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EtherSoul: Misterios de Akuaris - Capítulo 8

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8: LO PERDIDO 8: LO PERDIDO 25 de abril del 2084 Día miércoles de la semana en la que Martín estuvo hospitalizado.

La habitación en la que Martín estaba internado olía mucho a tabaco, incluso con la ventana abierta.

Los doctores le prohibieron fumar, pero Ramón le había estado llevando cigarrillos a escondidas durante los dos últimos días.

— No te va a matar un narco, te va a matar el cigarrillo.

— Un hombre, de pelo negro mal peinado hacia adelante, con unas gafas de cristal azul oscuro, vestido con un pantalón negro y un buzo cuello de tortuga, entró a la habitación.

Se quedó apoyado en la pared, justo al lado de la puerta.

— ¿Con quien tengo el disgusto?

— Martín sabía exactamente de quién era esa voz.

Miró al “extraño” de cabeza a pies.

— Ya que tenias que cambiar de identidad hubieses aprovechado para aprender a vestirte.

El visitante soltó una carcajada y se acercó a una silla al lado de la camilla de Martín.

Se sentó.

— Si sabías que vendría ¿Por qué mierda no contestaste la llamada?

¿Sabes lo difícil que es meterse en el ala médica de un cuartel de la sagrada arboleda?

— El hombre se llevó una mano a la cabeza y peinó todo su cabello hacia atrás.

Se sacó las gafas, era Gianluca.

Martín volvió su mirada hacia la ventana.

— Estaba muy ocupado fumando.

— Arrugó el ceño.

— ¿Por qué tan amargado?

— Gianluca le tomó el hombro.

— Estoy aquí, visitándote, malagradecido.

Martín dio palmadas en su muslo izquierdo.

— Me duele la pierna como la mierda.

¿Será eso?

— Tenía entendido que te habías jodido el gemelo.

— Gianluca se colocó la mano en el mentón.

— Ya pues remangaverga, ¿Quieres que me doble a tocarme la pantorrilla?

— Jajajaja, tienes que calmarte, así no te vas a recuperar.

— Gianluca se echó hacia atrás en la silla.

Martín tiró su cigarrillo por la ventana.

— ¿Tienes algo interesante que contarme?

— No vine solo por el gusto de verte la cara.

— Contestó Gianluca, tomando un poco más de seriedad en su actitud.

— Tengo que decirte que todo ese tema en el que andas metido es más grande de lo que piensas.

— Me vengo enterando, créeme que lo sé.

— No, lo que sepas, multiplícalo.

— Gianluca se pasó la mano por la cara.

— Lo que te voy a comentar va a cambiar tu perspectiva.

Vas a estar permanentemente ligado al caso.

— Deja los dramas.

— ¿Seguro que quieres mantenerlo?

— No finjas que te preocupas por mí.

Detesto que hagan eso, se que intentas salvar tu propio culo.

Gianluca suspiró decepcionado.

— Uno de los implicados en todo esto es…

Una figura enmascarada entró al lugar por la puerta principal, como si nada.

Caminó hasta colocarse al lado de Gianluca.

Martín reconoció al sujeto en cuestión, era su cliente, el hombre que le había pedido que investigara el caso.

— Que raro verte por aquí.

Y justo interrumpiendo algo importante.

El enmascarado miró a Gianluca.

— No le digas “eso”.

Martín casi se levanta, algo explotó en él.

— ¿Estoy a punto de encontrar algo importante en el puto caso y me lo tiras?

Suficiente tengo con el agujero de conejo en el que me tienes metido sin explicarme nada.

¿Ahora interrumpes mi trabajo?

— No seas idiota, Marlowe.

— Contestó la figura.

— Yo sé lo que Gianluca entendió y vio.

Pero esa información podría considerarse un peligro.

Es una conclusión a la que tienes que llegar tú solo para estar a salvo.

Obtenerla ahora podría destruir la investigación por completo.

— Empezó a caminar hacia la ventana de la habitación.

— No es mentira que no confío en ti, Marlowe, pero no es ese el problema.

— ¿Ves?, no intento salvar mi propio culo.

— Gianluca puso su mano en el hombro de Martín.

— Todo esto es muy peligroso.

El enmascarado señaló la libreta de Martín, que estaba encima de una mesita al lado de su camilla.

— Sigue tu instinto e investiga más de todo lo relacionado con la nobleza Novaromana.

— Omar Dannvar.

— Dijo Gianluca, agitando a Martín.

— Eso sí te puedo decir, ahí hay algo, no es lo que esperas, pero estoy seguro que eres lo suficientemente listo.

— Tu trabajas en una condición especial, Marlowe.

Tu red de información ya contiene todo el miedo de los demás.

Es por eso que eres inmatable.

Si aprendes la verdad de esta forma, en este punto de tu investigación, de tu vida…

— El enmascarado se apoyó en el marco de la ventana, balanceando su cuerpo hacia atrás.

— Tu inmunidad no importará a los implicados.

Martín se llevó las manos a la cabeza.

— Odio los efectos de las pastillas y todas las mierdas de medicamentos, mi cerebro no está funcionando.

— Estiró los brazos.

— Si entiendo a que se refieren.

— Me alegro que estemos en la misma página, Marlowe.

Pronto entenderás la verdad.

Tu aprendiz también deberá aprenderla por su cuenta.

— Hizo silencio unos segundos y observó con detenimiento a Gianluca.

— Sé que clase de tipo eres, Velasquez, pero ahora estás conectado a esto.

Necesito que ayudes en lo que puedas a Marlowe.

Gianluca se rió y se levantó de la silla, ya no le estaba gustando la actitud del hombre misterioso.

— Estoy pagando un favor a Martín.

En el momento en el que termine, no quiero acercarme más a esto.

Yo elegiré qué hago.

— No sabes lo que hemos perdido.

— El hombre enmascarado alzó su brazo derecho, mostrando que en realidad era una prótesis extraña, un brazo hecho totalmente de una madera pálida con unas trazas de un color azul.

— Yo fuí el único que sobrevivió, saber la verdad ha sido una maldición.

Haber vivido…

para tenerla acá.

— Se tocó la frente con el dedo índice de su mano izquierda.

— Esta “maldición” es lo que me mueve.

— Escondió nuevamente su prótesis en su capucha.

— Esto no se trata de moralidad, por eso escogí a Marlowe.

Se trata de venganza.

— Movió su brazo izquierdo alzando su capa, revelando que escondía una espada.

— Y si no te sirve esto…

— Mostró parte de su prótesis de nuevo e hizo un gesto con los dedos de la mano.

Tenía total libertad de movimiento, como si fuese de carne y hueso.

— Da igual, Gianluca.

— El encapuchado volvió a esconder todo debajo de su manto.

Le dio la espalda a ambos y puso su pie derecho sobre el marco de la ventana.

— Eres responsable de lo que te suceda.

— El enmascarado se lanzó por la ventana y aceleró hacia la lejanía a gran velocidad, oculto ahora al aire libre, en la sombra del ocaso.

6 de mayo de 2084.

— ¿Me puedes explicar qué hacemos acá tan lejos de donde deberíamos ir?

— Dijo Ramón.

Martín y su pupilo estaban en la terraza de un edificio que se encontraba en el centro de la ciudad de Arenar.

Esta ciudad es más importante de lo que podría parecer a simple vista, ya que se encuentra en el punto más norte de la provincia de Pradero, haciendo frontera con el gran desierto de Rathiabi y la reserva natural de la sagrada Arboleda.

En esta ciudad se encuentra, al menos a nivel de defensa nacional, el segundo cuartel más importante de la sagrada arboleda, siendo el primero el cuartel de Sagrario, que se ubica en la provincia de Valencia.

— ¿Pero no está bonita la vista del desierto?

— Contestó Martín, observando el gran desierto de Rathiabi.

— ¿Qué habrán sentido los humanos de antes del cataclismo, que no conocían la existencia de Rathiabi, al ver un desierto así de enorme aparecer de la nada?

— Empezó a caminar hacia la puerta de la terraza.

— Yo creo que estaban más preocupados por sobrevivir que por ver esto.

— Ramón siguió a Martin.

— Así como nosotros deberíamos estar más preocupados por avanzar en el caso en lugar de hacer recados aleatorios.

Al abrir la puerta y entrar al interior del edificio, Ramón ofreció su mano para ayudar a Martín a bajar —Como siempre hacía—.

Martín rechazó la ayuda —Como siempre hace—.

Ramón suspiró con resignación.

— ¿Cómo va tu pierna?

— De la mierda, Ramón, como todos los días.

— Contestó Martín medio riendo, intentando ocultar su decepción sobre la situación Mientras iban bajando la escalera, se toparon con alguien que iba de subida, algo apurado.

Al fijarse de quién era, Ramón desenfundó su pistola por instinto y le apuntó.

Un hombre alto (1.89 m), delgado pero musculoso, vestido con elegancia; Cabello rojo y ondulado.

Era Ramsés Alabard.

Ramsés se quedó quieto al ver a Martín y a Ramón.

— ¡Ey, los estaba busc!— ¡Bang!

[Rotación de Barrera] La bala rozó la mejilla de Ramón.

Martín le arrancó la pistola y le metió un manotazo en el posterior de la cabeza al joven.

— ¿Qué mierda te pasa Ramón?

Disculpa, Ramses.

— Ey ey, no lo juzgues tanto.

— El tono de Ramses era amable, muy distinto a lo que conoció Ramón hace ya poco más de un mes.

— Calmate, Ramón, no estoy aquí para matarte.

Ramón seguía intranquilo, volteó a ver a Martín, inhalo y exhalo para intentar calmarse.

— Ok.

— Decidió dejar todo en manos de su compañero.

Ramses asintió con una sonrisa en su rostro.

Dirigió su mirada a Martín.

— Ryan me mandó a buscarlos.

— Empezó a juguetear con un arete que tenía en su oído derecho, de forma rectangular.

— Justo íbamos para allá.

— Martín le devolvió el arma a Ramón para luego continuar bajando las escaleras.

Ese arete me recuerda a algo…

Pensó Ramón mientras avanzaba detrás de los pelirrojos.

Llegaron al segundo piso del edificio y entraron a una oficina.

Ahí estaba Ryan sentado en uno de los muebles de la sala de espera, leyendo unos informes, al ver que llegaron, se levantó, dejando lo que leía sobre la mesa.

— Gracias por llamarlos, Ramses.

— De nada.

— Ramses se acercó a uno de los muebles de la sala, pasando al lado de Ryan y rozando su mano a través de la cintura del peliazul antes de sentarse.

Ryan extendió su mano.

— Bienvenidos, es un gusto tenerlos aquí.

Martín tomó la mano de Ryan sacudiéndola en forma de saludo.

— No podría negarme a un trabajo con la sagrada arboleda.

— Sonrió y fue a sentarse.

Ramón también se acercó a saludar de la misma manera, cuando al fijarse en Ryan, se dio cuenta de que el arete en su oído izquierdo era igual al arete de Ramses.

Oh…

— Un gusto.

— Dijo rápidamente y se fue a sentar.

Ryan se sentó.

Suspiró.

— Este trabajo no es solamente peligroso.

Es bastante pesado a nivel emocional.

— Ryan volvió a tomar los informes.

— Como es sabido, Rathiabi no tiene jurisdicción, exceptuando a Fhata.

Esto ha producido enormes áreas donde el crimen organizado puede proliferar sin problema.

Lugares sin una ley real.

— Ojeó los informes hasta encontrar una página en específico.

— Esto ha causado una enorme crisis de tráfico humano.

No es mentira decir que ahí la esclavitud es una condición de vida común.

Esto debería ser suficiente para querer hacer algo, pero ahora estamos enfrentando un problema más cercano.

— Ryan cerró los informes y los colocó nuevamente en la mesa, empujándolos delicadamente en dirección a Martín.

— Se está traficando en Rathiabi a personas de Akuaris, tristemente entre la enorme cantidad de mercancía ilegal que llega y va hacia Rathiabi, hay adultos y niños Akuarianos.

— Ryan mostraba un rostro afectado por esta situación; el ceño fruncido, la mirada desenfocada y la mandíbula tensa.

— Necesitamos conducir una investigación que nos permita saber en qué momento se exporta un “cargamento”.

Una vez consigamos esa información, la idea sería poder neutralizar la operación y conseguir datos de una fuente directa.

El punto es llegar a algo que nos permita encontrar un centro de operaciones, o algo por el estilo.

— Ryan relajó su postura y se sacudió un poco.

Ramses se levantó y caminó hacia atrás del sillón donde estaba sentado el peliazul.

Empezó a darle un masaje en los hombros.

— Si conseguimos esto, puedo usar esta información para proponer una operación militar.

Pero necesito todo esto.

— Ryan señaló a Martín y asintió.

— Marlowe ¿Cuál es tu propuesta?

Martín acarició su mentón con su índice y su pulgar, en una posición pensativa, con la mirada a la mesa.

— Lo más sencillo sería infiltrar a alguien.

— ¿En la mafia?

Eso tomaría bastante, Martín.

— acotó Ramón, dudando de la idea de su tutor.

Ryan le miró de reojo y asintió, tampoco estaba convencido.

— Obviamente.

No me refería a eso.

— Martín sonrió levemente.

Oh no.

Ramón se llevó una mano a la cabeza.

Ryan se quedó estupefacto.

Ramses soltó una risa ahogada.

— Vamos a infiltrar a un traficado.

Muchísimo más sencillo.

— Alzó finalmente la mirada, clavándola en Ramón.

El chico abrió los ojos al completo y empezó a negar con la cabeza.

— No no no no no no no no no no no no no no…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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