FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 21
- Inicio
- FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS)
- Capítulo 21 - 21 CAPITULO 6 PARTE 4 Desesperacion
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
21: CAPITULO #6 PARTE 4: Desesperacion 21: CAPITULO #6 PARTE 4: Desesperacion El terror se convirtió en desesperación cuando Tyr sintió el impulso de moverse, pero sus piernas no respondían.
Solo podía ver cómo la monstruosidad se acercaba, arrastrando su cuerpo destrozado como un demonio surgido del abismo.
El ser se tambaleaba mientras avanzaba, sus músculos desgarrados y su carne carbonizada comenzaban a retorcerse y reacomodarse con espasmos nauseabundos.
Pedazos de piel quemada se desprendían de su cuerpo, cayendo como cenizas mientras nuevos tejidos emergían debajo, retorciéndose como serpientes vivas.
Tyr observó con horror cómo las heridas abiertas se cerraban poco a poco, pero la regeneración no era perfecta.
Los bordes de las heridas quedaban irregulares, como si la carne misma estuviera luchando por unirse.
Algunas partes se regeneraban más rápido que otras, dejando protuberancias deformes y venas hinchadas que latían con una luz oscura.
El brazo dislocado del ser crujió al colocarse de nuevo en su sitio, pero los movimientos seguían siendo rígidos, casi antinaturales.
El ojo hundido comenzó a recuperarse, expandiéndose lentamente en la cuenca como una burbuja viscosa, mientras la mandíbula desencajada se recolocaba con un chasquido desgarrador.
—No puedes…
detenerme…
—gruñó el ser, su voz era un eco quebrado que parecía emanar desde lo más profundo de la tierra.
Tyr retrocedió, pero sus piernas seguían tambaleantes.
El ser dio otro paso, y su pierna regenerada falló por un instante, obligándolo a apoyarse en los escombros.
Su respiración era pesada, como si el esfuerzo de recomponer su cuerpo también le estuviera pasando factura.
Sin embargo, incluso en ese estado debilitado, la criatura irradiaba un aura opresiva.
Cada segundo que pasaba, sus heridas sanaban más, y Tyr sabía que no podía permitir que completara su regeneración.
Con un gruñido de dolor, Tyr apretó los puños, sintiendo la desesperación arder en su pecho.
Sabía que no tenía tiempo.
Si el ser recuperaba toda su fuerza, esta batalla se convertiría en una masacre.
El ser soltó un gruñido gutural mientras la hoja maleable de su guadaña siseaba como una serpiente en el aire.
Con un movimiento rápido y letal, la hoja se enroscó alrededor de la pierna de Tyr como si tuviera vida propia.
Antes de que Tyr pudiera reaccionar, sintió cómo el filo cortaba profundamente su carne.
—¡AAAHHHH!
—El grito desgarrador de Tyr resonó entre los escombros mientras la sangre brotaba de la herida, tiñendo el suelo de rojo.
La hoja se tensó, desgarrando aún más su pierna mientras el ser lo levantaba como si fuera un muñeco de trapo.
La fuerza que lo sujetaba era inhumana, y Tyr podía sentir cómo los músculos de su pierna gritaban de agonía bajo la presión.
—Eres débil…
—gruñó el ser, tirando bruscamente de la guadaña.
Tyr fue arrastrado por el suelo, dejando un rastro de sangre mientras luchaba por soltarse.
Pero antes de que pudiera intentarlo, el ser lo levantó y, con un giro violento, lo lanzó contra un muro derrumbado.
El impacto fue brutal.
El cuerpo de Tyr atravesó los restos del muro como una bala, rompiendo piedras y escombros en el proceso.
Su espalda golpeó contra el borde afilado de una columna partida, arrancándole un grito ahogado mientras caía al suelo, inmóvil.
Su visión se volvió borrosa.
Intentó moverse, pero sus extremidades no respondían.
La sangre manaba de la herida en su pierna, formando un charco a su alrededor.
Su respiración era irregular, entrecortada, como si cada inhalación fuera una batalla por mantenerse consciente.
El ser avanzó lentamente, su cuerpo aún regenerándose, pero con una expresión triunfante en su rostro desfigurado.
—Este es el fin, Tyr…
—susurró con una voz grave y retorcida.
Tyr trató de levantar la cabeza, pero el peso de su cuerpo herido lo mantenía clavado al suelo.
Su mente luchaba por mantenerse despierta mientras el ser levantaba la guadaña nuevamente, listo para dar el golpe final.
Tyr colgaba del brazo del ser, su cuerpo destrozado y cubierto de sangre.
Sus piernas apenas se movían, y su brazo libre temblaba en un intento inútil de liberarse.
El dolor lo mantenía consciente, pero apenas.
Su visión se nublaba, sus pensamientos se mezclaban en un torbellino de culpa, ira y miedo.
El ser lo observaba con una sonrisa retorcida, sus ojos brillando con un odio indescriptible.
Su voz resonó, profunda y cruel, como si surgiera de las sombras mismas.
—Mira lo que has hecho…
—dijo mientras acercaba el rostro deformado al de Tyr—.
Te crees fuerte, ¿verdad?
Un guerrero…
un héroe.
Pero mírate ahora.
La guadaña aún goteaba sangre, reflejando la luz de las llamas que consumían el pueblo.
El ser levantó la hoja maleable, la hizo vibrar como si respirara vida propia.
—Todo lo que tocas muere.
Todos los que proteges terminan en cenizas.
¿Cuántos gritos has ignorado?
¿Cuántos rostros has olvidado?
Tyr apretó los dientes, tratando de no mostrar debilidad, pero el ser continuó.
—Te quebraré, pedazo a pedazo.
Y cuando no quede nada de ti…
—Sus palabras se detuvieron mientras un fuego antinatural comenzaba a arder en la palma de su mano—.
Entonces tomaré lo que queda de tu alma y lo haré arder hasta que incluso los dioses olviden tu nombre.
La llama devora-almas cobró vida, un fuego verde oscuro que parecía retorcerse como si tuviera voluntad propia.
Tyr sintió el calor antes de que siquiera lo tocara, pero este calor era diferente.
No quemaba la carne, sino algo más profundo.
El ser acercó lentamente la llama al pecho de Tyr, disfrutando del terror en sus ojos.
—¿Lo sientes?
Ese es el fuego que consumirá cada recuerdo, cada emoción…
cada pedazo de tu ser.
Pero no te preocupes…
—Su sonrisa se ensanchó grotescamente—.
Esto no terminará rápido.
La llama tocó la piel de Tyr.
Un grito desgarrador escapó de su garganta mientras la energía ardiente se aferraba a él.
Su cuerpo se convulsionó, y su mente estalló en fragmentos de recuerdos rotos y emociones desbordadas.
El ser soltó una carcajada oscura, levantándolo más alto mientras el fuego continuaba devorándolo por dentro.
Pero incluso en medio del tormento, algo dentro de Tyr no se apagó.
Tyr gritó de puro tormento, el sonido de un hombre siendo quebrado poco a poco.
Su cuerpo se sacudía, luchando contra el fuego devora-almas que se retorcía en su pecho como si tuviera vida propia.
Las llamas atravesaban su piel y músculos, alcanzando algo más profundo, algo que ni siquiera Tyr podía comprender.
El ser lo observaba con deleite, inclinando la cabeza mientras lo mantenía suspendido como un trofeo roto.
—Eso es…
—susurró el ser, con una voz baja pero cortante—.
Siente cómo tus recuerdos arden.
Siente cómo cada momento de tu vida es reducido a cenizas.
Tyr luchaba por respirar, pero cada inhalación solo avivaba el fuego dentro de él.
Su mente se desmoronaba.
Imágenes volvían a él como cuchillas clavándose en su conciencia.
Vio a su antiguo escuadrón, rostros conocidos que gritaban su nombre antes de ser consumidos por las llamas.
—¡Tyr, ayúdanos!
¡No nos dejes morir!
Vio pueblos reducidos a cenizas.
Vio cuerpos calcinados y ojos vacíos que lo miraban fijamente, acusándolo.
—¡Esto es culpa tuya!
¡Nos abandonaste!
La voz del ser lo sacó de sus pensamientos.
—Tu espíritu es fuerte, pero todos tienen un límite.
Yo encontraré el tuyo.
Y cuando lo haga…
—La llama se intensificó, cambiando de verde oscuro a un rojo carmesí—, me alimentaré de lo que quede.
Tyr gritó de nuevo, pero esta vez fue más débil.
Su cabeza cayó hacia un lado, su visión se volvía borrosa mientras el fuego drenaba su fuerza.
La lucha por mantenerse consciente se volvía más difícil con cada segundo.
Sus manos colgaban inertes, sus piernas no respondían.
No podía moverse.
No podía escapar.
Pero algo dentro de él seguía resistiéndose a morir.
Era un hilo frágil, una chispa diminuta en medio del abismo.
No era furia.
Era algo más crudo: el instinto de sobrevivir.
El ser notó la resistencia y sonrió.
—Oh, sigues luchando.
Eso lo hará aún más dulce.
La llama se expandió por su cuerpo, y Tyr sintió que algo dentro de él comenzaba a romperse.
La oscuridad amenazaba con reclamarlo, pero su mente aún se aferraba a la imagen de Eirik tirado en los escombros.
No podía fallarle.
No podía dejar que este monstruo ganara.
Pero su cuerpo ya no respondía, y la llama continuaba devorando.
Entre las ruinas humeantes de Joktldar, el eco de los gritos de Tyr desgarraba el aire mientras el ser hundía las llamas devora almas en su carne, quemando más allá del cuerpo, más allá del espíritu.
Loki, jadeando entre escombros, luchaba por recobrar sus fuerzas, pero cada intento solo le recordaba lo frágil que era su cuerpo en ese momento.
Eirik yacía derrotado, inmóvil, con apenas un suspiro que probaba que aún vivía, mientras Lauffey, cubierta de sangre y polvo, su propia vida pendía de un hilo.
En el horizonte, las sombras de la tormenta rugían como un presagio, pero la pregunta se aferraba al corazón de todos los que aún respiraban: ¿Llegarían Thor, Balder y Fenrir a tiempo…
o solo encontrarían cenizas y muerte?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com