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FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 16

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  3. Capítulo 16 - 16 CAPITULO 5 PARTE 2 Orgullo de Jotunheim
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16: CAPITULO #5 PARTE 2: Orgullo de Jotunheim 16: CAPITULO #5 PARTE 2: Orgullo de Jotunheim Loki, con un brillo de desafío en los ojos, se relamió los labios y adoptó una postura más firme, como si todo eso solo avivara su entusiasmo.

Sabía que, aunque estaba en peligro, esta pelea era un desafío que pocos podrían ofrecerle.

—Esto…

esto es justo lo que necesitaba —dijo, más para sí mismo que para su oponente, aunque su voz se proyectaba con la confianza que siempre lo caracterizaba.

El ser no respondió de inmediato, pero su mirada se hizo más intensa, como si comenzara a comprender la extraña fascinación de Loki por el combate.

Sin embargo, eso solo significaba que la pelea se estaba volviendo aún más peligrosa, pues ahora parecía que ambos estaban disfrutando de la lucha de maneras muy diferentes.

He escuchado historias sobre tu raza, guerreros feroces que solo luchan cuando se ven acorralados, cuando la necesidad es la que dicta su lucha…

Pero tú, tú pareces disfrutarlo.

Eres un caso curioso.

Loki, respirando con dificultad pero con una sonrisa burlona, no mostró signos de flaquear.

Su energía seguía siendo inquebrantable, como si la pelea misma lo alimentara.

—Si lo que quieres es matarme, no te será fácil —respondió Loki, sus ojos brillando con desafío—.

No soy tan sencillo de derrotar, aunque para ti, tal vez, eso sea un juego más.

El ser, arqueó una ceja, como si se estuviera divirtiendo.

Dejó que el silencio se estirara por un momento antes de hablar, con una voz mucho más baja, casi resonando en las paredes de la cabaña: Matarte sería demasiado fácil.

No estoy aquí por eso, Loki.

Estoy aquí por la runa que aprisiona a Nictofer.

No subestimes mi propósito, porque si lo haces, te arrepentirás.

Loki, manteniendo su postura desafiante, frunció el ceño, pero no retrocedió ni un paso.

—¿Y por qué crees que te dejaré hacer lo que quieras?

—respondió Loki, con una ligera sonrisa burlona.

El ser lo observó unos segundos, evaluando sus palabras, y luego, con una voz grave, casi ancestral, habló.

—Mi nombre es Furcas.

Líder de las legiones oscuras y general de las huestes que marchan bajo el estandarte de Nictofer.

No soy un simple espectro de la guerra.

He cruzado mundos, derrotado imperios y hecho que hasta los dioses tiemblen.

Mi propósito en este mundo es claro: obtener la runa, liberarlo a él…

y traer la oscuridad a todo lo que conoces.

Furcas dio un paso adelante, su lanza brillando débilmente bajo la tenue luz de la cabaña.

—Tú no eres el primero que intenta detenerme, Loki.

Pero como todos los demás, te mostraré que hay fuerzas que ni siquiera tú comprenderías.

La runa será mía, y quien se oponga a mi voluntad, caerá.

Loki, intrigado por la magnitud de las palabras de Furcas, lo observó en silencio, pero la chispa en sus ojos no se apagó.

Respondió sin vacilar: —Bien, Furcas.

Si crees que será tan fácil…

ven por ella.

Loki cargó de nuevo, sus dagas bailando en el aire mientras atacaba con una serie de movimientos rápidos y letales.

Furcas respondió con la misma intensidad, bloqueando y desviando cada golpe con su lanza.

El sonido del acero chocando llenó el aire mientras ambos luchaban en un frenesí de ataques.

El forcejeo entre las dagas y la lanza se volvió brutal.

Loki apretó los dientes mientras empujaba con todas sus fuerzas, pero Furcas respondió con igual determinación, haciendo que las armas chirriaran entre sí.

—¿Es todo lo que tienes?

—gruñó Loki, tratando de mantener la presión.

—No, pero es suficiente para esto.

—Furcas giró repentinamente su lanza, desarmando a Loki con un movimiento hábil.

Las dagas volaron por el aire y se clavaron en la madera del suelo.

Antes de que Loki pudiera reaccionar, Furcas le atravesó el costado con la punta de la lanza.

El impacto hizo que Loki se doblara, sintiendo el frío del metal perforar su carne.

Miró la herida y soltó un jadeo entrecortado.

—Mierda… —murmuró, sintiendo la sangre empapando su ropa.

Furcas lo miró desde arriba, manteniendo la lanza firmemente clavada.

—Supongo que esperabas un desenlace diferente —dijo con una sonrisa oscura.

Loki levantó la vista, sus ojos aún brillando con determinación a pesar del dolor.

—Todavía no he terminado —dijo con voz desafiante, aferrándose al asta de la lanza.

Furcas arqueó una ceja, pero no aflojó su agarre.

—Entonces inténtalo —respondió, empujando un poco más la lanza.

El sudor caía por el rostro de Loki, pero sus manos se movieron rápidamente hacia el arma, y el combate aún no había terminado.

Tyr respiraba con dificultad, su pecho subía y bajaba mientras trataba de recomponerse.

El ser alto frente a él blandía su guadaña con un aura amenazante, avanzando con pasos calculados, como un depredador acechando a su presa.

—¿Eso es todo lo que puedes dar?

—preguntó el ser con una voz profunda y áspera, mientras giraba la guadaña y la arrastraba contra el suelo, dejando marcas en la tierra ennegrecida.

Tyr se levantó lentamente, escupiendo sangre al suelo, pero con la mirada fija en su enemigo.

—Deberías rezar porque lo sea —gruñó, levantando sus hachas gemelas con manos temblorosas pero firmes.

El ser sonrió levemente, aunque su rostro mantenía un aire de frialdad.

—Rezaría… si creyera que los dioses escuchan.

—Y sin más advertencia, cargó hacia Tyr, balanceando su guadaña en un arco amplio.

Tyr apenas tuvo tiempo de saltar hacia atrás, pero la hoja cortó una línea en su armadura, rozando su hombro y arrancando un gruñido de dolor.

No tuvo tiempo de recuperarse antes de que el ser girara sobre su eje, lanzando un rodillazo directo a su estómago.

Tyr sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones y fue lanzado hacia atrás, tambaleándose.

Antes de que pudiera estabilizarse, el ser ya estaba sobre él, golpeándolo con un codazo brutal en la espalda.

El impacto lo envió de bruces al suelo, levantando polvo y escombros.

—¡Argh!

—gimió Tyr, sintiendo el dolor recorrer su cuerpo.

El ser levantó su pie, dispuesto a aplastarlo contra el suelo, pero Tyr rodó a tiempo, evitando el golpe por centímetros.

La tierra tembló bajo el impacto y las astillas volaron en todas direcciones.

—Eres rápido… para un animal herido —dijo el ser, enderezándose y girando la guadaña mientras esperaba el siguiente movimiento de Tyr.

Tyr se levantó lentamente, con sangre en el labio y fuego en la mirada.

—Y tú hablas demasiado para alguien que aún no ha terminado el trabajo —espetó, levantando sus hachas mientras sus nudillos se volvían blancos por la fuerza con la que las sujetaba.

La tensión creció en el aire.

Tyr sabía que estaba en desventaja, pero también sabía que no se rendiría fácilmente.

El ser giró su guadaña en un arco mortal, pero antes de que pudiera completar el golpe, una mano firme detuvo el arma en seco.

Era Eirik.

Su respiración era pesada, y la sangre manchaba parte de su armadura, pero sus ojos ardían con determinación.

—Aún no he terminado contigo —gruñó, empujando la guadaña hacia atrás.

El ser inclinó la cabeza, como si evaluara a Eirik con una mezcla de curiosidad y desdén.

—Admirable… pero inútil —susurró con voz gélida.

Tyr, viendo la apertura, levantó sus hachas y saltó sobre Eirik, intentando atacar desde arriba.

Sin embargo, antes de que pudiera alcanzarlo, el ser extendió una mano, y el aire alrededor de él pareció estremecerse.

Con un gesto brusco, un gran escombro se levantó del suelo, flotando por un momento antes de ser lanzado violentamente contra Tyr.

—¡Tyr!

—gritó Eirik, girándose, pero fue demasiado tarde.

El impacto envió a Tyr volando varios metros antes de estrellarse contra una pila de rocas, dejando un surco en la tierra.

Tyr cayó al suelo, inmóvil por un momento, con sangre deslizándose por su frente.

Eirik apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando el ser aprovechó la distracción.

Soltó su guadaña por un instante, pero solo para dar un cabezazo brutal.

—¡Ahh!

—Eirik retrocedió tambaleándose, sintiendo la sangre correr por su ceja abierta mientras su visión se nublaba por un segundo.

El ser recuperó su guadaña y se plantó frente a ellos como una sombra imponente.

—Sus esfuerzos son patéticos —escupió con desdén, levantando la guadaña sobre su cabeza.

Eirik apretó los dientes, limpiándose la sangre con el dorso de la mano.

—Y tú hablas demasiado —gruñó, volviendo a levantar su martillo mientras Tyr empezaba a moverse lentamente en el fondo, tratando de reincorporarse.

Pero el ser no parecía preocupado.

Su mirada permanecía fría, como si ya supiera cuál sería el desenlace.

Furcas apretó la empuñadura de su lanza, empujándola un poco más en el abdomen de Loki, quien apenas podía mantenerse de pie.

—Eres un estúpido…

un verdadero estúpido —dijo Furcas con una voz gélida, su tono cargado de desprecio—.

¿Crees que puedes detener lo inevitable?

¿Que tus patéticos trucos o tu arrogancia significan algo frente al poder que sirvo?

Loki intentó responder, pero solo tosió sangre.

Su vista comenzaba a nublarse, pero aun así mantenía una mueca desafiante.

—Eres como una polilla que vuela hacia la llama…

—continuó Furcas, inclinándose para mirarlo a los ojos—.

Sabes que te vas a quemar, pero no puedes evitar acercarte, ¿verdad?

Esa pasión inútil…

ese deseo de pelear…

sólo sirve para que mueras más rápido.

Con un movimiento brusco, Furcas retiró la lanza de su cuerpo.

Loki soltó un gemido ahogado y cayó de rodillas.

Su respiración se volvió pesada mientras la sangre empapaba su ropa y goteaba en el suelo.

—¿Ves?

—dijo Furcas, limpiando la sangre de su arma con calma perturbadora—.

Así terminan todos los que se interponen en nuestro camino.

Rotos.

Humillados.

Se inclinó un poco más, como un depredador disfrutando su victoria.

—Qué decepcionante.

Pensé que los jottuns eran guerreros fieros…

pero tú no eres más que un niño jugando a ser héroe.

Loki levantó la vista, sus ojos brillando con rabia, pero su cuerpo no respondía.

Intentó levantarse, pero sus fuerzas flaquearon, dejándolo desplomado en el suelo.

Furcas dio un paso atrás, alzando su lanza como si estuviera listo para dar el golpe final.

—Dime, Loki…

¿qué se siente saber que has fallado?

—preguntó Furcas, su voz resonando como un eco helado.

El silencio cayó por un instante.

El sonido del viento soplaba a través de las grietas de la cabaña.

Loki jadeó, apretando los dientes mientras la sangre continuaba manchando el suelo.

La escena se llenó de tensión mientras Furcas levantaba lentamente la lanza sobre él.

Un resplandor verde envolvía a Loki mientras la energía de la naturaleza fluía a través de él, haciendo temblar el suelo bajo sus pies.

Sus ojos brillaban como esmeraldas encendidas, y su respiración se volvió lenta y controlada.

Furcas dio un paso atrás, sorprendido por la transformación.

La lanza en su mano vibró levemente, como si respondiera al poder que emanaba de Loki.

—Interesante…

—murmuró Furcas, con un destello de curiosidad en sus ojos—.

Así que todavía ocultabas algo.

Sin responder, Loki desapareció en un parpadeo, lanzándose al ataque con velocidad cegadora.

Furcas apenas tuvo tiempo de reaccionar, levantando su lanza para bloquear el embate.

Sin embargo, la fuerza del impacto fue tan brutal que los pies del demonio se hundieron en el suelo.

—¡Tch!

—gruñó Furcas, apretando los dientes.

La velocidad y ferocidad de Loki eran tan intensas que, al empujar contra la lanza, su propia mano atravesó el asta de metal, perforándose en el proceso.

Un grito ahogado escapó de su garganta, pero sus ojos brillaban aún más fuerte mientras ignoraba el dolor.

La sangre brotó de su palma, pero Loki no retrocedió.

En lugar de eso, dejó escapar una carcajada entre dientes.

—¿Es todo lo que tienes?

—gruñó Loki, con los ojos brillando aún más.

Furcas sonrió, aunque el sudor empezaba a recorrer su frente.

—Me alegra saber que no estabas peleando a tu máxima capacidad…

ya estaba empezando a decepcionarme.

Loki respondió con una mirada desafiante y, aprovechando el momento, agarró la lanza firmemente con su mano herida.

Tiró de ella con fuerza descomunal, levantando a Furcas del suelo como si no pesara nada.

Antes de que el demonio pudiera reaccionar, Loki giró sobre su eje y lanzó tanto a Furcas como a su lanza contra los árboles cercanos.

El impacto fue brutal.

Furcas atravesó varios troncos antes de caer al suelo entre escombros y ramas rotas.

Loki aterrizó con agilidad, sacudiendo su mano ensangrentada mientras el resplandor verde a su alrededor comenzaba a arder con más intensidad.

—¡Levántate, Furcas!

—gritó Loki con una sonrisa salvaje—.

¡No creas que voy a dejar que termine tan rápido!

Entre las sombras de los árboles derribados, Furcas se puso de pie lentamente.

Su armadura estaba abollada, y sangre negra goteaba de varias heridas, pero sus ojos rojos brillaban con una mezcla de furia y excitación.

—No me decepciones, rey de Jotunheim…

—dijo, girando su lanza mientras las sombras parecían revolotear a su alrededor—.

Porque ahora…

¡verás lo que significa enfrentarme en serio!

Ambos se prepararon para el siguiente asalto, con el aire vibrando por la energía de sus poderes en colisión.

El ser lanzó a Eirik con fuerza descomunal, estampándolo contra un muro de piedra cercano.

El impacto fue tan brutal que Eirik quedó incrustado en la pared, incapaz de moverse por un momento.

Aprovechando la oportunidad, el ser giró su guadaña con precisión mortal y comenzó a descargar una serie de golpes devastadores contra el estómago de Eirik.

Cada impacto hacía eco en el campo de batalla, acompañado por gruñidos ahogados de dolor.

El ser no mostraba piedad alguna, atacando como si quisiera destrozarlo por completo.

Tyr, al ver a su compañero en esa situación, corrió hacia ellos.

Con un grito de furia, tomó impulso, saltó hacia un muro cercano y usó la fuerza del rebote para lanzarse con velocidad hacia el ser.

—¡Suéltalo!

—rugió Tyr.

En el aire, Tyr giró su cuerpo y asestó un rodillazo directo en la cabeza del ser.

El impacto fue tan fuerte que la guadaña cayó de su mano, y el ser dio un paso tambaleante hacia atrás, soltando a Eirik, quien cayó al suelo jadeando.

La criatura recuperó el equilibrio rápidamente, pero ahora su mirada estaba llena de rabia.

—Eso fue un error…

—dijo el ser con voz grave, levantando la guadaña del suelo.

Tyr se colocó frente a Eirik, quien intentaba levantarse.

—¡Ponte de pie, Eirik!

Esto no ha terminado.

Eirik se limpió la sangre de la boca y asintió.

—Estoy contigo.

El ser sonrió de forma inquietante antes de avanzar hacia ellos, con su guadaña lista para continuar la pelea.

El ser se lanzó hacia ellos como una tormenta desatada.

Eirik reaccionó rápido, agarrando a Tyr del brazo y girándolo con fuerza antes de lanzarlo hacia el enemigo como si fuera una flecha disparada.

—¡Ahora, Tyr!

—gritó Eirik.

Tyr voló por el aire, dejando escapar un feroz grito de guerra.

Con ambas hachas listas para cortar, apuntó directamente al ser.

El enemigo, sin embargo, fue más rápido.

Se apartó en el último segundo, evitando por completo el golpe principal.

Aun así, una de las hachas logró rozarle la mejilla, dejando un corte profundo que derramó sangre.

Pero Tyr, debido al impulso, pasó de largo.

Rodó varias veces por el suelo antes de recuperar el equilibrio y ponerse de pie nuevamente, frustrado por haber fallado su ataque directo.

—¡Maldición!

—gruñó Tyr, dándose la vuelta para encarar al ser otra vez.

El enemigo se llevó una mano al rostro, tocando la sangre que brotaba de su herida.

Su mirada se volvió más oscura y su agarre sobre la guadaña se hizo más fuerte.

—Eso casi se volvia un problema —dijo con voz fría y burlona—.

Pero no te preocupes…

me aseguraré de que no tengas otra oportunidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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