— preguntó Rainer, mientras se acomodaba en la parte trasera del vehículo.

— Ahora que estamos todos, puedo empezar a trazar el plan de verdad.

— Martín sacó su cubo de Rubik, que estaba solucionado, y empezó a revolverlo.

— Vamos a seguir esto al pie de la letra para asegurar una infiltración correcta.

— Para cuando había terminado de decir esto, el cubo de Rubik estaba resuelto.

— No tenemos ni idea de la estructura del lugar donde vamos a ejecutar este ataque, así que lo más importante es asegurar la infiltración de Rainer.

— Martín abrió un bolso que tenía colocado entre los asientos del piloto y copiloto, de ahí sacó un intercomunicador y dos auriculares monoaurales con micrófono.

Colocó lo primero en su ropa, y los dos audífonos se los pasó a Rainer y a Ramón.

— Apostando, los empleados de la fábrica deberán salir todos para que la reunión tenga efecto, y lo harán por la puerta, Rainer deberá entrar por donde ellos salen.

Hay la posibilidad que alguno de los implicados de la reunión llegue por la puerta principal, pero no podemos esperanzarnos en eso.

Una vez dentro, Rainer, tienes que sondear todo el complejo, metete por donde puedas y recopila toda la información, una vez lo hagas, busca la forma de permitirnos la entrada.

No te olvides de desactivar las cámaras primero.

Rainer rió.

— ¿Así que tu gran plan es obtener la información para ejecutar el plan?

— Colocó su mano en el mentón.

— ¿Por qué deberían entrar ustedes?

No es como si alguien me pudiese detectar.

Tener que estar haciéndolos invisibles solo va a hacer más incómodo mi trabajo.

— No subestimes a nuestro enemigo.

Quizá tengan Jammers instalados, o alguna forma de detectar intrusos.

— contestó Martín.

— No subestimes mi habilidad, puedo desaparecer más allá de las habilidades de sigilo comunes.

— replicó Rainer, frunciendo el ceño ligeramente.

— Es una medida precautelar.

— No necesito tal cosa.

— Es una orden, para eso te pagamos.

— ¿Se te olvida con quién hablas?

Ramón dio un aplauso.

— Basta ya.

— dirigió su mirada a Rainer.

— Danos la oportunidad de entrar cuando recopiles la información, y me refiero a pruebas físicas, información tangible.

Seguro que entonces tendrás razones para entender nuestro apoyo.

Martín sonrió levemente.

Rainer inclinó la cabeza ligeramente.

— ¿Y si no quiero?

— No le sacó la mirada a Martín.

Ramón cerró los ojos y dirigió su rostro hacia la ventana del copiloto.

— Recuerda que me debes unas cuantas.

Rainer volteó a ver a Ramón.

Es verdad que si no fuera por el sacrificio de su propia libertad, yo no podría ser lo que soy hoy.

No se que tanto me afecta esto, si es libertad estar atado a una deuda… Pensó, mientras, involuntariamente, su rostro se volvía cada vez más reconocible.

No.

No es una deuda la que tengo contigo, Ramón.

Es mi retribución.

Su técnica volvió a la normalidad, volvió a no tener un rostro claro.

El saldo de un hombre libre a otro hombre libre.

— Está bien, Ramón.

— Sonrió.

— Tu ganas.

10:30 am.

Una caravana de tres carros blindados llegó al lugar, estacionandose en el lado opuesto de la calle de donde estaba el grupo, justo frente a las puertas de la fábrica.

Por la puerta de salida de la instalación, empezaban a retirarse los empleados, ordenados en fila por un guardia de seguridad de la empresa.

Algunos iban renegando, ya que venían en carro, pero no se permitió abrir el garaje, quizá por que tendrían que volver pronto a seguir trabajando.

De todas formas, se veían visiblemente enojados.

De la camioneta de en medio de la caravana, se pudo ver como salía un hombre, acompañado por tres oficiales de la SPG.

Un ave negra se colocó sobre uno de los postes de luz de la calle.

— No puedo creerlo, de verdad uno va a entrar por la puerta principal.

— dijo Ramón, observando la situación.

— Probablemente sea el chico Dannvar.

Es conocido por ser dueño de empresas, posiblemente lo quieran hacer pasar por una reunión de negocios.

— contestó Martín.

Rainer desapareció, la puerta del vehículo se abrió y se cerró.

A través del intercomunicador de Martín sonó: — En movimiento.

Martín presionó un botón del comunicador.

— Usa el comunicador lo menos posible.

Dudo que puedas camuflar las ondas de radio.

Podría, pero eso las echaría a perder.

Pensó Rainer, mientras corría hacia el hombre que se había bajado de la camioneta.

Era un tipo de estatura media, de cabello lacio, fino y negro, que le caia como trapo en la cara.

Traia gafas de sol, y vestia un pantalón de lino negro, junto a un sueter con un cuarto de cremallera colocado sobre una camisa blanca manga larga (Ambas prendas remangadas).

Uno de los agentes al lado de él sostenía un maletín.

Rainer se colocó justo al lado de este sujeto, y cuando le abrieron la puerta principal, rápidamente se deslizó justo frente a él, rozando levemente su ropa, sin embargo, debido a que su habilidad [Crimen Perfecto] le permite incluso suprimir la sensación del tacto, el supuesto joven Dannvar no pudo percibir el roce.

— Entré.

— Comunicó Rainer a sus aliados, mientras hacía lo mismo para atravesar las otras dos puertas del recinto.

Varios metros bajo tierra, en un túnel subterráneo iluminado por tenues luces blancas de techo, se movía un gran grupo de gente, eran al menos 31 individuos, divididos en dos grupos, uno lleno de hombres vestidos totalmente de negro, envueltos en chalecos de combate, enmascarados y con los brazos y manos totalmente cubiertos, pero lo mas extraño de todo, desarmados, que iba atrás del segundo, un grupo con dos de estos hombres en cada extremo, y en medio, cuatro personas particulares.

— Valió la pena financiar a esa mujer.

Haber podido construir un complejo subterráneo así en cuestión de meses… — dijo un hombre vestido de forma elegante, de camisa, con corbata, saco (colocado solamente en los hombros, con las mangas sueltas) y pantalón de lino.

Su cabello era de color café platinado.

Ese hombre debería hacerme más caso cuando le digo en qué compañías invertir… Pensó.

— Entrar por la puerta de atrás no es digno de un noble, Lucas.

— El chico que iba más al frente, de pelo rojo teñido y ojos verde esmeralda, iba con una actitud mucho menos emocionada, refunfuñando.

Llevaba una chaqueta verde oscura y debajo una bividí blanca.

De su cuello colgaba una cadena de oro y tenía el cabello recogido con sus gafas de sol.

— Técnicamente no es la puerta de atrás, estamos entrando por debajo.

— Contestó el hombre que iba detrás del pelirrojo.

Un hombre de cabello negro y desarreglado, vestia una camiseta de compresión negra, y un pantalón militar junto con las botas respectivas del mismo color.

Su cuello y brazos (desde los nudillos hasta el codo) estaban cubiertos de vendas plateadas.

— Je.

— Soltó la mujer que iba delante de Lucas (que es el que está al último de la formación del medio).

Era una chica bastante delgada pero de apariencia muy masculina, su cabello era tambien negro, al igual que sus ojos.

Su vestimenta era similar a la de los uniformados del grupo grande que iba tras de ellos, sin embargo no portaba una tela tapando su boca, estaba remangada, y traía dos armas en cada lado de la cadera, a la izquierda una espada corta, y a la derecha una pistola.

Rainer, una vez dentro de las instalaciones, mantuvo su posición al lado del tipo que había usado para entrar.

Pasaron primero al lado de una construcción bastante grande, que por los carteles y por lo poco que se alcanzaba a ver a través de rejillas y ventanas opacas, era un área de producción principal.

Rainer elevó la mirada y pudo ver cómo, a través de un puente metálico, este primer edificio estaba conectado con otros dos, uno solo ligeramente más pequeño, pero de apariencia similar, probablemente dedicado al empaquetamiento, y otro aún más pequeño, pero con ventanas más grandes y una apariencia menos industrial, que seguramente era el área administrativa.

Así mismo, el segundo edificio conectaba con un puente también con el último mencionado.

Detrás del edificio más alejado de la calle (el de administración), estaba una zona de parqueadero bastante grande.

Rainer pudo entrar de forma más holgada al último edificio, junto al grupo que estaba siguiendo.

Subieron escalones a un primer piso y Rainer se encontró con una sala llena de computadoras, una cafetera y algunas pertenencias de la gente que trabajaba ahí.

Aprovechó mientras los objetivos abrían una puerta para entrar a una sala de juntas, e hizo desaparecer una caja de chicles para luego tomarla y guardarla.

Algo me tengo que llevar… Mierda.

Rainer se dio cuenta al voltearse, que todos sus objetivos habían entrado ya a la sala, y la puerta había quedado cerrada detrás.

— Martín, Ramón.

Estoy dentro, procederé a explicarles la disposición del interior…  A algunos metros bajo tierra, se abría la puerta de un elevador grande, de este salieron los cuatro sujetos particulares que llegaban del túnel subterráneo, delante de los dos guardias que les seguían.

Esta zona subterránea era a la vez un pasillo para ir al interior de los tres distintos edificios de la instalación, y a la vez una bodega oculta donde se guardaban cosas que no podían estar al acceso de los empleados generales.

El grupo avanzó sin prisa hacia la escalera que llevaba al departamento administrativo.

— ¿Cómo estamos de tiempo?

— Preguntó la chica de pelo negro.

Lucas revisó el reloj de su muñeca, este tenía una pantalla y a parte de la hora mostraba que le había llegado un mensaje.

— Llegamos cinco minutos tarde… — Sacó su celular y vió el mensaje, era del hombre que había llegado antes que ellos.

A este niño se le hace tan fácil chillar, como el puede llegar por la puerta frontal.

Pensó.

Omar Dannvar.

(10:35 am) ¿A qué hora será que llegan?

Estoy bastante ocupado manejando cosas como para perder más tiempo con el informe.

Es URGENTE.

A lo mejor le hace falta algo de conducta… Pensó Lucas, mientras guardaba su celular.

— ¿Acaso no sabe esperar?

— refunfuñó el pelirrojo, mientras subía la escalera.

— Se cree mucho porque tiene un apellido principal.

Pero incluso tú eres mucho más útil para “el” que ese niñito de casa.

— Pues sí, Raimundo.

— contestó Lucas, intentando contener su sonrisa.

— Pero niñito o no, es noble de apellido principal, así que es de algún modo valioso.

Al menos como herramienta.

Finalmente habían llegado a la planta baja del área administrativa.

Detrás del primer grupo que había salido del elevador, fueron subiendo los escalones otros diez de estos guardias.

— Sofía, organizalos, iremos subiendo a la sala de juntas.

— Dijo Lucas a la chica de pelo negro, antes de empezar a subir junto al hombre de los vendajes plateados.

En la planta 1, Rainer se encontraba sentado en una silla que también había hecho invisible, cuando escuchó los pasos y las voces de la gente que había llegado.

Estaba justo terminando de contar la distribución del área de la fábrica.

— Esperen, entró gente nueva…  Martín respondió a través de la Radio: — Ellos debieron usar otro medio de entrada, por las puertas principales no vimos a nadie más.

¿Cuantos son?

— Bastantes.

— contestó Rainer.

— Pero parece que solo están subiendo dos.

— Se quedó un segundo en silencio y cerró los ojos.

Intentando escuchar bien qué decía la voz que viene de la planta baja.

— Homunculos, su distribución es la siguiente: Dos se quedarán aquí abajo, dos me seguirán a mi en todo momento, tres entrarán junto a Lucas y Zero a la sala de juntas, tres irán por el puente en L hacia el área de vigilancia del edificio de producción.

Dos irán con Raimundo, uno de esos quedará vigilando desde arriba la planta baja del edificio de empaquetamiento, mientras que el otro será reemplazado con uno de los soldados que acompañan a Omar y se quedará junto a él.

El soldado que acompañaba a Omar irá a vigilar el exterior desde la plataforma de metal que conecta el edificio de empaquetamiento con el de producción.

Finalmente, Raimundo, tú quedarás del otro lado de la puerta con el homúnculo vigilante, atento a cualquier reacción o cambio en el mismo mirándolo a través del vidrio polarizado de la puerta.

— Sofía habló fuerte y claro, su voz era profunda pero aún visiblemente femenina, hablaba con el ímpetu de un general.

— El resto de Homúnculos deberían estar ya colocados en las posiciones designadas previamente.

— Sofía dió un aplauso y los homúnculos aceleraron a toda velocidad hacia sus posiciones.

Raimundo en cambio se rascó la coronilla, y chasqueó la lengua contra el paladar.

Sofía le fulminó con la mirada sin siquiera voltearlo a ver completamente y el pelirrojo dejó caer la cabeza y empezó a subir las escaleras, mientras los dos Homúnculos asignados a estar temporalmente a sus espaldas le seguían.

Sofía también empezó a avanzar instantes después.

Rainer abrió los ojos ante la turbulencia de los Homúnculos corriendo a sus posiciones.

— Escuchen bien.

— Activó nuevamente el comunicador.

— Empezando por lo más importante, unos soldados, todos vestidos iguales, aceleraron cerca mio, posicionándose rápidamente.

— Rainer se levantó de la silla, volviéndola irreconocible temporalmente, y luego finalmente visible de forma normal.

Con cautela observó el comportamiento de los Homunculos.

— Parecen ser estáticos, tal vez personas con el cerebro lavado.

La que los comanda les llamó Homunculos.

Por las escaleras, Raimundo terminó de subir y abrió la puerta de la sala de juntas, al parecer, cuando entraron Lucas y Zero, dejaron la puerta sin seguro.

O la puerta no tenía seguro, sea como sea, entrar me es imposible sin alarmarlos.

Tras de Raimundo, entraron los otros dos “soldados”.

Sofía también subió, caminó tranquilamente, revisando la habitación con la mirada.

Los Homúnculos que le seguían mantenían la vista activa también.

Martín tosió por el intercomunicador, y contestó: — ¡¿Homúnculos?!

— ¿Será que son los mismos parecidos a vampiros que nos encontramos en ese laboratorio y en la librería?

Pensó.

— ¿Puedes confirmar si poseen los ojos rojos?

Rainer contestó rápidamente: — Comprobado.

— Alguna idea de cuantos hay?

— preguntó Martín.

— No sé, pero probablemente… ¿más de veinte?, puedo confirmar la existencia de doce… no, de hecho son quince.

Los guardias de la SPG que entraron con el chico Dannvar también eran Homúnculos, disfrazados, pero también.

— contestó Rainer.

— Procederé a comunicar su formación.

— Ten cuidado, llevamos con el canal mucho rato en sintonía.

Se breve.

— advirtió Martín.

Dentro de la sala de juntas, Lucas se encontraba de un lado de la mesa ejecutiva (el lado cercano a la puerta por la que todos entraron) y Omar se encontraba del otro lado, Zero se encontraba en medio de la habitación, apoyado contra la pared, con los ojos cerrados.

Raimundo atravesó la habitación sin mirar atrás, uno de los Homúnculos que le seguía se acercó a uno de los que seguían a Omar, y le dijo al oído: — Cambio.

— La voz era carrasposa y se notaba también temblorosa, pero el timbre era profundo.

Más que algo inhumano, parecía algo que había sido arrebatado de poder ser humano.

El Homúnculo con la ropa de la SPG se retiró de la habitación por la otra puerta junto a Raimundo, el que venía con Raimundo se quedó a órdenes de Omar.

Lucas se inclinó hacia adelante, apoyando su codo en la mesa y luego su cabeza sobre su palma.

Sonrió.

— Bueno, Omar, ahora que nadie más nos va a interrumpir… — La mirada de Lucas se tornó muerta, y su sonrisa casi ya no lo parecía.

— Háblame de la Rata de Lagos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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