EtherSoul: Misterios de Akuaris - Capítulo 5
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5: ELLA, QUE BRILLA 5: ELLA, QUE BRILLA Mathew, Martin y Ramón se encontraban frente a un árbol con rasguños, otro de los varios que había en los bosques en las cercanías a Cabriles.
Ramón estaba con una libreta dibujando el patrón en el que los rasguños habían sido hechos, Martín y Mathew estaban más cerca del árbol, analizándolo con detenimiento.
— Ramón, ¿Cuántos vamos?
— Preguntó Mathew, alejándose del árbol.
— Este es el sexto que examinamos.
— Ramón tapó el bolígrafo y lo ancló al anillado de la libreta.
— Creo que son suficientes.
— Añadió, con una pizca de hartazgo.
Martín se colocó la mano en el mentón y sin voltear a ver a Ramón le preguntó: — ¿Conclusiones?
— Que en Cabriles hay un carpintero muy consistente.
— Dijo, mostrando a Mathew los dibujos y anotaciones de los seis rasguños analizados.
— Misma forma, intensidades distintas pero no muy variadas, lo más importante es lo consistente de la limpieza de los cortes.
No es que sean perfectos, pero todos tienen la misma cantidad de imperfecciones.
— Cerró la libreta y la guardó en su chaleco.
— Están hechos con la misma herramienta.
— No.
— Dijo Mathew, volteando a ver el bosque en general.
Ya no se veían tantas marcas de rasguños, pero nunca perdían por completo su presencia.
— Ningún Carpintero.
Ramón suspiró.
— Imaginé que entrarías en razón.
— Se acercó a Martin.
— ¿Qué sigue?
Martín volteó a ver a Mathew, observando su mirada perdida en el bosque, luego dirigió su atención al mismo lugar que el.
— Buscar el epicentro.
— Sin mediar más palabras, Martín empezó a caminar.
Mathew tragó saliva, frunció el ceño levemente y avanzó.
Ramón colocó su mano en la cadera, cerca de donde guardaba su pistola y los siguió sin perder esta posición.
El grupo continuó adentrándose al bosque.
Martín, en una de las hojas de su libreta, dibujaba un mapa rudimentario de las pistas que encontraban en el camino.
Cadáveres de animales, árboles rasguñados, señales de la presencia de un depredador.
Pero ocurría que, mientras más se encaminaban en lo que parecía ser el camino correcto, siguiendo el patrón correcto, cada vez las pruebas se volvían más difusas, los caminos que debió haber tomado el objetivo eran más erráticos de lo que tendría sentido.
El licántropo no era un animal idiota, la forma en la que Mathew describía sus habilidades de combate denotaba cierto nivel de inteligencia y consciencia del entorno, pero lo que encontraban en el bosque era puro caos, o enormes “vacíos” de inactividad, que no tenían sentido con la teoría principal.
Pero lo más alarmante de todo el bosque rodeando Cabriles era su silencio, no había casi animales vivos, toda vida que encontraban estaba ya en los huesos, y la única interrupción ocasional que tenían era el tímido canto de algún ave.
— Martín.
— Ramón se detuvo.
— Yo sé.
— Martín también detuvo su andar, y suspiró.
— Creo que puedo explicar este sin sentido.
Mathew guardó silencio y se apoyó contra un árbol, mientras se frotaba los ojos con las yemas de sus dedos.
— Estamos detrás de más de un objetivo.
— Martín cerró su libreta y empezó a caminar alrededor de la zona, mientras empezaba a armar su cubo de rubik.
Mathew arqueó una ceja e inclinó su cabeza hacia adelante.
— ¿Eh?
Explícate.
— Que en teoría, en Cabriles no nos mintieron, no hay ningún licántropo.
— Contestó Martín.
— Y por el patrón de las garras, creó saber que es lo que hay.
— Dirigió su mirada a Ramón y asintió.
Ramón volteó a ver a Mathew, que expresaba confusión en su semblante.
— Hace aproximadamente una semana, fuimos atacados por falsos oficiales de la sagrada arboleda mientras revisábamos unos archivos en la biblioteca municipal de Pradero.
— Interrumpió, antes que el joven Orfei pudiera decir algo.
— Con la excepción del que comandaba este ataque, todo el resto de falsos soldados eran algo así como marionetas vivas, sin consciencia, que solo seguían órdenes.
Compartían características vampíricas— — Pero lo principal, que nos interesa…
— interrumpió Martín, dirigiendo una mirada intensa a Ramón.
— Es que en un momento de la pelea desplegaron unas enormes garras de acero retráctiles atadas a sus antebrazos.
— Martín volteó a ver a Mathew.
— Y el patrón coincide perfectamente con los rasguños en los árboles.
La mirada de Mathew se dispersó.
— ¿Pero?
— Tomó aire.
— No.
Ugh.
— Suspiró con pesadez.
— Probablemente tienen razón.
Es más de uno ¿Pero están seguros que son esas cosas?
Martín se encogió de hombros y miró hacia la oscuridad del bosque, ya empezaba a hacerse tarde.
— No podría asegurarlo, no tuve tiempo para estudiarlos, tampoco tengo pruebas, pero tiene más lógica que sean ellos a que sea un solo licántropo, o varios.
— Observó lo que se supone era el camino de vuelta, ya no se veía al pueblo en el horizonte.
— Mañana podríamos— — ¿Escucharon eso?
— Interrumpió Mathew.
Tanto Martín como Ramón agitaron la cabeza en negativa.
La piel de Mathew estaba erizada, un escalofrío recorrió su espalda, pero este respiró profundamente y dejó soltar un quejido mientras se estiraba.
— Lo siento, me he vuelto bastante sensible en est— Una fuerte ráfaga de viento pasó entre Ramón y Martín, que no era solo eso, si no un atacante que llegó a Mathew y, desplegando unas garras de acero, le rebanó el pecho y luego lo pateó, lanzándolo contra el árbol que tenía detrás.
— ¡Mathew!
— Ramón desenfundó velozmente su pistola, pero un segundo enemigo se abalanzó sobre él desde la copa de un árbol y este instintivamente se lanzó al suelo y disparó varias veces.
[Caja] Martín convocó una macro-barrera de fricción en forma cuadrada alrededor de donde el grupo se encontraba.
unas tres bestias más se abalanzaron hacia ellos pero se vieron repelidas por la “caja”.
Empezaron a huir.
— ¡Mathew, aguant—!
[String] – [Knife] Mathew no se encontraba echado en el árbol, estaba fuera de la barrera persiguiendo a las bestias que huían, mientras tanto, aquella cosa que lo atacó yacía en el suelo con una laceración circular que envolvía todo su cuello.
El árbol al que Mathew se estaba apoyando tenía tres cortes profundos, justo de la misma forma que los tenía el pecho de Mathew al ser impactado.
Dos impactos de bala más, la bestia que atacó a Ramón estaba muerta, Martín mezcló su cubo de Rubik y empezó a armar de nuevo, mientras disolvía la barrera para ir atrás de Mathew, cosa que Ramón también haría.
[String] – [String] – [String] — Conecté una cuerda de fricción a cada una de esas cosas.
Alguna nos tiene que llevar al lugar del que sea que salen.
— Dijo Mathew a sus compañeros sin parar de correr.
— ¿Y cuánto rango tiene esa cosa?
— preguntó Martín.
— ¿Por qué crees que sigo corriendo?
— Contestó Mathew.
— Agh, el suficiente, digamos.
Las tres bestias empezaron a juntarse mientras corrían.
Una se dio la vuelta, con clara intención de contraatacar.
[Knife] Las bestias frenaban para apoyar a la que quería iniciar el contraataque, pero esta última yacía en el suelo con su cuello sangrante.
Continuaron su huida.
— Dudo que quieran atacarnos de vuelta.
— Dijo Ramón, al pasar al lado del cadáver de la que acababa de ser asesinada.
Mathew se detuvo en seco, tan en seco que Martín y Ramón casi se tropiezan.
— ¿Qué pasó?
— preguntó Martin mientras recuperaba el equilibrio.
— Algo cortó las cuerdas.
— Contestó.
— ¿Sabes donde se cortó?
— preguntó Ramón, ignorando lo que implicaba el corte de las cuerdas.
— Me hago una idea de la dirección general, pero no creo que sea buen augurio.
— Dijo Mathew, dando un paso atrás.
Martín y Ramón en cambio, dieron un paso adelante.
— Guíanos.
— Dijo Martín.
Mathew asintió y empezó a caminar en la dirección donde había sentido su cuerda desvanecerse, sus compañeros le siguieron, atentos a cualquier emboscada.
Después de caminar un rato, pasado el punto donde la cuerda se desvaneció, pudieron distinguir una forma extraña en la oscuridad, no se trataba de las montones de siluetas de árboles, parecía una pequeña cabaña.
Mientras se acercaban, empezaron a notar una muy tenue y lentamente parpadeante luz roja que se colaba a través de las ventanas de la estructura.
[String] Mathew impulsó una cuerda a través de la parte de abajo de la puerta de la cabaña, la cual agitó dentro de la construcción para percibir si había algo dentro esperándolos.
Lo sorprendente fue no sentir absolutamente nada, era una estructura completamente vacía por dentro.
— Yo entro primero.
— Dijo, y sin dejar espacio a objeciones se apresuró a invadir el lugar.
Detrás de él entraron Martín y Ramón, ambos preparados para cualquier cosa.
Lo unico que encontraron fue la fuente de la luz roja, había algo debajo de uno de los tablones de madera que conformaban el piso de la estructura.
Mathew volteó a ver a sus compañeros y asintió, para luego acercarse a levantar el tablón.
Debajo de este tablón se podía ver una parte de una trampilla metálica con una cerradura electrónica, pero que se encontraba desbloqueada, la luz roja se colaba a través de la pequeña apertura del pasaje.
Levantó todos los tablones y abrió la compuerta.
Pudo ver que debajo había unas escaleras con quince metros de profundidad, y la luz roja venía de unos focos que estaban en la cavidad cilíndrica donde se encontraba la misma.
Parecía ser una salida de emergencia.
— ¿Bajamos?
— preguntó Ramón al ver que sus compañeros se quedaron en silencio un buen rato.
Mathew avanzó y empezó a bajar.
— Vamos.
Martín y Ramón hicieron lo mismo.
Al llegar al fondo, el grupo se encontró con una gran instalación que solamente se iluminaba con tenues luces provenientes de los equipos tecnológicos presentes.
— Creo que le debo dinero a un par de conspiranoicos…
— Dijo Martín mientras avanzaba para examinar el lugar.
— ¿Qué hace una instalación así en el subterráneo de un pueblucho así?
Ramón avanzó.
— Pensé en muchas cosas horribles que podríamos encontrarnos acá.
Trata de blancas, drogas, el cementerio de un asesino serial.
— Ramón encendió la linterna de su celular.
— Todo lo que hay acá está vacío, sin usar, o desechado.
— Se podía ver como algunas áreas rectangulares en las mesas, estanterías y el suelo estaban ligeramente menos sucias que el resto del lugar, indicando que había algo antes ahí que fue retirado.
— Parece que el lugar fue evacuado.
— Y este lugar claramente no quería ser encontrado.
— añadió Martin.
— Es posible que el siguiente paso sea una demolición.
— Martín miró a Mathew, que no había dicho una palabra desde que vió el lugar.
El chico estaba totalmente quieto, con un semblante sutilmente horrorizado.
Mathew reaccionó.
— Es un laboratorio de investigación biológica.
— Avanzó hacia una de las computadoras que todavía se encontraban ahí.
Al mover el ratón, se encendió la pantalla, mostrando un mensaje: “Formateo completo”.
— Yo diría experimentación.
— Es una conclusión bastante acelerada.
— añadió Martín.
— Algo me dice de todas formas qué esa es la realidad.
— Contestó Mathew mientras avanzaba por el lugar con agilidad, acercándose a una puerta de cristal que se encontraba del otro lado.
Intentó abrirla pero estaba bloqueada, así que tomó el monitor de una de las computadoras, lo jaló y lo lanzó contra la puerta, rompiendo el cristal y casi tumbándola.
Martín y Ramón le siguieron con recelo, Mathew se comportaba de forma extraña, parecía ser inconsciente de que sabía más de lo que decía.
Aquella otra habitación estaba a oscuras hasta que entraron, las luces del techo se encendieron brevemente antes de volverse a apagar, sin embargo, varias luces del lugar sí que se mantuvieron encendidas.
Estas luces provenían de varios cilindros grandes que se encontraban por toda la sala y que se conectaban desde el suelo hasta el techo.
— ¿¡Qué es eso!?
— Repentinamente al Mathew acercarse a uno de los cilindros, este se deslizó hacia arriba, revelando un tanque de un líquido extraño dentro del mismo.
En el tanque, había algo que parecía un humano, totalmente desnudo y flotando.
Un medidor de signos vitales revelaba que estaba completamente vivo.
— No se si cobrarte más o pagarte.
— dijo Martin mientras se acercaba al tanque.
— No tiene sentido.
— ¿No sabías nada de esto, Martín?
— Dijo Ramón mientras se acercaba a otro cilindro, el cual reveló otro tanque con otra persona suspendida dentro.
El joven intentaba guardar la calma, pero su mano apretaba fuertemente su arma de fuego y su voz era ligeramente temblorosa.
— Si había escuchado algo, pero es el tipo de cosa que uno descarta como una locura.
— Martín empezó a fotografiar el lugar con su celular.
— ¿Quiénes estarán metidos en esto?
— Mathew también comenzó a revisar otros cilindros.
— Podría ser algo privado, público, Novaromano, de Akuaris.
— Contestó Martín.
— Honestamente podría ser cualquiera, lo obvio es que hay algo de corrupción.
— Su expresión cambió momentáneamente, abrió los ojos completamente y separó sus labios.
Chasqueó la lengua contra el paladar y sonrió.
— Pero la municipalidad de Cabriles seguro tiene algo que ver.
Una puerta metálica se abrió del otro lado de la habitación, una figura femenina emergió, con sus rasgos completamente imperceptibles, iluminada a contraluz blanca, luz que salía de la habitación de la que venía.
Ella sostenía su celular, lo presionó con su pulgar y de forma calmada dio un paso atrás, volviendo de donde venía.
Se cerró la puerta.
Ramón disparó a la puerta mientras se cerraba, pero la bala no pasó.
— ¿Qué?
— Hay que irnos.
— Martín sacó su cubo de Rubik y empezó a caminar hacia el lugar del que vinieron.
El fuerte sonido de un líquido evaporándose rápidamente inundó el lugar, todos los cilindros de la sala se deslizaron y los tanques empezaron a llenarse de vapor.
Sonaron golpes contra los vidrios, que empezaron a quebrarse.
Al cruzar la puerta por la que entraron a esa sala, Martín pudo ver a lo lejos que la salida de emergencia estaba totalmente sellada.
— Verga.
Ramón empezó a apuntar a todos lados mientras los tanques estaban cada vez más cerca de romperse.
— ¿Cuántos son?
— Metió su mano en su chaqueta, le quedaban dieciocho balas más, en la pistola solo tenía cuatro.
Mathew empezó a correr hacia otra de las puertas de la habitación.
— ¡Demasiados!
— Intentó abrirla pero no pudo, así que pasó a otra puerta.
Uno de los cristales finalmente se rompió, el vapor dentro de este se empezó a expandir rápidamente a través de la sala.
Luego se rompió otro cristal, y otro, y otro.
Martín corrió y tomó a Ramón del brazo, llevándolo hacia donde estaba Mathew, que seguía intentando abrir una puerta.
[Caja] Cinco de los seres que habían despertado de la suspensión en los tanques se abalanzaron contra el grupo, estrellándose contra la barrera que Martín había convocado alrededor de ellos.
— ¿La tienes?
— preguntó Martin a Mathew.
— Creo que no voy a poder abrir esta…
— Pues tienes que ver como la abres porque yo no puedo mover esta puta barrera.
Mathew respiró profundamente, intentando ignorar el ruido de la ahora docena de humanoides que intentaban asesinarlo.
[String] Mathew pasó un hilo de aire a través de la cerradura y empezó a tantear.
En cuestión de segundos fue capaz de abrir la puerta.
El grupo entró a la habitación siguiente sin pensar demasiado y cerraron la puerta, trancándola con una mesa de metal que estaba cerca de la entrada.
— ¿No podías hacer eso antes?
— Preguntó Martín mientras intentaba controlar su respiración.
— Me puse nervioso.
— Contestó Mathew, poniéndose la mano en el pecho.
— ¿Ok?
solo necesitaba concentrarme un poco.
— Ugh, ¿Qué?
— Ramón había alumbrado la habitación con la linterna de su teléfono instantes después de entrar, al ver lo que había dentro, el horror lo atacó.
— Miren esto.
En la habitación, había varias cápsulas como en la anterior, pero dentro de estas no habían adultos, habían bebés, la mayoría recién nacidos.
Mathew se acercó corriendo a ver las pantallas, solo para fijarse que la mayoría de los dispositivos no presentaban signos vitales.
— Ugh.
— Una arcada casi lo lleva al vómito.
Se recompuso y apretó botones en una de las cápsulas, hasta que uno abrió el cristal y drenó el líquido.
Mathew acercó sus manos cuidadosamente al cuerpo del bebé y lo tomó, acostándolo en sus brazos.
Al comprobar su estado, pudo confirmar y deducir lo que temía: todos los infantes habían muerto muy recientemente, segundos antes de que el grupo entrase a la sala.
— Los mataron porque nos vieron acá.
— dijo Mathew con una voz entrecortada.
Martin suspiró pesadamente y se rascó con el índice entre las cejas.
— Tal vez es mejor que la vida que les esperaba.
— dijo sin titubear, sin notar la frialdad en su tono.
— Este se mueve.
— Ramón interrumpió, apuntando a uno de los tanques.
Dentro de este había un bebé ligeramente más viejo que el resto.
El sistema no le detectaba signos vitales, pero pataleaba y agitaba sus manos levemente, su ceño estaba fruncido.
Mathew colocó cuidadosamente al infante que cargaba en la base de la cápsula de la que lo había recogido, y corrió hacia donde Ramón, lo apartó y rápidamente presionó el botón para liberarlo.
— Por favor, no mueras.
— Imploró.
El líquido de la cápsula se drenó y el bebe que estaba dentro quedó acostado boca arriba sobre su base.
El cristal se deslizó hacia abajo.
Mathew tomó a la criatura y apoyó la cabeza de la misma contra su pecho, meciéndola con sus brazos y dándole palmadas ligeras en la espalda.
— Respira.
— Afirmó.
— Es una niña.
El sonido de un eructo salió de la infante, seguido de un llanto que inundó toda la sala.
Mathew miró a Ramón, que no había perdido el tiempo en seguir revisando las otras cápsulas.
— ¿Hay otro más?
— Preguntó, con su voz quebrada.
— No.
— Contestó secamente Ramón, con una textura rasposa en su hablar.
Cuando la luz se reflejó en sus ojos, se pudieron ver humedecidos, y su expresión totalmente ensombrecida.
Presionaba su agarre tembloroso sobre su pistola, conteniendo cualquiera que sea su emoción.
El sonido de varios golpes ahogó la presencia del llanto, aquellos que estaban en la otra sala estaban, a punta de fuerza bruta, logrando tumbar la puerta.
— Tengo preparado un hechizo muy ofensivo.
— Dijo Martín, acercándose a la puerta.
— No los matará, pero nos dará apertura para correr hacia la puerta por la que salió quien quiera que sea la persona que nos encerró.
— Apuntó con el dedo a Ramón.
— Dispárale a la chapa y reza que eso abra esa puta puerta.
— Dirigió su mirada a Mathew.
— ¿Seguro que te la vas a llevar?
— Por supuesto.
¿Qué clase de pregunta es esa?
— Contestó, claramente anonadado por la actitud de Martin respecto a la situación.
— Soy…
— Su mandíbula temblaba al hablar.
— Se supone que soy un doctor.
— Asume la responsabilidad del peso que llevas en tus brazos entonces.
— Contestó Martín, pateando la mesa que habían usado de tranca.
Mathew y Ramon se acercaron rápidamente a Martin.
La puerta cayó y al instante que la línea de fuego estaba libre, Martin liberó su ataque.
[Poder Bruto] Una simple pero poderosa explosión fue liberada de la palma de Martin, tan fuerte que al lanzarla su brazo rebotó hacia atrás.
El ataque carbonizó a tres de los atacantes que se encontraban justo amontonados en primera fila, el resto sufrieron graves quemaduras y fueron lanzados volando contra todos lados en la otra sala.
Murieron aproximadamente diez.
El grupo rápidamente se adentró y corrieron hacia la puerta que tenían que ir, mientras avanzaban varios de los humanoides se empezaron a levantar.
Para cuando llegaron ya había algunos queriendo abalanzarse sobre ellos.
Ramón disparó a la cerradura de la puerta y a todo lo cercano a esta tres veces.
La puerta se desbloqueó y este la pateó abriéndola completamente.
El grupo continuó corriendo.
La otra sala parecía una zona de oficinas, el resto de puertas que quedaban eran todas puertas normales, Martin tomó la delantera y empezó a armar su cubo de Rubik.
— Probablemente la puerta de entrada a este lugar no sea cualquier cosa, así que la voy a volar.
— Empezó a correr.
Mathew siguió detrás de Martin, el que tomaría el rol defensivo en el grupo sería Ramón, que tendría que evitar que las amenazas restantes se acercaran a ellos.
Los humanoides empezaron a abarrotar los espacios por los que el grupo pasaba, Martin había logrado matar unos cuantos, y herir a otros muchos, pero seguían siendo decenas, probablemente algunos provenían de otras salas que no habían explorado.
[Aliento Elemental: Onda de choque] Ramón logró empujar a varios atrás, luego disparó un par más de balas.
La facilidad por la que se movían era bastante grande.
Esto no era solo un laboratorio clandestino, acá se había hecho mucho por mucho tiempo, estaban presentes en el desmantelar de un proyecto grande.
O al menos eso parecía.
Finalmente, llegaron a una zona con una gran puerta de acero.
— Tápense los ojos.
— Dijo Martín.
[Poder Bruto: Supernova] Sin mediar más palabra o avisar, puso su mano hacia adelante y liberó una explosión de calor y fuerza bruta hacia adelante que derritió el acero de la puerta e hizo volar varios pedazos de la misma.
El destello de la habilidad fue tan cegador que la horda que los seguía se empezó a tambalear y chocar entre ellos.
El calor que hacía era como si estuviesen en un sauna.
El lugar empezó a temblar.
El grupo corrió y atravesó el agujero en la puerta, sólo para darse cuenta que se encontraban dentro de una cueva.
Se podía ver el destello de la luz de la luna al final del túnel, por lo que mantuvieron la carrera.
Mientras corrían, la cueva detrás de ellos iba colapsando, la explosión había desestabilizado los sedimentos y el túnel empezaba a colapsar.
Esto atrapó a todos los humanoides detrás de ellos.
Finalmente, después de instantes intensos de carrera, estaban nuevamente en el bosque.
Tras ellos solo quedaba una colina con una cueva colapsada.
— ¡Mierda!
— Ramón se dejó caer al piso y se acostó boca arriba.
— No hay tiempo para descansar, tenemos que volver a Cabriles.
— Martín estaba agitado, tenía su mano sosteniendo su pecho y su voz se escuchaba ahogada.
— Quienes sea que están en esto, no quieren testigos, y nosotros somos esa mierda.
Cuando se quedaron en silencio un segundo, notaron nuevamente el llanto de la bebé que sostenía Mathew.
— Y encima tenemos una alarma que le grita a todo el mundo que estamos aquí.
— añadió Martín.
Tomó un respiro profundo y empezó a correr, indicando a Ramón y Mathew que le siguieran.
Mathew apretó los dientes y frunció el ceño ante la forma despectiva de Martin de referirse ante la vida que salvaron, pero se guardó las iras y empezó a seguirlo lo más rápido que podía.
El grupo se encontraba ya en el Hotel donde se habían elegido hospedar.
En la habitación de Martín, la bebé que trajo Mathew dormía en la cama.
Mientras tanto, el grupo se encontraba en el patio interno, que a esas horas de la noche se encontraba vacío.
— Lo que está claro es que alguien nos cree muertos.
— Dijo Martín, después de darle un sorbo a un vaso de café.
— Probablemente se darán cuenta que escapamos.
— añadió Ramón.
— Me corrijo entonces.
— Martín dio otro sorbo.
— Nos quiere muertos.
Mathew sostenía su cabeza sobre su mano, sus ojos estaban entrecerrados y su mirada estaba perdida.
— Hay que avisar al departamento de la sagrada arboleda de aquí.
— No.
— Contestó Martín.
— Lo más probable es que estén del lado de ellos.
— Exactamente es por eso que hay que hacerlo.
— Replicó Mathew.
— Si están con ellos, buscarán una forma de silenciarnos, y eso será nuestra prueba para sostener el caso.
— Me suena más a suicidio.
— Dijo Ramón.
— Estamos en su pueblo, quién sabe cuánta gente estará metida en esto.
— Por eso lo haré yo solo.
— Contestó Mathew.
Ramón se frotó los ojos con el pulgar y el índice.
— Efectivamente, pensamientos suicidas.
— Se levantó de su asiento.
— Tienes una criatura que cuidar ahora, Mathew.
Martin dio un firme pero no muy fuerte golpe en la mesa.
— Este es nuestro plan.
La única opción.
La mañana siguiente, el jeep de Martín se encontraba estacionado frente al departamento de la sagrada arboleda en Cabriles.
— Ya regreso.
— Dijo Mathew, mientras se bajaba del vehículo.
Ramón traía a la bebé en sus brazos, esta ya no lloraba y se encontraba jugando con el mentón del joven.
— Rápido, este no es mi trabajo.
— Se te da bien.
— añadió Martín.
Mathew se adentró en el edificio.
En la recepción pidió una reunión con el jefe del departamento, con el cual ya había conversado previamente para poder organizar cosas de la investigación.
Un guardia le dejó pasar a la oficina del jefe.
Esta estaba bastante bien decorada, lámparas largas de piso, un candelabro central, varios cuadros y un gran escritorio de madera.
No había nadie.
Mathew recibió un golpe en la nuca y se desmayó, cayendo de cara al suelo.
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