EtherSoul: Misterios de Akuaris - Capítulo 7
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7: TRES MINUTOS DE INFIERNO 7: TRES MINUTOS DE INFIERNO El sonido de un arma disparando resuena en toda la habitación, Martín hace la cabeza hacia atrás.
Vuelve a mirar hacia el frente, totalmente intacto.
Observa de reojo una de las cámaras del lugar.
— Defensa propia.
— Apunta su palma hacia sus enemigos, que ya empezaban a abalanzarse sobre Ramón y el.
La habitación se ilumina con un flash.
[Poder Bruto: Supernova] Una explosión enorme cubre a la horda de enemigos que se les acercaban, la luz es cegadora, y la fuerza devastadora.
Varios son empujados tan fuerte que atraviesan los ventanales de la habitación, siendo empujados fuera del edificio en caída libre hacia la calle.
Los que estaban más cerca del inicio de la explosión quedaron agonizantes en el suelo, carbonizados.
Los únicos que sobrevivieron estaban en medio de la horda.
De veintiún personas, quedaron siete presentes.
Martin sonrió, Ramón mantuvo su pistola alzada para disparar contra los enemigos restantes.
Ambos dieron un paso fuera del ascensor.
Ramón escuchó un fuerte pisotón y se hizo para atrás, en ese momento, un corte apareció en su mano y muñeca, no muy profundo, pero el golpe que vino con este tuvo tanta fuerza que su pistola salió volando, impactando contra una pared.
Cerca de la pistola, había una silueta, que desapareció instantes después.
¿Qué?
¿Quién me hizo esto?
si están todos en el piso.
Pensó, mientras miraba hacia todos lados, comenzando a coger aire.
Otro pisotón fuerte, esta vez Martín empujó hacia atrás a Ramón, poniéndose delante de él.
Un corte apareció en su camiseta, y un ligero raspón en su pecho.
— Ponte cerca mío, iremos a ver tu pistola.
Ramón se apegó a Martín y empezaron a caminar hacia la pistola.
Los ataques cesaron, aún así, estaban nerviosos, pendientes al alrededor.
Ramón contenía un montón de aire en su boca.
Se agachó a tomar el arma.
En el momento en el que el chico tomó la pistola, la punta de una espada se colocó a milímetros de su cien.
Frente a él, estaba la pierna de Martín, que había alcanzado a percibir otro ataque.
La espada había atravesado el músculo gemelo de la pierna de Martín, la barrera y esta misma carne habían parado la inercia del arma.
Del otro lado, sosteniendo la espada, estaba un hombre de piel blanca con un ligero tono café, de cabello rosado (teñido, con la raíz de su color negro original bastante presente), vestimenta color negra, y ojos con un iris rojo, reconocible en cualquier lado, era un vampiro.
Los ojos de aquel hombre estaban totalmente abiertos, su rostro no mostraba emoción alguna.
Desapareció, y con ello terminó de rebanar el músculo de la pierna de Martín.
Martín cayó de rodillas al piso, apoyándose en el hombro de Ramón y apretando su rostro para contener el dolor.
— ¡Martín!
— Ramón gritó, mientras levantaba el arma y la apuntaba a todos lados.
— Ramón.
— Martín señaló a los siete sobrevivientes, que empezaban a levantarse y tomar sus armas.
— Tienes que calmarte.
— Ok.
— Empezó a respirar agitadamente, intentando calmarse.
— ¿Qué hacemos entonces?
¿Cuál es el plan?
— No podemos ganar.
— Contestó Martín.
— Hay que sobrevivir.
— Apretó con fuerza el brazo de Ramón.
Ramón miró a todos lados.
[Aliento elemental: Onda de choque] Sopló hacia arriba, de donde venía su enemigo de cabello rosa, este aliento le empujó reduciendo por completo su inercia.
Ramón instintivamente disparó hacia el enemigo, pero ya no estaba ahí.
Aunque entraba luz por los ventanales, no era suficiente, la habitación de igual forma se veía bastante oscura.
Ya que estas ventanas solo estaban de un lado de las paredes, el lado opuesto al de los ascensores.
El grupo de sobrevivientes empezaba a abalanzarse sobre Martín y Ramón, usando como podían sus técnicas de impulso para llegar a atacar.
[Laceración de Plasma] Todos los sobrevivientes fueron golpeados por un rayo de plasma, generado por Martín, esto los mandó al piso a todos a gritar por las quemaduras y el dolor.
— Enviaron a este tipo con toda esta chusma para que se le haga más fácil, siguen sin querer gastar tantos recursos en nosotros.
— Martín sacó una navaja suiza de su gabardina y la usó para cortar una parte de la tela de su pantalón, que luego usó como venda para su herida.
— En cincuenta segundos vuelve la luz.
Ramón cerró los ojos y se levantó despacio, agarrando su pistola con fuerza.
Inhaló con fuerza.
Abrió los ojos.
[Aliento elemental: Aguja] Se giró bruscamente hacia su “punto ciego” —con su arma apuntando en diagonal al suelo en el lado contrario al que se giró— y de su boca disparó una corriente de viento súper comprimida en un área pequeña que hizo que esta tuviese una enorme capacidad de perforación.
La corriente impactó contra el suelo, generando un pequeño hueco.
¡BANG!
El sonido de su pistola, había alzado rápidamente su arma y disparado al lado contrario donde miraba, ahí estaba el de pelo rosado, con una herida de bala en su hombro, también se agachó al mismo tiempo de esto, evitando el ataque que su oponente de todas formas intentaría completar.
— Detesto estos juegos mentales.
— Dijo Ramón, mientras empezaba a lanzar una ráfaga de disparos en contra de su oponente, el cual volvió a desaparecer.
Al forzarlo a abandonar su posición preferida en el lado más oscuro de la habitación, y hacerlo tomar contraluz ante los ventanales, se dio cuenta de una cosa, su oponente parecía desaparecer por márgenes de tiempo muy cortos, en los que tomaba una nueva posición al reaparecer, pero al hacerlo, también se veía afectado por una inercia.
Este no es como el de la biblioteca, definitivamente no puedo derrotarlo.
Sé cuál es el problema de su habilidad, pero no tengo la habilidad suficiente para tomar ventaja.
Pudo notar como su oponente se aceleraba nuevamente a la zona oscura de la habitación, donde Ramón no podría verle con tanta facilidad.
[Aliento elemental: Pantalla de fuego] Ramón colocó sus brazos en una equis frente a él y luego sopló una corriente de fuego que esparció con sus brazos rápidamente, esto iluminó la zona oscura temporalmente, y generó una zona por la que su oponente no podrá acercarse a él.
¡Martin!
El vampiro apareció en la vista de todos a escasos milímetros de Martín, en el aire, a punto de atravesar su corazón a gran velocidad.
Martín se movió lo más rápido que pudo cuando se dio cuenta, esto hizo que la espada se clavara en el piso, atravesando el hombro derecho del detective en lugar del punto vital.
Martín estaba de rodillas sosteniéndose con su brazo izquierdo, mientras dejaba que la parte derecha de su torso descanse en el piso, sin mover la zona clavada aún por el arma.
El vampiro estaba justo a la derecha de Martín, soltó su arma, crujiéndose los puños mientras veía a Ramón — Asegurado.
— Dijo casi murmurando.
— ¿Asegurado dices?
— De la palma izquierda de Martín empezó a brotar una luz eléctrica de color purpura.
Las luces volvieron a encenderse en la habitación.
[Poder Bruto: Tormenta en una palma] Martín terminó de acostar el torso y alzó el brazo apuntando la mano hacia el vampiro, un relámpago violeta salió disparado a gran velocidad hacia la posición general donde se encontraba, Ramón también empezó a disparar a lo loco, moviendo la vista hacia todos lados intentando ver como su oponente podría contraatacar.
Sin embargo, su oponente no estaba en la zona de impacto.
Ramón sintió un fuerte golpe en su estómago.
Era el vampiro, su cuerpo emanaba humo, su ropa estaba un poco quemada y su brazo y mejilla derechos tenían dos cortes producto del roce de una bala.
El golpe hizo que Ramón se quedase totalmente sin aire.
El oponente volvió a desaparecer por un instante.
[گام پنهان (Gâme Penhân)]: La técnica del sujeto de pelo rosado.
گام پنهان (Gâme Penhân) o en español: “Paso oculto” consiste en que es capaz de generar un túnel de aceleración magnética frente a él.
Al atravesarlo este se disipa e impulsa al usuario cinco metros en 0.1 segundos.
La técnica tiene la cualidad extraña de volver invisible al usuario durante este corto margen de tiempo.
(No es que vaya tan rápido que no se le puede ver, es que literalmente no se le puede ver.) Reapareció y el golpe que impactó a Ramón fue tan fuerte que este salió volando, tan fuerte que Ramón vomitó mientras caía justo al borde del ventanal, que estaba ya roto y abierto.
El chico intentó tomar aire, pero no pudo.
Todo le daba vueltas y la visión se le oscurecía, incluso soltó su pistola, dejándola en el piso.
[گام پنهان (Gâme Penhân)] El vampiro se acercó rápidamente usando un par de veces su habilidad.
[گام پنهان (Gâme Penhân)] Pateó a Ramón en la costilla usando la fuerza de su habilidad, lanzándolo fuera del edificio.
El chico se desmayó mientras ascendía en el aire luego de la patada, ya mismo empezaría a caer y a acelerar en picada.
Un reflejo al sentirse sin aire obligó a su cuerpo a inhalar bruscamente.
Esto, junto al paso del aire a través de su garganta irritada, sumado al dolor de sus costillas rotas, lo despertó mientras empezaba a caer.
Tomó aire nuevamente.
[Aliento elemental: Impulso Vendaval] Ramón sopló a la diagonal contraria hacia abajo respecto al edificio y salió impulsado en un arco de vuelta al último piso.
Sin embargo, la fuerza no era suficiente, y solo logró avanzar poco antes de que la gravedad volviese a llevárselo abajo.
[Aliento elemental: Impulso Vendaval] Lo volvió a hacer, pero aun no llegaba ni a la pared del edificio, y cada vez el último piso se veía más lejos arriba.
[Aliento elemental: Impulso Vendaval] La fuerza vertical hacia abajo ya era demasiado fuerte.
Ramón cerró los ojos.
Un destello celeste se aceleró escalando el edificio a una velocidad vertiginosa.
Este tomó a Ramón mientras caía y lo sostuvo en sus brazos, para luego seguir corriendo como si la fuerza de la gravedad fuese un débil chiste.
Llegó en pocos instantes al último piso del edificio, colocando al joven en un punto seguro.
Se detuvo al borde del ventanal, finalmente se podía identificar su forma.
Era un hombre de metro setenta y siete, de ojos verde esmeralda con un cabello lacio y desarreglado de color celeste (teñido).
Un arete en su oído izquierdo con una decoración rectangular revoloteaba decorando su silueta.
Traía una armadura a medias, unas placas de metal con el símbolo de la sagrada arboleda sobre un buzo manga larga celeste, lo que más destacaba era una espada larga enfundada que llevaba en la espalda, atada con un arnés en el pecho.
Del otro lado de la habitación, el vampiro cargaba con un sangrante Martín a su hombro.
Se quedó viendo al hombre en el ventanal, era extraño, ¿Cómo había llegado tan rápido?
y con Ramón a salvo además.
— Marlowe, esperaba encontrarte en mejores condiciones.
— Dijo aquella figura en el ventanal.
Martín retomó un poco de consciencia, pudo ver que Ramón estaba a salvo, no supo por qué, pero al saber esto, sintió como si hubiese soltado un peso enorme.
— Culpa de este bicho.
— Dijo, señalando al vampiro que le cargaba.
El vampiro cerró los ojos en frustración, soltó a Martín, agitó su espada y los abrió, preparado para pelear.
Pero al mirar de nuevo, aquella figura ya no se encontraba ahí, es más, Martín tampoco estaba en el piso.
— Ahí salvé a tu tutorado.
— Dijo el hombre, que ahora estaba en otro punto de la habitación, mientras colocaba a Martín con delicadeza en el suelo.
El vampiro volteó incrédulo.
— ¿Qué?
— Fue lo único que supo salir de su boca.
— Bonito tinte amigo.
— El oficial de la sagrada arboleda comenzó a caminar hacia el pelirosado lentamente, jugueteando con unos mechones de su cabello.
— Me llamo Ryan Bowel, agente especial de la sagrada arboleda.
— Ryan se detuvo a cuatro metros.
— ¿Cómo te llamas tú?
[گام پنهان (Gâme Penhân)] El vampiro se abalanzó con su técnica a gran velocidad, intentando atacar directamente con un corte de su arma.
— ¿Vas a responder?
— Ryan se encontraba atrás del enemigo, espalda con espalda, con sus manos en los bolsillos.
[گام پنهان (Gâme Penhân)] Ese hombre que antes era una amenaza imposible de llevar para Ramón y Martín, a milímetros de Ryan, volvió a atacar, con toda la velocidad que le proveía su técnica.
— Tienes cara de llamarte Yair.
— Ahora Ryan estaba topando frente con frente con el vampiro, intacto.
— Me llamo Yiğit.
[گام پنهان (Gâme Penhân)] Nuevamente, nada, pero ahora Ryan había decidido atacar, Yiğit estaba tendido en el suelo.
Todo sucedió en menos tiempo del que podía pensar, pero lo había percibido, Ryan le tomó del brazo, lo pateó en la pierna destruyendo su equilibrio y lo empujó al suelo.
Ryan se acuclilló frente a Yiğit.
— Hola, Yiğit.
— Se levantó.
— Voy a tener que arrestarte, así que te pido que dejes de oponer resistencia, porque usar magia para intentar infligir daño sobre un oficial es un agravante serio a todos los cargos que ya tienes.
[گام پنهان (Gâme Penhân)] Yiğit desapareció, esta vez para no volver a aparecer, al menos a la vista de Ramón o Martín.
Ryan había logrado percibir a Yiğit tomar forma momentáneamente en distintos puntos de la sala, se había ido por la ventana, pero decidió no seguirlo.
— ¿Por qué lo dejaste ir?
— preguntó Ramón, desconcertado, con una voz rasposa.
— De hecho, podrías haberlo matado, es un sicario.
— Ustedes dos están gravemente heridos, necesito llevarlos al hospital rápidamente.
— Contestó Ryan, con un tono calmado.
— A parte.
¿Ustedes dos también han matado según su necesidad verdad?
Bueno, tal vez no sé tú, Ramón, pero Martín sí.
¿Debería matarlo también?
— Ryan tomó a Martín del suelo y lo cargó en su hombro, empezó a acercarse a Ramón.
— Si me dices que sí, los mato a los dos, a Yiğit y a Martin.
Ramón pensó en algo más para contestar, Ryan podía haber noqueado a Yiğit, haberlo ido a perseguir, o incluso evitado que se escape en primer lugar.
Pero ya con esa respuesta se agotó, Ryan tenía un arquetipo de personalidad muy fácil de reconocer: un terco de mierda.
Ramón se encontraba en la cafetería del cuartel de la sagrada arboleda en Nueva Caracas.
Estaba esperando a Martín, que acababa de ser dado de alta de la sección médica.
Había sido dado de alta hace aproximadamente tres días, pero las heridas de Martín fueron muy graves, por lo que él tuvo que pasar la semana entera en el hospital.
— Domingo, dia de mierda para que me den de alta, ya mañana tengo que trabajar.
— Martín entró a la cafetería, caminando con un bastón.
A parte de eso, se le veía como nuevo.
— El bastón te subió como treinta años de edad.
— Ramón intentaba falsamente contener su risa.
Martín se quedó en silencio mirando a Ramón, era la única persona esperando por él.
Se puso la mano en el rostro y sonrió.
— Que mierda que en lugar de un mujerón, me esté esperando un chibolo idiota.
— Se acercó al joven, que ya tenía la mano levantada, y chocaron las palmas.
— No creas que pasé toda la semana tirado como huevón.
He estado sacando conclusiones y hablando con Gianluca.
— Se sentó en la silla del lado contrario a donde está Ramón.
— Espero que tú hayas estado haciendo algo también.
— ¿Dónde está ese hijo de puta?
— Ramón golpeó la mesa levemente.
— Pues sí, tomando algunos encargos por ti, para ganar plata, como te avisé.
— El conchudo está en Aurum ahorita.
Ahora se hace llamar Carlo.
Nombre de mierda.
Ramón rió levemente.
— Bueno, ¿Qué de nuevo tienes?
— Un nombre, un lugar, y otro riesgo enorme.
Ese noble corrupto anda en unas cosas más serias de lo que creí.
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