EtherSoul: Misterios de Akuaris - Capítulo 6
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6: CORRE COMO BALA 6: CORRE COMO BALA Cuando el rostro de Mathew se encontraba a punto de tocar el suelo, su mirada volvió en sí, colocó rápidamente sus palmas en el piso e impulsó su torso y cadera hacia atrás usando sus brazos mientras recogía su pierna para al momento de coger fuerza estirarla y dar una patada ascendente usando el talón hacia el mentón de su atacante.
— ¡Arghhh!
¿Eh?.
— El hombre que atacaba a Mathew sostuvo su postura pese al fuerte impacto y desenvainó su espada tan rápido como pudo.
[???] Mathew salió impulsado hacia el candelabro en el techo de la habitación, esquivando el consiguiente ataque de su oponente.
Meció el candelabro que ya empezaba a despegarse del techo por su peso y…
[???] El candelabro se desprendió del techo y salió despedido en dirección al atacante con Mathew abandonando el candelabro en el instante antes del impacto, atrayéndose hacia una de las lámparas largas de piso de la habitación, la cual al no ser tan pesada se vio ligeramente atraída hacia el.
El guardia tacleó el candelabro y lo rompió endureciendo su barrera en el área de impacto, aplicando fuerza extra.
— ¡Un — [???] Mathew no dejó siquiera hablar a su oponente, impulsándose rápidamente hacia él con la lámpara alargada en la mano, que usó para impactarle en la cabeza.
El guardia cayó desmayado.
Mathew soltó su arma improvisada.
Instantes después, dos guardias abrieron la puerta de golpe, y así mismo fueron atacados por Mathew a gran velocidad.
[???] Ambos lograron levantarse tras el impacto, sin embargo Mathew atrajó a gran velocidad el metal de tanto la lámpara como los pedazos rotos del candelabro, impactandolos y sirviendo como un segundo ataque, luego, golpeó a ambos, a uno con el codo en el rostro, y a otro con una patada en el riñón, usando un fuerte impulso magnético para aprovechar la atracción hacia su armadura.
Se arregló el cabello.
Mathew salió del edificio instantes después, corriendo hacia el carro de Martín y subiendo de un salto.
Su camisa estaba salpicada con sangre.
— Arranquen, hay que irnos.
— La bebé empezó a llorar.
Martín arrancó al instante el vehículo y se dirigió con prisa hacia la salida del pueblo.
— ¿Qué pasó Mathew?
— Las autoridades de aquí tienen que ver…
— Mathew empezaba a quedarse dormido.
— Me atacaron pero logré escap— Mathew soltó totalmente su peso sobre el asiento, se había desmayado.
— Revisa si está bien, Ramón.
— Martín aceleró.
— Eh, aún respira.
— Ramón se quedó pensativo, mientras intentaba calmar a la niña en sus brazos.
— ¿No lo notaste un poco extraño?
— Preguntó a Martín.
— ¿Tal vez?
no lo conozco lo suficiente para decir que está actuando “raro” — Contestó.
Ya iban entrando a la carretera.
— Tal vez solo es cosa mía…
— Dijo Ramón mientras miraba de reojo a Mathew.
Martín sacó su celular y vio una notificación que le había llegado.
Dejó el celular.
— Mm.
— ¿Qué pasó, Martín?
— preguntó Ramón.
— Creo que hoy va a pasar algo importante.
— Contestó Martín.
Pasó una hora, Mathew despertó.
— ¡AAA!— Gritó instintivamente, pero su boca fue tapada velozmente por la mano derecha de Ramón, mientras con la otra sostiene a la bebé.
— ¡Shh!
— Ramón movió lentamente al infante hacia Mathew.
Mathew tomó a la niña lentamente y la reposó en sus brazos.
La observó detenidamente, con sus ojos bien abiertos y el ceño medio fruncido.
Abrió los labios y soltó un ligero sonido, intentando vocalizar varias sílabas, pero no pudo decir nada al final.
— ¿Qué vas a hacer con la criatura?
— preguntó Martín, con su mirada en la carretera.
— Tengo que comprarle comida apenas lleguemos a Nueva Caracas.
— Respondió Mathew, sin quitar la mirada de la infante.
— No me refiero a eso.
Si no a quien la va a cuidar.
— Martín miró a Mathew a través del retrovisor interior.
Mathew se quedó un momento en silencio, nuevamente las palabras se le atoraron en la boca.
— No la voy a enviar a ningún lado, yo la cuidaré.
— ¿Entonces cómo la vas a llamar?
— preguntó Ramón.
— Aún no sé.
— Gracias.
— Mathew se bajó del carro cuando llegaron a la zona centro de Nueva Caracas.
— Ahora que vaya a hacer las compras te hago el depósito, Martín.
— Estaba por irse, pero se detuvo.
Volteo a ver a Martín.
— ¿Qué vamos a hacer con lo que sabemos?
— Por ahora pasa a ser parte de otro de mis trabajos, así que…
preferiría que no lo comuniques con nadie.
— Contestó Martín, mirando a Mathew a los ojos.
— No te embarres más, ahora tienes una responsabilidad más importante.
— ¿Hay algún descuento por haberte hecho progresar en tu otro trabajo?
— preguntó Mathew.
— No.
— Martín devolvió su mirada a la calle, dejando de enfocarse en él.
— Te recomiendo que ahorres y salgas de la región.
Las cosas se van a poner complicadas.
— Arrancó el Jeep y avanzó, dejando atrás al joven Orfei.
Ramón agitó la mano despidiéndose mientras el carro se alejaba.
— Ahorrar…
— Mathew miró a la bebé que cargaba en sus brazos, que ya empezaba a llorar de hambre.
— Je.
— Suspiró, y empezó a trotar hacia su próximo destino: el supermercado, una cita médica, y la farmacia.
La historia de Mathew Orfei continuará en: EtherSoul: Fhatalis.
Ya oscurecía.
— ¿Y qué hay con eso que mencionaste más temprano?
— Ramón tenía los ojos cerrados y estaba acostado en la parte trasera del Jeep, usando sus brazos como almohada.
— Creo que recibiremos una llamada muy pronto.
— Martín finalmente había llegado a su destino en Nueva Caracas: un conjunto residencial cerrado con unos altos muros de ladrillo, que arriba tenían cercos eléctricos.
Suspiró — Tengo que pedirle al dueño que me dé un control para el garaje…
Bájate Ramón.
— Dijo, abriendo la puerta del asiento trasero del carro.
— ¿Dónde estamos?
— Ramón se bajó del carro y observó como Martín sacaba unas llaves de su bolsillo y las insertaba en una de las puertas del conjunto residencial, que estaba al lado de una gran puerta de garaje.
— Vivo en una de las casas de aquí.
— Contestó Martín, abriendo la puerta y haciéndose a un lado.
— Pasa.
Ramón pasó.
Al entrar, vio el conjunto por dentro, varias casas de tamaño medio, con una pequeña calle principal donde se estacionaban los carros de los distintos residentes.
Al fondo parecía haber un pequeño parque con una piscina comunitaria.
— Debe ser caro el alquiler.
Martín entró y cerró la puerta detrás de él.
— Lo sería si alguien alquilase, pero todos aquí compramos nuestro pedazo de terreno.
— Empezó a caminar hacia su casa.
— El dueño de este lugar invirtió bien.
Martín tomó el picaporte y las llaves para abrir la puerta de la casa, pero antes volvió a ver a Ramón.
— Usa la sala de visitas, dormirás en el mueble.
— Abrió la puerta, dejando pasar primero a su compañero.
Ramón entró, le echó un vistazo rápido a todo el lugar y se fue directo a acostarse en el mueble.
— Puedo acostumbrarme.
— La casa no era muy grande, pero la sala de visitas era muy cómoda, el mueble era largo, los cojines en el punto perfecto de dureza y suavidad.
Las luces de las diversas lámparas eran de color amarillo, dando un ambiente cálido y nocturno.
— No es necesario, tengo una habitación en mi oficina, solo que ya me dio pereza ir hoy.
— Martín se quitó su saco y lo colgó en una percha cerca de la entrada.
Empezó a dirigirse al comedor mientras se desabotonaba el chaleco.
— Podría acostumbrarme a tu lujo.
— Ramón se estiró mientras aún seguía acostado.
— Así no molesta tanto que no me pagues.
Martín lo volteó a ver mientras doblaba su chaleco.
Le mantuvo la mirada en silencio unos instantes.
— Hay varios próceres de la historia que te golpearían por decir esa mierda.
— A los esclavos no los tenían viviendo tan bien.
— Respondió Ramón.
— Tus padres no parecían tan pobres como para que esto te parezca tanto.
— Martín dejó el saco sobre la mesa y se remangó la camisa, para luego desabotonarse dos botones de arriba.
Se encaminó a la cocina al ver el silencio de Ramón durante estas acciones.
— Pues no lo eran.
— Contestó finalmente Ramón.
— Pero no sé por qué me siento tan tranquilo a comparación de ese momento.
— Suspiró y se sentó.
— Aún pese a— El chico fue interrumpido por el sonido de una llamada telefónica, su expresión se ensombreció de golpe y cerró la boca.
Martín sacó su teléfono del bolsillo del pantalón y sonrió al ver quien era.
— Tenía razón.
— Que raro es que tengas la consideración de llamar, Gianluca.
— Martín contestó a la llamada.
— Deja el drama huevón.
Sabes que es mejor que no te llame, te hago la vida más fácil.
— Contestó el que llamaba.
— Podrías llamarme tú.
— ¿Seré tu marido?
— Martín se apoyó contra el mesón de la cocina.
— ¿Cuál es la razón de tu llamada?
— Necesito que mañana vayas a mi empresa a hablar en mi oficina.
Es algo importante que no puedo expresar en la llamada.
Pero tiene que ver con dinero y un contrato para una investigación.
— ¿Finalmente voy a visitar las oficinas de la gran y pulcra importadora “Velero”?
¡Qué honor!
— Sí…
presenta tu nombre y te dejarán pasar.
— Gianluca se irritó.
— ¿Te picó?
jajaja, espero una buena propuesta.
Recuerda que me debes.
— Que yo sepa aun no me has conseguido ese inversor de Aurum.
— Contestó, aún irritado.
Martín se quedó en silencio un segundo.
— Ahora que me haces acuerdo.
Mañana podría ser el día.
— Je.
— Gianluca se animó un poco.
— Entonces mañana.
No caigas tarde huevón.
— La llamada se cerró.
Martín salió de la cocina y observó a Ramón.
— Descansa la garganta hoy.
Tengo la impresión de que mañana va a ser un día movido.
— Inclinó la cabeza, fijándose en la expresión sombría de Ramón.
— Te voy a preparar un té.
Ramón se tumbó en el mueble.
Ya era el siguiente día y después de desayunar, el dúo se encontraba en camino hacia las oficinas de Gianluca.
— ¿Qué querrá tu amigo?
— Ramón estaba contando sus cartuchos y preparando su arma.
— No voy a decir nada basado en especulaciones, pero prepárate para cualquier cosa…
— Observó de reojo a Ramón a través del retrovisor interno.
— Céntrate en prepararte para tus soplidos elementales, dudo que nos dejen entrar armas.
— Confía en mí.
— Ramón sacó unas bolas de papel aluminio de una cangurera que traía atada al costado de su cadera.
Extendió el papel aluminio y luego lo sopló con una versión muy reducida de su aliento elemental, que servía para calentar el material, preparándolo para ser usado.
Luego empezó a envolver su pistola y sus cargadores en papel aluminio.
— No deberían ser capaces de ver esto con los escáneres.
— ¿Y si te registran?
— Preguntó Martín.
— No me van a registrar.
— Contestó Ramón con confianza, mientras escondía todo en su chaqueta.
— Permítame registrarlo.
— El guardia de la puerta del edificio de la importadora Velero arqueaba su ceja al ver la chaqueta tan grande de Ramón en pleno sol de mediodía.
— Venimos para una cita directa con el señor Velasquez.
— Dijo Martín intentando interferir.
— El contenido de nuestro equipaje es confidencial y forma parte de nuestro trabajo de investigación.
No podemos simplemente exponerlo.
Gianluca me conoce, él entenderá.
— Lo siento señor Marlowe, pero no podemos dejarlo pasar así nomá— El guardia fue interrumpido por una mano en su hombro.
— Déjalos pasar, hombre, son mis invitados.
— Era un hombre de piel café clara con una estatura promedio, con un traje elegante de color azul con rallas verticales de un tono ligeramente mas claro.
Traía gafas de sol y un chupete en la boca, su cabello negro le llegaba a la nuca y lo tenía todo peinado hacia atrás.
El guardia asintió con la cabeza, sin quitar sus ojos de Ramón, el cual al pasar al lado de él solo le sonrió.
La recepción del edificio tenía un techo alto, y por lo menos el mezanine y el primer piso estaban conectados con esta mediante balcones internos.
Había seis elevadores, tres a la derecha, tres a la izquierda.
La recepción era un gran escritorio en medio, había varios sillones de espera por todo el lugar.
Los tres empezaron a caminar hacia uno de los ascensores del edificio, específicamente el último a la derecha.
No dijeron ni una sola palabra hasta que las puertas del elevador se cerraron.
— Nadie nos va a escuchar aquí.
Este ascensor no tiene cámaras tampoco.
— La expresión despreocupada de Gianluca rápidamente se tornó sombría.
Ramón estaba a punto de sacar su pistola.
— ¿Qué vas a hacer?
— Martín sonrió, mientras tomaba su cubo de rubik.
Gianluca marcó todos los pisos a partir del cuatro hasta el veinte.
— Así tenemos tiempo.
— Suspiró y se recostó contra la pared del ascensor.
— Hace exactamente tres años, empecé a recibir financiamiento de un agente no muy limpio.
— Se sacó sus gafas de sol y las ajustó al bolsillo de su saco.
— Pasar mercancías en los camiones de importación, todo igual muy seguro, incluso se encargaron de no hacerme daño alguno cambiando la empresa para una emboscada contra una redada a finales del año pasado.
— Habían llegado al piso siete.
— Cual es el punto Gianluca.
— Incluso Martín había cambiado su expresión.
— Te metiste a investigar algo profundamente relacionado con esto Martín.
No dimensioné el tamaño de la gente con la que estaba colaborando, son personas muy poderosas.
— Gianluca colocó una mano en su frente.
Piso nueve.
— Pensé que solo era un mini noble novaromano metiendo sus manos en el crimen, como muchos, pero esto es algo más grande.
Y estoy seguro que ya lo sabes.
Que ya has visto a las bestias que traen con ellos.
— Piso once.
— Pero eso no es lo más peligroso Martín, es solo una parte.
El tipo que escapó de la prisión a inicios de febrero, ese loco que hizo explotar una facilidad de la sagrada arboleda como si fuera nada.
Ese tipo de gente está inmiscuida en eso, absolutas amenazas.
— Piso trece.
— Todo eso ya lo sé Gianluca.
¿El punto?
— Contestó Martín.
Gianluca se quedó un segundo en silencio.
— Me pidieron que te llame, porque saben que estás investigando, y querían que te entregue a ellos.
— Piso quince.
— Obviamente acepté, negarme era pedir que me maten.
Ramón desenfundó su pistola y la colocó en la cabeza de Gianluca.
— Hijo de puta.
— Martín colocó su brazo en el pecho de Ramón y lo hizo para atrás de forma sutil.
Gianluca nunca le quitó la mirada de encima a Martín.
— Envié todo a la cuenta que me diste en Aurum, estoy conversando con el contacto que me diste.
— Piso diecisiete.
— Cuando toquemos el piso veinte, nos estarán esperando, tienen preparado un atentado, van a usar su presencia en Cabriles y los estragos en el cuartel de la arboleda para enredarlos en una iniciativa terrorista.
— El ascensor se detuvo en el piso diecinueve.
— Martín, imagino que estuviste preparando algo.
— Desde que puse un pie en el ascensor.
— Martín sonrió.
— Me voy a bajar aquí del ascensor.
En cuanto toquen el piso veinte, la luz en todo el edificio se desconectará durante dos minutos.
Yo tomaré la escalera de emergencia.
— Gianluca salió del ascensor.
— Si no suben, ellos harán el ataque igual, destruyendo gran parte del edificio.
Tienen que resistir esos dos minutos, en cuanto llegue la luz las cámaras de seguridad habrán sido recuperadas de mi lado.
Una vez esté listo llegará la sagrada arboleda aproximadamente un minuto después.
Habrá pruebas para que ustedes no sean involucrados en el ataque.
— Empezó a trotar hacia las escaleras de emergencia.
— Te llegará la ubicación de donde nos encontraremos luego.
— Las puertas del ascensor comenzaron a cerrarse.
Ramón miró a Martín desconcertado.
— ¿Cómo puedes confiar tanto en él?
¿Cómo sabes que no estamos a punto de morir o de ser arrestados?
Martín suspiró cerrando los ojos.
Se estiró.
— Gianluca no es un tipo super honorable, tampoco es mi amigo del alma, aunque le haya hecho un gran favor.
— El ascensor empezó a subir de nuevo.
— Simplemente él sabe que yo…
— Piso veinte, la puerta se abrió.
— No puedo ser asesinado ni traicionado bajo ningún concepto.
Se apagan todas las luces.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Dael_Dead ¿Como sobreviviran Martin y Ramón de la emboscada?
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