FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 CAPITULO 5 PARTE 1 El Oponente Digno
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15: CAPITULO #5 PARTE 1: El Oponente Digno 15: CAPITULO #5 PARTE 1: El Oponente Digno La nieve se teñía de rojo bajo los pies de los guerreros jottuns mientras el fuego devoraba los muros exteriores de Joktldar.
Los Flamyrs avanzaban como una marea de destrucción, envolviendo todo a su paso en llamas y cenizas.
En el centro del caos, Tyr se movía como un torbellino de acero.
Sus dos hachas cortaban el aire en ráfagas mortales, arrancando gritos de agonía a los enemigos que se atrevían a acercarse.
Su respiración era pesada, pero sus ojos brillaban con furia.
Frente a él, la figura envuelta en sombras avanzó sin prisa.
Su armadura brillaba con un resplandor maligno bajo el fuego, y sus ojos rojos llameaban como brasas.
—¡Muere!
—rugió Tyr, lanzando una serie de golpes veloces.
La figura bloqueó los ataques con movimientos precisos, desviando las hachas como si fueran hojas arrastradas por el viento.
—No eres rival para mí —susurró con desprecio.
Tyr apretó los dientes y redobló sus ataques.
Las chispas volaban cada vez que sus armas chocaban contra la armadura negra.
Pero la figura se mantuvo firme, sin ceder terreno.
De repente, Tyr dio un salto hacia atrás, buscando espacio.
Sus músculos se tensaron mientras levantaba ambas hachas por encima de su cabeza, preparando un golpe devastador.
La figura levantó lentamente una mano y cerró el puño.
Un estruendo sordo resonó en el aire.
Una onda sonora invisible golpeó a Tyr como una ola imparable.
—¡Agh!
—gritó Tyr, soltando las hachas mientras caía de rodillas.
Sus manos volaron hacia sus oídos, intentando bloquear el dolor que le perforaba el cráneo.
La figura dio un paso más cerca, sus ojos brillando con intensidad.
—Inclínate.
Tyr tembló, apretando los dientes mientras la onda aumentaba.
El sonido parecía retorcerse dentro de su cabeza, aplastando sus pensamientos.
Su respiración se volvió entrecortada mientras el suelo temblaba bajo sus rodillas.
—¡No…
me rendiré!
—rugió, pero su voz se ahogó en el eco infernal que lo rodeaba.
La figura alzó su espada transformandose en una guadaña, apuntándola directamente al pecho de Tyr.
—Entonces, muere.
Tyr apretó los dientes, luchando contra el dolor ensordecedor.
Sus músculos temblaban, pero su mirada se fijó en la guadaña alzada sobre él.
La sangre le latía en las sienes como tambores de guerra, pero no podía rendirse.
Con un rugido, estiró una mano hacia una de sus hachas.
Su visión estaba borrosa, pero sus dedos encontraron el mango frío del arma.
—¡AARGH!
—gritó al levantarla con todas sus fuerzas.
La figura avanzó, su guadaña descendiendo en un arco mortal.
Tyr giró sobre una rodilla y lanzó el hacha.
El filo cortó el aire como un relámpago, directo hacia la mano del enemigo.
El impacto fue brutal.
—¡GRAGH!
—rugió la figura cuando el hacha le cercenó el brazo derecho, haciendo que la guadaña negra se soltara y cayera al suelo con un estrépito.
La sombra retrocedió tambaleándose, su brazo mutilado chispeando con una energía oscura que se retorcía como serpientes.
Tyr avanzó a toda velocidad, levantando su hacha para asestar el golpe final.
Pero, en el último segundo, el ser bajó la cabeza y, ante los ojos atónitos de Tyr, su brazo cercenado se regeneró.
Una sombra viscosa y ardiente cubrió el muñón, reformando carne y hueso en un instante.
—¡¿Qué demonios?!
—gruñó Tyr, frenando su ataque por la sorpresa.
El ser alzó la vista con sus ojos ardientes y, antes de que Tyr pudiera reaccionar, lo tomó del cuello con su nueva mano.
—¡Ahh!
—Tyr intentó liberarse, pero la fuerza era abrumadora.
Con un rugido gutural, el enemigo lo lanzó por los aires como si fuera un muñeco de trapo.
Tyr impactó contra el suelo helado, rompiendo bloques de hielo al caer y dejando un rastro de grietas a su paso.
Se levantó tambaleante, sacudiendo la nieve de su rostro.
—¡¿Por qué mierda todos se regeneran?!
—gruñó para sí mismo, apretando los dientes con frustración.
El ser avanzaba lentamente hacia él, arrastrando su guadaña envuelta en llamas oscuras.
Tyr aferró con fuerza su hacha restante, respirando con dificultad mientras se preparaba para continuar el combate.
Por otro lado, Thor y Balder continuaban conteniendo a los Flamyrs, manteniéndolos alejados de los aldeanos que huían hacia los refugios.
Thor avanzaba como una tormenta desatada, su Mjolnir brillaba con relámpagos mientras aplastaba a los enemigos que se atrevían a acercarse.
Cada golpe enviaba ondas de choque que hacían volar a los Flamyrs como hojas arrastradas por el viento.
—¡Balder!
¡A la izquierda!
—rugió Thor al ver un grupo acercándose.
Balder giró rápidamente, sus dos espadas luminosas destellaron como estrellas fugaces, cortando a través de las criaturas con precisión letal.
—¡No tienes que decírmelo, hermano!
—respondió Balder con una sonrisa confiada, aunque gotas de sudor recorrían su frente.
Un Flamyr más grande y cubierto de llamas negras saltó sobre Balder, pero este se deslizó por debajo con agilidad y le clavó ambas espadas en el pecho, haciendo que el enemigo estallara en cenizas ardientes.
Thor y Balder se posicionaron espalda con espalda, rodeados por las criaturas.
—Están empezando a desesperarse —comentó Balder, respirando pesadamente.
Thor levantó su martillo, los relámpagos chisporroteando a su alrededor.
—Entonces acabemos con ellos antes de que se organicen —gruñó Thor.
El aire se llenó de humo y cenizas mientras Thor y Balder continuaban luchando con ferocidad, pero por cada Flamyr que caía, dos más tomaban su lugar.
El suelo estaba cubierto de cuerpos carbonizados y las chispas de fuego danzaban entre las sombras.
—¡No podemos seguir así mucho tiempo!
—gritó Balder, bloqueando el golpe de un Flamyr antes de atravesarlo con una de sus espadas.
Thor aplastó a otro enemigo con Mjolnir, enviando un trueno resonante que estremeció el campo de batalla.
—¡Entonces no retrocedas!
—rugió, aunque incluso él comenzaba a sentir el peso del combate.
De pronto, un sonido ensordecedor atravesó el caos.
Un rugido profundo, salvaje, que hizo temblar el suelo bajo sus pies.
Las llamas vacilaron.
Los Flamyrs titubearon.
Desde el borde del bosque oscuro emergió una sombra colosal.
Dos ojos brillantes como antorchas ardían en la penumbra, y unas fauces gigantescas destellaron bajo la luz rojiza de la batalla.
—Por los dioses…
—susurró Balder, retrocediendo un paso.
La criatura irrumpió desde los árboles como una tormenta hecha carne.
Su pelaje negro como la noche parecía moverse como una sombra viviente, y cada paso hacía crujir la tierra.
Era Fenrir.
Sus colmillos relucían con sangre y su respiración pesada formaba nubes de vapor en el aire frío.
—¿Qué mierda es esa cosa?
—dijo Thor en voz baja, apretando el mango de su martillo.
Fenrir no necesitó responder.
Con un salto imposible para una criatura de su tamaño, cayó sobre las filas de Flamyrs, desatando un torbellino de caos.
Sus garras desgarraron cuerpos como si fueran de papel, y sus fauces trituraron a los enemigos con un crujido desgarrador.
Los Flamyrs intentaron contraatacar, lanzando llamas contra él, pero Fenrir se lanzó a través del fuego como si fuera inmune al dolor.
Su rugido volvió a sacudir el aire, silenciando incluso los gritos de los caídos.
Thor y Balder no perdieron tiempo.
Aprovecharon la distracción y retomaron el ataque con renovada energía.
—¡No te quedes parado, Balder!
¡Aprovechemos esta oportunidad!
—gritó Thor, arrojando a Mjolnir hacia un grupo de Flamyrs que intentaban reorganizarse.
—¡Ya lo sé!
—respondió Balder, derribando a dos enemigos más con un rápido giro de sus espadas.
Fenrir continuó avanzando, arrojando cuerpos despedazados y esparciendo el terror entre las filas enemigas.
Su presencia era una fuerza imparable, un monstruo nacido para la destrucción.
—No sé qué sea esa criatura —dijo Balder mientras cortaba a otro Flamyr—, pero espero que esté de nuestro lado.
—Por ahora…
—respondió Thor, lanzando un golpe devastador que hizo temblar el suelo.
Mientras el humo se alzaba y los gritos de los Flamyrs se desvanecían, Fenrir levantó la cabeza y soltó otro rugido que resonó por todo el valle.
Era el rugido de una bestia que reclamaba la victoria.
La batalla había terminado.
El humo y las cenizas flotaban en el aire mientras los cuerpos de los Flamyrs se consumían lentamente entre brasas moribundas.
Thor y Balder respiraban pesadamente, observando el campo cubierto de restos ennegrecidos.
El silencio que siguió fue casi tan abrumador como el combate.
En medio de la devastación, Fenrir se mantenía de pie, con la sangre de sus enemigos aún goteando de sus fauces.
Su presencia, oscura y feroz, hacía difícil ignorarlo.
—Bueno…
—comenzó Balder, rompiendo el silencio—.
Supongo que deberíamos…
¿agradecerle?
Thor no apartó la vista del enorme lobo.
—O tal vez deberíamos asegurarnos de que no sea el próximo problema.
Ambos se quedaron quietos, esperando a que el otro diera el primer paso.
—Ve tú primero —dijo Thor, señalando a Fenrir con el martillo.
—¿Yo?
¡Ni en sueños!
Tú eres el fuerte aquí, deberías ir tú.
—Yo tengo el martillo, no significa que tenga que ser el primero en ser devorado.
—No seas cobarde —dijo Balder, cruzándose de brazos.
—¡No soy cobarde!
Solo…
práctico.
La discusión continuó, con ambos murmurando entre dientes, hasta que un gruñido profundo los interrumpió.
Fenrir, visiblemente impaciente, mostró los colmillos y rugió con tal fuerza que las hojas de los árboles cercanos temblaron.
Thor y Balder se apartaron de golpe, levantando sus armas en posición defensiva.
—¡Lo sabía!
¡Esta cosa es peligrosa!
—exclamó Thor.
—¡Yo te dije que fueras tú primero!
—replicó Balder, girándose para cubrir su espalda.
Antes de que la situación pudiera empeorar, Angrboda apareció entre ellos, levantando las manos para calmar la tensión.
—¡Ya basta!
¡Todos tranquilos!
—dijo con firmeza, posicionándose entre Fenrir y los dos dioses.
Fenrir resopló y dio un paso atrás, aunque sus ojos todavía brillaban con fiereza.
—¿Qué estás haciendo?
—preguntó Thor, sin bajar el martillo.
—Calmando las aguas —respondió Angrboda, con una sonrisa tranquila.
Thor frunció el ceño.
—¿Qué es esa cosa?
¡Estaba a punto de atacarnos!
Angrboda soltó una leve risa.
—¿Atacarlos?
No, Fenrir solo tiene poca paciencia…
—Especialmente con idiotas como ustedes dos —gruñó Fenrir, interrumpiéndola.
El silencio cayó de golpe.
Thor y Balder lo miraron como si acabaran de ver un fantasma.
—¿Esa cosa…
acaba de hablar?
—dijo Balder finalmente, con la boca abierta.
Thor asintió lentamente, todavía sin palabras.
—No soy una “cosa” —gruñó Fenrir, mostrando los colmillos—.
Y si terminaron de comportarse como crías asustadas, tal vez puedan empezar a actuar como guerreros.
Angrboda levantó una ceja, ocultando una sonrisa.
—Fenrir puede ser brusco, pero es leal y tiene razón más veces de las que admite —dijo, mirando a ambos dioses.
Thor finalmente reaccionó, bajando un poco el martillo.
—Esto…
va a ser interesante.
Balder, todavía en shock, solo pudo asentir.
La batalla se desató con una velocidad asombrosa.
Loki, empuñando sus dagas con destreza, se movía rápidamente entre los golpes del extraño ser.
Cada choque de sus armas resonaba en el aire, un estruendo metálico que vibraba en las paredes de la cabaña.
El ser, con su lanza, bloqueaba y contraatacaba con una habilidad sorprendente, obligando a Loki a mantenerse alerta en todo momento.
En un instante, el ser, con un movimiento preciso y rápido, giró su lanza y golpeó a Loki con la empuñadura en el estómago.
El impacto fue brutal, enviando a Loki varios pasos atrás, tambaleándose.
El aire le faltó por un segundo, pero no dejó que el dolor lo desbordara.
Se repuso con rapidez, tomando aliento.
Loki, sintiendo que la situación comenzaba a volverse más difícil, extendió sus manos y conjuró bolas de fuego verde, que comenzaron a flotar y girar a su alrededor como esferas enloquecidas.
Las lanzó con rapidez hacia su enemigo, pero el ser, con una agilidad inesperada, atrapó las llamas en su lanza como si fueran meros hilos de humo.
Sin un cambio en su expresión, las devolvió con la misma destreza.
Sorprendido, Loki reaccionó rápidamente, desviando las bolas de fuego hacia los costados.
Las explosiones iluminaban la cabaña, haciendo que las sombras danzaran frenéticamente sobre las paredes.
—Es más fuerte de lo que creí…
No sé si pueda ganarle…
—murmuró Loki para sí mismo, sus ojos llenos de concentración y un toque de incertidumbre.
El ser, inmutable, continuaba esperando.
No había palabras entre ellos, solo el sonido del combate.
Loki sabía que, si no encontraba una forma de igualar las condiciones, esta lucha podría ser su última.
Loki, aunque claramente en apuros, no pudo evitar sonreír.
El sudor recorría su frente, y su respiración era pesada, pero había algo en la batalla que lo emocionaba profundamente.
En medio de los movimientos rápidos, esquivando y atacando, su mirada brillaba con una energía inquietante.
El ser, que había permanecido impasible hasta ese momento, detuvo su ataque por un segundo al notar la sonrisa de Loki.
Un brillo de confusión cruzó por sus ojos, y con voz grave, le preguntó: —¿Por qué ríes?
Loki, sin perder el ritmo, esquivó un nuevo golpe de la lanza y respondió, su tono ligero pero cargado de sinceridad: —No importa en qué situación me encuentre, siempre me apasiona enfrentarme a oponentes formidables.
No muchos pueden ofrecerme una pelea como esta.
El ser lo observó, una mezcla de desconcierto y curiosidad en su rostro.
Parecía que la actitud de Loki no encajaba con la gravedad de la lucha, pero, de alguna manera, eso solo aumentaba la fascinación de la batalla para él.
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